viernes, 12 de agosto de 2016

Matriarca, bye.

No pasa nada, tienes la sensación de que no está pasando nada, y sin embargo sí pasa, pasa mucho, siempre pasa mucho, siempre está pasando algo, en un instante mil llantos, mil risas, mil carreras, mil bromas, mil miradas al mundo, mil cruces de palabras: mil por mil, vida.

La mujer que no se podía mover, la que necesitaba de las manos de Berta, la que no era capaz de caminar hasta la ventana para echar un vistazo a la calle desierta, esa mujer que ya no controlaba ni el cuerpo ni las palabras, murió. Cinco hijas y solo una se compadeció de ella, cinco hijas y solo una la estuvo acompañándola hasta que el otro día se despidió para siempre de la única hija a la que lanzaba sus esputos con palabras hirientes. Eso era así porque en realidad era la única que estaba a su lado y la escuchaba. Berta siempre había tenido un corazón inmenso, tanto que en ocasiones le impedía caminar, por el peso, tener que cargar con tanto sentimiento le resultaba muy difícil en determinados momentos, ella no sabía porqué le pasaba eso, pero cualquiera que la hubiera tratado un poquito concluiría a ciencia cierta: "A esta mujer le pesan sus emociones". No es algo malo necesariamente, su grandeza le permitía disfrutar de pequeños placeres que pasaban desapercibidos para el resto de los mortales. Si alguien se iba de viaje y le preguntaba qué le podía traer, ella pedía una piedrecita contenedora del viento, la tierra y el impulso del que se la ofrecía. 
    Berta era una diminuta gota en medio del mar, cerca de la orilla, expuesta a quedar posada en una roca y desaparecer en una caricia de sol, dejando apenas un rastro imperceptible de sal. 

Isolina Cerdá Casado


jueves, 21 de julio de 2016

Escritura creativa: La boda pistacha de Julia.


El reloj rosa indicaba que iba a ser un día ajetreado, no iba a ser puntual, otra vez. ¡Las doce y cuarto! Llegaba tarde, no podía ser que el tiempo corriera tan deprisa, era increíble, pero si apenas se acababa de levantar, llevaba unos días rara, eso pasa de vez en cuando, la rareza vital: estás rara, estoy rara, está raro. Se sentía así, pero jamás imaginó que su rareza le podía afectar tanto a la percepción del tiempo. Tal vez se había apretado mucho la goma de pelo con el lazo blanco, abusaba del pelo recogido, su prima se lo decía una y otra vez: "Con lo bonito que tienes el pelo, ni una cana Julia, eso no es algo frecuente a tu edad, sabes que yo llevo tiñéndome años y me fastidia que tú con ese pelo negro no lo dejes volar al viento, además que estás más guapa con el pelo suelto, seguro que si te soltarás el pelo más a menudo ya habrías conseguido un buen marido." Ella no entendía ese empeño de su prima por conseguir un buen marido, ¿a qué se refería exactamente con lo de buen marido? ¿Qué es un buen marido? ¿El que es capaz de arreglar una lavadora con un tubo de pegamento comprado en un Chino? ¿O el que pone una lavadora sin echártelo en cara veinte veces? ¿Qué le pasaba hoy con las lavadoras? ¿A caso tenía un bañador metido dentro de ella que le mandaba mensajes subliminales? "Lávame, lávame de una vez, estoy acartonándome junto a la toalla?
    Respecto a los maridos, ella estaba muy bien como estaba: dibujando y comiendo pistachos. Comía tantos pistachos y se acordaba tanto de su prima, que en ocasiones veía maridos apistachados,y fantaseaba con ellos, e imaginaba maridos con ojos achinados, bocas de finos labios y orejas ahuecadas, y el pelo, oh, sí, el pelo al viento, los cuatro pelos negros sueltos, sin una sola cana.
Ella siempre había soñado con un marido hecho a base del mejor y más saludable fruto seco: el pistacho.





Y sin esperar la opinión de su querida prima, decidió que ya era hora de casarse, así que le pidió que se casara con ella, el marido apistachado asintió a su propuesta sin dudarlo ni un segundo, entre otras cosas porque no podía cambiar el gesto, organizaron una boda espectacular, ella accedió a la petición de su marido: no incluirían ningún plato con pistachos en el menú del restaurante en el que celebrarían la gran boda pistacha. 


    Y colorín colorado un extraño cuento les he contado, con unos cuantos ingredientes que en una foto he inmortalizado: una goma de pelo, un tubo de pegamento, un rotulador permanente, una servilleta superabsorbente, un montón de pistachos y un reloj rosado que mi hija dejó olvidado.

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 20 de julio de 2016

Cambios


    Hay momentos en los que parece que la vida es una cuesta arriba continua e interminable, no sé por qué, pero ocurre. Y no es interminable, puede que arriba haya unos cuantos amigos esperándote para tomar una caña. Pero si lo piensas no es algo inevitable, lo de la cuesta arriba me refiero, bastaría con darse la vuelta y en lugar de subir, bajamos. O girar, noventa grados, a la derecha, cruzar la calle, sentarte, respirar. La opción más interesante sería coger un patín, y lanzarse nuevamente hacia abajo, tal  vez de esa manera podríamos apreciar los detalles del camino que pasamos por alto por correr tan deprisa. A lo mejor son los zapatos: cámbialos, tal vez con un poquito de tacón irías más segura; a lo mejor es por la sensación de frío: ponte un abrigo. No lo sé, pero si te está costando tanto tendrás que cambiar algo. Yo ya tengo el patín.

Isolina Cerdá Casado

domingo, 17 de julio de 2016

Inspiración

Hoy no lloran los ojos, el alma se ha tranquilizado, dichoso el tiempo sanador que con su transcurrir abraza la pena y le ofrece alivio. En ocasiones buscas la calma y por más que lo haces no encuentras nada. Y resulta que todo era una gran equivocación, no podía buscar nada, ella tenía que venir a mí y abrazarme silenciosa, llegar sin ser vista, solo un halo de tranquilidad me daría una pequeña pista de su proximidad. Así es como sucede muchas veces, llegan las buenas cosas sin darnos cuenta de cómo llegaron, lo mismo que desaparece la calma, se marcha lejos y no sabemos en qué momento ocurrió pero de pronto lo ves: se fue todo al garete.

Isolina Cerdá Casado 

viernes, 15 de julio de 2016

Paz


Yo solo quiero eso, paz, ya sé que yo no vivo sola en el mundo, es posible que no le importe a nadie de los que actúan así, como repartidores de dolor, menos aún a esos que se abanderan en una ideología religiosa y que justifican esa violencia. Supongo que antes me sentía tranquila ante la barbarie, pero todavía recuerdo la forma de relatar aquel choque de aviones contra las torres de Nueva York, yo salí del tanatorio, mi abuela estaba muerta, se fue de este mundo en algún momento de la noche del once de septiembre del año 2001, yo entonces tenía la sensación de que estaban relatando una película, pero no, era real. 
A partir de ese atentado han habido otros que también nos han tocado, ya antes se produjeron en otros países que nos resultaban lejanos, sin embargo cuando esto ocurre en países próximos, y en tu propio país, te tiembla todo. Yo creo que el que actúa así no teme perder nada, justifica sus acciones injustificables.    
Ellos olvidan que la vida ya es muy cruel e injusta, ellos no saben que los que corren, los que gritan, ya tienen sobre sí mismos los propios gritos que les saca la vida. Cuando has despedido forzosamente a familiares que han sido víctimas de enfermedades implacables, y te has llenado de fuerza, y has seguido luchando, cuando sabes que esa lucha la emprenden día a día montones de personas, sabes, conoces lo duro de un tratamiento de quimioterapia, sabes el esfuerzo vital por seguir, sabes del llanto, de la lágrima, del grito. No puedes dejar de preguntarte por el sentido de este horror. ¿Se hace por un Dios o quieren desafiarlo? ¿Creen que no hay una lucha diaria por vivir? ¿A caso no piensan que los niños son ángeles puros y sin ningún tipo de maldad? Vive y deja vivir, mi perrita mira al cielo, ella es ajena a todo, mis hijos se levantan y ven las noticias y preguntan, ¿por qué? Y no se puede decir nada, no lo entendemos, no se puede buscar razón en la sinrazón. Lo sé, yo lo sé todo, bueno, no todo, solo algunas cosas. Sé que quiero vivir en paz, sé que no me gusta que haya niños flotando en las orillas del mar, sé que no me gusta que haya llanto provocado por la irracionalidad. Las fotos de Siria, del antes de la guerra y el después. No me gusta. Montones de niños muertos, ya, lo sé, no es la primera vez, sí, ya lo sé, todo acto terrorista arrastra injustamente a muchas víctimas inocentes. ¿Y qué puedo decir yo? ¿Que me duele? Nos duele a todos. ¿Que es injusto? Siempre lo es. 
¿Qué quieren en realidad? ¿Morir? ¿Matar? ¿Que muramos todos? ¿Cuál es el objetivo final? Una explosión gigante y adiós al mundo, adiós a los niños, adiós a la esperanza, adiós al mundo maravilloso y cruel, adiós a la vida, adiós a una madre, adiós a unos hijos, adiós al amor, adiós a un mar en calma...
El televisor iba cambiando de una imagen a otra, el fondo de la pantalla siempre era el mismo, unas palmeras, un camión, un montón de gente ajena al peligro que se avecinaba y de pronto, gente corriendo despavorida, llena de miedo, cogiendo en brazos a sus hijos, a su familia. Ya me había tomado el café, qué bien, puedo tomar café en mi casa, tengo casa y cafetera, y luz, y una perrita que me mira desde la terraza, y mis hijos duermen en sus camas, tienen camas y pueden desayunar leche con galletas. Muchos refugiados no pueden hacer esto, hasta hace poco mi normalidad era también la suya.  
Necesitamos paz, no queremos armas, no queremos que se hagan, ni que se vendan. No queremos odio irracional, odio que conduce camiones, odio que pilota aviones, odio que explosiona sobre sí mismo y lo embrutece todo.

Lo siento, hoy por Niza, ayer fue París, antes Siria, España...lo siento mucho.

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 13 de julio de 2016

Miércoles, un objeto de inspiración, bueno más de uno: ropa amontonada y zanahorias.

Esto ya es el colmo, busco la inspiración en un montón de ropa pendiente del planchado y en una fila de zanahorias de diferentes tamaños y grosores. Una de las cuales, por cierto, la del centro concretamente, debe estar ya absolutamente oxidada porque quiso posar con el mejor naranja escondido en su piel curtida y para eso se peló con un cuchillo de fino filo, la mano de la mujer que la rasuró temblaba. 

-¿Quieres que te pele para posar?-le preguntó la señora Matilde aún a sabiendas de que tras el rasurado iría directa a la olla o a una sartén mezclada con cebolla y ajo y algo de carne roja que después bailaría con el cucús. 

-Sí, absolutamente sí, estoy cansada de esperar metida dentro de una bolsa junto a otras zanahorias aburridas, en un cajón no frost que eterniza mi vida y hace que me pregunte si tiene sentido todo esto.

-Pero querida-dijo la señora Matilde algo asustada ante semejantes pensamientos procedentes de un cerebro que creía inexistente en un tubérculo anaranjado y en sí mismo, por formar parte de los seres vivos condenados a morir en el estómago de algún humano que come sano o de algún conejo inquieto y respingón, y que no piensa por sí mismo-¿Cómo vas a posar para una foto de esa guisa, pelada hasta las trancas? ¿Eres consciente de que no volverás a la nevera?-continuó con sus argumentos la mujer, que por cierto estaba falta de rasurarse ella misma, es decir, de una depilación como Dios manda, ¿o no lo manda Dios? ¿Quién lo mandaba entonces? 

-Estoy cansada, Matilde, echa la foto que me voy.

Y así fue como la inspiración llegó hasta el cerebro de la señora Matilde. Que con tal de evitar el planchado de un montón de ropa interminable se puso a escribir bajo una dudosa necesidad expresiva, tomando como excusa el cansancio vital de una zanahoria con inquietudes. ¿No sería en realidad que ella misma estaba metida en un cajón no frost y rodeada así mismo de un montón de zanahorias que parecían felices y que no cuestionaban el sentido de su vida? 
Sí, Matilde no era consciente pero intuía que algo extraño pasaba en su vida y en su piel, con el paso de las horas y a la vez que aquella zanahoria iba adquiriendo un color amarronado como consecuencia de la oxidación, ella iba tiñéndose de un naranja sospechosamente similar al que poseía la rebelde hortaliza.

Isolina Cerdá Casado








miércoles, 6 de julio de 2016

Le fallaron las piernas.


No, no te preocupes, no importa, al fin y al cabo lo haces porque te apetece, no es por el dinero, lo sabes, es por una necesidad de contar cuentos, de decir al mundo, de expresar un llanto que tal vez si no fuera así no saldría de dentro. Estaría metido en un profundo pozo lleno de emociones, que se apelotonarían sin sentido aparente, se estarían chafando unos a otros, quizá sería lo mejor, no volver a ellos, no contar nada, que las cosas fueran pasando, que las emociones se solaparan unas con otras y que no se amasaran para formar un gran escupitajo de dolor arrojado al suelo, junto a un chicle ennegrecido por la vida, como el alma ingenua, que dejó de ser mordida y masticada y se convirtió en un pegote.
Yo no iba a escribir sobre tristezas, menos aún sobre las penas, y no tenía ningún impulso de volver a jugar con las emociones, es que soy demasiado cansina, y llega un momento que yo misma me agoto de volver a lo mismo, que no sé exactamente qué es eso a lo que vuelvo, hablo de dolor, pero es un dolor difuso, no sé, supongo que se trata de un conjunto de dolores, pero que como digo me cansa, pero bueno, será porque tenía que ser cansina, lo tenía que ser.
Hoy es un día extraño, de esos días de verano que son pegajosos, en los que el cielo empieza siendo azul y pasa por grises densos, y parece que va a imponerse la tormenta pero luego resurge el sol y vuelve a hacer calor, en realidad nunca dejó de hacer ese calor sofocante, aquel hombre casi se desploma en la farmacia, no sé por qué me ha venido ahora mismo su imagen, pero lo he vuelto a ver tambalearse frente a uno de los mostradores, la farmacéutica se apresuró a ponerle una silla detrás, si no hubiera sido por su rápida reacción aquel señor se habría caído de culo ante mis ojos. La dueña de la farmacia se apresuró a ofrecerle agua, le sugirió al aturdido señor que no se levantara, que esperase unos minutos. -"¿Y para qué necesito agua? ¡Qué tontería! Lo que me fallan son las piernas, no la garganta."- respondió con cierta sorna el afectado.
Yo pensé, tal vez con maldad, que la farmacéutica no quería vérselas con un hombre derrotado por sus piernas cansadas en el brillante suelo de su recién reformada farmacia. Estuve a punto de pedirle para mí el vaso de agua, ¡hacía tanto calor! Pero no, me contuve y esperé a que se solucionara el percance para comprar los tapones para el oído de mi hijo, que lo llevaba conmigo casi a rastras para que a pesar de su otitis pudiera darse un baño en la piscina. El hombre salió, con una actitud casi de indignación, le había molestado profundamente ese ofrecimiento del vaso del agua y en cuanto supo que sus piernas iban a responder, salió de la farmacia a paso ligero, lo más ligero que le dejaron. Qué importantes son las extremidades, y no nos damos cuenta hasta que nos pasa algo con ellas. 
La toalla naranja está hecha un manojo de tela rizada y húmeda apoltronada entre una pared de azulejos blancos y un radiador que tal día como hoy parece estar a pleno rendimiento, por el calor interior y exterior de la casa. Desastre absoluto, la estoy viendo y me está diciendo que la quite de ahí, que la meta en la lavadora y que la ponga a girar con agua y detergente, pero yo estoy perezosa, uno de esos días en los que ves que tienes miles de cosas que hacer y te pones a escribir tonterías frente a un ordenador a punto de caducar, espero que no se rompa. ¡Oh! No sé qué haría sin él, porque me resulta muy útil para controlar la locura transitoria, aparece, viene, le digo hola, bailo con ella, escribo un texto, se va, me deja libre con mi estado cambiante, vuelve, me hunde o me hace saltar, me inspira un cuento, me anima, me libera. Todo gracias a él, y también a las horas invertidas en aquella academia en la que eché horas y horas golpeando teclas una y otra vez, con la única certeza de que aumentaría la velocidad al escribir en máquina ruidosa, tal vez porque el instinto me decía que aquello me iba a servir para algo más que salvar trabajos universitarios empezados a destiempo. Gracias al curso de mecanografía de mis años de juventud ahora puedo escribir pensamientos a la vez que observo mi casa y justamente es una imagen la que me inspira, me arrastra, me lleva y me trae. No necesito una puesta de amanecer preciosa para inspirarme, aunque también me inspire.

Tampoco necesito la imagen de dos pollitos preciosos mostrándose ternura el uno al otro para para escribir con impulso creativo, aunque también me inspire.


En realidad la vida cotidiana está llena de imágenes inspiradoras. Voy a ver si ceno, que el cielo está ya oscurecido por la llegada de la noche y los pozos llenos de emociones oníricas están a punto de estallar.

Isolina Cerdá Casado

jueves, 23 de junio de 2016

Instantes de felicidad


Esta es la foto de una maqueta que hizo mi marido, con piedrecitas chiquititas creó una casa preciosa, las grandes cosas se hacen con pequeñas piezas.

El otro día una amiga mía, de esas amigas que la vida te pone delante, que sabes que es buena gente aunque no sea cuestión de horas compartidas sino de circunstancias vividas, no sé, amiga aunque no de llamarla diariamente, ni de compartir cafés. Amiga de persona que quieres aunque intercambiemos afecto únicamente a través de encuentros casuales. Bueno, ya basta, amiga, mujer amiga, amigable. Pues a lo que iba, el otro día una amiga mía me contaba que a su suegro le había sido diagnosticado un cáncer, que ya había empezado incluso con la quimioterapia y que lo estaba llevando fatal, me dijo que nadie se podía poner en la piel de una persona que estuviera siendo tratada con la quimio, decía que era imposible, ella sabía muy bien de lo que hablaba, su piel había sido afectada por esa agresión externa que no solo actúa sobre las células malignas. Entonces me puse a pensar en ese hombre, en lo que podía pasar por su cabeza...

"Usted está enfermo, podemos detener el avance de la enfermedad pero no se va a curar, es un mal diagnóstico pero no es el peor. Puede llegar a vivir diez años más, no piense que se ha acabado, aquí no ha acabado nada. Esto acaba de empezar realmente."

    Y nadie se puede poner en tu lugar, es así, nadie puede imaginar todo lo que está pasando por dentro de tu cabeza y del corazón. Es pura física si metes en tu cuerpo una quimio agresiva que aunque trate de seleccionar va a luchar contra todo lo que se parece a las células malignas, todo tu cuerpo se resiente, aunque quieras fortalecerte y enfrentarte a ese ejército de soldados grises. No hay nada que hacer, físicamente acabarás tocado. Por no hablar del tema mental, eso son otros menesteres más complejos. Cuando se lo diga a Roberto, mi mejor amigo y cuñado a la vez, seguramente empezará con sus teorías de la psique, que "ya te lo decía yo, esas cosas no son fáciles, siempre acaba por tocarte algo gordo, ya me pasó, y tú lo sabes con tu hermana, también tú lo viviste, pero no igual, no es lo mismo vivir la enfermedad en la distancia, de visita, ya sé que duele, pero no tienes que ver los ojos tristes y cansados minuto tras minuto, y la impotencia..."
Roberto siempre dice que lo peor que le ha pasado en la vida es saber que su mujer estaba enferma y que no podrían disfrutar de los años de la jubilación. Era mi hermana, a mí también me dolió. Supongo que cuando te das cuenta de que tienes que estar preparado para lo peor es cuando el agua empieza a entrarte por la nariz y por la boca, entonces significa que ya te estás ahogando. Que hay que disfrutar de cada minuto mientras se pueda. Pero es difícil. Y mira que era consciente, la vida me iba dando avisos una y otra vez. Ya de por sí la vida era dura, no nací en una familia acomodada que digamos, eso lo asumes, no me refiero a eso, tiene que ver con las cosas que te van pasando, o que le van pasando a las personas que tienes a tu alrededor. Y pasan muchas cosas, en una vida normal hay problemas corrientes y molientes, siempre.

Pero no nos damos cuenta, resulta que estamos sentados en una terraza de un bar, tomando un café, o una caña, o lo que tome cada uno, tienes frente a ti a personas a las que quieres, que te cuentan un chiste tonto, que te hacen reír, que te llaman "maricón" o "viven", o lo que sea, da igual, que tienen gestos de cariño, y nos empeñamos en no ver esa felicidad del instante, de ese segundo en el que alguien te ha llamado "bella", en el que alguien se ha emocionado cuando le hablabas de un texto, el abrazo de aquella amiga a la que hacía mucho que no veías. La vida, ay, la vida y sus instantes mágicos, esos son los que te llenan de fuerza cuando llega el doctor y te dice "Usted está enfermo..."

Lo cierto es que no quería volver a escribir sobre el cáncer, empieza a resultar un tema recurrente, pero esto lo quería escribir, le fui dando vueltas a la cabeza cuando esta amiga me lo contó. Y ahora ya está, me voy a comer una cacho palmera de chocolate, grandísima, más de un palmo de mano gigante, y arreando que son dos días.

Esto es lo que queda de la misma, lo demás está en mis caderas, disfrutando de un espacio lleno de grasas felices. 

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 15 de junio de 2016

La camiseta de Julián Ronda.


Todo comenzó en el día de ayer, catorce de junio de 2016, lo de la fecha es anecdótico en realidad, acabábamos de comprar unas cosillas en el Carrefour que tenemos al lado de casa. Íbamos mi marido y yo solos, los niños estaban con sus respectivos amigos pasando una tarde de juegos. Con las bolsas llenas de botellas y demás necesidades varias, mi marido me sugirió que nos podíamos tomar algo en una terraza, apenas quedaban cuarenta y cinco minutos para ir a buscar a los peques, y el bar estaba situado al lado de donde les teníamos que recoger. "Vale, así hablamos un poquito y nos despejamos".
Casualmente era el bar de Cristóbal, el bar donde habían ido a tomar algo cada vez que regresaban de ver los partidos del Lega. Agus andaba con el móvil -"Van a sacar la nueva camiseta del Lega, la de Julián Ronda la voy a guardar ya"- me decía con cierta emoción. Entonces se me ocurrió que debía escribir esta historia. No solo por la ilusión de Agus, y la de todos los que fueron con él a ver al Lega, como mi cuñado Jesús, mis hijos, Toni, su vecino, los amigos también forofos del Lega, el propio Cristóbal que retransmitía en el gran televisor de su bar todos los partidos del Lega cuando jugaba fuera de casa. No, no era por ellos, sino por esa camiseta, por Julián, al que no llegué a conocer pero cuya fuerza y energía estuvo presente en cada uno de los partidos que el Leganés ha jugado este año. 
No sé cómo fue, pero al principio de la temporada Agus decidió hacerse socio del Leganés junto con nuestro hijo, entonces hizo una promesa, voy a llevar la camiseta de Julián Ronda toda la temporada. Para mí no tenía ningún significado, de hecho pensaba que no tenía tanto valor para él, entonces me contó que cuando estuvo haciendo los cursos de entrenador coincidió con él en dichos cursos, y Julián Ronda le regaló la camiseta con la que había jugado en Segunda con el Leganés, "Ronda disputó con el Leganés un total de 197 encuentros llegando a ser capitán del equipo pepinero y uno de los jugadores más queridos por la afición del Leganés", esto tuvo lugar allá por los años noventa. Yo le decía que se iba a asar, con lo caluroso que era, encima le quedaba ajustadísima, y aunque le regalé una camiseta de la temporada 2015/2016 me la hizo devolver porque él iba a cumplir con su promesa. Pues bien, la primera vez que fue al campo con ella puesta ocurrió algo tristísimo. Agus no sabía por qué se homenajeaba a Julián Ronda, cuyo nombre llevaba casualmente a su espalda, al principio pensó que podía coincidir con algún momento importante del jugador en el Leganés, por lo que fuera, sin embargo ese homenaje era por algo muy duro que le había ocurrido al jugador, le había dado un infarto y cayó fulminado en un partido de veteranos del Real Mallorca.

 "el homenaje de ayer, contra el Alba, tuvo un significado especial. En el minuto 19, el de su dorsal, la afición de Butarque aplaudió en memoria de Julián Ronda."

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Agus sintió mucha tristeza, supongo que porque Julián era un hombre grande y de buen corazón, imagino que en su cabeza le daría mil vueltas a los momentos compartidos con él, a ese gesto de regalarle su camiseta, a su mirada, a sus choques de manos. No sé, instantes que permanecerían para siempre en su memoria.
La cuestión es que aquel hecho triste reforzó más todavía su idea, él llevaría a Julián Ronda consigo a todos los partidos del Leganés. Empezó llevando a nuestro hijo, nuestro cuñado Jesús, que andaba queriendo hacerse socio al saber que Agus se había hecho, se animó también, y a nuestra hija no le quedó más remedio porque yo me tuve que ir a trabajar algún sábado y domingo que otro, y una vez que empezó a ir se volvió una forofa, de modo que también la hizo socia. 
Recuerdo perfectamente los primeros comentarios de ambos cuñados -"¿Te imaginas que subieran a primera? ¡Sería un bombazo!" Fantaseaban con esa idea desde el principio de la temporada. Todos iban con sus bufandas, llenos de ilusión. 
Lloviera, hiciera frío, calor, daba igual, iban felices. Y Agus siempre enfundado en su camiseta de Julián Ronda. Luego también Toni y su vecino se hicieron socios, y ya eran una especie de cuadrilla, todos a animar al Lega. La niña de siete años no se perdía ni un partido, y era la que más animaba. A mí me enseñaban los vídeos, yo no soy de fútbol, lo pasé fatal cuando a mi hijo le dio por jugar al fútbol y mi marido era el entrenador del A.V.Zarza, no me gustaban determinadas actitudes. Pero esto era distinto, supongo. 
La cuestión es que hoy por primera vez he visto el rostro de uno de los artífices de este sueño hecho realidad, he buscado su foto en internet, y la he colocado aquí como una prueba de que su memoria siempre permanecerá intacta, no solo en el corazón de su familia, de sus amigos, de su pueblo, de toda la gente que caminó a su lado. Él ha estado en cada uno de esos momentos de ilusión, en los que gritaban todos dando ánimo a un equipo, coreando los nombres de los jugadores, dando aliento a los que no se rindieron. 

¿Quién te iba a decir a ti que ese gesto generoso que tuviste con Agus iba a ser tan admirado y respetado? Que iba a estar presente en una temporada clave, tu nombre, Julián Ronda, ahora te he puesto rostro, pero ¿sabes? no me ha sorprendido, en tu rostro se ve tu alma, buena, esa que no se ha ido y permanecerá para siempre entre nosotros. 
Agus va a guardar tu camiseta como oro en paño, ya ves que has estado no solo en el estadio, sino también en la Plaza Mayor de Leganés, cuando un entrenador emocionado y unos jugadores ilusionados ofrecían su triunfo a un pueblo entregado. 

Gracias Julián Ronda por haber sido un hombre grande, por dentro y por fuera. Y gracias a los jugadores, al entrenador y a los muchos aficionados del Leganés por todos sus logros.

Isolina Cerdá Casado










martes, 14 de junio de 2016

Vida.


Nunca dejes de impulsarte. Que esa flor que dibujaste en tu camiseta verde permanezca siempre en tu corazón. Con los brazos arriba y sonriendo, con un lazo en el pelo y unas largas pestañas. Los ojos bien abiertos para ver lo que de verdad importa, que estás viva, que eres una mujer preciosa, que llegarás a donde quieras llegar y siempre serás libre, sentirás la libertad y no permitirás que nadie te la arrebate. Respira, mi niña, mi niña grande; la mujer, la que fue niña; la madre, que se reconoce en esa mujercita que empieza a caminar.
Qué rápido pasó todo,
pasa todo,
todo.

Isolina Cerdá Casado

viernes, 3 de junio de 2016

Persoa boa e xenerosa


En medio de la gran espesura verde de los impresionantes robles, la tristeza inundaba la tierra, la llenaba de una pena indescriptible. No era posible creer que ya no la íbamos a ver más, era un shock para el alma tener que aceptar la realidad, una enfermedad cruel se había llevado a un ángel. El consuelo de haberla tenido, de haber disfrutado de su bondad y generosidad el tiempo que nos lo permitió la vida y las circunstancias, el recuerdo de su mirada dulce, de su sonrisa eterna, de sus palabras llenas de cariño y afecto. La rabia por esa lucha final de vida, porque tuviera que pasar por esos momentos durísimos de un tratamiento tan agresivo que no pudo con ella hasta que se le fue el último resquicio de fuerza. Parecía que en cualquier momento iba a entrar por aquel tanatorio y nos iba a tranquilizar a todos, porque personas así nunca se van del todo, daba la sensación de que ella nos veía, como una presencia espiritual que siempre caminará con nosotros. En aquel tanatorio no cabía más dolor sincero, ni más flores, había tanta gente que lloraba su pérdida, tanta gente que se había quedado desconsolada al sentir que a esta bella mujer se la habían llevado a otro mundo injustamente y a destiempo, que el vacío que causaba la sola idea de que ya no estuviera físicamente te erizaba el alma. Esas sensaciones solo la pueden producir los ángeles, las personas que han caminado por la vida pensando en los demás, las grandes personas.
Tu nombre no te salvó, pero tu gran corazón te ha hecho eterna para todos los que tuvimos la suerte de compartir contigo algún momento de vida. Ahora ya descansas, tu familia va a necesitar mucho tiempo para reponerse, pero tú eres ejemplo de superación y de lucha, y les seguirás guiando desde ese lugar en el que se guardan los recuerdos hermosos y las pulsiones de vida: el alma.

Isolina Cerdá Casado

Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.

Algunos de los pendientes mágicos creados por la guerrera del mar . Llevo días queriendo escribir algo, claramente me lo has inspirado tú, t...