jueves, 23 de junio de 2016

Instantes de felicidad


Esta es la foto de una maqueta que hizo mi marido, con piedrecitas chiquititas creó una casa preciosa, las grandes cosas se hacen con pequeñas piezas.

El otro día una amiga mía, de esas amigas que la vida te pone delante, que sabes que es buena gente aunque no sea cuestión de horas compartidas sino de circunstancias vividas, no sé, amiga aunque no de llamarla diariamente, ni de compartir cafés. Amiga de persona que quieres aunque intercambiemos afecto únicamente a través de encuentros casuales. Bueno, ya basta, amiga, mujer amiga, amigable. Pues a lo que iba, el otro día una amiga mía me contaba que a su suegro le había sido diagnosticado un cáncer, que ya había empezado incluso con la quimioterapia y que lo estaba llevando fatal, me dijo que nadie se podía poner en la piel de una persona que estuviera siendo tratada con la quimio, decía que era imposible, ella sabía muy bien de lo que hablaba, su piel había sido afectada por esa agresión externa que no solo actúa sobre las células malignas. Entonces me puse a pensar en ese hombre, en lo que podía pasar por su cabeza...

"Usted está enfermo, podemos detener el avance de la enfermedad pero no se va a curar, es un mal diagnóstico pero no es el peor. Puede llegar a vivir diez años más, no piense que se ha acabado, aquí no ha acabado nada. Esto acaba de empezar realmente."

    Y nadie se puede poner en tu lugar, es así, nadie puede imaginar todo lo que está pasando por dentro de tu cabeza y del corazón. Es pura física si metes en tu cuerpo una quimio agresiva que aunque trate de seleccionar va a luchar contra todo lo que se parece a las células malignas, todo tu cuerpo se resiente, aunque quieras fortalecerte y enfrentarte a ese ejército de soldados grises. No hay nada que hacer, físicamente acabarás tocado. Por no hablar del tema mental, eso son otros menesteres más complejos. Cuando se lo diga a Roberto, mi mejor amigo y cuñado a la vez, seguramente empezará con sus teorías de la psique, que "ya te lo decía yo, esas cosas no son fáciles, siempre acaba por tocarte algo gordo, ya me pasó, y tú lo sabes con tu hermana, también tú lo viviste, pero no igual, no es lo mismo vivir la enfermedad en la distancia, de visita, ya sé que duele, pero no tienes que ver los ojos tristes y cansados minuto tras minuto, y la impotencia..."
Roberto siempre dice que lo peor que le ha pasado en la vida es saber que su mujer estaba enferma y que no podrían disfrutar de los años de la jubilación. Era mi hermana, a mí también me dolió. Supongo que cuando te das cuenta de que tienes que estar preparado para lo peor es cuando el agua empieza a entrarte por la nariz y por la boca, entonces significa que ya te estás ahogando. Que hay que disfrutar de cada minuto mientras se pueda. Pero es difícil. Y mira que era consciente, la vida me iba dando avisos una y otra vez. Ya de por sí la vida era dura, no nací en una familia acomodada que digamos, eso lo asumes, no me refiero a eso, tiene que ver con las cosas que te van pasando, o que le van pasando a las personas que tienes a tu alrededor. Y pasan muchas cosas, en una vida normal hay problemas corrientes y molientes, siempre.

Pero no nos damos cuenta, resulta que estamos sentados en una terraza de un bar, tomando un café, o una caña, o lo que tome cada uno, tienes frente a ti a personas a las que quieres, que te cuentan un chiste tonto, que te hacen reír, que te llaman "maricón" o "viven", o lo que sea, da igual, que tienen gestos de cariño, y nos empeñamos en no ver esa felicidad del instante, de ese segundo en el que alguien te ha llamado "bella", en el que alguien se ha emocionado cuando le hablabas de un texto, el abrazo de aquella amiga a la que hacía mucho que no veías. La vida, ay, la vida y sus instantes mágicos, esos son los que te llenan de fuerza cuando llega el doctor y te dice "Usted está enfermo..."

Lo cierto es que no quería volver a escribir sobre el cáncer, empieza a resultar un tema recurrente, pero esto lo quería escribir, le fui dando vueltas a la cabeza cuando esta amiga me lo contó. Y ahora ya está, me voy a comer una cacho palmera de chocolate, grandísima, más de un palmo de mano gigante, y arreando que son dos días.

Esto es lo que queda de la misma, lo demás está en mis caderas, disfrutando de un espacio lleno de grasas felices. 

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 15 de junio de 2016

La camiseta de Julián Ronda.


Todo comenzó en el día de ayer, catorce de junio de 2016, lo de la fecha es anecdótico en realidad, acabábamos de comprar unas cosillas en el Carrefour que tenemos al lado de casa. Íbamos mi marido y yo solos, los niños estaban con sus respectivos amigos pasando una tarde de juegos. Con las bolsas llenas de botellas y demás necesidades varias, mi marido me sugirió que nos podíamos tomar algo en una terraza, apenas quedaban cuarenta y cinco minutos para ir a buscar a los peques, y el bar estaba situado al lado de donde les teníamos que recoger. "Vale, así hablamos un poquito y nos despejamos".
Casualmente era el bar de Cristóbal, el bar donde habían ido a tomar algo cada vez que regresaban de ver los partidos del Lega. Agus andaba con el móvil -"Van a sacar la nueva camiseta del Lega, la de Julián Ronda la voy a guardar ya"- me decía con cierta emoción. Entonces se me ocurrió que debía escribir esta historia. No solo por la ilusión de Agus, y la de todos los que fueron con él a ver al Lega, como mi cuñado Jesús, mis hijos, Toni, su vecino, los amigos también forofos del Lega, el propio Cristóbal que retransmitía en el gran televisor de su bar todos los partidos del Lega cuando jugaba fuera de casa. No, no era por ellos, sino por esa camiseta, por Julián, al que no llegué a conocer pero cuya fuerza y energía estuvo presente en cada uno de los partidos que el Leganés ha jugado este año. 
No sé cómo fue, pero al principio de la temporada Agus decidió hacerse socio del Leganés junto con nuestro hijo, entonces hizo una promesa, voy a llevar la camiseta de Julián Ronda toda la temporada. Para mí no tenía ningún significado, de hecho pensaba que no tenía tanto valor para él, entonces me contó que cuando estuvo haciendo los cursos de entrenador coincidió con él en dichos cursos, y Julián Ronda le regaló la camiseta con la que había jugado en Segunda con el Leganés, "Ronda disputó con el Leganés un total de 197 encuentros llegando a ser capitán del equipo pepinero y uno de los jugadores más queridos por la afición del Leganés", esto tuvo lugar allá por los años noventa. Yo le decía que se iba a asar, con lo caluroso que era, encima le quedaba ajustadísima, y aunque le regalé una camiseta de la temporada 2015/2016 me la hizo devolver porque él iba a cumplir con su promesa. Pues bien, la primera vez que fue al campo con ella puesta ocurrió algo tristísimo. Agus no sabía por qué se homenajeaba a Julián Ronda, cuyo nombre llevaba casualmente a su espalda, al principio pensó que podía coincidir con algún momento importante del jugador en el Leganés, por lo que fuera, sin embargo ese homenaje era por algo muy duro que le había ocurrido al jugador, le había dado un infarto y cayó fulminado en un partido de veteranos del Real Mallorca.

 "el homenaje de ayer, contra el Alba, tuvo un significado especial. En el minuto 19, el de su dorsal, la afición de Butarque aplaudió en memoria de Julián Ronda."

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Agus sintió mucha tristeza, supongo que porque Julián era un hombre grande y de buen corazón, imagino que en su cabeza le daría mil vueltas a los momentos compartidos con él, a ese gesto de regalarle su camiseta, a su mirada, a sus choques de manos. No sé, instantes que permanecerían para siempre en su memoria.
La cuestión es que aquel hecho triste reforzó más todavía su idea, él llevaría a Julián Ronda consigo a todos los partidos del Leganés. Empezó llevando a nuestro hijo, nuestro cuñado Jesús, que andaba queriendo hacerse socio al saber que Agus se había hecho, se animó también, y a nuestra hija no le quedó más remedio porque yo me tuve que ir a trabajar algún sábado y domingo que otro, y una vez que empezó a ir se volvió una forofa, de modo que también la hizo socia. 
Recuerdo perfectamente los primeros comentarios de ambos cuñados -"¿Te imaginas que subieran a primera? ¡Sería un bombazo!" Fantaseaban con esa idea desde el principio de la temporada. Todos iban con sus bufandas, llenos de ilusión. 
Lloviera, hiciera frío, calor, daba igual, iban felices. Y Agus siempre enfundado en su camiseta de Julián Ronda. Luego también Toni y su vecino se hicieron socios, y ya eran una especie de cuadrilla, todos a animar al Lega. La niña de siete años no se perdía ni un partido, y era la que más animaba. A mí me enseñaban los vídeos, yo no soy de fútbol, lo pasé fatal cuando a mi hijo le dio por jugar al fútbol y mi marido era el entrenador del A.V.Zarza, no me gustaban determinadas actitudes. Pero esto era distinto, supongo. 
La cuestión es que hoy por primera vez he visto el rostro de uno de los artífices de este sueño hecho realidad, he buscado su foto en internet, y la he colocado aquí como una prueba de que su memoria siempre permanecerá intacta, no solo en el corazón de su familia, de sus amigos, de su pueblo, de toda la gente que caminó a su lado. Él ha estado en cada uno de esos momentos de ilusión, en los que gritaban todos dando ánimo a un equipo, coreando los nombres de los jugadores, dando aliento a los que no se rindieron. 

¿Quién te iba a decir a ti que ese gesto generoso que tuviste con Agus iba a ser tan admirado y respetado? Que iba a estar presente en una temporada clave, tu nombre, Julián Ronda, ahora te he puesto rostro, pero ¿sabes? no me ha sorprendido, en tu rostro se ve tu alma, buena, esa que no se ha ido y permanecerá para siempre entre nosotros. 
Agus va a guardar tu camiseta como oro en paño, ya ves que has estado no solo en el estadio, sino también en la Plaza Mayor de Leganés, cuando un entrenador emocionado y unos jugadores ilusionados ofrecían su triunfo a un pueblo entregado. 

Gracias Julián Ronda por haber sido un hombre grande, por dentro y por fuera. Y gracias a los jugadores, al entrenador y a los muchos aficionados del Leganés por todos sus logros.

Isolina Cerdá Casado










martes, 14 de junio de 2016

Vida.


Nunca dejes de impulsarte. Que esa flor que dibujaste en tu camiseta verde permanezca siempre en tu corazón. Con los brazos arriba y sonriendo, con un lazo en el pelo y unas largas pestañas. Los ojos bien abiertos para ver lo que de verdad importa, que estás viva, que eres una mujer preciosa, que llegarás a donde quieras llegar y siempre serás libre, sentirás la libertad y no permitirás que nadie te la arrebate. Respira, mi niña, mi niña grande; la mujer, la que fue niña; la madre, que se reconoce en esa mujercita que empieza a caminar.
Qué rápido pasó todo,
pasa todo,
todo.

Isolina Cerdá Casado

viernes, 3 de junio de 2016

Persoa boa e xenerosa


En medio de la gran espesura verde de los impresionantes robles, la tristeza inundaba la tierra, la llenaba de una pena indescriptible. No era posible creer que ya no la íbamos a ver más, era un shock para el alma tener que aceptar la realidad, una enfermedad cruel se había llevado a un ángel. El consuelo de haberla tenido, de haber disfrutado de su bondad y generosidad el tiempo que nos lo permitió la vida y las circunstancias, el recuerdo de su mirada dulce, de su sonrisa eterna, de sus palabras llenas de cariño y afecto. La rabia por esa lucha final de vida, porque tuviera que pasar por esos momentos durísimos de un tratamiento tan agresivo que no pudo con ella hasta que se le fue el último resquicio de fuerza. Parecía que en cualquier momento iba a entrar por aquel tanatorio y nos iba a tranquilizar a todos, porque personas así nunca se van del todo, daba la sensación de que ella nos veía, como una presencia espiritual que siempre caminará con nosotros. En aquel tanatorio no cabía más dolor sincero, ni más flores, había tanta gente que lloraba su pérdida, tanta gente que se había quedado desconsolada al sentir que a esta bella mujer se la habían llevado a otro mundo injustamente y a destiempo, que el vacío que causaba la sola idea de que ya no estuviera físicamente te erizaba el alma. Esas sensaciones solo la pueden producir los ángeles, las personas que han caminado por la vida pensando en los demás, las grandes personas.
Tu nombre no te salvó, pero tu gran corazón te ha hecho eterna para todos los que tuvimos la suerte de compartir contigo algún momento de vida. Ahora ya descansas, tu familia va a necesitar mucho tiempo para reponerse, pero tú eres ejemplo de superación y de lucha, y les seguirás guiando desde ese lugar en el que se guardan los recuerdos hermosos y las pulsiones de vida: el alma.

Isolina Cerdá Casado

lunes, 30 de mayo de 2016

Lunes, un objeto de inspiración: el cubo de basura.


El enigma del cubo de basura que atraía misteriosamente a las mujeres con espíritu creativo e impulsivo





Ella jamás hubiera imaginado un final semejante. El día había amanecido bien, normal, con sus historias de siempre, esas cotidianidades que hacían que un día corriente no dejara de ser corriente. Todo pasó como siempre pasaba, desde el mismo instante en el que sonó el despertador y lo pospuso diez minutos más, y luego lo volvió a retrasar diez minutos más tarde, esa sucesión de horas diferentes para el despertador móvil había hecho que se levantara de la cama con los minutos justos para vestirse, echarse un montón de agua en la cara, mal peinarse y sin tiempo para tomar café despertar a sus hijos a lo loco y con mucha prisa, ese retraso solo podía afectarle a ella, ellos debían ir vestidos, pienados, lavados, desayunados y sonrientes al colegio ese lunes corriente y moliente. 
La pobre mujer, que en realidad era muy feliz porque en el fondo había dormido una hora más gracias a sus devaneos con el despertador, iba todo el día prácticamente a rastras. Colgó a sus hijos de ambos brazos y los tiró en la puerta del colegio, bueno, los acompañó hasta la entrada aunque sintió que los tiraba, en el fondo se hubiera quedado con ellos metida en la cama pero los tenía que llevar a que aprendieran, era necesario, la sociedad obliga a ello, debían convertirse en perfectos ciudadanos integrados socialmente. Ya que ella no lo había conseguido. Al menos eso era lo que sentía, que estaba fuera, que no dejaba de correr pero que no llegaba a ningún sitio. A veces esas cosas ocurren. Creces, conoces a un chico, te vistes de blanco y te casas, tienes tres hijos, un perro y dos gatos, trabajas dentro y fuera de casa, y ¡ya te has hecho mayor! Sientes que ha pasado el tiempo tan deprisa que es como si hubiera llegado de golpe el tiempo adulto. El tiempo en el que ya no estabas a tiempo de mirar para otro lado y bajarte del tren. 
Así fue, en ese estado de ambigüedad mental y emocional, y con un cansancio pasmoso, así fue, como digo, el estado que la envolvía cuando se encontró con aquel misterioso objeto: el cubo de basura. Le pareció atractivo, por cualquier razón, ese instante en el que se sentó en el banco reparó en él, en su cuerpo esbelto, en su color de piel grisáceo, en su suavidad. Si una parte de ella hubiera estado cuerda en ese momento se habría dado una bofetada así misma para despertar de la ensoñación. Aquel cubo de basura la estaba mirando. ¿Quién miraba a quién? Ella solo estaba esperando a que sus hijos salieran de su actividad extraescolar, estaba deseando llegar a casa, hacer todo lo necesario para que sus hijos se metieran en la cama y libre de su cargo materno, tirarse también ella en la cama y seguir por donde lo había dejado aquella mañana de lunes corriente y moliente.
Pero no, las cosas nunca fueron sencillas para ella, en realidad tenía una misión en la vida, y lo sabía, siempre acababa por descubrir mundos peculiares, ella pintaba otras realidades, las pastillas que su médico le había recetado no eran suficientes para frenar su bendita locura. Así fue como decidió acercarse hasta el cubo de basura. ¿Me miras a mí? ¿Qué quieres? ¿Qué tienes por dentro? ¿Alma? ¿Atormentada? 
Se atrevió a abrir su puerta, entonces sintió cómo las vísceras de aquel objeto sensual, ¿sensual?, bailaban en sangre, sangre social putrefacta, ¿acaso no era como se sentía ella en muchas ocasiones? Y no pudo más que dejarse llevar por aquella fuerza, antes le envió un wasap a su marido. "Recoge a los niños, creo que no llego a tiempo". 
    Una cosa estaba clara, ella se podía ir de aventura con un maromo gris pero antes dejaría apañados a sus hijos. 
    Cuando el marido llegó al centro deportivo preguntó por ella, nadie la había visto, solo quedaban unas botas gastadas por el uso y por la vida y las muchas carreras que se había echado las veces que corría hacia el colegio para no llegar tarde a recoger a los niños. La policía jamás pudo explicar por qué el calzado de aquella mujer estaba colocado tan sospechosamente a la entrada de aquel cubículo. Curiosamente no era la primera mujer en desaparecer en aquel Centro deportivo que acogía las piscinas municipales del barrio de la Fortuna de Leganés. Muchas mujeres han confesado su extraña atracción por estos cubos de basura cuya permanencia está siendo cuestionada por mentes socialmente integradas y con cierto grado de cordura.

Isolina Cerdá Casado




El punto de vista de una mota de polvo.Ella te recomienda algo: ¡Vive!


    Apenas una mota de polvo, ella era una mota de polvo que reposaba sobre el saliente de un taco de un banco. Ella hubiera preferido ser otra cosa, pero nunca se sabe en qué te vas a reencarnar, su existencia podría decirse que era una especie de trampa del destino o paradoja de la vida. En realidad lo que tenía de ser vivo en este momento se lo daba una familia de ácaros bien avenida y bien llevada en un rincón inalcanzable por la fregona. Desde esa visión la vida se percibía de forma distinta.

Mi banco pertenecía a la sala de espera de un hospital. Un lugar que raramente se visita con gusto. Y a todos les toca de la misma manera, por la variedad de calzados e independientemente de la capacidad económica de la que uno disfrute con más o menos suerte o esfuerzo el cuerpo tiene accidentes, enfermedades y sin sentidos ajenos al peso de las monedas que uno tenga en su monedero. Claro que a todos ellos les digo que es mucho peor ser lo que soy yo, una triste mota de polvo. Yo ya fui humana en otra reencarnación, y solo ahora soy consciente de lo que me perdí por estar entretenida en cosas que ahora sé que fueron distracciones absurdas, sin demasiado sentido. Claro, es muy fácil decirlo ahora, cuando mi entretenimiento se reduce a reconocer marcas de calzado o caminos recorridos según el desgaste de las suelas y el nivel económico de cada uno y su capacidad para derrochar.
 Vive vive, vive, mientras tengas dos piernas que te lleven, o una silla de ruedas, o unas muletas e incluso si dispones de una cama con ruedas. Circula por la vida, sé inteligente, aprovecha tus impulsos. Ojalá tengas impulsos, muchos, montones de impulsos.



Isolina Cerdá Casado

jueves, 19 de mayo de 2016

Luz


He querido sacar esta imagen, la flor del geranio, esa flor que vuelve una y otra vez a renacer. El cielo azul que también vuelve, y nuevamente esa necesidad de escribir, de dejar que hable el alma, que cuenten los ojos, lo que ellos vieron, lo que nuestros oídos oyeron, esas emociones que los sentidos nos hicieron llegar.
He empezado a escribir y no sé muy bien qué es lo que voy a contar, bueno, sí sé, sé que tengo la pulsión, y sé qué es lo que la ha despertado. La impotencia de ver que nuevamente la vida nos impone una despedida forzosa, se está yendo, obligada por una enfermedad cruel, ante la que no siempre se gana la batalla. Qué puedes decir, nada, solo pueden hablar los ojos, los surcos del gesto dolorido, el aliento desgastado, nada, no se puede decir nada. Que entiendes el dolor, yo no fui consciente de que mi madre se estaba yendo, no, hasta el último aliento de despedida creí que podía volver a recuperar su vida, todos lo sabían, sabían lo que iba a suceder, yo no. Yo siempre mantuve la esperanza, siempre. 
Cuando ella murió, mi consuelo fue pensar que ella estaba conmigo, conmigo y con todos los que habían caminado con ella. Esa idea de que una parte de ella estaba en nosotros me aliviaba, la transformación del espíritu, el legado de su vida, esas chispas vitales que nos habían estado acariciando cada día, esas seguían en nosotros. Entonces me acordaba de los muchos momentos en los que ella estuvo a mi lado y sentía su energía, su fuerza huracanada.
Mi querida amiga está muy malita, la mujer de mi amigo, del amigo de mi madre, del gran hombre, el valiente, el visionario, el hombre que consiguió grandes empresas, porque es grande. Ella ya no tiene fuerza para salir corriendo y caminar libre de dolor. Ella es una mujer adorable, de esas mujeres que cuando eres niña te sonríe y te abraza, y cuando eres mayor te apoya y te comprende. Es la belleza, la de los ojos preciosos, la que trabaja sin descanso, la que disfruta de una brisa marina, la que dobla con delicadeza las prendas de un bebé y no deja de repetir con voz dulce "qué feito" al ver al niño que va creciendo.
No sé, no puedo escribir mucho más, en realidad no sé ni si quiera qué pretendía escribir. Me sentí bien al sentir el impulso, pero esa imagen de ella, esos pequeños pasos, esa fuerza en su mano al despedirse de una amiga, sin poder hablar, sin dolor pero con mucho cansancio, no sé, no hay palabras, solo una tristeza indescriptible, inevitable. Sí, forma parte de la vida, la enfermedad lo mismo que la vitalidad, lo mismo que la energía, su pelo corto, su cuerpecito cuidado de mujer coqueta, bella, preciosa, su corazón lindo, su entrega. Eso siempre estará en un lugar especial. La esperanza también. ¿Y si...? Tu nombre, necesitamos a tu nombre.

Isolina Cerdá Casado  

viernes, 29 de abril de 2016

Mami Naturaleza


Los días 26,27 y 28 de abril de 2016, Tepahi representó en el Teatro José Monleón de Leganés la obra de teatro "Mami Naturaleza" escrita y dirigida por Sergio Lozano. Ha habido mucho trabajo detrás hasta llegar a esos maravillosos días. Mucha energía invertida por personas que tenían sus propios trabajos, sus situaciones personales, sus complicaciones, sus batallas. Muchos, más de treinta y seis, me quedé corta comprando el agua, unas cuarenta y dos personas. La dirección de tanta gente no es fácil, el tener en mente cada uno de los detalles tampoco lo es. Lo hemos hecho muy bien, al final el resultado ha sido muy bueno, gratificante, emocionante, no solo para nosotros sino también para los aproximadamente dos mil niños que nos han visto gratuitamente por las mañanas, invitando a sus colegios, con la colaboración del Ayuntamiento de Leganés que nos cedía el teatro y a los técnicos. Me quito el sombrero ante todas las personas que han invertido una parte importante de su tiempo en crear esos disfraces maravillosos, que nos transportaban hasta ese lugar de la imaginación en donde caemos rendidos ante la fantasía de un mundo maravilloso en el que todo es posible. No solo disfraces sino también el decorado, las lianas, el árbol, Abuela Sauce, las piedras, las flores, los ojos, la boca, las rocas, las mariposas, los monos y sus bártulos, los magos, los hobbits, las hadas, los elfos, los trolls, los avatares, etc. El director proponía caminos y el que quería y podía los seguía, no se obligó a nadie, todos fuimos libres. A lo mejor no me sucedió a mí sola, pero en este camino tuve momentos en los que me derrumbé, me salí del camino, volví a caminar. Agradezco a todos los que no dudaron en ningún momento de que esto iba a llegar a buen puerto y siguieron adelante. Principalmente doy las gracias a Sergio Lozano porque sin él, ya lo he dicho en varias ocasiones, esto no se habría conseguido. Pero ha habido otras personas también sin cuya ayuda no se habría podido ni arrancar. Personas que llegaron  con nuevos impulsos y con muchas ganas. También personas que querían estar menos implicadas y al final volvieron a darlo todo, y más, como Bego Boto, que al final estuvo implicada hasta en las distribución de entradas. No voy a mencionarlos a todos, cada uno ha dado un poco o mucho, según sus impulsos y sus posibilidades. Yo he participado muy poco, tanto es así que llegué a sentirme un poco como mi personaje, el que el director consideró que podía ser capaz de interpretar, Gollum. Iba como de puntillas buscando "mi tesoro" por todos los rincones, sorprendiéndome ante un amo impresionante, un avatar espectacular, ahora sé que fue el perfeccionamiento del jefe el que remató la creatividad, tres avatares que nada tenían que envidiar a los originales. Gollum se frotaba los ojos cada vez que se cruzaba con uno de ellos. Pero cierto es que Gollum se quedó absorto al ver a unas preciosas hadas volando por el escenario, sabía de sus luchas y ellas le regalaban sonrisas, hadas que salían ante la llamada de unas flores que se movían con unos movimientos naturales por la brisa del atardecer y de la tormenta. Entraba sigiloso a escena al ver allá a lo lejos a los magníficos Frodo, doble del auténtico, y su inseparable Sam, que tan buenos manjares nos preparaba. A Gollum se le escapó una risa cuando vio a un oso rodando por el suelo y también una lágrima emocionada cuando se enteró de que en esas vueltas de cuerpo alocado a Baloo se le había salido el hombro, tan profesional como el que más, siguió adelante con su escena y terminó su trabajo. Unos leñadores chisposos, que lo mismo tiraban latas que se ponían una barba gigante, hacían fotos u organizaban al público. Y qué decir de los movimientos de Mowgli, bailaba como si se le fuera la vida en ello, parecía poder volar con una ligereza impresionante. Gollum veía al director que se mordía las uñas rezando para que no se rompiera la endeble mesa que lo sostenía. Y esa voz, esa voz maravillosa que llenaba de magia, con sus canciones, el ambiente de un bosque lleno de criaturas fantásticas, casi cae adormecido en su ensimismamiento la pobre criatura. Los elfos le imponían con su presencia, Gollum se quedaba sin habla, estaban guiados por un hombre sabio. Gollum observaba al que dirigía el cotarro, se preguntaba cómo era capaz de estar en todo, dando instrucciones al técnico que iba transmitiendo al otro técnico todo lo que aquel loco con el pelo cardado o con tres coletas, le iba diciendo mientras se ponía el traje de Duendolín verde. Árboles mágicos que se movían muy despacio, y esos locos monos con sus instrumentos fantásticos hechos de botellines, embudos, latas gigantes, maravilloso ingenio, que se dejaron la espalda, las lumbares, las caderas, y alguna las rodillas, con ese baile coreografiado con tanto cariño y empeño, hasta la criatura más extraña y solitaria se ponía bailar con ellos, y cuando el Rey Lui cogía el micro, Dios mío, ¡madre del amor hermoso! Qué buen rollo nos daba a todos. ¡Y esa marcha de Baloo! Fue total y absolutamente maravilloso, indescriptible. ¿Y las mariposas? Ay, por favor, Gollum babeaba, tenían tanto amor, daban tanto, tanto amol, ay mariposillas, cuánto amor habéis repartido, cuánto cariño, cuántos abrazos. Cuando Gollum se transformó ante tanta maravilla y se convirtió en Abuela Sauce fueron otras tantas las sensaciones vividas, una de las veces mientras respondía al gran Duendolín, como si de un efecto de transformación de la criatura se tratara, a Gollum se le cayó una oreja, a la Abuela Sauce le entró la risa, pero se pudo contener, intentó no hacer ningún gesto que hiciera ver al gran hombre de negro marido de un hada (así de maravilloso es) lo que acababa de suceder. La susodicha oreja le cayó en el dedo gordo del pie, y mientras leía el guión camuflando la risa se imaginaba semejante accidente mientras decía aquello de "el amo es bueno, el amo nos cuida".
Tal y como imaginó el director en su cabeza, la explosión de los kabukis llenos de mariposas causaba un efecto mágico. La abuela Sauce se quedaba fascinada con ese ¡Ohhhhh! que emergía del patio de butacas, era como una especie de agradecimiento ante tanta entrega. ¡Y la magia volvía a llenar el teatro del Saramago de mariposas de colores! Un hada ha dicho esta mañana que pensaba que todo había sido un sueño, pero que al ver restos de purpurina en la cara ha comprobado que no, que todo había sucedido de verdad. El marido de una de las actrices que se dejó en escena unos cuantos kilos con esos bailes tan increíbles le confesaba a su monita que no sabía por qué, pero que siempre que veía una representación de Tepahi se emocionaba muchísimo, cosa que no le sucedía con otras representaciones, ella decía que era por la energía, porque todos poníamos mucha alma y había algo especial en el ambiente del teatro que atrapaba al público, y aunque no fuera un grupo profesional toda esa energía llegaba a los corazones.

No sé, solo puedo decir que aun a pesar del agotamiento ha merecido la pena, gracias a todos y cada una de las personas que han hecho posible que aquello que imaginó un creador, un mago, un director,...haya visto la luz ¡Y que sigamos viendo muchas mariposas volando por nuestros jardines y parques!

Isolina Cerdá Casado
 


















miércoles, 20 de abril de 2016

Gris

    Se asomó por la ventana. Era un día tan gris que su mirada absorbió cada pincelada de ese color y su alma se llenó de nubes, lo que sentía se enmarañó, ya no sentía nada que tuviera algo de luz y de vida. Consciente de que el gris también era vida, dejó a un lado la tontería y lo que sentía, empezó a caminar por lo que flotaba, las nubes grises. Era absurdo, muchas veces todo era absurdo, no podía comprar botes de pintura y cambiar el tono, no tenía dinero para tanto. Tampoco sería suficiente con coger un pincel y colorear ella misma el cielo, solo para que su alma no se viera afectada.
De pronto una luz, era una luz de vda, le llegó a la mirada, vino a través de un gesto valiente, el gesto lo hizo un niño, pertenecía a un alma llena de pureza, limpia, que todavía no sentía el gris como un color que apague, tal vez no había llorado por cosas de adultos, o tal vez en su sabiduría había sido capaz de seguir avanzando a pesar de todo.
Una carta, una sonrisa, una mirada, simplemente un gesto puede darte la oportunidad de cambiar de rumbo, de aceptar el gris y seguir, de no rendirte, de aprovechar cada gota de vida y caminar.

    Esperando en el hospital, pensando, acordándote de personas importantes en tu vida, personas que ya no están pero estuvieron.

    Ha vuelto el impulso.

Isolina Cerdá Casado

domingo, 3 de abril de 2016

Domingo, un objeto de inspiración: Lavadoras.


Hoy, un domingo gris, de esos domingos raros en los que el gris del cielo parece inundarlo todo, un domingo más de vida, de vida gris, a veces la vida se pone así, se tuerce, se oscurece, se mancha con salpicaduras de aceite de fritura de albóndigas, o de calamar, o de croquetas caseras hechas con cariño, de ese cariño que no se compra con dinero, que nace del impulso, del apego, de la necesidad.
La lavadora estaba llena de suciedad de vida. Empezamos a meter prendas dentro de ella, si fuera lo mismo con las manchas en el alma, con las preocupaciones, con los problemas. Un poco de quitamanchas a la pena negra por la enfermedad de una amiga, y a la lavadora; un poco más del mágico producto sobre el dolor de ver a un familiar arrastrándose por la vida, y a la lavadora; detergente muy potente para la pérdida de un ser querido y a la lavadora; cepillo y rascado ante la traición de ese amigo que no lo era tanto, y a la lavadora. 
La lavadora estaba llena de ropa sucia, mi lavadora, mi querida máquina de limpiar prendas. Qué poco caso te hago, querida, pero qué papelón me haces.
Sube, pasea, camina, estás viva. Ya llegarán las manchas, pero hasta que lleguen camina, y si ya están, camina igualmente.

A veces tengo la sensación de que no estoy encarnada de verdad, como que paseo por la vida sin el peso, sin estar dentro de mí, sin dejar huella en el suelo. Y entonces quiero recuperar esa parte de mí que se fue haciendo invisible y dejó de pesar, esa parte en la que era capaz de ver más allá, esa mirada que seguía creyendo en que todo era posible. 
Acabo de darme cuenta.
Sigo siendo yo. No he desaparecido, esa parte está en calma, tranquila hasta ahora, pero quiere volver a bailar con las musas, aunque me tenga que poner un poto en la cabeza.
Vive.

Isolina Cerdá Casado

sábado, 26 de marzo de 2016

Algo sobre lo que escribir.


Este te lo dedico a ti. Bueno, estaba sentada en una pelota gigante, de esas que dicen que son buenas para corregir malas posturas, pensando. A veces una necesita pararse a pensar, aunque sea sentada sobre una esfera gigante. La vida pasa tan deprisa que el café se enfría sin apenas darte cuenta de que el frío llegó hasta él tan rápido como a tus manos, y en un segundo todo el calor que te transmitía la temperatura cálida de la taza de cerámica se esfumó, lo mismo que ese impulso al que ahora estás apelando. 
Hola, ¿estás ahí? Dentro de mi cuerpo bailas, lo sé, pero estás ausente, no te puedo ver, sé que te mueves porque tienes inquietud pero yo no soy capaz de bailar contigo. Y te necesito, necesito que te vuelvas a unir a mí para volver a crear. 
Ella era una heroina, lo era, tenía el pelo morado, eso era anecdótico pero su capacidad de lucha era una realidad. 
De pronto escuchó una voz que le decía: "Si estás sentada en la pelota, ¡bota!"


De repente se puso a dar botes sobre la pelota gigante, todos la miraban, sus hijos cuya entrada en casa apenas percibió, su marido que traía a sus hijos, la tortuga, que desde el comedor la miraba con asombro pensando en las extrañas cosas que hacía esa mujer que todos los días le daba comida, la ninfa pelada también la miraba con el pico abierto. Y aquella mujer seguía saltando sin parar, empezó a golpearse en el techo de su casa, se golpeaba con la cabeza sin darse cuenta, hasta que hizo un boquete y de pronto se encontró saltando sobre las nubes, nunca se imaginó con la capacidad de hacer algo así. Toda su familia la miraba desde abajo, a través del enorme agujero que aquella pelota con el impulso de la mujer había abierto en el techo, no solo se veía a la mujer saltando sobre las nubes, también empezaron a verse estrellas en el cielo y de pronto la mujer saltaba sin pelota, volaba, sentía el impulso, su propio impulso, lo encontró. 


        

                     Isolina Cerdá Casado



 

Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.

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