Una señora lámpara, muy bien puesta, entra en la sala 3 del tanatorio. No hay nadie. A través del cristal se puede ver a un tubo de cocina negro por los extremos, reposando sobre una linda caja de madera de pino.
¿Se puede? ¿Estás bien? ¡Qué tontería de pregunta por dios! No iba a venir, eh, pero luego estuve dándole vueltas, es la última vez Mari Luz, y todo el mundo tiene derecho a una despedida digna. Que tú muy digno, muy digno, no has sido, Roberto, siempre con tus chulerías. Pero por qué narices tuviste que cortar de esa manera, ¿eh? Yéndote con esa presumida lamparilla de noche, por dios, que le sacabas medio metro. Y mira que a mí me gustan grandes, pero esa pájara es peor que yo, su hermana gemela es mucho más estilosa. ¿A caso no te bastó con la que montaste con los plafones del pasillo? Eso fue una orgía en toda regla, que a mí no me habría importado, cada uno es libre de llevar su vida sexual como mejor se le dé, o le guste. Que yo lo entiendo todo. Pero ahí fuiste demasiado lejos, Roberto, en mi propia casa, delante de mi prima Flori, en la habitación de la pequeña de la casa. Ella, que lo máximo que ha presenciado ha sido una rabieta de la niña, y vas tú y le ofreces una escena pornográfica digna de ser incluida en una película para mayores sobradamente experimentados.
Bueno, que ya sabes que estuvo mal. La pobre Flori que no sabía cómo contármelo. "No será tan grave mujer, anda, cuéntamelo y no le des más vueltas que yo no me asusto, a mi edad no me queda nada por ver." No me imaginaba yo que me iba a hablar de su tío, vamos de ti. Pues por muy extraño que pueda parecer, no me sorprendió, ya sabía yo que tú muy normal no eras. A todas horas con tantas ganas, hijo, qué cansino, que sí, que el sexo es muy saludable pero lo tuyo ya era de enfermedad. ¿Y sabes qué? Mira a ver si lo de que te hayas fundido no tenga que ver con esa sobre carga sexual que siempre has tenido. Si es que a poco que me arreglara ya estabas tú con la testosterona deseosa, comiéndome un colgante. Y hasta incluso cuando los dueños de la casa estaban presentes, es que eras excesivo. Y luego, seamos claros, lo de asearte poco Roberto, y tú sabes que el olfato se me quedó muy sensible tras el embarazo, pues nada no te dabas por aludido, el olor a chamuscado no te lo quitabas con una simple toallita, que sí, trabajador mucho, pero tenías que haberte dado un poco más con la esponja.
Que si "me voy a electrocutar Mari Luz, que me tienes cardíaco todo el día". Anda que necesitabas tú mucha animación. Si te levantabas animado, que era una cosa bestial. No me extraña que al final te diera igual ocho que ochenta. Cada vez que lo pienso, ¡con las lamparillas! ¡qué vergüenza!
Isolina Cerdá Casado
No hay comentarios:
Publicar un comentario