Domingo, un objeto de inspiración: joyas.
Cogí los pendientes, esos de oro blanco que no sé cómo
llegaron hasta mi joyero. Pues claro que
lo sabes, te los regaló tu suegra, la primera de las tres suegras que has
tenido. Bueno, bien, ya sabemos que la memoria es selectiva y que por
alguna razón había dejado aparcado en el baúl de los recuerdos a olvidar este
episodio de mi vida. ¿Te estás refiriendo
a tu primera boda o tiene que ver con esa joya en concreto? ¿Qué recuerdo es el
que causa estragos en tu alma? Ninguno de los dos me altera, en serio, creo
que está bien tener experiencias en tu haber, al fin y al cabo es la evidencia
de que has vivido. Pues habiendo vivido
tanto, no entiendo cómo es que cometiste el mismo error tres veces. ¿Estás
hablando ahora de tener tres suegras, de haberme casado tres veces o de meter
demasiado pronto en ese baúl experiencias que después, al tenerlas olvidadas,
no te sirven para evitar caer en el mismo precipicio? En serio, creo que en el fondo te gusta tirarte desde las alturas, a
sabiendas de que la caída no será grata. Quizá el resultado no sea una pierna
rota, pero tu alma sufre. Bah, te equivocas nuevamente. Mi alma es un pájaro
inquieto que busca un buen nido, en el que desarrollarse y sentir, querer volar
es poco porque lo puede hacer, pero decidir iniciar un nuevo vuelo es despertar
inquietudes ante las que no me puedo resistir. Y ahora hablemos en serio, ¿de verdad crees que sumar maridos es algo
apasionante? Empezaste por los pendientes, pero tú nunca llevas joyas. No
tienes ni un solo rastro, fotos, amistades, de tus vidas anteriores. ¿Existieron
realmente? Creo que tienes mucha imaginación, y en este domingo gris apenas dan
color a los ojos que han llegado hasta aquí. ¿Puedes dar color? Bueno, no sé
a qué te refieres con “dar color”. Que
seas capaz de provocar algo, una risa, una emoción, un sentimiento que nazca de
la lectura de tu texto. No tiene por qué nacer nada, ni si quiera sé por qué
hablé de los pendientes. Igualmente podría haber puesto al Omeprazol, o a las
tiritas de marca blanca que tengo a mi izquierda, o a la manzana que quedó ahí
situada desde que ayer la inmortalicé en el texto de Blancanieves. Pues por eso precisamente, es confuso que
aparezcan las joyas en este artículo, ¿no te parece? Es posible que por
alguna razón mi mente las haya situado en un lugar prioritario justo en el
instante en el que escribía el título. Un momento, acabo de averiguarlo, tras
unos segundos de concentración y de miradas inquisidoras, tratando de
escudriñar todo objeto que me rodea, por fin lo encontré. El pendiente: estuve
tocando el pendiente solitario momentos antes, ese que tiene un colgante de
cristal de Murano, que me regaló mi marido cuando aún no estábamos casados; me
preguntaba dónde estaba su pareja. Tal vez por esa razón también surgió el tema
de los matrimonios y de las suegras, porque mi suegra, vamos que entonces no lo
era, fue con mi novio a Italia, y me trajo estos pendientes, bueno, el otro
anda por ahí perdido, esperando reunirse con su igual para el resto de su vida.
Querida, creo que llevas ya muchas líneas
y todavía no has causado emoción alguna. La emoción solo se puede producir
si comparto algo íntimo, quiero decir una emoción propia. ¿Y si cuento que el
Omeprazol está ahí porque tengo un miedo grandísimo por un dolor extraño y que
durante semanas he pensado que ese dolor era causado por una grave enfermedad?
¿Y si hablo de la caja de cartas que rescaté de un baúl para ver si me decían
algo sobre mi salud pero no he tenido el valor de sacar ni una carta por miedo
a que me dijeran que el final estaba cerca? ¿Y si cuento que en ocasiones
siento que tengo frente a mí un verdadero y auténtico precipicio que no puedo
sortear y que hace que mi estómago se hunda por la fuerza del aire al caer
irremediablemente por la atracción gravitatoria? No es necesario que cuentes más. Pues ahora no me voy a callar, oh,
dios mío, todo no es negativo, no querida alma aplastada, empapada en leche y
rebozada en huevo, y finalmente receptora de una lluvia linda de azúcar con
canela. ¿Estás hablando de las tostadas
francesas que le has preparado a tu padre con todo el cariño del mundo en esta
mañana gris y otoñal? Sí, en efecto, cambiemos el alma por una rebanada de
pan de molde, y ahí la tendrás: una dulce y delicada tostada francesa para
chuparse los dedos y quitarse el amargor de las preocupaciones mundanas. Feliz
domingo, aprovechémoslo, aunque el lunes maravilloso de Mulero esté a la vuelta
de la esquina.
Isolina Cerdá Casado
No hay comentarios:
Publicar un comentario