domingo, 20 de octubre de 2013

Un cielo rosado, un enanito chisposo, una hermana muerta y el cáncer de mama.

Domingo, un objeto de inspiración: Un cielo rosado, un enanito chisposo, una hermana muerta y el cáncer de mama.



    Todo estaba tranquilo, en muchas ocasiones no nos damos cuenta de la tranquilidad que nos rodea, ese día yo sí me daba cuenta, algo estaba a punto de pasar, era como si ese sexto sentido del que a veces se habla se estuviera manifestando, sin más. Atendía en clase, estábamos en clase de Lengua española, la profesora lograba hacer interesante una materia que en aquel entonces no me llamaba la atención, quién me iba a decir que mucho tiempo después hallaría algún consuelo jugando con esas normas básicas que a base de pizarra y análisis trataba de introducir en nuestro cerebro. Entonces entró, era el jefe de estudios, se acercó hasta la profesora y le habló en susurro, ella me miró, y asintió al hombre que había hecho su aparición con cierta actitud apesadumbrada. Mierda, tenía que ver conmigo, ese sexto sentido joder, el instinto estaba alerta, tal vez lo estuvo desde el mismo momento en el que la dejamos allí metida. Siempre supe que aquello no era una buena idea, por eso después me sentí tan culpable, porque en el fondo sabía que aunque estábamos esperanzados aquella no era la mejor solución. Tenía que marcharme a casa, cuanto antes mejor, deprisa, corre. Nadie me dijo lo que había pasado, pero indudablemente no se trataba de nada bueno. No insistí en preguntar más, cogí mi mochila, la llené de las libretas y el pesado libro de gramática lingüística y me dirigí caminando hacia casa. Iba con miedo, el corazón latía a un ritmo acelerado, quería pensar en que no iba a ser tan grave, que tal vez no tuviera que ver con ella, que a lo mejor un familiar lejano…no, en ese caso no hubieran llamado al instituto pidiéndome que corriera hasta casa. ¿Qué era lo que pensaba? Había leído las señales, y cuando llegué todo se confirmó. Mi hermana había muerto.
    ¿Que por qué hablo de esto ahora, en este artículo dominguero en el que escribo cosas ligeras y a poder ser divertidas? El proceso ha sido claro. Ayer fue el día internacional del Cáncer de mama, bueno, un montón de lazos rosas lo cubrieron todo, un montón de mujeres y hombres que por unos momentos se solidarizaron con la causa. Durante el día estuvimos en la parcela de la familia, era un día en el que se preveía lluvia intensa para toda la jornada, sin embargo no llovió nada, apenas unas gotas, eso sí, toda la lluvia que tenía que caer durante el día cayó minutos antes de irnos. Me llevé la cámara y comencé a echar fotos, pensando, es cierto, en el artículo de hoy. Normalmente utilizo una foto de un instante previo a escribir el artículo, pero pensé que allí podía obtener imágenes inspiradoras y sugerentes. Y al elegir esta foto como inspiradora, voy y pienso en mi hermana, en el cáncer de mama por el pequeño trocito color rosa de ese cielo inmenso que nos rodea, y la grandeza de la vida se me manifiesta, y voy yo y empiezo a escribir sobre uno de los momentos más dolorosos de mi vida, que aún en el día de hoy, mientras tecleo con ánimo logra empañar la mirada triste, hasta finalmente hacer rebosar toda esa pena recorriendo estas mejillas que ya han sido surcadas por montones de ríos intensos cargados de lluvias tormentosas.
    En el fondo soy consciente de que cuando imagino a un váter indignado, y me río hasta el fondo de mi alma de esa situación absurda, estoy tratando de quitarle peso a la realidad del váter inmóvil que lo único que hace es tragar y tragar mierda. Pobre váter, en serio, no sé cómo puede soportarnos.
    Mi hermana no murió por el cáncer, fue mi madre la que murió por cáncer de mama, diez años después de perder a mi hermana. Ayer estuve viendo hasta altas horas de la noche dos programas relacionados con el tema. Se contó la verdadera historia del lazo rosa, en su origen este lazo no era rosa sino naranja y fue una mujer la que intentando que se investigara y que se considerara la enfermedad envió cinco postales con un lazo naranja al Congreso, aquello fue creciendo. Fue una idea de la que se quisieron apropiar grandes firmas comerciales y para evitar problemas de derechos de autor y patentes, cambiaron el color naranja por el rosa, después de un estudio de mercado vieron que ese color es el que más se adaptaba al grupo al que iba dirigido, con muchos intereses económicos detrás más que intereses humanos. Una enferma decía que ella no veía nada rosa en la enfermedad, que era una enfermedad dura, terrible y oscura. Se trató el tema de los desodorantes con aluminio, que una investigadora demostró que sí era posible que las células se alterasen con la exposición continua a ese componente de los desodorantes, no de todos. Lo cierto es que en lugar de realizar estudios de mercado para ver con qué color tendrán más fuerza las campañas habría que centrarse en ver cuál es la causa, qué lo provoca.
    En fin, no sé, cada cuerpo es diferente, cada persona es un mundo, estoy segura de que el dolor es el mismo en todos, y sé que mi madre sufrió mucho, ¿fue el virus del dolor el que se lo produjo a ella? ¿Fue la falta de prevención? Nunca se había hecho antes una mamografía, tenía cincuenta años cuando se lo descubrieron, la edad que ahora mismo consideran como mínima para realizar una mamografía a una enferma sin antecedentes. Ella estaba en un grado cuatro cuando se lo diagnosticaron, no tenía antecedentes, murió con cincuenta y cuatro.
    Elegí un cielo nublado con mucha luz, una luz esperanzadora, quería escribir sobre las intensidades de la naturaleza, pero al final toda yo he sido arrastrada hasta las intensidades del alma, del dolor, de la vida…

    Un enanito perdido entre la naturaleza me ha susurrado al oído que no me preocupe, que viva, que abrace a mis hijos, que sueñe con que todavía me quedan muchos años para inspirarme, que no pierda la esperanza porque vivir sin esperanza es caminar apagado, sin sentido. Feliz domingo, también me deseó un feliz domingo, sí.


Isolina Cerdá Casado 

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