miércoles, 4 de junio de 2014

Te echo de menos. Nos tomamos un café prontito, necesito abrazarte.


    Bueno, que nada, que yo es que hacía un montón que no me dirigía a ti y estoy un poco con el mono, el mono de tu cercanía, de tus confidencias, de tu cariño próximo. Ahora mismo escribo con un café entre brazo y brazo, entre mi cuerpo y las manos que teclean los impulsos interiores. Tú y yo sabemos que todo tiene su sentido, y que la vida tiene sus momentos y que tarde o temprano las cosas acaban situándose allá donde debían estar, o alguien, tal vez el sentido común circunstancial, las lleva a ese lugar que estaba destinado para ellas. Nuestra relación no ha terminado, en serio, ya sé que ahora mismo da la sensación de que todo ha acabado, como si ya no hubiera nada, ningún objetivo que nos mantenga unidos, pero nuestro hilo no se ha roto, sigue ahí, aunque en ocasiones sea tan transparente que parezca incluso inexistente. Yo te quiero, lo sabes, necesito sentirte en mí, dentro de mí, chispeando. Haciéndome sentir viva y llena de sentidos. "Es como si volara, y desapareciera", me encanta, me encantas. Este cuerpo vivo está palpitándote, te espera ansioso, amor.
 

Isolina Cerdá Casado

viernes, 30 de mayo de 2014

Cuento: Un Poquito Especial.



 
  Mi nombre es Poquito, bueno, no es exactamente así como me llamo, quiero decir que en realidad yo no tengo nombre. A ver, no es que no tenga nombre, es que en el lugar donde vivo no se necesita un nombre, todos sabemos quienes somos sin necesidad de ponernos uno. Ya sé que aquí es muy difícil de entender, por eso finalmente opté por pensar en uno y asumirlo como propio. Y para no haber tenido nunca un nombre, debo decir que me he adaptado a él con mucha facilidad, hasta me gusta llamarme Poquito. Yo diría que se ha producido una identificación absoluta con el susodicho palabro.
    Supongo que primero debería decir de dónde vengo, es complicado ya lo aviso. Toda mi familia vive en el planeta Marte, es más pequeño que la Tierra, más rojo y hace mucho más frío. Yo estaba muy bien allí, hasta que me entró una especie de alergia metabólica rarísima y mi madre, con todo el dolor de su corazón helado me mandó a explorar el universo, guiada por la orientación del doctor de la familia, una masa informe con una inteligencia ultrasónica que con solo mirarnos sabe lo que nos pasa. Pues bien, el doctor le aconsejó a mi madre que se agenciara con una de esas naves hechas con materiales imperceptibles para la tecnología humana, no temía en absoluto que yo pudiera ser visto por los demás extraterrestres que habitan el universo, pero sí recomendaba que debía guardarme muy y mucho de ser descubierto por los humanos. La cuestión es que mi rara enfermedad me llevó a realizar un viaje extraordinario por el universo hasta encontrar el planeta que mejor se adaptaba a mi peculiaridad, jamás se hubiera imaginado el doctor Remedios, llamémosle así por su alta capacidad diagnóstica y prescriptiva, que mi cura iba a estar en el planeta azul.


    
El primer planeta que visité fue Mercurio, uf, por poco me derrito, y una de sus capas de roca casi logra inmovilizar mi nave. Finalmente salí de allí como pude y me pasé por Venus, pero las gotas de ácido presentes en su densa atmósfera me agujerearon la carrocería y me tocó hacer escala en la tierra para reparar la nave, y ahí tuve mi primer contacto con el planeta azul, bueno y con el terrícola más extraordinario que jamás hubiera imaginado, y mira que yo tengo imaginación, al menos eso me decía mi maestro una y otra vez; pues don Miguelón, que así le voy a llamar, se hubiera quedado de piedra si yo le hubiera hablado en una de sus clases de la existencia de semejante espécimen humano, era tan peculiar que casi parecía más un marciano que un humano de manual.
    En las clases del profesor Miguelón cuando estudiamos a los humanos, de cuya existencia teníamos sobrada constancia así como de sus características y posibilidades, nunca nos hablaron de los casos especiales; como lo era yo en mi planeta. Y sin duda este era un caso peculiar, los seres humanos son inquietos, curiosos, instintivos, sensibles, inteligentes, pertenecen al grupo de los mamíferos peligrosos para nuestra especie. Se desplazan caminando, aunque también disponen de sofisticados vehículos que les permiten llegar antes a los sitios y aprovechar el tiempo, el cual, por lo visto, escasea y es un bien preciado.
    La cuestión es que cuando aterricé en el planeta tierra fui a dar con este hombrecito increíble, que echaba por tierra toda la teoría que había aprendido acerca de los seres humanos.


   
Aterricé mi nave en lo que era el trocito de planeta perteneciente a la familia de Especial. En realidad su nombre es otro, pero para mí es Especial. Es un niño que a diferencia del resto de niños humanos está todo el día tumbado en una cama. Al parecer está malito, bueno, tiene una enfermedad rara, así es como la denominan los terrícolas. Pensándolo bien yo también sería un afectado por las rarezas del universo. Aunque yo creo que los raros de verdad son los adultos humanos que no saben hacer otra cosa que ir corriendo de un lado para otro, para no llegar tarde y tener más tiempo para seguir corriendo, son como naves mecanizadas y se olvidan de lo importante, de disfrutar del camino, da la sensación de que ellos solo se interesan por llegar a algún sitio, no sé qué es lo que habrá en ese lugar que la mayoría quiere alcanzar.

    La nave se reparaba automáticamente cuando la luna hacía su aparición. Así que, prácticamente disponía de todo el tiempo del mundo para mí, y por no dejar sola a la nave me quedé en aquel trozo de planeta. Me asomaba a la ventana de la habitación de Especial una y otra vez. Al principio pensé que podía tener algún tipo de resfriado inmovilizador, luego que se podía tratar de gripe terrestre paralizante, aunque me resultaba raro, porque siendo un niño era extraño que no se moviera como decían los manuales y que permaneciera siempre quieto en el mismo lugar: una cama con ruedas que de vez en cuando su madre acercaba a la ventana.

   
Especial también recibía otras visitas, como la de una señora que debía ser algo parecido al doctor Remedios. Iba todos los días, le tomaba la temperatura, le miraba la boca y las orejas, y revisaba su cuerpo, movilizando sus extremidades repetidamente. Yo le observaba una y otra vez, le miraba, y sabía que era especial. Aún me quedaba algo de tiempo antes de retomar mi viaje por el universo en busca del planeta más adecuado para mi enfermedad metabólica, puesto que las reparaciones de estas naves invisibles para la tecnología humanoide no son rápidas, ellas se toman su tiempo en auto repararse. Así que como me aburría más que un asteroide troyano de la órbita de Júpiter, decidí contactar con Especial. Esto es algo absolutamente prohibido en mi planeta, debemos cuidarnos muy y mucho de hacernos visibles ante cualquier tipo de tecnología o cuerpo material de origen humano, pero la distancia planetaria y la emoción de hacer algo prohibido dieron rienda suelta a mis impulsos.
    Gracias a mis habilidades en comunicación telemática, y a haber hecho los deberes de práctica comunicativa cuando Miguelón lo mandaba, fui capaz de realizar los primeros intentos. La nave era imperceptible a todo ojo humano, pero yo no lo era tanto, lo que sucedía era que en clase de educación física había aprendido a mimetizar con todo tipo de objetos y estructuras; en la asignatura de “mimética” yo era de los que sacaba sobresaliente. Así que podía observar sin ser visto, era capaz de convertirme en una ventana, una alfombra, incluso en una almohada. En esa sucesión de conversiones miméticas llegué hasta Especial.
    Había observado a Especial, él no se podía mover, sin embargo podía sonreír, detrás de aquella mascarilla de oxígeno se vislumbraba una sonrisa. Su doctora Remedios siempre conseguía hacerle brotar alguna fresca sonrisita, entonces aunque su cuerpo estuviera paralizado por una extraña enfermedad era capaz de sonreír, así que era consciente, de modo que podía comunicarme con él a través de la telepatía.
   

Estuvimos hablando telepáticamente largo tiempo, días enteros. Al principio Especial era reacio a comunicarse conmigo, no es fácil estar abierto a aceptar que una lámpara o una almohada te hable, o que una sábana te diga cosas cariñosas. Porque una cosa he de confesar: los marcianos somos muy cariñosos. Sé que no lo parece, pero nosotros estamos convencidos de que es mejor demostrar afecto que frialdad, bastante tenemos con soportar el frío ambiental de nuestro rojo planeta.
    Especial me confesó que era feliz a pesar de llevar una vida un tanto escasa de aventuras, pero su inactividad física no le impedía el desarrollo de su imaginación y siempre estaba dándole vueltas y más vueltas a las cosas. Sabía que para su mamá él era un sentido de vida, y la vida en sí misma le gustaba. Además, una vez que comprendió que yo era simplemente un marciano con capacidades miméticas aceptó mi peculiaridad marciana y siempre respondía con una sonrisa cuando escuchaba mi primera señal de comunicación. Se tratada de la escala de notas musicales: “do, re, mi, fa, sol, la, si”. Yo sé que la música es una forma de comunicación estupenda y creativa para condicionar estados, y había observado que los cuidadores de Especial siempre le ponían música en sus terapias. Mi propio doctor Remedios me grabó mucha música para que la fuera escuchando en mis viajes y no me sintiera solo. Así que suponía que empezar por lo básico de la música no iba a asustar demasiado a Especial. Recuerdo el movimiento de sus labios cuando escuchó por primera vez la nota “do” procedente de mi mente. Sus ojos se abrieron cada vez más, en la “fa” esperaba que alguien apareciera frente a él. Cuando llegué a la nota “si”, me dio la sensación de que echaba de menos una presencia física, así que tuve que aparecer frente a él, y le pedí que no se asustara, que sólo quería ser su amigo. Entonces su gesto de sorpresa con cierto susto se transformó en un gesto de aceptación sonriente. Le pregunté si se había asustado, y él me respondió que solo un poquito. Me gustó que solo fuera un poquito, así que me quedé con ese nombre, y cuando Especial me preguntó que cómo me llamaba, le dije que me llamara Poquito.
    Tuvimos muchas conversaciones interesantes, a veces simplemente se trataba de contarnos cómo nos sentíamos, Especial me contaba las cosas que echaba de menos de su anterior vida, cuando aún no le habían diagnosticado su enfermedad, y yo también le hablaba de mi familia, y de mi vida en Marte. Él no se podía creer las cosas que yo le contaba, decía que en la tierra pensaban que no vivía nadie allí, y que se habían llegado a plantear vivir en mi planeta. Me hacía mucha gracia esta idea, con lo frioleros que son los humanos se morirían de frío, no ganarían para calefacción y además, que en Marte ya está mi familia, bueno y mis tropecientos primos y demás marcianos. Me hizo gracia imaginarme a la doctora Remedios con ochenta abrigos encima, nos reímos mucho ante esa idea. Nosotros no tenemos problema con la temperatura ambiental, nos adaptamos morfológicamente según los grados, así que no pasamos frío sin llevar abrigo, somos seres de sangre atemperada, ya se sabe, una especie extraterrestre de altas capacidades adaptativas.        
    Especial decía que cuando peor lo pasó fue el día que le dijeron que llegaría un momento en el que no volvería a andar más. ¿Cómo aceptar algo así? ¿Qué iba a hacer entonces? ¿No volvería a subirse a una bicicleta? ¡Cómo echaba de menos el pedalear! Bueno, echaba tantas cosas de menos. Lo que más rabia le daba era que cuando podía hacer todo lo que ahora ya no era capaz de hacer, nunca pensó en la suerte que tenía de poder hacerlo, y en aquel entonces jamás imaginó que podía haber otra gente enferma como lo estaba él ahora. Sus padres lloraron mucho, muchísimo, lo impensable, y él lo sabía, pero qué se ganaba con llorar, un desahogo, sí, pero nada más. Aunque no podía moverse de forma autónoma, a veces le sacaban de casa, sus padres habían conseguido un vehículo especial para transportarlo con toda su maquinaria. Había llegado a volver a ir al cine, incluso al teatro, eran ocasiones contadas, pero bueno. Yo sabía muy bien cómo se sentía, además de comunicarme con él y de ser su amigo dispuesto a escucharlo todo, también yo había sufrido un problema metabólico y por esa razón tuve que irme a buscar otros planetas que se adaptaran mejor a mi nueva situación física.

   
La nave estaba a punto de solventar el problema de carrocería, y no sabía muy bien cómo decirle a Especial que debía continuar mi viaje. Entonces me vino a la mente compleja y alocada una idea extraordinaria. ¿Y si Especial se viniera conmigo de viaje a explorar el universo? Pero, de dónde, cómo, de qué manera, eso era algo absolutamente imposible. Vaya, de pronto me di cuenta de que estaba empezando a pensar como un ser humano, pero si yo era un extraterrestre. ¿Por qué narices me parecía imposible que un amigo se viniera conmigo a descubrir el universo? ¿Sólo por el hecho de que fuera un humano peculiar? Había conseguido comunicarme con él, éramos amigos, y era tan especial como yo, tal vez en otro planeta él pudiera vivir mejor, e incluso hasta podría ser capaz de volver a pedalear una bicicleta bajando a toda leche por una peligrosa cuesta.
    ¡Cómo me gustaría llegar a Júpiter con él! Y descubrir el misterio de su gran mancha roja, bailaríamos sobre su núcleo rocoso y jugaríamos al “pilla pilla” por entre su atmósfera de gas frío y turbulento, ¡sería una pasada!
    Esa misma noche llamé a mi mamá, mi cariñosa mamá de corazón helado, cómo la echaba de menos, no recordaba ese tono apaciguador y cálido que siempre me tranquilizaba en los momentos de apuros imprevistos. La nave disponía de un comunicador transplanetario, y por mediación de ondas lunares podían llegar hasta Marte, así que sólo tenía que esperar a que fuera luna llena para que la comunicación se efectuara de forma perfecta. En cuanto mi madre escuchó mis ondas telemáticas supo que algo me pasaba, no sé qué tienen las madres que todo lo saben. Y entonces le conté más en detalle mis inquietudes. Especial era un niño lindo de la tierra que por su enfermedad se veía obligado a vivir permanentemente postrado en una cama, pero era mi amigo y quería que me acompañara en mi viaje, pero aunque yo lo deseaba con todas mis fuerzas lo cierto es que un cuerpo humano, por muy compleja que tenga su mente y por más capacidad comunicativa que haya desarrollado, no puede atravesar el universo sin desintegrarse, derretirse o explotar en el peor de los casos, así que no veía la manera de que Especial pudiera viajar conmigo.
    Por lo visto mi madre ya se había anticipado a este problema, y me pregunto yo ¿cómo es posible que mi madre tenga tantos recursos? ¿A caso había hecho un curso de cómo solucionar los problemas de sus hijos? Lo anotaré en mi libreta de enigmas por resolver.
   

    La cuestión es que me había puesto en la maleta de cosas a utilizar por si acaso, un frasquito que contenía un líquido rojo. Este elemento era líquido marciano, tenía unas propiedades increíbles, si yo quería que un humano tuviera la posibilidad de viajar telepáticamente conmigo debía ingerir el susodicho líquido, éste se mezclaría con su materia, sangre, huesos, carne, y otros componentes algo desagradables al imaginarlos colocaditos encima de una mesa y por separado fuera del cuerpo humano. De tal manera que ese humano se convertiría en un poquito marciano y podríamos estar en comunicación cada vez que uno de los dos lo deseara, eso sí, había que esperar a la llegada de la luna para que pudiéramos hablar sin interferencias interplanetarias, la luna nos ayudaría.

    Mi despedida de Especial no fue tan traumática, accedió a tomarse un chupito de líquido marciano, y se ha convertido en una especie de primo mío de la tierra, al que vengo a visitar muy a menudo porque me sientan bien los aires del planeta azul. Especial desde su cama mecanizada y con la ayuda excepcional de la doctora Remedios, ha conseguido una mínima autonomía, y ha llegado a utilizar la informática como una herramienta de comunicación con el resto del mundo, aunque entre nosotros no hemos dejado de comunicarnos telepáticamente.
    Y gracias a las aportaciones de Especial, el estudio del Universo sigue su avance, es un astrónomo impresionante, lo han contratado como investigador espacial en un proyecto de la NASA. Nunca ha desvelado mi existencia al resto de humanos, aunque haya ciertas informaciones que obtiene de primera mano sobre el espacio que tiene fascinado al resto del equipo de investigadores.

     Él y yo sabemos que solo hay una persona en la tierra que sí sabe que yo existo, pero no se lo ha dicho a nadie, es la persona más maravillosa que existe: la madre de un niño un Poquito Especial.




     Podemos preguntarnos por qué tienen que pasar estas cosas, existir enfermedades raras, situaciones difíciles, tragedias inesperadas, para darnos cuenta de que la vida es un regalo, que podemos ser capaces de percibir en su justa medida según nos encontremos, tal vez no haya que darle demasiadas vueltas a las cosas, en realidad las cosas suceden y ya está, no siempre se encuentra una explicación ni hay otras alternativas. Pero uno siempre puede seguir luchando y creyendo en los milagros, solo hay que tener un Poquito de esperanza.





Isolina Cerdá Casado



Estado, noticias, asesinatos, dibujos tiernos y cariñosos, niños, futuro, educación, amor.



    Yo no me daba cuenta, iba a  ser su último suspiro. Hablábamos de cosas sin apenas trascendencia, y sin embargo lo que estaba pasando era lo más trascendente. 
    Hoy escribo entre suspiros añorantes, de esos momentos en los que no me daba cuenta. Tal vez porque si me hubiera dado cuenta no hubiera sido posible vivir con esa naturalidad que tiene la vida. 

    Ayer unas imágenes golpearon la paz, esa paz interna que uno tiene en ocasiones contadas. Vi las imágenes desde la distancia que te da la pantalla de un televisor, en el que no se escucha el rumor del viento callado ni el frío de la carne muerta. ¿Carne? Así es como las debieron ver sus captores, esos que las violaron y las colgaron del mismo árbol, a dos niñas, de doce y catorce años. Y entonces ellas mueren y se convierten en testigo del alma negra. 
    Piensas, ¿acaso esos hombres no tuvieron una madre? ¿desconocen el amor que despierta un hijo? ¿no se han enternecido jamás por ver a un sobrino gateando o a una hermana riendo? ¿En su naturaleza estaba el mal o es que las circunstancias fueron las causantes de que no hubiera empatía? ¿Es una locura colectiva la que se encarga de vendar los ojos al corazón? ¿alguna vez latió emocionado? ¿qué lo hizo detenerse en seco y pasar por algo los gritos de dolor? 

    Están lejos, pero a su vez están tan cerca. Muerta, lapidada, piedras lanzadas por su propia familia, por haber tomado una decisión acerca de su vida: casarse con quien ella quería. La mataron por salvar el honor de la familia. Triste, muy triste. 

    Muertos porque alguien no pensó que sus actos iban a ser causantes de una gran tragedia, bebió, tal vez como siempre, pero en aquella ocasión su furgoneta se llevó por delante el coche en el que viajaba una familia, unos padres felices con sus dos hijos, los hijos murieron. 

    No siempre hay una explicación, es verdad, las cosas suceden y ya está, es cierto, pero, y si ...

     La inocencia es el mayor tesoro, los niños son el futuro, ellos son la verdadera esperanza, en esos corazones están instaladas las semillas de los grandes hombres y mujeres que lograrán cambiar el mundo, o al menos cuidarlo y mantenerlo, necesitan mucha agua y nutrientes procedentes de la educación, es necesario mucho sol y calor procedentes del amor y el cariño de su familia. La sociedad ha de ocuparse de que haya caminos con limpios horizontes esperanzadores. ¿Cuesta tanto darse cuenta? 

Isolina Cerdá Casado


   

   

lunes, 19 de mayo de 2014

Arte


    El arte del que quiero hablar en este artículo utiliza este tipo de herramientas, aunque fundamentalmente voy a escribir sobre el momento concreto de la inspiración creativa que se apodera de las manos del artista, que hoy es protagonista en esta historia de pelos alterados por el huracán que se gesta en el interior de su cabeza cuando se pone manos a la obra con una cabellera. 
    Primeramente reconocer que tengo una especie de animadversión hacia las peluquerías, supongo que todo comenzó aquella vez en la que siendo una jovencita salí de una transformada en una especie de mujer rizada, con la que no me sentí en absoluto identificada, imagino que el choque de ver ese pelo lacio mío transformado en un abultado mantel rizado me marcó para el resto de mi vida. Pocas han sido las veces que me he sentido realmente "bella" al salir de uno de esos laboratorios. Por lo tanto el hecho de que escriba este artículo sobre un peluquero es muy significativo, algo grande he debido ver allí, en Javier Mas Peluqueros.
    Este hombre no es un peluquero al uso, las veces que lo he visto trabajar me he dado cuenta del duende que baila en su mirada cada vez que se concentra en realizar una de sus creaciones. Javier Mas tiene un talento natural, le sale, es como Miguel Ángel que solo tenía que quitar lo que le sobraba al pedazo de mármol sobre el que esculpió a su David. A este hombre le pasa eso, se pone a trabajar con una cabeza y parece que solo se trata de cortar aquello que sobra, o de dar la forma que ya estaba previamente perfilada en algún lugar de su mente. 

    Él nació con ese talento y tiene la suerte de poder ejercerlo y desarrollarlo en su pequeño centro de operaciones, una peluquería que lleva con su mujer, la artista del maquillaje, y cuyas numerosas clientas fijas son la muestra más clara del buen funcionamiento de su trabajo.
     Le dije: "mira, antes de peinarme quiero que me hagas un corte de pelo de los tuyos". En menos de diez minutos me hizo un corte de pelo espectacular, como el que pinta un cuadro, o interpreta un texto. También es un arte efímero el suyo, porque el pelo está en continuo crecimiento y eso hace que los peinados no duren lo que muchas veces nos gustaría, es un ser vivo, y Javier hace que tras peinarlo siga estando vivo, lleno de energía, brillo y forma. Lo más importante es que yo, la mujer a la que no le gusta nada adentrarse en esos espacios, he perdido el miedo. No todo el que ejerce la profesión de peluquero tiene el talento creativo suficiente. Quiero reconocer aquí el trabajo de este crevillentino que ha conseguido atenuar mi fobia a entrar en una peluquería, y qué mejor muestra que una imagen de su trabajo sobre mi cabellera.

    El arte está repartido por muchos lugares, nos rodea, hace que la vida sea más bonita, llena de belleza la mirada, ayuda a expresarse al alma alterada y a identificarse con él, y sentir que algo de él nos está tocando por dentro. Es tan importante reforzar de vez en cuando el trabajo creativo, o mejor siempre y en todo momento. Javi mira tu cabeza, y entonces imagina lo que va a hacer, lo ve, sabe lo que tu alma espera ver, y pone su talento al servicio de la mujer temerosa, dudosa, o de la mujer fuerte y alegre. Está seguro de lo que hace, porque son muchos años trabajando, creando, embelleciendo. 
    Yo estaba estresadísima, muy cansada, veía muy difícil conseguir alcanzar una imagen en la que me sintiera guapa y a gusto conmigo misma. Ella me maquilló, con mucho arte, me sentí cómoda y guapa con la cara pintada, cosa difícil porque nunca me maquillo. Él me peinó. Con su mirada concentrada, con la visión del artista, con ese talento dirigiendo sus manos, e hizo arte. Mi tía me miraba, la nancy también, el espejo me piropeaba ¿o era yo? No lo sé, simplemente me sentí bien, feliz, y por qué no decirlo: guapa. 

Isolina Cerdá Casado



    


Con todo cariño para dos personas muy especiales. Una iglesia llena de gente amada, dos novios que se quieren, muchas flores...lágrimas emocionadas.


Enlace Antonio Martín y María

    Hoy es un día especial, porque hoy empieza una nueva etapa en la que dos personas a las que adoro se dan el sí quiero ante todos nosotros, su familia y amigos.
    Me emociono cuando os recuerdo en esos primeros años, en los que erais prácticamente unos niños.
    Antonio y María se conocieron en uno de esos momentos grandes que tiene la vida, una grata sorpresa que estaba ahí, detrás de un teléfono, cada uno de vosotros encontró a la persona que sin saberlo iba a ser la elegida para caminar juntos.
    Las relaciones de pareja no son fáciles, porque hay que saber estar en todos los momentos, en esos en los que el otro se derrumba, por una enfermedad, por las cosas que nos trae la vida, los dolores imprevistos.
    Siempre habéis estado ahí, aceptando las particularidades del otro. ¿Y qué mejor prueba de amor puede haber que apoyar a tu pareja cuando de verdad necesita una muleta?
    Prácticamente habéis madurado juntos, y juntos habéis aprendido a afrontar el día a día, trabajando mucho, con esfuerzo y entusiasmo.
    Quiero decir que tenéis todo nuestro apoyo, la vida seguirá sin ser fácil, continuos obstáculos aparecerán y tendréis que volver a demostrar que esta decisión es la correcta.
    No estáis solos, somos muchas las personas que os queremos, que os hemos visto crecer, y que os apoyamos por encima de las tempestades venideras.

    Seguid cuidándoos el uno al otro, deseamos que vuestra vida se llene de sonrisas, que vuestra actitud sea positiva, porque tenéis la suerte de estar vivos y de teneros el uno al otro.

    Aprovechad cada segundo del que dispongáis para darle un buen sorbo a ese amor tan grande que os une.
    Hoy hay muchas personas emocionadas, en la tierra y en el cielo, porque habéis llegado al punto a partir del cual formar una familia, en la que la ilusión y el entusiasmo llenarán esa casita linda que poco a poco estáis creando.

    Este momento no es un final, ni es un principio, es un devenir, es la continuación de una gran historia de amor: la vuestra.

Isolina Cerdá Casado

lunes, 5 de mayo de 2014

Gallinas, muros paralizantes, una puesta de sol.


    -¿Has visto Mari? Yo creo que las cosas son así por algo. 
    -Déjate de tonterías Luisa, que ya estamos otra vez igual, cómo que por algo, pues claro que pasan por algo, por la mala suerte, o ¿qué te crees? ¿que es un aviso de la vida? 
    -Pues mira, sí, un aviso, para que no se vuelva a meter en camisas de once varas.
   - Pues ya quisiéramos muchas tener la valentía de mandar al gallo a freír espárragos e irnos a buscar la vida, hay mucha vida que descubrir por el mundo. Cualquier día salto la valla y me voy a explorar el arroyo, o me voy para arriba, a ver si encuentro otro gallinero que me guste más. 
    - Ah, mira, no te imaginaba yo así, anda que no te lo tenías calladito. Si ya me lo decía la Manuela, que tú eras de las que sorprende, que a lo tonto a lo tonto no tienes ni una pluma de tonta.

     Hoy es uno de esos días en los que dos gallinas se miran a los ojos y a mí me da por pensar en la profundidad de la comunicación avícola. Siento que la vida se reduce a un conjunto de mensajes que en algún momento llegaremos a asimilar, tal vez en el último segundo, cuando apenas nos quede un suspiro para regalar al mundo. "Así que, así que...él me quería, en realidad él me quería...Pero, por qué dijo aquello de que...Pero me quería, oh sí, él me quería, casi tanto como yo a él". 
    Bah, qué más da.
    Bueno, que digo yo, que de algo interesante podría escribir en esta tarde en la que he sido atraída por las corrientes de la electricidad inspiradora del mundo onírico. Así que, ¿tú sueñas? ¿qué te inspira el mundo? Ay, no sé, no sabría decir, siento que la vida pasa tan deprisa como el aire por la ventana, que trajo una hoja seca volando y me dio en un ojo. Parece que se me da mejor ponerle pensamientos a las gallinas, hoy no es un buen día para escribir con corrección, hoy estoy queriendo hacer mil cosas, miro por la ventana, escucho el lavavajillas, tengo de fondo la televisión encendida, mi hija toca la armónica en el salón, y yo estoy tecleando sin ton ni son. 
    Yo, yo me acuerdo de cosas, me acuerdo y pongo triste.
    Pues claro, eso pasa, la gente recuerda cosas y se entristece.
    Sí.

    El sol estaba poniéndose, íbamos todos en el coche, y a mí me dio por hacerle una foto al astro rey, queriendo captar esa bella despedida, sin embargo, por más que quería ver reflejada en la imagen lo que mis ojos veían en la realidad, no podía. La cámara no era lo suficientemente buena. Entonces no había pasado lo del amigo que acabó muerto, tendido en el suelo del baño de la casa de su ex pareja. El sol sigue poniéndose cada día igual, de la misma manera, con la misma belleza. Pero lo cierto es que él no está, y no hace tanto de aquello, lo mismo que no hace tanto de lo otro, de cuando mi tía se puso enferma y fue apagándose casi sin darnos cuenta, siempre te coges a algo, a la esperanza, estuve amarrada a ella con la venda de los ojos. ¿Qué es lo importante? ¿Qué es lo que de verdad nos impulsa? ¿Qué tendría que pasar para que ya no tuviéramos impulso? No, no lo diré, no, no me quiero engañar, a veces ni si quiera se puede ver el muro paralizante, a veces la frenada viene de dentro, desde lo más profundo del alma, donde se ha podido producir un gran apagón del que no hemos sido conscientes. ¿A caso estoy apagada por dentro? ¿es eso? ¿así de sencillo? No, si sufriera un apagón no estaría aquí, imaginando las conversaciones de dos gallinas. Seguramente me quedaría tumbada en la cama y aprovecharía cualquier momento del día para arrinconarme ante la vida y me escondería de la luz del astro al que en una ocasión quise inmortalizar su belleza y me fue imposible.

Isolina Cerdá Casado

    
         

viernes, 2 de mayo de 2014

Ensoñaciones

 

    Si por un momento supiera que no hay más momentos, no podría hacer otra cosa, traspasaría las paredes y buscaría a mis hijos, intentando rescatar la imagen de los últimos segundos de mi vida. 
    Todo pasa tan inesperadamente deprisa que no hay tiempo real para captar cada momento vivido con la intensidad suficiente. En otro tiempo jamás me hubiera imaginado en este punto de la vida. En el que me dejo llevar por el verde primavera y su brisa vespertina. Y los recuerdos pasan por mi mente como si fueran flotando sobre nubes de algodón. 
    Me dejé llevar por los impulsos y por ellos estoy aquí, como pasajera en una nave que parece estar llevada por las corrientes cristalinas del viento y su destino.
    Y en ese recuerdo de las personas lejanas me empiezo a sentir recuerdo llevada por el temor a marcharme rápidamente de esta ensoñación. ¿Todo es un sueño? ¿es eso? ¿Todas las personas que me hicieron felices y gracias a las cuales soy lo que soy, son personajes de un sueño irreal? 
    Y si todo es un sueño, ¿por qué me duelen tanto las ausencias? Y si ellos están conmigo, ¿por qué no siento el calor de sus abrazos?

    Eres un café de desahogo, eso es lo que tú eres, te he servido para tragarte en este estado de desespero.

    Mi hija dibuja hadas con paraguas que le protejan de una lluvia de penas heladas y yo en mi fortuna de poder contar lo que me pasa escribo sobre libretas usadas, aprovechando huecos vacíos.

    Todo tiene su sentido, tenía que llegar este momento en el que coger el bolígrafo y bailar sin miedo, salpicando gotas de tinta roja, de pasión no de tragedia, que la vida ya me ha servido el plato de tragedia suficiente por este tiempo de tormento. ¿Es así como lo ves? ¿Aprendiste a llorar en silencio? El viento no deja de emitir su gran susurro de libertad. Es la hora.

Isolina Cerdá Casado


sábado, 26 de abril de 2014

Entre bambalinas. Duendolín, el duende que pone fin a los cuentos.



  Estábamos muy nerviosos, bueno, yo estaba atacada, arrastraba un estado de nervios como consecuencia de una serie de situaciones personales. Pero ahí nos encontrábamos nuevamente, en un espacio nuevo, en el que no habíamos podido hacer un ensayo general, y teníamos cogidas con pinzas las diferentes escenas que hubo que modificar, en movimiento y localización, por el espacio distinto y la inexistencia de telón.
    El director tenía mil cosas en la cabeza, una persona encantadora se prestó a ayudar en el aspecto técnico, lo cual hizo posible la representación. Pero eran mil cosas de las que había que estar pendiente, y no todo los aparatos funcionaron. La maravillosa voz de Rosa se vio alterada por el acoplamiento de los micros, o no sé que historias técnicas, ella cantaba pero de vez en cuando sonaba un sonido horrible que hacía que su trabajo no se luciera en toda su esplendor.
    Cuando ella terminaba su canción, Margarita debía entrar en su habitación y llamar a su mamá para que le diera las buenas noches. Pero tras la cantante, empezaron a sonar las pistas de música siguientes una de tras de otra, y las actrices maravillosas transformadas en hadas, al oír su canción, que era el aviso de su salida, entraron por platea. Pero Margarita no estaba en su cama, el fallo técnico hizo que la niña no saliera. Cuando las hadas llegaron a escena, sin entrar, empezó a sonar la siguiente pista de música, la entrada de la reina, y se quedaron de piedra al no ver a su querida niña, a la que despertaban con estornudos, dormidita en su cama. Entonces, en una extraña sucesión de decisiones rápidas y atropelladas, Margarita salió corriendo y se lanzó cual supermán sobre la cama, ésto descolocó a las hadas, y provocó una risa nerviosa en las portadoras de las grandes estrellas plateadas. Entonces el director se golpeaba la cabeza contra la pared, fue un impulso irracional para sacar fuera toda la tensión producida en un minuto que se hacía eterno. Mandaba salir a la madre, pero la madre decía que su hija no la había llamado a escena, Margarita, en las funciones normales, llamaba a su madre mientras entraba en su habitación, si ya estaba tirada en la cama, para qué entraba la madre. Entonces la niña se levantó, las hadas se fueron motivadas con una gran intuición escénica. Margarita levantándose de la cama gritó: "jo, no me puedo dormir, soñando con las hadas. ¡Mamá, ¿vas a darme un beso de buenas noches?" Y todo se reanudó, solo nosotros sabíamos el gran problema surgido inicialmente, pero lo resolvimos bien y seguimos adelante. El micro de la cantante seguía fallando, su maravillosa voz tenía que luchar contra esos golpes de sonido rotos. Siguieron produciéndose fallos técnicos, pero se fueron resolviendo, y el público, esos pequeñuelos agradecidos, con sus caritas inocentes, y los profesores que siempre pendientes de ellos se emocionaban con la representación, aplaudieron felices porque vieron el esfuerzo, les llegó la magia, la de la mesa que volaba y la de los actores transformados en magos, hadas, princesas y animales increíbles.
    Los actores y actrices, y los imprescindibles técnicos, y el director y la cantante y actriz, todos teníamos algún estado personal que nos alteraba: la mamá de Margarita se encontraba mal, por el dolor de un dedo dañado que le afectaba a su más preciada prenda, su hijo; Blancanieves tenía un dolor en el pecho que yo no percibí, y los niños tampoco; la maravillosa Cenicienta con su preocupación por la intolerancia a algún componente de la leche de su bebé precioso, aparcó los mil llantos de esos momentos previos al diagnóstico de su niña y las noches sin dormir saliendo a escena con su mejor sonrisa;  la reina de Corazones y Jazmín tenía un malestar del que tampoco me di cuenta; y las hormonas de mudito, y los nervios inseguros, y el estrés, y la tensión del jefe,...y los problemas personales...todo quedó en la intimidad más absoluta, incluso la gran tristeza de recibir una noticia dolorosa. Las sonrisas de esos niños, de ese público agradecido, hizo que mereciera la pena el gran esfuerzo.
    Gracias, gracias, gracias.

Isolina Cerdá Casado

 

martes, 22 de abril de 2014

Despedidas. Una lámpara se despide de su ex marido, un tubo de cocina fundido.


       Una señora lámpara, muy bien puesta, entra en la sala 3 del tanatorio. No hay nadie. A través del cristal se puede ver a un tubo de cocina negro por los extremos, reposando sobre una linda caja de madera de pino.

    ¿Se puede? ¿Estás bien? ¡Qué tontería de pregunta por dios! No iba a venir, eh, pero luego estuve dándole vueltas, es la última vez Mari Luz, y todo el mundo tiene derecho a una despedida digna. Que tú muy digno, muy digno, no has sido, Roberto, siempre con tus chulerías. Pero por qué narices tuviste que cortar de esa manera, ¿eh? Yéndote con esa presumida lamparilla de noche, por dios, que le sacabas medio metro. Y mira que a mí me gustan grandes, pero esa pájara es peor que yo, su hermana gemela es mucho más estilosa. ¿A caso no te bastó con la que montaste con los plafones del pasillo? Eso fue una orgía en toda regla, que a mí no me habría importado, cada uno es libre de llevar su vida sexual como mejor se le dé, o le guste. Que yo lo entiendo todo. Pero ahí fuiste demasiado lejos, Roberto, en mi propia casa, delante de mi prima Flori, en la habitación de la pequeña de la casa. Ella, que lo máximo que ha presenciado ha sido una rabieta de la niña, y vas tú y le ofreces una escena pornográfica digna de ser incluida en una película para mayores sobradamente experimentados.
    Bueno, que ya sabes que estuvo mal. La pobre Flori que no sabía cómo contármelo. "No será tan grave mujer, anda, cuéntamelo y no le des más vueltas que yo no me asusto, a mi edad no me queda nada por ver." No me imaginaba yo que me iba a hablar de su tío, vamos de ti. Pues por muy extraño que pueda parecer, no me sorprendió, ya sabía yo que tú muy normal no eras. A todas horas con tantas ganas, hijo, qué cansino, que sí, que el sexo es muy saludable pero lo tuyo ya era de enfermedad. ¿Y sabes qué? Mira a ver si lo de que te hayas fundido no tenga que ver con esa sobre carga sexual que siempre has tenido. Si es que a poco que me arreglara ya estabas tú con la testosterona deseosa, comiéndome un colgante. Y hasta incluso cuando los dueños de la casa estaban presentes, es que eras excesivo. Y luego, seamos claros, lo de asearte poco Roberto, y tú sabes que el olfato se me quedó muy sensible tras el embarazo, pues nada no te dabas por aludido, el olor a chamuscado no te lo quitabas con una simple toallita, que sí, trabajador mucho, pero tenías que haberte dado un poco más con la esponja.
    Que si "me voy a electrocutar Mari Luz, que me tienes cardíaco todo el día". Anda que necesitabas tú mucha animación. Si te levantabas animado, que era una cosa bestial. No me extraña que al final te diera igual ocho que ochenta. Cada vez que lo pienso, ¡con las lamparillas! ¡qué vergüenza!

Isolina Cerdá Casado

Pasos


        Uno no puede dejar de caminar, a pesar de todo, aunque le caigan gotas de lluvia sobre la cabeza cargadas de piedra
    Tienes tanto que decir, sí, ya te veo que vas a empezar con tus típicas diarreas mentales. Pero en realidad no ha pasado nada, nada fuera de lo común. Lo sabemos, todo sigue igual que siempre, con tus pensamientos que van y vienen, con la visión del mundo distorsionada por esa mirada tuya tirando a negativa, mezclada con detergente, endulzada con bizcocho. Los obstáculos siempre han estado ahí, aprende de ellos. 
    Ay, en realidad me siento feliz porque formo parte de la vida. 
    Si ya lo sé, que tú estás donde quieres estar, y que todo se está preparando para que el sueño se realice, te lo dicen las líneas de la mano. El destino de dolor y llanto está pasando página, no hay que dar tanta importancia al sufrimiento. Deberías quitarle peso, ya lo haces, lo sé. Tu hija escribe cuentos. 
    Sí, mi hija especial es tan creativa como su mamá. Mi hijo especial empieza a ser una especie de pilar; su madurez me deslumbra.
    Bueno, déjate de cosas personales, aunque ya sabemos que tú no sabes escribir de otra cosa que no sea aquello que te hace temblar el alma. 
    Bueno sí, es verdad, la emoción marca mis palabras escritas. Yo grito en el papel en blanco, lo decoro con gritos, con la elaboración de los ahogos, con el sentir de un corazón cargado de penas y que se amarra a lo creativo para encontrar sentidos.
    Pues entonces, sigue así querida, sigue, sigue vomitando impulsos literarios, sigue dejándote llevar por todo aquello que te turba, las camas pueden esperar a ver sus sábanas estiradas, prefieren que la mujer que se tumba en ellas tenga el alma tranquila y en calma.

Isolina Cerdá Casado 

martes, 15 de abril de 2014

Subconsciente: desorden, pesadillas, espíritus, incendios.

    Huele a restos de gamba cocida, gotarrones cuyo aroma quedó impregnado en la bandeja de madera en la que venían colocaditas y que ahora mismo, unas doce horas después, llenan la cocina de un olor nauseabundo. Ni si quiera el recuerdo de su buen sabor en el momento de comerlas logra apaciguar las ganas de vomitar que me invaden por momentos.
    Pues así con todo. Una no es capaz de equilibrar, sopesar, compensar en la cabeza ni en el alma. Porque si algo huele a podrido hoy es que en su esencia ya había podredumbre, al menos esa es la lógica. La cosa es que me siento aquí, del verbo sentarse, en la mesa de la cocina, en la silla de la mesa de la cocina, con el olor del habitáculo de las cobayas, con los doce huevos en su huevera, con el bote de cristalmina codeándose con el ordenador portátil. Algún día desapareceré engullida por el desorden reinante, alguien vendrá a buscarme y no me encontrará porque estaré tapada por los folios, camuflada entre cuentos de la biblioteca, con la chaqueta del chándal de mi hija sobre mis piernas y el mantel de cuadros tapándome la cara. Mi voz se enmudecerá como consecuencia de un ataque producido por una alergia a los restos del sacapuntas presentes en la increíblemente abarrotada mesa de la cocina, las cobayas señalarán hacia mí pero la persona que me busque no podrá dar conmigo porque estaré fusionada con el caos.

    ¿De qué ibas a escribir hija? Ay, no sé qué tienes pero muy bien no estás, algo te está pasando por esa cabecita tuya. ¿Quieres que vayamos a dar un paseo por el parque? ¿Visitamos a un médico? ¿Qué es lo que te impulsó realmente a sentarte frente a la pantalla del ordenador y ponerte a teclear? ¿Tiene que ver algo en ello el polvo de las cortinas? ¿A caso estás frustrada porque no te sientes bien? Pero si esto es algo transitorio hija, te lo digo yo. Es así, hoy estás bien y mañana no sabes cómo vas a estar. ¿A caso te ha afectado la noticia del accidente? ¿Empatizaste nuevamente con esa familia? ¿Y si nos vamos al psiquiatra y se lo comentamos? No es posible que andes con estas subidas y bajadas. ¿Es por lo del suavizante darramado por el suelo de la cocina? Pero si era de marca blanca, qué más da, si me dijeras que se te derrama el Mimosin, pero chica que es del Alcampo, vale suavizante concentrado, pero del Alcampo. ¿A caso tiene que ver con la cara que viste en el espejo que denotaba justamente tus cuarenta y pico años? ¿O es por el sueño terrible en el que yo aparecía y moría también en el incendio? Todo se quemaba sí, pero era una pesadilla, solo era un sueño. Ya sé que te levantaste algo alterada, todo influye, todo. Ay, querida, pues no te queda nada, la vida es eso, una lucha constante, olores nauseabundos que van apareciendo, simplemente hay que hacer limpieza, que ya sabes que el pescado huele fatal de un día para otro si tiras sus restos en la basura. Pues igual que el pescado los pequeños conflictos acaban por oler terriblemente si no se resuelven. Venga, vayámonos al médico ese tan bueno, a ver qué nos dice. Que no estoy muerta mujer, que sólo era un sueño, que yo estoy como una rosa, ya me ves, si por más que tu subconsciente quiera acabar conmigo estoy ahí, dando guerra, y a ver si vienes a limpiarme un poquito la lápida guapa, que me tienes contenta con tu dejadez, ni una mísera visita al campo santo. Pues que sepas que eso es lo que te está pesando, que el subconsciente te está recordando tus deberes, que a ti no te gustan estos sitios, pero a mí sí, ya sabes lo reluciente que lo dejaba yo cuando íbamos a ver a tu hermana, y que tenga que tener yo las flores de tela hechas una pena, no te digo las naturales, que no duran bien ni un día, ¿pero las de tela? ¡Vamos! ¡Indignada me tienes!

Isolina Cerdá Casado

Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.

Algunos de los pendientes mágicos creados por la guerrera del mar . Llevo días queriendo escribir algo, claramente me lo has inspirado tú, t...