miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿Había un minion mirando al objetivo de la cámara cuando hacía la foto de las copas enjabonadas del gin tonic?


Tranquilos, yo cuidaré de vosotros siempre. No importa el tiempo que pase, o el tiempo que haga, o el peso del tiempo. Yo, como madre que soy, calabaza golpeada, verde y moteada, yo mujer valiente siempre estaré ahí. En los días de tormenta, en esos en los que las pesadillas aparezcan sin razón, en los que solo quieras llorar sin salir de la cama. Yo estaré contigo, siempre, ya verás, aunque mi cuerpo acabe siendo troceado y metido en agua hirviendo con una pizca de sal. Oh, querido hijo, una madre siempre estará incluso cuando las cuchillas del pasa puré estén bailando con mi carne naranja, una madre nunca olvida. Quien dice una madre dice una mujer, quien dice un hijo dice un ser al que amar gratuitamente sin esperar nada.
No, no te pierdas calabaza, que la fiesta de halloween no te afectó, ¿o en realidad te afectó más de lo que creías? Tus congéneres redondeados eran transformadas en rostros terroríficos y tú solo pensabas en tus propios hijos, llorabas porque temías el momento en el que ellos sufrieran los golpes de la vida, o del cuchillo o de la podredumbre, porque sabes de sobra que las calabazas se acaban por pudrir si no se baila con ellas un baile agarrado por el cuello. Y claro, tú lo sabes, pero desearías con todas tus fuerzas que ellos, calabacitos, calabacines, niños hermosos, no sufran y no tengan que aprender a aceptar el dolor, a acostumbrarse. Desearías que por siempre esos niños dulces, creativos e inocentes no perdieran las ganas de jugar, de imaginar, de ser libres.

Bah, bah, buenos propósitos, bellos deseos, la vida es cruda como un chuletón de carne roja ante el cual solo unos pocos podrán correr riesgos cancerígenos, mucha gente no puede ni plantearse estar expuesto. Puta vida. 

- Oye, un momento, escribe bien, sin palabrotas, ni palabras feas, no, no lo necesitas. 
-Tomemos un gin tonic, en copa grande, buen hielo, piel de naranja, especias varias, y una gominola para brindar por el niño y la niña que un día fuimos.
Pero sabes que luego tendrás que lavar la copa.
- ¿Ves? ¿Siempre acabas por ver el lado negativo de las cosas? No dices que luego tal vez retozaremos en el sofá, no, tienes que pensar en el puto estropajo.
- Vale, cariño, follaremos también.
- Pero...¿Qué voy a hacer contigo?
- ¿Quererme?
- Siempre.



Isolina Cerdá Casado

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