miércoles, 25 de junio de 2014

Me convertí en una lágrima, llegué hasta el mar después de recorrer tu cuerpo dolorido.

    Y lo reconozco, no me gustó, sé cual fue el origen de mi ser, era una lágrima de tristeza y aunque de vez en cuando me siento melancólica y me gusta recordar, ser una lágrima triste no me alegra lo más mínimo, una y otra vez me pregunto por qué tuviste que crearme.
    De cómo fue mi recorrido por el mundo podría escribirte un libro, es posible que también éste fuera un libro apenado, y ¿para qué hacer algo semejante cuando lo que necesita el mundo es sonreír? 
    Cuando me asomé al mundo por el lagrimal de tu ojo sentí algo grande, la luz me llenó de alegría, me convertí en una extraña lágrima de tristeza bailando entre emociones de felicidad. Ese tipo de  contrastes los tiene la vida, ahora lo sé, cuando lo sientes lo sabes.
    Entonces me di cuenta de que debía estar preparada para lo que la vida que tú me habías regalado iba a ofrecerme. Yo solo era una lágrima de tristeza, apenas podía hacer nada por ti, humedecía cada curva de tu cuerpo, pensabas que las lágrimas desaparecíamos nada más ver la luz, sin embargo nunca lo hacemos, nos quedamos en ti hasta que ya no hay más remedio que decir adiós por pura evaporación. Si nada nos contiene, las lágrimas tristes llegamos a alcanzar rincones perdidos de tu cuerpo, inimaginables recónditos espacios mágicos. Y aunque nos gustaría abrazar el cuerpo no podemos hacer nada más que humedecerlo. 
    Me pregunto qué tristeza me dio vida. ¿Puede un hecho triste crear un gran océano de emociones? ¿Fue la pena que te produjo ver a aquel niño llorando desconsolado? ¿Quisiste por un momento volver a ser tú misma una niña y llorar esas angustias que atormentan a tu ser adulto? 

No lo sé, yo solo soy una lágrima triste que no te deja ver con nitidez el cielo, pero las lágrimas también tenemos nuestra función, es posible que te demos un poco de sombra necesaria, como aquel árbol sobre cuyo tronco reposaste apenas un minuto, y en ese parar y respirar profundo descubriste que yo tenía una razón muy poderosa de ser, y me creaste, bajo una sombra accidental, la vida es una suma de accidentes.

Isolina Cerdá Casado


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