Eran sobre las 13:12 horas del día 23/1/ 2000
Escribo sobre verde porque algo me dice que este color es el más apropiado para contener la explosión imaginativa que está a punto de tener lugar.
Es domingo, estoy trabajando, aquí, plantada en el interior de este salón de juegos que curiosamente despierta la imaginación...
¿Que lo cuente? ¿estás seguro de que estás preparado para escuchar esto?
Dos cuerpos desnudos en una cama, atados, un cuerpo junto a otro cuerpo, sin poder moverse, inmovilizados bajo la mirada de otra gente, sin poder tocarse pero expuestos a ser tocados.
Es como si todo hubiera sido un sueño. ¿Pesadilla? No, no, sueño. Me gustaba.
Pues resulta que mi boca susurraba palabras de amor al oído del cuerpo desnudo que estaba tendido junto a mí. Tenía la certeza de que estábamos en una cama, pero la penunbra impedía la confirmación, lo mismo que tenía la certeza de que aquel cuerpo desnudo pertenecía a un hombre que conocía. Y no eras tú.
Olía a incienso, un incienso muy especial porque en cada respiración sentía que la temperatura de mi cuerpo se incrementaba de forma incontrolada, y al cuerpo caliente le acompañaba una mente vulnerable que era atacada por segundos con imágenes obscenas para cabezas cuadradas.
Era consciente de que mis susurros tenían un efecto excitador en aquel hombre. Sentía su calor cercano y casi podía leer sus pensamientos embriagados de un erotismo demencial muy atractivo. Dos cuerpos sobre una cama, rodeados de hombres y mujeres poseedores del conocimiento casi divino del cuerpo humano y sus deseos.
Dos cuerpos desnudos, inmovilizados por pañuelos de seda y nudos hechos con bocas y manos sagradas dirigidas por una sabiduría gelatinosa.
Sentía que mi compañero de cama pensaba en mí, en mi cuerpo desnudo, sabía que dibujaba mis curvas en su cabeza. El deseo de tocarme era tal que su cordura se veía amenazada por los intentos infructuosos. "Entra dentro de mí, quiero que me poseas toda, quiero sentir tu calor quemándome en mi sexo, quiero que ardamos juntos, un solo cuerpo, tú y yo,...nuestro secreto, ven, ven..."
Palabras y más palabras. Mi boca no dejaba de gritarle suavemente. Cada palabra mía, un grito de placer de él. Manos, bocas, lenguas...de aquella gente que era capaz de ver a pesar de la penunbra. Me tocaban, le tocaban, me envolvían, me humedecían, me besaban por todo el cuerpo. Mis pechos bañados de saliva, jugos salivares se mezclaban sobre mí. Mil manos suaves e inteligentes excitaban cada punto de mi cuerpo, mis pies, mis tobillos, cada zona, todo rincón era descubierto y capaz de producir una sensación distinta e increíblemente adorada.
¡Moriré! Ya podía morirme. Estaba sintiendo la magia de lo incorrecto, lo deseable de la conducta reprobable, lo apetecible de los actos prohibidos, la lucidez de las mentes calificadas como enfermas, recluidas por exceso de erotismo, definidas como "pornográficas neuropsicóticas", mentes guarras, mentes turbias dirigidas por el deseo enfermizo...
Dios, no tienes ni idea de placer, no puedes imaginar el sentido de aquella orgía de sensaciones y misterios.
De repente dejaron de tocarme y de tocarle. Los pañuelos de seda blanca se aflojaron casi de forma mágica y entonces pudimos movernos. Respirábamos entrecortadamente, sentíamos nuestro cuerpo despierto, más que nunca, nuestras zonas erógenas gritaban, palpitaban, querían más... La libertad repentina permitió que sus manos alcanzaran mi cuerpo, su boca silenció los susurros para entonces casi imperceptibles de mi boca... y entonces...él y yo...deseo más deseo igual a deseo multiplicado por mil...locura, baile de sensaciones, sabores únicos, mezcla de lo salado con lo dulce, puesta en escena de una pasión enriquecedora y contagiosa. Locura, locura, locura...grito de libertad...lluvia de líquidos, masaje con aceites procedentes de fluidos vitales. Muerte y resurrección.
Te das cuenta, tú y yo no tenemos nada que hacer juntos, no, no después de haber probado el sabor del placer supremo, no después de haberlo compartido con un hombre que no eras tú.
.....................................¿Qué ha pasado? ¿Qué hago con un bolígrafo en la mano? ¿Que estaba dormida? ¿cuánto tiempo? ¿cambio? Sí, enseguida le doy su cambio, dos mil, tres mil, aquí tiene. ¿Que si me encuentro bien? Pues...¿caliente? ¿que estoy colorada? ¿que si tengo fiebre?...No, no, estoy bien, gracias. No me pasa nada...Subiré el aire acondicionado por si acaso, me vendrá bien que baje la temperatura. Ufff, que sofocón!!!
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