miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿Había un minion mirando al objetivo de la cámara cuando hacía la foto de las copas enjabonadas del gin tonic?


Tranquilos, yo cuidaré de vosotros siempre. No importa el tiempo que pase, o el tiempo que haga, o el peso del tiempo. Yo, como madre que soy, calabaza golpeada, verde y moteada, yo mujer valiente siempre estaré ahí. En los días de tormenta, en esos en los que las pesadillas aparezcan sin razón, en los que solo quieras llorar sin salir de la cama. Yo estaré contigo, siempre, ya verás, aunque mi cuerpo acabe siendo troceado y metido en agua hirviendo con una pizca de sal. Oh, querido hijo, una madre siempre estará incluso cuando las cuchillas del pasa puré estén bailando con mi carne naranja, una madre nunca olvida. Quien dice una madre dice una mujer, quien dice un hijo dice un ser al que amar gratuitamente sin esperar nada.
No, no te pierdas calabaza, que la fiesta de halloween no te afectó, ¿o en realidad te afectó más de lo que creías? Tus congéneres redondeados eran transformadas en rostros terroríficos y tú solo pensabas en tus propios hijos, llorabas porque temías el momento en el que ellos sufrieran los golpes de la vida, o del cuchillo o de la podredumbre, porque sabes de sobra que las calabazas se acaban por pudrir si no se baila con ellas un baile agarrado por el cuello. Y claro, tú lo sabes, pero desearías con todas tus fuerzas que ellos, calabacitos, calabacines, niños hermosos, no sufran y no tengan que aprender a aceptar el dolor, a acostumbrarse. Desearías que por siempre esos niños dulces, creativos e inocentes no perdieran las ganas de jugar, de imaginar, de ser libres.

Bah, bah, buenos propósitos, bellos deseos, la vida es cruda como un chuletón de carne roja ante el cual solo unos pocos podrán correr riesgos cancerígenos, mucha gente no puede ni plantearse estar expuesto. Puta vida. 

- Oye, un momento, escribe bien, sin palabrotas, ni palabras feas, no, no lo necesitas. 
-Tomemos un gin tonic, en copa grande, buen hielo, piel de naranja, especias varias, y una gominola para brindar por el niño y la niña que un día fuimos.
Pero sabes que luego tendrás que lavar la copa.
- ¿Ves? ¿Siempre acabas por ver el lado negativo de las cosas? No dices que luego tal vez retozaremos en el sofá, no, tienes que pensar en el puto estropajo.
- Vale, cariño, follaremos también.
- Pero...¿Qué voy a hacer contigo?
- ¿Quererme?
- Siempre.



Isolina Cerdá Casado

martes, 3 de noviembre de 2015

Pis, meada, evacuar... ¿Estás bien querida? Oh, sí, gracias.

Me levanté costosamente, el cuerpo me pesaba como si en cada una de las extremidades se hubiera adherido un kilo de carne, a esas prolongaciones tan útiles para bailar, asir y desplazarse. Mi cabeza sufría golpes continuados de sufrimiento cotidiano. Al final conseguí llegar hasta el cuarto de baño, vi mi cara ante el espejo y llegué a la conclusión de que dos días antes hubiera podido asustar al más valiente de los caminantes, era un rostro tamizado por el sueño, las apreturas de almohadas y sábanas, los pelos alborotados por las vueltas en la cama y el cansancio del día anterior mezclado con la actividad nocturna del mundo onírico.
La imagen me resultó familiar y por esa razón no escapé de ella muerta de miedo, de alguna manera esa mujer me daba confianza. Me tiré como un litro de agua a la cara y procedí a evacuar la vejiga, miccioné hasta que el chorro se convirtió en gota. Soy de las personas que nunca se levantan a mear a media noche. Eso dicen que no es bueno, lo de aguantar el pis, porque hace que la vejiga se agrande demasiado y luego no vuelve a su forma original. Como cuando engordas mucho y luego adelgazas, por más que te gustaría el cuerpo no vuelve a ser el mismo. Lo sé por experiencia. Pues sí, es cierto, lo mismo le pasa al alma, que si roza la locura nunca puede volver a ser cuerda completa, ese punto de delirio agranda la visión de esa parte de nosotros que tanto nos determina. Oh, mi querida alma atormentada, llegaste al mundo conmigo, naciste también tú de esa madre cariñosa que vigilaba mi caminar, tú tropezaste conmigo, viste llorar a los seres que amabas, lloraste también porque el dolor lo atraviesa todo, hasta la sonrisa de dientes blancos. Qué perdida me sentí cuando te creí muerta, cuando el grito fue tan grande que ensordeció y cegó los sentidos de vida.
Esa cara monstruosa de la mañana se asomó a la ventana en busca de la luz apagada de un sol muerto.
Qué me queda alma herida, qué impulso me moverá el cuerpo, hacia dónde dirigiré mis pasos, si tú no estás, yo ya me he ido.

Isolina Cerdá Casado

Escribe, si no quieres sentir cómo se te desgarra la carne, escribe.

Las suelas gastadas de los zapatos indican que he caminado mucho, las arrugas del rostro que voy cumpliendo años por suerte y el impulso de escribir, de coger un bolígrafo o una página en blanco del ordenador para contar cuentos, significa que todavía tengo algo que contar. Por lo tanto debo estar agradecida, tengo suerte, las pequeñas batallas cotidianas no me han impedido seguir caminando, no dejemos que la mirada gris se imponga, no dejemos en el olvido todas esas cosas buenas que nos pasan día a día. Todas las noches antes de dormir me visita un duende, me susurra al oído las cosas que me han pasado, las buenas y las malas, me dice que he tenido suerte, he podido desayunar tranquila, en casa, con un café con leche reposado, con unas tostadas, con imágenes del mundo. He tenido la suerte de despertar a mis hijos, de tocarles, de abrazarles, de acompañarles al colegio. Son cosas buenas que dejamos de valorar, nos olvidamos, las pasamos por alto.
    Hoy es un día lluvioso, no siempre resulta inspirador un cielo gris que lloriquea, sin embargo hoy pienso en la suerte que tengo de caminar bajo la lluvia, de ser arrastrada por mi amiga de cuatro patas, por su energía, de pasear tranquila aunque vaya con una perrita hiperactiva, disfrutando.
La vida es eso que pasa casi sin darnos cuenta. Supongo que por eso hay que vivir sin cadenas, sin limitarnos con constricciones que se originan en la culpa.
   A veces no hablamos por miedo a que se sepa la verdad, tememos que esa verdad pueda destruirnos, como si el recuerdo que nos quedó de algo vivido (y doloroso) tuviera que permanecer oculto dentro de un rincón de la memoria para que nadie lo llegue a saber nunca. Pero no nos damos cuenta de que el daño de ese silencio nos lo hacemos a nosotros, callamos pero eso que no dijimos ni contamos grita por dentro, nos aplasta, nos ahoga. En algún momento un mensaje de adulto atrofió nuestra pureza de niño libre y nos arrastró hasta el rincón del deber y de lo aceptable.
Somos seres sociables, necesitamos que se nos acepte, muchas veces aun a costa de nuestra salud. Pero el tiempo pasa, pasa tan rápido todo, y esos silencios forzosos quedan ahí, guardados a la fuerza, hasta que empiezan a mordernos, sentimos la carne desgarrada, pero seguimos callados. Llega un momento en el que entra en juego la propia cordura, el equilibrio, nuestra vida.
Y entonces miras atrás y te preguntas en qué momento cambió tu alma de niña y se inició el sufrimiento. ¿A caso no hay veces en las que esa actitud positiva está tan forzada que la risa no te libera, simplemente te ayuda a respirar?
Si lo necesitas debes contarlo.

Isolina Cerdá Casado

jueves, 29 de octubre de 2015

Países poderosos, grandes estados, un niño sirio os está esperando para no morir de frío, necesita una mirada amiga , una mano a la que asirse.

Hubo un tiempo en el que pensaba que las patatas éramos simplemente patatas, apenas encontraba algo diferente que me hiciera sentir que de alguna manera todo podía cambiar. Un día me encontré con una mirada especial, llena de ilusión, mirada limpia, mirada amiga. Entonces comprendí que no hay que tirar la toalla, siempre puede haber un ojo que amplíe tu mirada.
Patatas, patatas, qué somos, en dónde acabaremos, ¿sartén? ¿olla? ¿podredumbre? 

Personas, niños que se ahogan escapando de la locura.
¿No nos incumbe? ¿realmente no es asunto nuestro? 
Hoy untaba mis tostadas con mantequilla, tenía frente a mí un café con leche calentito, volvía a la vida tras el sueño, había dormido plácidamente en mi cama caliente, a las seis de la mañana mi hija me llamaba desde su cama porque le dolía el oído, la calmaba, le di agua, la arropé, sacó unas cuantas flemas, le di paracetamol y siguió durmiendo tras quejarse dos veces más. Yo no volví a dormir, así que a las siete me levanté anticipándome al despertador, me vestí, fui al baño, me lavé la cara, hice pis, volví a echarme agua en la cara y me dirigí a la cocina a prepararme un café.
Pues allí estaba, con el televisor encendido enterándome de cómo estaba el mundo sentada cómodamente en la silla de la cocina. Movía el café, no le pongo azúcar pero hago bailar a la cuchara, gira y gira. Entonces un hombre grita desde la pantalla, se dirige a los países poderosos, es un griego que se ha cruzado cara a cara con la sin razón y la desesperación, del mundo y del alma respectivamente. Han rescatado a muchos sirios del mediterráneo, casi ahogados, muertos de frío. Un niño está siendo reanimado porque se ha desvanecido y lo masajean para intentar darle calor y despertarlo. Esa imagen produce en mí una lluvia de lágrimas, dios, me siento tan impotente, tan responsable, no sé qué puedo hacer yo, yo, una mujer cualquiera, que vive en un país que no está en guerra, en el cual también hay niños que sufren por la crisis actual, y por otras circunstancias. Sólo se me ocurre escribir, escribir, escribir...
Las lágrimas las limpié con la servilleta que acompañaba a mi desayuno, pero el impacto de esa imagen se ha quedado grabada en la retina, el ojo de una patata que busca una mirada dulce y no siempre la encuentra.

Isolina Cerdá Casado

lunes, 26 de octubre de 2015

Hallowen

Bueno, tengo que decir que cuando yo era joven, niña, vamos hace unos cuantos años ya de esto, lo de la noche de los muertos no se celebraba, veíamos por televisión, en algunas pelis, esa festividad americana, no solo de América del norte sino del centro y del sur, acerca de esa noche que de alguna manera se convierte en especial. Velones rojos encendidos cerca de alguna foto, la típica visita al campo santo, en fin, poco más hacía yo. Recordaba o pensaba en algún ser querido que ya no estaba y del que me habían llegado rumores, e incluso caminaba muerta de miedo por la casa con cierto temor a que seres de ultratumba se me aparecieran de repente. Hoy en día se ha convertido en una fiesta. Se celebra de alguna manera la noche de los difuntos, y es un motivo de reunión, de fiesta básicamente, de quitarle importancia a esas monstruosidades creadas, representadas o dramatizadas. 
    Sé que por los niños hay que seguir, jugar, hacer fiestas, sonreír y vivir. Por ellos y por nosotros claro. Pero para mí estas fechas son grises, oscuras, que hacen que vuelva a revivir momentos durísimos de mi vida, que estuvieron ahí, que pasaron, y que no puedo celebrar.
    Mi hermana murió tal día como hoy, 26 de octubre de 1990, al día siguiente la enterramos. El 30 de octubre del año 2001 murió mi madre, el día 31 se le hizo una misa de despedida, el día 1 la incineramos. Ese 31 de octubre como en años anteriores tenía representación de Don Juan Tenorio de Zorrilla, en el papel de Brígida, estaba todo vendido, se representaba en el teatro Chapí de Crevillente. Recuerdo que en el tanatorio una de las actrices, Ana Penalva, que hacía de Inés, dijo que yo sabría lo que tenía que hacer y que lo haría porque era actriz. Me acompañó mi tía, nunca me había visto actuar, dijo que no me conoció cuando salí a escena. Hice lo imprescindible para que la función pudiera salir adelante. Y me fui antes de que enterraran a la novicia.  
    En realidad es algo tan necesario, el hecho de ponernos el vestuario, caracterizarnos y salir a escena es mucho más importante de lo que creemos, todos lo hacemos, todos nos acabamos poniendo el vestido negro y el velo y vamos en busca de Don Juan, a liarla.
    La vida, querido, la vida.
    Al final el filósofo iba a tener razón. Demasiados traumas y recovecos. Mujer con un alma excesivamente densa y oscura. Fus fus. Menos mal que mi querido amor no era filósofo, solo le gustaban los pájaros y todo tipo de animales curiosos.

Isolina Cerdá Casado

jueves, 8 de octubre de 2015

El monstruo.

    Volvía de la revisión del dentista, todo bien, el cepillado adecuado. Estaba metida en mi coche, se había formado un buen lío porque una calle estaba en obras y desviaron el tráfico de la arteria principal de Torrejón a una carretera secundaria. Total que estábamos sufriendo una retención importante. Un repartidor de alimentación había detenido su camioneta en doble fila, y se marchó a entregar su género al supermercado. Como en una dirección, la que yo llevaba, la carretera estaba colapsada, debido a esa detención de la camioneta el tráfico que venía en la otra dirección también se vio afectado, porque estaba haciendo de tapón, tal vez cuando el repartidor dejó su camioneta no venía nadie detrás de él, y no podía imaginar los perjuicios que iba a ocasionar. Mi coche llegó a la altura de la camioneta, justo detrás de él había un señor muy enfadado, con su coche detenido, la puerta abierta y mirando para todos los lados, sin dejar de tocar el claxon, tendría unos treinta años, parecía indio, aunque luego comprobé que era gitano por su forma de hablar.
    La fila mía no se movía, detrás del señor enfadado se iban acumulando más coches. La conductora que iba detrás de mí hablaba por teléfono, imaginé que explicaba su retraso a algún interlocutor. Yo estaba feliz, no era para tanto, diez minutos parados no iban a conseguir cambiar mi estado de euforia, lo había hecho bien con el cepillo. En un momento, por fin apareció el dueño de la camioneta, llegaba disculpándose. "Ya lo quito, ya lo quito". Entonces el que parecía indio salió del coche, dirigiéndose hacia el repartidor, ahí me di cuenta de que llevaba un niño de aproximadamente un año sentado detrás en su correspondiente sillita. Empezó a insultarlo de una manera violenta, y acto seguido le dio una patada al carro metálico que utilizaba para transportar la mercancía, cayendo todas las cajas verdes de plástico al suelo. El repartidor en ningún momento le hizo frente, e intentaba meter rápidamente las cajas y el carro en el camión, pero el conductor no dejaba de insultarlo y empujarlo. Yo observaba al niño estirando el cuello hacia delante, mirando a su padre. Esta escena transcurría al lado de mí, yo dentro del coche, entonces el conductor del coche que estaba delante de mí abrió su puerta. Yo rezaba para que el repartidor lograra cerrar su camioneta y escapar de aquella situación, a su vez sabía que este hombre alterado estaba poseído por el monstruo y no iba a atender a razones, si alguien intervenía el monstruo sacaría la pistola, o la navaja, o qué sé yo. Entonces, finalmente el repartidor cerró su vehículo y escapó, el conductor valiente que iba a intervenir no llegó a bajar de su vehículo y el indio que no era indio se volvió a meter en su coche.
    ¿Qué era tan importante para justificar su agresión? ¿tenía un mal día? ¿el niño estaba malito? ¿llegaba tarde?
    Recordé un testimonio que había visto por el televisor el día anterior, una mujer gritaba la impotencia sentida cuando en su intervención por ayudar a una mujer que estaba siendo víctima de maltrato por parte de su exmarido en plena calle, nadie oyó sus gritos de auxilio, o más bien nadie reaccionó para defender a esa mujer ante su agresor, solo lo hizo un señor mayor que apenas podía moverse y se llevó unas cuchilladas por parte del agresor y ella misma. Esta mujer fue una valiente, salvó la vida de la mujer víctima del maltrato. Pero no todo el mundo es capaz de hacer algo así, porque es el monstruo el que está actuando, y tienes que luchar contra la sinrazón y las palabras no son suficiente.
    Qué miedo pensar en un cara a cara con este monstruo en la intimidad del hogar. ¿Reaccionaría de la misma manera ante las dificultades que aparecen todos los días? Miedo, mucho miedo.

Isolina Cerdá Casado

sábado, 26 de septiembre de 2015

Una de tantas...

Jo, hoy no estoy con el punto irónico, hoy vuelvo a estar otra vez en plan tristón,bueno, no exactamente tristón sino apagada, bueno, tampoco apagada, no, no es la palabra, es más bien como asintiendo ante la vida. Como cuando te cuentan algo triste, y asientes, porque sabes de lo que te están hablando. Alguien te dice que nuevamente ha aparecido la enfermedad del siglo veintiuno y ya la conoces, sabes cómo es su forma de jugar, sabes lo que tienes que hacer, conoces las fases, pero te sigue atemorizando la palabra. No sé, a veces, tantas veces, parece que todo va bien y se tuerce. Pues sí, se ha vuelto a torcer, joder, que llevábamos una buena racha, sí, con las subidas y bajadas, con los baches y las piedras normales en los caminos rurales. Nuestro camino es rural, rural. Y como vamos en coche sentimos más los golpes. Si camináramos seguramente no sería tan brutal el tropiezo, lo veríamos venir. Andamos tan ocupados en planificar el viaje que nos olvidamos del viaje mismo. No hay que ponerse en lo peor, pero tener que volver a ponerse el traje, uf, con lo bien que estaba yo en bikini, por el cuerpazo que tengo más que nada, jejeje, eso es lo que dice mi marido cuando quiere algo, qué mala soy, no debería decir eso. El punto irónico está apareciendo, ¿dónde? "¡En el culo del Conde!" .
  -Vale, ¿de qué traje hablas?
 -El de ser fuerte, el de hacer frente a las dificultades, la armadura.
 La cuestión es que hablando con mi padre todo parecía ir bien, su voz era la de siempre, su ánimo alzado. Como si me estuviera diciendo: "Solo es una piedra más, una de tantas". Pero yo, yo me puse a pensar, a darle vueltas, otra vez, otra vez.
Te has olvidado de que la vida es un paseo, te has vuelto a olvidar de que lo que importa es eso que sientes en cada paso que das, en la sonrisa de tus hijos cuando entienden algo y te miran, y te guiñan un ojo, y te piden perdón por lo de antes, cuando tú ya te habías olvidado de lo de antes. Y te das cuenta de que las cosas que merecen la pena están sucediendo ya, ahora, aquí, en este instante en el que respiras profundamente y te dices a ti misma que vamos a seguir, que esta es una piedra, una de tantas,

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Detergente, manchas en el alma, macarrones que vuelan y bañeras llenas de patos.

Hoy ha sido un día bastante complicado, mi hijo ha venido con una cacho mancha en el pantalón, y en la comida se plantó un macarrón lleno de tomate aceitoso en el bolsillo de la camiseta blanca, que digo yo, a santo de qué tiene que tener una camiseta un bolsillo con holgura suficiente para atrapar a un macarrón volador. En fin, que andaba yo un tanto preocupada con la susodicha mancha, cuando de pronto me viene mi hija con otros tantos restos de macarrones pegados en la faldita azul tan mona que se había puesto, sí, ella elige su ropa la mayoría de las veces.
Pues tras haber limpiado una camiseta blanca, un pantalón y una falda azul, para lo cual he utilizado un vaso de la caja de detergente lleno de polvo blanco; tras todo ello como digo y ver la efectividad del polvo blancuzco, que casi por arte de magia ha hecho desaparecer las manchas. Me he preguntado si no sería posible utilizar algo parecido para eliminar las manchas de otras zonas de mi cuerpo que andan guarras, guarras. Y que conste que no hablo de zonas púbicas ni rincones perdidos debajo de pies, brazos u orejas alcanzables si uno quiere con una esponja y un fresco gel. Hablo de las zonas que afectan al equilibrio del cuerpo y del alma. Son espacios casi invisibles, imperceptibles, pero tal vez el polvo blanco con una buena lavadora podría hacer algo con el ánimo, o la fuerza interna. No sé, digo sí sé, nada es fácil en esta vida. Supongo que por eso tiene tanto valor, la vida digo, aunque a veces no seamos capaces de verlo y sentirlo.
Bueno, venga, respira, va. 





¿Y si cojo el detergente y limpio las manchas de mi ánimo? ¿Dónde exactamente está la mancha del ánimo, que parece que me ha dado un golpe en el lateral de la cara? ¿De la cara de mi corazón? ¿En la piel del pulmón? ¿En la planta del pie?

- Ay, calla, que no me entero de nada. A ver, ¿qué pasa?

Mira guapa, si tienes algo que decir será mejor que te esfuerces y lo hagas porque el tiempo pasa y los sentidos se van modificando poco a poco, y cambian las prioridades.

"La bañera estaba llena a rebosar, desde allí, inmersa y sumergida en sus aguas turbias se podía ver el desorden reinante en su hogar. Allí vivían los duendes desorganizadores, se amontonaban los zapatos y las botas que un día acabaron en ese lugar huyendo del orden visible, mezclándose con medias sucias y productos de limpieza. Luces apagadas, apenas unos rayos de luz solar entraban por las ranuras de la persiana medio bajada. El cuerpo de la madre desesperada metida de lleno en un cubículo turbulento repleto de patos amarillos flotando. Sabedora de que si no se lanza a contar cuentos y a expulsar historias y puntos de vista morirá de pena y de frustración creativa. Pobre, su sol se fue lejos. Es una sirena encajada en una bañera, no puede nadar, está por tirarse al váter."

- ¿Qué? - Preguntó un tanto extrañada.
- Nada.- Respondió la voz interior.
-¿Qué? -Insistió en resolver su duda.
- "¡Que nades, coño!"-Respondió otra vez su voz interior.


Isolina Cerdá Casado



sábado, 19 de septiembre de 2015

¿Explosión ovular? Con cuarenta y dos, sentada en el suelo, con un café reflexivo, sintiendo que la vida es... ¿Estamos en otoño ya? Este texto es muy otoñal y el título muy largo.


Buscando, buscando en las imágenes guardadas en la memoria del ordenador me encuentro con esta foto y de pronto me digo: sí, tengo algo que escribir.Y no sé muy bien sobre qué voy a escribir, pero recuerdo momentos concretos, cuando las cosas iban bien, bastante bien, o eso creíamos, cuando había impulso vital, cuando uno imaginaba futuros llenos de esperanza. Llega una edad en la que te das cuenta de muchas cosas, y ese conocimiento solo lo puede traer el tiempo, la experiencia, la vida. Te pueden decir mil cosas, te pueden aconsejar que vivas, que disfrutes, que no te amargues por cosas que no merecen la pena, que intentes sonreír, aprovechar cada segundo. Pero no piensas que eso sea en el fondo tan importante, porque no puedes creerte que en algún momento tu vida se vaya a torcer, que pueda cambiar bruscamente, que algo llegue a ocurrir con la capacidad de torcer tus sueños hasta el punto de exprimirlos y aplastarlos. 
Ahora sé que eso ocurre, que cuando todo parece ir bien se puede torcer, y es como si fueras preparándote porque sabes que eso pasa, que de pronto cae del cielo un saco lleno de cemento y te aplasta las ideas. Pero es que dentro de esa línea vital, de asumir que en tu vida se pueden torcer las cosas, también hay torcimientos más pequeños, de corto recorrido, que forman parte de lo cotidiano, en los que tienes que seguir, no derrumbarte, darte cuenta de que es algo transitorio y no dejar que eso te afecte al gran recorrido vital. Por ejemplo, hoy estoy hecha polvo, estoy en plena explosión ovular, y en un estado nervioso irascible del que soy muy consciente. Pues bien, me paro, un segundo, segundo reflexivo, me asomo a la ventana, recorrido vital lindo, respiro, no permito que me hunda, no me descontrolo. Cojo una taza de café preciosa y la lleno del líquido elemento, y un bollo que acompañe y trato de calmar a mis nervios. "Os ofrezco una taza de café con un dulcecito, calmaos queridos." ¿Nervios? ¿Quiénes son ellos? ¿A caso son los primos alterados de las neuronas que quieren hacerse notar por el resto de la familia? ¿Son producto de haberles ignorado sobrecargando su capacidad vital? ¿A caso los he arrastrado hasta un punto estresante e insoportable en el que la única manera de hacerse notar es bailando descontroladamente aunque no suene música alguna? 
Bueno, no lo sé, no sé en qué punto estoy, solo sé que una siempre tiene que continuar luchando, y aunque parezca que nuestra lucha es la más importante, la más difícil y la más insoportable, en realidad todas las personas que caminan a nuestro lado se ven continuamente en situaciones de dificultad, teniendo que sortear baches, igual de profundos e inesperados. La cuestión es cómo hacerlo, ser capaz de tener una buena actitud y dar una tregua a esos primos alterados, dejarles reposar, permitirse un momento de relajación, respirar, agradecer al universo lo que te ofrece.

Oh, sí, Universo, 
Estoy viva,
Gracias.
Oh, sí, Universo,
Siento y sueño,
Gracias.
Oh, sí, querido,
Te agradezco lo que me das.
Yo, a cambio, voy a vivir con ganas
con fuerza, con alegría, con rotundidad.
Y seguiré caminando, y miraré al cielo, y sonreiré.
Gracias Universo por todo lo que me regalas día a día
confiando en que seré capaz de aprender en cada bache, 
en cada caída, con cada golpe.

PD

Ese sombrero verde me lo regaló un buen amigo, ahora mismo el Universo le ha puesto delante una dura prueba, espero de todo corazón que sea capaz de caminar con la fortaleza que necesita, y que todo se resuelva pronto.


Isolina Cerdá Casado




viernes, 18 de septiembre de 2015

Algunas veces...

  Algunas veces quiero escribir pero estoy tan vacía que no soy capaz ni de escribir la lista de la compra. Algunas veces veo las noticias y lloro, sin forzar, solo necesito prestarles un poco de atención, saber de lo que están hablando, ver las miradas de los niños, sus llantos, las zancadillas, los ladrones de guante blanco, las risas burlonas, la opulencia de unos pocos.
Algunas veces siento que estoy en el camino, otras creo que me he perdido en un frondoso bosque de hojas negras. Algunas veces miro las nubes y veo dragones, otras simplemente algún rastro de un avión e imagino qué personas viajaban en ese aparato que le hizo una raya al cielo y lo peinó sin crema suavizante. Algunas veces me siento capaz de todo, de saber a dónde voy y de dónde vengo, de visualizar el sueño, de reír sin necesidad de que haya un chiste de por medio, otras no soy capaz ni de mirar hacia el horizonte, y me siento ahogada en mis propios miedos. Algunas veces siento que la vida es un suspiro, que pasa muy rápido, que el tiempo se ríe de mí porque cuando creo que lo alcanzo ha vuelto a escaparse sin sentirlo, otras veces se eterniza y parece que no ocurre nada.
    El tiempo pasa muy deprisa, otro cumpleaños, otro curso, otro reto. A veces me falta el impulso, otras imagino objetos que hablan. 

Otras veces veo magdalenas deliciosas, colirios, botellas vacías, sueros sin suero, trapos usados y un soldadito caído en el frente, justo en frente del taper rojo.

Isolina Cerdá Casado

jueves, 3 de septiembre de 2015

Puntos de vista. Pareja de ajos.

Hay días en los que no se perciben las cosas de la misma manera, hay momentos en los que una lluvia es una lluvia, y otros en los que una lluvia es un llanto del cielo; otras veces al verte en el espejo descubres una cana más y un surco más acentuado en el rostro, sin embargo otras veces te ves en el espejo y solo percibes sabiduría y tiempo vivido. Hoy ha sido uno de esos días en los que un ajo no era simplemente un ajo.


    Querido, tengo que confesarte algo. No me pongas esa cara, anda, guapo, no sé qué te sucede, pero últimamente te veo muy apagado, y no es por nada, pero tú estás de vacaciones, yo no, a mí me siguen esperando las lavadoras de ropa sucia, de modo que no sé por qué estás así. Mi prima Cebolli nos ha invitado a la fiesta de presentación de su hijo Cebollino, y no solo eso, quiere que tú seas el padrino del acto. Asistirá Puerri, y también su marido, y parece ser que están invitados Pimientino y Tomatina, ¿te acuerdas de ellos? Nos lo presentaron en el huerto, aquel día que nos juntamos todos, después de esa tormenta terrible en la que el huertano pensaba que estaríamos inundados y nos recogió a toda prisa en el mismo saco que las patatas. Pues el señor Patatino también vendrá. ¿No te huele un poco a fiesta del Pisto? ¡Querido! ¡Querido! ¡No te habrás secado ya! ¿Vedad? Tienes los pelos demasiado tiesos, te llevaré a la peluquería de doña Berengenina, y ya verás como te da un subidón de autoestima. 

    Si hoy no estás demasiado bien, cambia el punto de vista, no siempre viene solo, a veces uno tiene que forzar el cambio y dejarse empapar por un rocío positivo. Y si no, ve a la pelu de Berengenina.

Isolina Cerdá Casado

Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.

Algunos de los pendientes mágicos creados por la guerrera del mar . Llevo días queriendo escribir algo, claramente me lo has inspirado tú, t...