martes, 21 de enero de 2014

Abejas obreras sin miel luchan por la sanidad pública colgando sus reivindicaciones en los balcones de sus viviendas.


    En la zona de Zarzaquemada de Leganés, hay altos edificios de nueve plantas que se exponen a los vientos del norte. Las abejas que viven en semejantes colmenas se protegen con grandes trozos de tela en las que plasman las reivindicaciones más elementales de los moradores de esas estructuras verticales, como es la defensa de la sanidad pública. No hay mayor temor que la sensación de sentirse desvalido y desnudo ante las enfermedades venideras. Las abejas tienen miedo de ponerse enfermas porque los rumores de que puedan perder ese preciado abrigo les atormenta. Hay abejorros que no temen nada, porque ni viven en grandes edificios expuestos a los choques frontales de nubarrones cargados de agua, ni sienten que haya riesgo de pérdidas en sus coberturas, ellos tienen posibilidad de tocar a la puerta de un eficio en el que hay médicos que te atienden a cambio de kilos y kilos de billetes de miel. Pero si la producción escasea, ¿qué les pasará a las abejas obreras cuando no tengan miel que entregar a cambio de los cuidados de los médicos y no hayan edificios en los que se les atienda gratuitamente? 
    Yo, como abeja obrera, empujo a mi hija en el columpio y disfruto del contraste de color que ofrece una niña llenando un parque, y miro hacia arriba y me solidarizo con los valientes que cuelgan las sábanas blancas pintadas de gritos de alarma, y me pregunto por lo que pasará en un futuro, y miro a mi hija y pienso: ¿conseguirá un buen trabajo para vivir con la tranquilidad de un abejorro? ¿crecerá con salud y los miedos más profundos no se verán plasmados en ningún diario? ¿nos veremos obligados a pedir ayuda para ser atendidos por un médico? Después de su ratito de parque nos fuimos a comprar leche. ¿Y si no tuviera dinero para comprarla como tantas madres en esta época de precariedades laborales? No todos se atreven a pedir, hay que ser valiente hasta para eso. Bueno, no pensemos en ello, disfrutemos del ahora, que al fin y al cabo es lo que verdaderamente tenemos.

Isolina Cerdá Casado


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