Había una vez un caballero que estaba sentado en la punta más alta de una montaña, llegó hasta él un príncipe que quería saber el sentido de la vida y andaba buscándolo por bosques y por montañas, ya que decía estar desengañado de los determinismos de la vida en las ciudades.
El príncipe quiso saber lo que aquel caballero pensaba a ese respecto, puesto que vio en él cierta envidiable intensidad en su felicidad, y éste le respondió:
"Verás, príncipe, yo he atravesado una gran tormenta, me enfrenté al peor de los enemigos, un traidor que me atacó por sorpresa y desde dentro. Cada mañana me levanto agradecido porque vencí al peor de los monstruos, vengo corriendo hasta este punto de la montaña, respiro profundamente y miro hacia el horizonte, y elijo el cachito de tierra que descubriré en mi próximo viaje. Y siento que todavía hay muchos trozos de mundo por explorar, por sentir, por vivir.
Ese es el sentido: Tener razones para seguir. En mi caso nuevos pedazos de mundo hasta los que llegar."
Isolina Cerdá Casado
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