-¿Has visto Mari? Yo creo que las cosas son así por algo.
-Déjate de tonterías Luisa, que ya estamos otra vez igual, cómo que por algo, pues claro que pasan por algo, por la mala suerte, o ¿qué te crees? ¿que es un aviso de la vida?
-Pues mira, sí, un aviso, para que no se vuelva a meter en camisas de once varas.
- Pues ya quisiéramos muchas tener la valentía de mandar al gallo a freír espárragos e irnos a buscar la vida, hay mucha vida que descubrir por el mundo. Cualquier día salto la valla y me voy a explorar el arroyo, o me voy para arriba, a ver si encuentro otro gallinero que me guste más.
- Ah, mira, no te imaginaba yo así, anda que no te lo tenías calladito. Si ya me lo decía la Manuela, que tú eras de las que sorprende, que a lo tonto a lo tonto no tienes ni una pluma de tonta.
Hoy es uno de esos días en los que dos gallinas se miran a los ojos y a mí me da por pensar en la profundidad de la comunicación avícola. Siento que la vida se reduce a un conjunto de mensajes que en algún momento llegaremos a asimilar, tal vez en el último segundo, cuando apenas nos quede un suspiro para regalar al mundo. "Así que, así que...él me quería, en realidad él me quería...Pero, por qué dijo aquello de que...Pero me quería, oh sí, él me quería, casi tanto como yo a él".
Bah, qué más da.
Bueno, que digo yo, que de algo interesante podría escribir en esta tarde en la que he sido atraída por las corrientes de la electricidad inspiradora del mundo onírico. Así que, ¿tú sueñas? ¿qué te inspira el mundo? Ay, no sé, no sabría decir, siento que la vida pasa tan deprisa como el aire por la ventana, que trajo una hoja seca volando y me dio en un ojo. Parece que se me da mejor ponerle pensamientos a las gallinas, hoy no es un buen día para escribir con corrección, hoy estoy queriendo hacer mil cosas, miro por la ventana, escucho el lavavajillas, tengo de fondo la televisión encendida, mi hija toca la armónica en el salón, y yo estoy tecleando sin ton ni son.
Yo, yo me acuerdo de cosas, me acuerdo y pongo triste.
Pues claro, eso pasa, la gente recuerda cosas y se entristece.
Sí.
El sol estaba poniéndose, íbamos todos en el coche, y a mí me dio por hacerle una foto al astro rey, queriendo captar esa bella despedida, sin embargo, por más que quería ver reflejada en la imagen lo que mis ojos veían en la realidad, no podía. La cámara no era lo suficientemente buena. Entonces no había pasado lo del amigo que acabó muerto, tendido en el suelo del baño de la casa de su ex pareja. El sol sigue poniéndose cada día igual, de la misma manera, con la misma belleza. Pero lo cierto es que él no está, y no hace tanto de aquello, lo mismo que no hace tanto de lo otro, de cuando mi tía se puso enferma y fue apagándose casi sin darnos cuenta, siempre te coges a algo, a la esperanza, estuve amarrada a ella con la venda de los ojos. ¿Qué es lo importante? ¿Qué es lo que de verdad nos impulsa? ¿Qué tendría que pasar para que ya no tuviéramos impulso? No, no lo diré, no, no me quiero engañar, a veces ni si quiera se puede ver el muro paralizante, a veces la frenada viene de dentro, desde lo más profundo del alma, donde se ha podido producir un gran apagón del que no hemos sido conscientes. ¿A caso estoy apagada por dentro? ¿es eso? ¿así de sencillo? No, si sufriera un apagón no estaría aquí, imaginando las conversaciones de dos gallinas. Seguramente me quedaría tumbada en la cama y aprovecharía cualquier momento del día para arrinconarme ante la vida y me escondería de la luz del astro al que en una ocasión quise inmortalizar su belleza y me fue imposible.
Isolina Cerdá Casado


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