Me levanté costosamente, el cuerpo me pesaba como si en cada una de las extremidades se hubiera adherido un kilo de carne, a esas prolongaciones tan útiles para bailar, asir y desplazarse. Mi cabeza sufría golpes continuados de sufrimiento cotidiano. Al final conseguí llegar hasta el cuarto de baño, vi mi cara ante el espejo y llegué a la conclusión de que dos días antes hubiera podido asustar al más valiente de los caminantes, era un rostro tamizado por el sueño, las apreturas de almohadas y sábanas, los pelos alborotados por las vueltas en la cama y el cansancio del día anterior mezclado con la actividad nocturna del mundo onírico.
La imagen me resultó familiar y por esa razón no escapé de ella muerta de miedo, de alguna manera esa mujer me daba confianza. Me tiré como un litro de agua a la cara y procedí a evacuar la vejiga, miccioné hasta que el chorro se convirtió en gota. Soy de las personas que nunca se levantan a mear a media noche. Eso dicen que no es bueno, lo de aguantar el pis, porque hace que la vejiga se agrande demasiado y luego no vuelve a su forma original. Como cuando engordas mucho y luego adelgazas, por más que te gustaría el cuerpo no vuelve a ser el mismo. Lo sé por experiencia. Pues sí, es cierto, lo mismo le pasa al alma, que si roza la locura nunca puede volver a ser cuerda completa, ese punto de delirio agranda la visión de esa parte de nosotros que tanto nos determina. Oh, mi querida alma atormentada, llegaste al mundo conmigo, naciste también tú de esa madre cariñosa que vigilaba mi caminar, tú tropezaste conmigo, viste llorar a los seres que amabas, lloraste también porque el dolor lo atraviesa todo, hasta la sonrisa de dientes blancos. Qué perdida me sentí cuando te creí muerta, cuando el grito fue tan grande que ensordeció y cegó los sentidos de vida.
Esa cara monstruosa de la mañana se asomó a la ventana en busca de la luz apagada de un sol muerto.
Qué me queda alma herida, qué impulso me moverá el cuerpo, hacia dónde dirigiré mis pasos, si tú no estás, yo ya me he ido.
Isolina Cerdá Casado
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