jueves, 26 de junio de 2014

Entre barrotes.


    Por más que guste el canto de un pájaro, a mí no sé qué me da verlo así, saltando de un lado al otro de su jaula, supongo que no debería poner mis pensamientos a un pájaro ni tratar de empatizarme con él, tal vez su canto no es una petición de auxilio sino una expresión de una maravillosa creación de la naturaleza.

    En cualquier caso me gusta mucho más escuchar el canto de un pájaro en libertad, en medio de la naturaleza, bajo los sombrajes de las ramas de los árboles, volando libres. Sí, pero yo no vivo en medio de la naturaleza, mi casa es de ladrillos, vivo en un cuarto con ascensor, cojo el coche para ir a comprar, mi cuerpo se anquilosa, la naturaleza la veo por la televisión. ¿A caso no estoy más encerrada yo que este pajarito precioso? 

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 25 de junio de 2014

Me convertí en una lágrima, llegué hasta el mar después de recorrer tu cuerpo dolorido.

    Y lo reconozco, no me gustó, sé cual fue el origen de mi ser, era una lágrima de tristeza y aunque de vez en cuando me siento melancólica y me gusta recordar, ser una lágrima triste no me alegra lo más mínimo, una y otra vez me pregunto por qué tuviste que crearme.
    De cómo fue mi recorrido por el mundo podría escribirte un libro, es posible que también éste fuera un libro apenado, y ¿para qué hacer algo semejante cuando lo que necesita el mundo es sonreír? 
    Cuando me asomé al mundo por el lagrimal de tu ojo sentí algo grande, la luz me llenó de alegría, me convertí en una extraña lágrima de tristeza bailando entre emociones de felicidad. Ese tipo de  contrastes los tiene la vida, ahora lo sé, cuando lo sientes lo sabes.
    Entonces me di cuenta de que debía estar preparada para lo que la vida que tú me habías regalado iba a ofrecerme. Yo solo era una lágrima de tristeza, apenas podía hacer nada por ti, humedecía cada curva de tu cuerpo, pensabas que las lágrimas desaparecíamos nada más ver la luz, sin embargo nunca lo hacemos, nos quedamos en ti hasta que ya no hay más remedio que decir adiós por pura evaporación. Si nada nos contiene, las lágrimas tristes llegamos a alcanzar rincones perdidos de tu cuerpo, inimaginables recónditos espacios mágicos. Y aunque nos gustaría abrazar el cuerpo no podemos hacer nada más que humedecerlo. 
    Me pregunto qué tristeza me dio vida. ¿Puede un hecho triste crear un gran océano de emociones? ¿Fue la pena que te produjo ver a aquel niño llorando desconsolado? ¿Quisiste por un momento volver a ser tú misma una niña y llorar esas angustias que atormentan a tu ser adulto? 

No lo sé, yo solo soy una lágrima triste que no te deja ver con nitidez el cielo, pero las lágrimas también tenemos nuestra función, es posible que te demos un poco de sombra necesaria, como aquel árbol sobre cuyo tronco reposaste apenas un minuto, y en ese parar y respirar profundo descubriste que yo tenía una razón muy poderosa de ser, y me creaste, bajo una sombra accidental, la vida es una suma de accidentes.

Isolina Cerdá Casado


martes, 24 de junio de 2014

Martes, un objeto de inspiración: Lluvia.

    Sí, está lloviendo, una lluvia pasajera, veraniega, una explosión del calor bochornoso, una locura de ambiente fresco que se recibe casi con necesidad. Hoy es martes, veinticuatro de junio, la vida sigue su curso, estoy en la hora terapéutica, en la que la escritura es el doctor que me dirige, quedo expuesta, lo sé, pero por cualquier razón esta forma de contar lo que me está pasando por dentro y me alivia. 
    En el tiempo que he tomado esta foto y la he subido a este blog la lluvia ha dejado de caer, lo mismo pasa con el desespero, era tan solo una sensación pasajera, ya vuelvo a respirar tranquila, estoy nuevamente balsámica. 
    Ayer estuve mirando cómo podía sacarle partido a este blog, qué absurdo, me doy cuenta de que la escritura como desahogo del alma no debe pensarse en  términos económicos. Sí, y es verdad, pero, ¿qué pasaría en el caso de que no tuviera para comer? ¿qué ocurriría si mis hijos me pidieran yogures y no los hubiera en la nevera? Y no por olvido de una madre despistada, sino por falta de dinero para comprarlos; elegir el que más les guste, no los más baratos, abrir la cartera tranquila y pagarlos sin mirar si llegan o no llegan las monedas. En ese caso al alma no le importarían los problemas de un tiempo lisonjero, que se esfuma, que se pierde en su transcurrir; el alma estaría mirando los ojos de sus hijos y esa necesidad atravesaría mi cabeza transformando totalmente las necesidades y las preocupaciones. Supongo que por eso, por ese miedo repentino sentí de pronto el impulso de sacarle rendimiento a esta necesidad expresiva. 
    Volví a la mesa en la que me siento a escribir, la mesa de la cocina, mi centro de trabajo, y allí seguí tomando el resto de café con leche que me quedaba, a lo lejos se oían relámpagos rabiosos, pero el sol había salido nuevamente aun a pesar del grito de la lluvia. Estaba tranquila, pero no pude evitar hacerme unas cuantas preguntas: ¿Cuánto vale una lágrima que cae sobre una taza de café vacía? ¿Qué valor le damos a esa sensación angustiosa de la carencia de sentidos? ¿Cuánto se pagaría por una descripción de un cuerpo cuarentón al que le cuelgan sus protuberancias casi hasta los pies y cuya cabeza se empieza a llenar de blancura savia? ¿Quién pagaría por saber la vulnerabilidad de una escritora frustrada que no gana ni un céntimo con sus gritos deletreados? 

   - Yo, yo pagaría por sentir al leer un texto generoso, lleno de sinceridad pasmosa, pagaría sí, pero no tengo dinero. 
    No importa, ya me has pagado con tu tiempo dedicado, con tu apoyo, con esa capacidad tuya de creer en mí. 

    La lluvia siempre acaba despertando al alma añorante y triste que se esconde en un rincón de esta máquina compleja que es el ser humano.

Isolina Cerdá Casado


lunes, 23 de junio de 2014

Lunes 23 de Junio. Dejándome inspirar llego hasta este tramo moteado de mi vida. No es el universo, es una superficie negra llena de polvo.

No es el universo, no, no lo es, lo parece pero no lo es. Simplemente es el polvo que en la cámara se ha hecho mucho más presente de lo que parecía a primera vista. ¿Y si eso es lo que me está pasando con muchas de las percepciones que tengo? ¿Y si pensamos que tenemos al universo frente a nosotros y resulta que no es más que una superficie invadida por el polvo. ¿Y si nos sucede al contrario? ¿Y si ese universo que pensamos que tenemos no es más que un resquicio de un podría ser y no es. ¿Y si los sueños se llenan de motas de polvo y al final logran cambiar al perceptor e incluso al propio creador del sueño? ¿Y si nos damos más tiempo? El tiempo suficiente para que las cosas vuelvan a su sitio, que cada objeto ocupe su lugar y que seamos capaces de percibir la verdadera realidad, lo que es realmente, la certeza objetiva de la existencia.

No es una bola de plástico pintada y pegada con silicona a un paraguas negro, es Venus, es el sueño plasmado de un planeta que visitamos en aquel viaje onírico en el que todo parecía real.

Sí, es la letra E, la E de esperanza, la E de esa larga espera en la que el tiempo pasa casi sin darnos cuenta, en un suspiro imperceptible sientes que la vida ha pasado, que todo lo que parecía inalcanzable deja de serlo, pierde el encanto de la imposibilidad y llega, llega hasta ti disfrazado con la crudeza de una realidad imparable, trascendente, vital, única, hermosa y a la vez terrible. Vive, vive mientras puedas, siente mientras puedas.

Sí, S de sí, se puede; S de sueños; S de sentir; S de sola; S de suciedad; S de sopa de espárragos.
La verdad es que todo pasa tan deprisa que no siempre llegamos a entender las cosas que suceden, lo que surge de improviso, lo que aparece sin más. Uno sabe de su vida, de lo que siente, de lo que le pasa por dentro, pero qué sabe nadie de lo que contienen tus adentros. Ni si quiera tú sabes nada. No juzgues, no sabes, no tienes ni idea, no pienses que un hecho solo tiene una explicación o motivación. A veces es solo una apariencia, otras no es ni si quiera eso.

Isolina Cerdá Casado



domingo, 22 de junio de 2014

El geranio ya está mustio, como la dueña. Pues el pobre no tiene la culpa de tu desidia, que lo sepas.

 
Bueno, ya sé que no estás tal cual te veo en la foto, querido geranio olvidado tras una ventana de cristal. Esta foto hace ya unos meses que fue tomada, sino fuera por la cámara y esa imagen captada no me habría dado cuenta del estado de abandono en el que te encuentras, en el que te tengo más bien. 
Creo que me va a venir bien estos días de descanso, de medio descanso, de desconexión, de cierta relajación respecto a las obligaciones horarias escolares. A veces sucede que empiezas a correr y te olvidas de la sensación de caminar despacio, sin prisa, sin tener una hora prefijada con la que cumplir o a la que llegar a los sitios, y ahora mismo siento que eso es lo que necesito, parar.
Vale, ya estoy parada, y ahora qué. 
Ahora a seguir parada, o relajada, sin mirar el reloj más de lo necesario, sintiendo la brisa vespertina que mueve mi pelo y las toallas colgadas de la cuerda verde.
Es hora de reconocer que mi equilibrio se ha visto alterado, que me atormentan las imágenes del trágico suceso, una y otra vez, no sé por qué, pero hasta tal punto me ha afectado que camino por la calle y la veo a ella, veo a mujeres sentadas en el asiento del copiloto, y sus rostros se me asemejan a los de ella, y no consigo olvidar su trágico final, y no consigo borrar de mi mente la descripción del escenario terrible. Y pienso en sus hijos, en los cinco, y es tan injusto que no puedan recibir el calor de su madre.
Supongo que pasará, tal vez ahora, con la edad, me he vuelto más sensible a los golpes que te da la vida, o porque no estoy todo lo fuerte que debiera estar, o porque tiemblo de miedo ante lo que podría pasar. 
No se puede vivir con miedo, no se debe vivir así.
Venga, ya está, ale, ya lo has escrito, ya te has desahogado, ya estás libre. 
No, no es tan sencillo, creo que yo soy un flan tembloroso, un flan que necesita su reposo, temo que alguien me haga desaparecer de un bocado. 
Perdona, un flan no tiene consciencia, no está vivo, no puede tener miedo,
 ¿o si?
¡Ay, no sé!

Isolina Cerdá Casado

sábado, 21 de junio de 2014

Mi mundo.

Mi mundo está presidido por unos novios que se besan sin parar, como si se hubiera congelado el tiempo y lo único que importara fuera el calor de unos labios hambrientos, ¿de amor? ¿de afecto? ¿de deseo? 

En mi mundo hay unas princesas que me miran con recelo, cuyas sonrisas están cristalizadas por la magia que alguien inmortalizó en plástico duro, una zapatilla del número veintinueve lo traslada en una procesión sin cristos ni cruces.


Mi mundo está lleno de imágenes creativas, de sueños de teatro por realizar, de bailes, de historias, de escenarios llenos de expresión interna, de experimentos, de un teatro que nunca morirá, que siempre está presente.

En mi mundo hay paraguas sostenedores de otros mundos, hay gritos, hay mil viajes por hacer dentro de un cohete imaginario que se inicia con el teclear de un ordenador, o el arrastrar de un bolígrafo sobre cualquier superficie potencialmente receptora de cuentos.

En mi mundo hay cocidos, zumos de naranja, cafés matutinos y vespertinos, hay caldos grasos que se tiran por el desagüe, hay sartenes que tuestan pan antes de las ocho de la mañana, hay purés, hay ensaladas, hay bizcochos gallegos muy esponjosos. Hay paellas, guisos con guisantes, lechugas, tomates de la huerta y revuelto de calabacines que a un marido hortelano le dio por sacar de la tierra.

En mi mundo hay ropa por planchar, ropa planchada, ropa sucia, ropa lavada, ropa pasada de moda, ropa de sueños y teatro, ropa de niños y niñas que crecen, ropa que me dan, ropa que voy a dar, ropa que se pega a mi cuerpo y huele a suavizante, o a sudor o a cansancio de caminar por la vida, y de correr y de saltar y de no pararme a sentir y a mirar el paisaje.

Mi mundo está custodiado por un ejército de playmóbiles que se ríen del orden, e instalan el caos; caos que yo asumo, caos que adoro, caos que es vida, caos que preside mi mente, caos que lucha con el orden correcto, con el orden que debe ser, con el orden, con el orden. 

En mi mundo hay dos tortugas pendientes de mí, que esperan que algún día caiga en su charco y nade con ellas entre palmeras de plástico duro.

En mi maravilloso mundo las orquídeas se asoman a la ventana, y ríen, se ríen de un poto arrinconado en la esquinita de un mueble. El amarillo de la amistad está siempre ahí, ellas me recuerdan lo importante que es tener amigos, y tenerme a mí misma, y mirar hacia adentro, y respirar, y relajarme, y quererme mucho porque la única verdad es que yo siempre estaré conmigo, aunque mi yo sea un conjunto de personas que están, que estuvieron, que estarán siempre

En mi mundo hay muñecas despeinadas, niñas que no se quieren peinar, monos, peces, cuadros, hojas que cuelgan de la pared, cascos para ir en bici, sofás heredados, sofás comprados, sillas, mesas, manteles de plástico, de tela. Mi mundo tiene una Nancy que me mira de reojo y se ríe de mí. Y yo, yo voy y le hago una foto a toda esta maravilla que en este instante es mi vida. Tal vez dentro de un minuto ya no será igual, seguro que no será igual, porque todo está cambiando, continuamente, fugazmente. Mi mundo adorado ha sido inmortalizado por una cámara que mi hermano querido me regaló, no he hablado de él, ni de mi otro hermano, ni de mi padre, ni de mi marido, ni de mis hijos, entonces ¿cómo he podido decir que he inmortalizado a mi mundo? Mi mundo es tan inmenso, tiene tantos sentidos, que es imposible reducirlo a una imagen, ni a una frase, ni a un montón de líneas, mi mundo también eres tú, mi mundo...

Isolina Cerdá Casado

martes, 17 de junio de 2014

Estoy contigo.

    La vida avanza, transcurre, está pasando, ellos corretean, ellos son felices, y yo estoy bien, me siento feliz. Dejaré a un lado esos momentos en los que me invaden las dudas, en los que me faltan las fuerzas; los tiempos tristes en los que siento que algo me falta, en los que pienso en las cosas negativas y me olvido de lo importante, de todo lo que tengo, todo lo que me rodea, tengo rosas blancas que se abren ante mí para recordarme que la vida es circular, que todo pasa, y todo vuelve, que todo tiene un sentido y una razón de ser. Y no se trata de querer, ni de poder, ni de saber, ni de estar dispuesta, no, se trata de todo eso junto más un interior lleno de algo, la chispa de la necesidad. Y ahora, hoy, en este instante preciso siento que estoy, veo la luz, siento una extraña paz, porque al saber lo que uno quiere se puede sentir tranquilo, al menos sabe hacia dónde dirigirse, sabe qué color tienen sus sueños. 
    Mis sueños tienen el color de las fambruesas, estas me las dio el frambueso que mi marido plantó en una gran maceta de nuestra terraza, y las mezclé con las moras e hice una mermelada deliciosa para llenarme de energía en las mañanas de mi vida arrastrada; tantas veces siento que me arrastro que hoy me siento ligera de más. El sentirse así es muy duro, tener la sensación de que te levantas pero te obligas a desplazarte, a llegar hasta el baño, a echarte un montón de agua en la cara para ver si retornas a la vida consciente y te aparcas definitivamente de ese mundo onírico repleto de pesadillas que inundan tus noches de intranquilidad. Pero hoy, hoy todo parece distinto, y aunque soy consciente de que puede tratarse de algo transitorio, voy a disfrutar de esta sensación de frescura, de aliento esperanzador. Yo puedo, puedo, puedo.
    Y esos zapatos gastados, esas macetas que un día estuvieron llenas de esperanza y de cuerpos fuertes tendrán su sentido, en ese desgaste está la energía, el rastro de la vida, de las pulsiones, de la fuerza que un día tuvieron nuestros sueños, cuando estrenamos esos zapatitos y comenzamos a caminar por la vida, sin saber, sin ser conscientes de esa totalidad que somos, de sueños, impulsos, dolores, recuerdos, afectos, conflictos. Lo grandes que podemos llegar a ser, con simples gestos vivos y sanos, repletos de corazón y buenas intenciones. 
    Si alguien está en un mal momento debe saber que todo es transitorio, tan transitorio es ese dolor que siente como la felicidad chisposa que siento yo en este momento, porque nunca se sabe en qué punto de tu vida cambiará la perspectiva vital. 
Isolina Cerdá Casado



miércoles, 11 de junio de 2014

Voces


    Gritan, ellas están gritando y da la sensación de que nadie las escucha, no se las oye, y lloran y lloran pero parece que su llanto es invisible, un llanto mudo. ¿Puede un llanto desaparecer del mundo en cuanto el corazón lo crea?
    Depende de la parte del mundo en la que te encuentres. ¿Estás arriba? ¿abajo? ¿a un lado? ¿al otro?
    Tal vez no es problema del corazón que emite sino del que recibe, que está sordo, ciego y mudo.
    Si se hubieran llevado a mi hija...mi niña linda, la de los ojos claros, la rebelde, la que me da abracitos por sorpresa, la que parece una princesa. Ella, mi niña, si a ella nadie la escuchara llorar me moriría de pena, de una impotencia con ondas de dolor, de un llanto salvaje que haría explosionar volcanes olvidados. 
    El dolor robustece, hace que la mirada se profundice, encoje el alma, la vuelve temblorosa y fuerte al mismo tiempo. 
    Las palabras no significan nada si no hay detrás una acción que las empuje, ¿cuál es mi acción? ¿Qué hago yo al escuchar el grito ajeno? ¿O es que mi propio grito me ha vuelto sorda? 
    Es que el tiempo pasa tan deprisa que apenas tengo tiempo de ser consciente de las cosas que vivo, de las cosas que pasan, de la vida en general, la vida es lo que es, un segundo fugaz, un suspiro, una mirada. 

    Ay, no estoy, no estoy, no estoy.
    Vuelve, anda vuelve ya, tus ocupaciones te esperan, los niños, la casa, las actividades,...¡¡¡¿¿¿???!!!

    Isolina Cerdá Casado

    

miércoles, 4 de junio de 2014

Te echo de menos. Nos tomamos un café prontito, necesito abrazarte.


    Bueno, que nada, que yo es que hacía un montón que no me dirigía a ti y estoy un poco con el mono, el mono de tu cercanía, de tus confidencias, de tu cariño próximo. Ahora mismo escribo con un café entre brazo y brazo, entre mi cuerpo y las manos que teclean los impulsos interiores. Tú y yo sabemos que todo tiene su sentido, y que la vida tiene sus momentos y que tarde o temprano las cosas acaban situándose allá donde debían estar, o alguien, tal vez el sentido común circunstancial, las lleva a ese lugar que estaba destinado para ellas. Nuestra relación no ha terminado, en serio, ya sé que ahora mismo da la sensación de que todo ha acabado, como si ya no hubiera nada, ningún objetivo que nos mantenga unidos, pero nuestro hilo no se ha roto, sigue ahí, aunque en ocasiones sea tan transparente que parezca incluso inexistente. Yo te quiero, lo sabes, necesito sentirte en mí, dentro de mí, chispeando. Haciéndome sentir viva y llena de sentidos. "Es como si volara, y desapareciera", me encanta, me encantas. Este cuerpo vivo está palpitándote, te espera ansioso, amor.
 

Isolina Cerdá Casado

viernes, 30 de mayo de 2014

Cuento: Un Poquito Especial.



 
  Mi nombre es Poquito, bueno, no es exactamente así como me llamo, quiero decir que en realidad yo no tengo nombre. A ver, no es que no tenga nombre, es que en el lugar donde vivo no se necesita un nombre, todos sabemos quienes somos sin necesidad de ponernos uno. Ya sé que aquí es muy difícil de entender, por eso finalmente opté por pensar en uno y asumirlo como propio. Y para no haber tenido nunca un nombre, debo decir que me he adaptado a él con mucha facilidad, hasta me gusta llamarme Poquito. Yo diría que se ha producido una identificación absoluta con el susodicho palabro.
    Supongo que primero debería decir de dónde vengo, es complicado ya lo aviso. Toda mi familia vive en el planeta Marte, es más pequeño que la Tierra, más rojo y hace mucho más frío. Yo estaba muy bien allí, hasta que me entró una especie de alergia metabólica rarísima y mi madre, con todo el dolor de su corazón helado me mandó a explorar el universo, guiada por la orientación del doctor de la familia, una masa informe con una inteligencia ultrasónica que con solo mirarnos sabe lo que nos pasa. Pues bien, el doctor le aconsejó a mi madre que se agenciara con una de esas naves hechas con materiales imperceptibles para la tecnología humana, no temía en absoluto que yo pudiera ser visto por los demás extraterrestres que habitan el universo, pero sí recomendaba que debía guardarme muy y mucho de ser descubierto por los humanos. La cuestión es que mi rara enfermedad me llevó a realizar un viaje extraordinario por el universo hasta encontrar el planeta que mejor se adaptaba a mi peculiaridad, jamás se hubiera imaginado el doctor Remedios, llamémosle así por su alta capacidad diagnóstica y prescriptiva, que mi cura iba a estar en el planeta azul.


    
El primer planeta que visité fue Mercurio, uf, por poco me derrito, y una de sus capas de roca casi logra inmovilizar mi nave. Finalmente salí de allí como pude y me pasé por Venus, pero las gotas de ácido presentes en su densa atmósfera me agujerearon la carrocería y me tocó hacer escala en la tierra para reparar la nave, y ahí tuve mi primer contacto con el planeta azul, bueno y con el terrícola más extraordinario que jamás hubiera imaginado, y mira que yo tengo imaginación, al menos eso me decía mi maestro una y otra vez; pues don Miguelón, que así le voy a llamar, se hubiera quedado de piedra si yo le hubiera hablado en una de sus clases de la existencia de semejante espécimen humano, era tan peculiar que casi parecía más un marciano que un humano de manual.
    En las clases del profesor Miguelón cuando estudiamos a los humanos, de cuya existencia teníamos sobrada constancia así como de sus características y posibilidades, nunca nos hablaron de los casos especiales; como lo era yo en mi planeta. Y sin duda este era un caso peculiar, los seres humanos son inquietos, curiosos, instintivos, sensibles, inteligentes, pertenecen al grupo de los mamíferos peligrosos para nuestra especie. Se desplazan caminando, aunque también disponen de sofisticados vehículos que les permiten llegar antes a los sitios y aprovechar el tiempo, el cual, por lo visto, escasea y es un bien preciado.
    La cuestión es que cuando aterricé en el planeta tierra fui a dar con este hombrecito increíble, que echaba por tierra toda la teoría que había aprendido acerca de los seres humanos.


   
Aterricé mi nave en lo que era el trocito de planeta perteneciente a la familia de Especial. En realidad su nombre es otro, pero para mí es Especial. Es un niño que a diferencia del resto de niños humanos está todo el día tumbado en una cama. Al parecer está malito, bueno, tiene una enfermedad rara, así es como la denominan los terrícolas. Pensándolo bien yo también sería un afectado por las rarezas del universo. Aunque yo creo que los raros de verdad son los adultos humanos que no saben hacer otra cosa que ir corriendo de un lado para otro, para no llegar tarde y tener más tiempo para seguir corriendo, son como naves mecanizadas y se olvidan de lo importante, de disfrutar del camino, da la sensación de que ellos solo se interesan por llegar a algún sitio, no sé qué es lo que habrá en ese lugar que la mayoría quiere alcanzar.

    La nave se reparaba automáticamente cuando la luna hacía su aparición. Así que, prácticamente disponía de todo el tiempo del mundo para mí, y por no dejar sola a la nave me quedé en aquel trozo de planeta. Me asomaba a la ventana de la habitación de Especial una y otra vez. Al principio pensé que podía tener algún tipo de resfriado inmovilizador, luego que se podía tratar de gripe terrestre paralizante, aunque me resultaba raro, porque siendo un niño era extraño que no se moviera como decían los manuales y que permaneciera siempre quieto en el mismo lugar: una cama con ruedas que de vez en cuando su madre acercaba a la ventana.

   
Especial también recibía otras visitas, como la de una señora que debía ser algo parecido al doctor Remedios. Iba todos los días, le tomaba la temperatura, le miraba la boca y las orejas, y revisaba su cuerpo, movilizando sus extremidades repetidamente. Yo le observaba una y otra vez, le miraba, y sabía que era especial. Aún me quedaba algo de tiempo antes de retomar mi viaje por el universo en busca del planeta más adecuado para mi enfermedad metabólica, puesto que las reparaciones de estas naves invisibles para la tecnología humanoide no son rápidas, ellas se toman su tiempo en auto repararse. Así que como me aburría más que un asteroide troyano de la órbita de Júpiter, decidí contactar con Especial. Esto es algo absolutamente prohibido en mi planeta, debemos cuidarnos muy y mucho de hacernos visibles ante cualquier tipo de tecnología o cuerpo material de origen humano, pero la distancia planetaria y la emoción de hacer algo prohibido dieron rienda suelta a mis impulsos.
    Gracias a mis habilidades en comunicación telemática, y a haber hecho los deberes de práctica comunicativa cuando Miguelón lo mandaba, fui capaz de realizar los primeros intentos. La nave era imperceptible a todo ojo humano, pero yo no lo era tanto, lo que sucedía era que en clase de educación física había aprendido a mimetizar con todo tipo de objetos y estructuras; en la asignatura de “mimética” yo era de los que sacaba sobresaliente. Así que podía observar sin ser visto, era capaz de convertirme en una ventana, una alfombra, incluso en una almohada. En esa sucesión de conversiones miméticas llegué hasta Especial.
    Había observado a Especial, él no se podía mover, sin embargo podía sonreír, detrás de aquella mascarilla de oxígeno se vislumbraba una sonrisa. Su doctora Remedios siempre conseguía hacerle brotar alguna fresca sonrisita, entonces aunque su cuerpo estuviera paralizado por una extraña enfermedad era capaz de sonreír, así que era consciente, de modo que podía comunicarme con él a través de la telepatía.
   

Estuvimos hablando telepáticamente largo tiempo, días enteros. Al principio Especial era reacio a comunicarse conmigo, no es fácil estar abierto a aceptar que una lámpara o una almohada te hable, o que una sábana te diga cosas cariñosas. Porque una cosa he de confesar: los marcianos somos muy cariñosos. Sé que no lo parece, pero nosotros estamos convencidos de que es mejor demostrar afecto que frialdad, bastante tenemos con soportar el frío ambiental de nuestro rojo planeta.
    Especial me confesó que era feliz a pesar de llevar una vida un tanto escasa de aventuras, pero su inactividad física no le impedía el desarrollo de su imaginación y siempre estaba dándole vueltas y más vueltas a las cosas. Sabía que para su mamá él era un sentido de vida, y la vida en sí misma le gustaba. Además, una vez que comprendió que yo era simplemente un marciano con capacidades miméticas aceptó mi peculiaridad marciana y siempre respondía con una sonrisa cuando escuchaba mi primera señal de comunicación. Se tratada de la escala de notas musicales: “do, re, mi, fa, sol, la, si”. Yo sé que la música es una forma de comunicación estupenda y creativa para condicionar estados, y había observado que los cuidadores de Especial siempre le ponían música en sus terapias. Mi propio doctor Remedios me grabó mucha música para que la fuera escuchando en mis viajes y no me sintiera solo. Así que suponía que empezar por lo básico de la música no iba a asustar demasiado a Especial. Recuerdo el movimiento de sus labios cuando escuchó por primera vez la nota “do” procedente de mi mente. Sus ojos se abrieron cada vez más, en la “fa” esperaba que alguien apareciera frente a él. Cuando llegué a la nota “si”, me dio la sensación de que echaba de menos una presencia física, así que tuve que aparecer frente a él, y le pedí que no se asustara, que sólo quería ser su amigo. Entonces su gesto de sorpresa con cierto susto se transformó en un gesto de aceptación sonriente. Le pregunté si se había asustado, y él me respondió que solo un poquito. Me gustó que solo fuera un poquito, así que me quedé con ese nombre, y cuando Especial me preguntó que cómo me llamaba, le dije que me llamara Poquito.
    Tuvimos muchas conversaciones interesantes, a veces simplemente se trataba de contarnos cómo nos sentíamos, Especial me contaba las cosas que echaba de menos de su anterior vida, cuando aún no le habían diagnosticado su enfermedad, y yo también le hablaba de mi familia, y de mi vida en Marte. Él no se podía creer las cosas que yo le contaba, decía que en la tierra pensaban que no vivía nadie allí, y que se habían llegado a plantear vivir en mi planeta. Me hacía mucha gracia esta idea, con lo frioleros que son los humanos se morirían de frío, no ganarían para calefacción y además, que en Marte ya está mi familia, bueno y mis tropecientos primos y demás marcianos. Me hizo gracia imaginarme a la doctora Remedios con ochenta abrigos encima, nos reímos mucho ante esa idea. Nosotros no tenemos problema con la temperatura ambiental, nos adaptamos morfológicamente según los grados, así que no pasamos frío sin llevar abrigo, somos seres de sangre atemperada, ya se sabe, una especie extraterrestre de altas capacidades adaptativas.        
    Especial decía que cuando peor lo pasó fue el día que le dijeron que llegaría un momento en el que no volvería a andar más. ¿Cómo aceptar algo así? ¿Qué iba a hacer entonces? ¿No volvería a subirse a una bicicleta? ¡Cómo echaba de menos el pedalear! Bueno, echaba tantas cosas de menos. Lo que más rabia le daba era que cuando podía hacer todo lo que ahora ya no era capaz de hacer, nunca pensó en la suerte que tenía de poder hacerlo, y en aquel entonces jamás imaginó que podía haber otra gente enferma como lo estaba él ahora. Sus padres lloraron mucho, muchísimo, lo impensable, y él lo sabía, pero qué se ganaba con llorar, un desahogo, sí, pero nada más. Aunque no podía moverse de forma autónoma, a veces le sacaban de casa, sus padres habían conseguido un vehículo especial para transportarlo con toda su maquinaria. Había llegado a volver a ir al cine, incluso al teatro, eran ocasiones contadas, pero bueno. Yo sabía muy bien cómo se sentía, además de comunicarme con él y de ser su amigo dispuesto a escucharlo todo, también yo había sufrido un problema metabólico y por esa razón tuve que irme a buscar otros planetas que se adaptaran mejor a mi nueva situación física.

   
La nave estaba a punto de solventar el problema de carrocería, y no sabía muy bien cómo decirle a Especial que debía continuar mi viaje. Entonces me vino a la mente compleja y alocada una idea extraordinaria. ¿Y si Especial se viniera conmigo de viaje a explorar el universo? Pero, de dónde, cómo, de qué manera, eso era algo absolutamente imposible. Vaya, de pronto me di cuenta de que estaba empezando a pensar como un ser humano, pero si yo era un extraterrestre. ¿Por qué narices me parecía imposible que un amigo se viniera conmigo a descubrir el universo? ¿Sólo por el hecho de que fuera un humano peculiar? Había conseguido comunicarme con él, éramos amigos, y era tan especial como yo, tal vez en otro planeta él pudiera vivir mejor, e incluso hasta podría ser capaz de volver a pedalear una bicicleta bajando a toda leche por una peligrosa cuesta.
    ¡Cómo me gustaría llegar a Júpiter con él! Y descubrir el misterio de su gran mancha roja, bailaríamos sobre su núcleo rocoso y jugaríamos al “pilla pilla” por entre su atmósfera de gas frío y turbulento, ¡sería una pasada!
    Esa misma noche llamé a mi mamá, mi cariñosa mamá de corazón helado, cómo la echaba de menos, no recordaba ese tono apaciguador y cálido que siempre me tranquilizaba en los momentos de apuros imprevistos. La nave disponía de un comunicador transplanetario, y por mediación de ondas lunares podían llegar hasta Marte, así que sólo tenía que esperar a que fuera luna llena para que la comunicación se efectuara de forma perfecta. En cuanto mi madre escuchó mis ondas telemáticas supo que algo me pasaba, no sé qué tienen las madres que todo lo saben. Y entonces le conté más en detalle mis inquietudes. Especial era un niño lindo de la tierra que por su enfermedad se veía obligado a vivir permanentemente postrado en una cama, pero era mi amigo y quería que me acompañara en mi viaje, pero aunque yo lo deseaba con todas mis fuerzas lo cierto es que un cuerpo humano, por muy compleja que tenga su mente y por más capacidad comunicativa que haya desarrollado, no puede atravesar el universo sin desintegrarse, derretirse o explotar en el peor de los casos, así que no veía la manera de que Especial pudiera viajar conmigo.
    Por lo visto mi madre ya se había anticipado a este problema, y me pregunto yo ¿cómo es posible que mi madre tenga tantos recursos? ¿A caso había hecho un curso de cómo solucionar los problemas de sus hijos? Lo anotaré en mi libreta de enigmas por resolver.
   

    La cuestión es que me había puesto en la maleta de cosas a utilizar por si acaso, un frasquito que contenía un líquido rojo. Este elemento era líquido marciano, tenía unas propiedades increíbles, si yo quería que un humano tuviera la posibilidad de viajar telepáticamente conmigo debía ingerir el susodicho líquido, éste se mezclaría con su materia, sangre, huesos, carne, y otros componentes algo desagradables al imaginarlos colocaditos encima de una mesa y por separado fuera del cuerpo humano. De tal manera que ese humano se convertiría en un poquito marciano y podríamos estar en comunicación cada vez que uno de los dos lo deseara, eso sí, había que esperar a la llegada de la luna para que pudiéramos hablar sin interferencias interplanetarias, la luna nos ayudaría.

    Mi despedida de Especial no fue tan traumática, accedió a tomarse un chupito de líquido marciano, y se ha convertido en una especie de primo mío de la tierra, al que vengo a visitar muy a menudo porque me sientan bien los aires del planeta azul. Especial desde su cama mecanizada y con la ayuda excepcional de la doctora Remedios, ha conseguido una mínima autonomía, y ha llegado a utilizar la informática como una herramienta de comunicación con el resto del mundo, aunque entre nosotros no hemos dejado de comunicarnos telepáticamente.
    Y gracias a las aportaciones de Especial, el estudio del Universo sigue su avance, es un astrónomo impresionante, lo han contratado como investigador espacial en un proyecto de la NASA. Nunca ha desvelado mi existencia al resto de humanos, aunque haya ciertas informaciones que obtiene de primera mano sobre el espacio que tiene fascinado al resto del equipo de investigadores.

     Él y yo sabemos que solo hay una persona en la tierra que sí sabe que yo existo, pero no se lo ha dicho a nadie, es la persona más maravillosa que existe: la madre de un niño un Poquito Especial.




     Podemos preguntarnos por qué tienen que pasar estas cosas, existir enfermedades raras, situaciones difíciles, tragedias inesperadas, para darnos cuenta de que la vida es un regalo, que podemos ser capaces de percibir en su justa medida según nos encontremos, tal vez no haya que darle demasiadas vueltas a las cosas, en realidad las cosas suceden y ya está, no siempre se encuentra una explicación ni hay otras alternativas. Pero uno siempre puede seguir luchando y creyendo en los milagros, solo hay que tener un Poquito de esperanza.





Isolina Cerdá Casado



Estado, noticias, asesinatos, dibujos tiernos y cariñosos, niños, futuro, educación, amor.



    Yo no me daba cuenta, iba a  ser su último suspiro. Hablábamos de cosas sin apenas trascendencia, y sin embargo lo que estaba pasando era lo más trascendente. 
    Hoy escribo entre suspiros añorantes, de esos momentos en los que no me daba cuenta. Tal vez porque si me hubiera dado cuenta no hubiera sido posible vivir con esa naturalidad que tiene la vida. 

    Ayer unas imágenes golpearon la paz, esa paz interna que uno tiene en ocasiones contadas. Vi las imágenes desde la distancia que te da la pantalla de un televisor, en el que no se escucha el rumor del viento callado ni el frío de la carne muerta. ¿Carne? Así es como las debieron ver sus captores, esos que las violaron y las colgaron del mismo árbol, a dos niñas, de doce y catorce años. Y entonces ellas mueren y se convierten en testigo del alma negra. 
    Piensas, ¿acaso esos hombres no tuvieron una madre? ¿desconocen el amor que despierta un hijo? ¿no se han enternecido jamás por ver a un sobrino gateando o a una hermana riendo? ¿En su naturaleza estaba el mal o es que las circunstancias fueron las causantes de que no hubiera empatía? ¿Es una locura colectiva la que se encarga de vendar los ojos al corazón? ¿alguna vez latió emocionado? ¿qué lo hizo detenerse en seco y pasar por algo los gritos de dolor? 

    Están lejos, pero a su vez están tan cerca. Muerta, lapidada, piedras lanzadas por su propia familia, por haber tomado una decisión acerca de su vida: casarse con quien ella quería. La mataron por salvar el honor de la familia. Triste, muy triste. 

    Muertos porque alguien no pensó que sus actos iban a ser causantes de una gran tragedia, bebió, tal vez como siempre, pero en aquella ocasión su furgoneta se llevó por delante el coche en el que viajaba una familia, unos padres felices con sus dos hijos, los hijos murieron. 

    No siempre hay una explicación, es verdad, las cosas suceden y ya está, es cierto, pero, y si ...

     La inocencia es el mayor tesoro, los niños son el futuro, ellos son la verdadera esperanza, en esos corazones están instaladas las semillas de los grandes hombres y mujeres que lograrán cambiar el mundo, o al menos cuidarlo y mantenerlo, necesitan mucha agua y nutrientes procedentes de la educación, es necesario mucho sol y calor procedentes del amor y el cariño de su familia. La sociedad ha de ocuparse de que haya caminos con limpios horizontes esperanzadores. ¿Cuesta tanto darse cuenta? 

Isolina Cerdá Casado


   

   

Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.

Algunos de los pendientes mágicos creados por la guerrera del mar . Llevo días queriendo escribir algo, claramente me lo has inspirado tú, t...