domingo, 29 de septiembre de 2013

Joyas: Mi colaboración de los domingos en Héroes del pensamiento.

Domingo, un objeto de inspiración: joyas.



Cogí los pendientes, esos de oro blanco que no sé cómo llegaron hasta mi joyero. Pues claro que lo sabes, te los regaló tu suegra, la primera de las tres suegras que has tenido. Bueno, bien, ya sabemos que la memoria es selectiva y que por alguna razón había dejado aparcado en el baúl de los recuerdos a olvidar este episodio de mi vida. ¿Te estás refiriendo a tu primera boda o tiene que ver con esa joya en concreto? ¿Qué recuerdo es el que causa estragos en tu alma? Ninguno de los dos me altera, en serio, creo que está bien tener experiencias en tu haber, al fin y al cabo es la evidencia de que has vivido. Pues habiendo vivido tanto, no entiendo cómo es que cometiste el mismo error tres veces. ¿Estás hablando ahora de tener tres suegras, de haberme casado tres veces o de meter demasiado pronto en ese baúl experiencias que después, al tenerlas olvidadas, no te sirven para evitar caer en el mismo precipicio? En serio, creo que en el fondo te gusta tirarte desde las alturas, a sabiendas de que la caída no será grata. Quizá el resultado no sea una pierna rota, pero tu alma sufre. Bah, te equivocas nuevamente. Mi alma es un pájaro inquieto que busca un buen nido, en el que desarrollarse y sentir, querer volar es poco porque lo puede hacer, pero decidir iniciar un nuevo vuelo es despertar inquietudes ante las que no me puedo resistir. Y ahora hablemos en serio, ¿de verdad crees que sumar maridos es algo apasionante? Empezaste por los pendientes, pero tú nunca llevas joyas. No tienes ni un solo rastro, fotos, amistades, de tus vidas anteriores. ¿Existieron realmente? Creo que tienes mucha imaginación, y en este domingo gris apenas dan color a los ojos que han llegado hasta aquí. ¿Puedes dar color? Bueno, no sé a qué te refieres con “dar color”. Que seas capaz de provocar algo, una risa, una emoción, un sentimiento que nazca de la lectura de tu texto. No tiene por qué nacer nada, ni si quiera sé por qué hablé de los pendientes. Igualmente podría haber puesto al Omeprazol, o a las tiritas de marca blanca que tengo a mi izquierda, o a la manzana que quedó ahí situada desde que ayer la inmortalicé en el texto de Blancanieves. Pues por eso precisamente, es confuso que aparezcan las joyas en este artículo, ¿no te parece? Es posible que por alguna razón mi mente las haya situado en un lugar prioritario justo en el instante en el que escribía el título. Un momento, acabo de averiguarlo, tras unos segundos de concentración y de miradas inquisidoras, tratando de escudriñar todo objeto que me rodea, por fin lo encontré. El pendiente: estuve tocando el pendiente solitario momentos antes, ese que tiene un colgante de cristal de Murano, que me regaló mi marido cuando aún no estábamos casados; me preguntaba dónde estaba su pareja. Tal vez por esa razón también surgió el tema de los matrimonios y de las suegras, porque mi suegra, vamos que entonces no lo era, fue con mi novio a Italia, y me trajo estos pendientes, bueno, el otro anda por ahí perdido, esperando reunirse con su igual para el resto de su vida. Querida, creo que llevas ya muchas líneas y todavía no has causado emoción alguna. La emoción solo se puede producir si comparto algo íntimo, quiero decir una emoción propia. ¿Y si cuento que el Omeprazol está ahí porque tengo un miedo grandísimo por un dolor extraño y que durante semanas he pensado que ese dolor era causado por una grave enfermedad? ¿Y si hablo de la caja de cartas que rescaté de un baúl para ver si me decían algo sobre mi salud pero no he tenido el valor de sacar ni una carta por miedo a que me dijeran que el final estaba cerca? ¿Y si cuento que en ocasiones siento que tengo frente a mí un verdadero y auténtico precipicio que no puedo sortear y que hace que mi estómago se hunda por la fuerza del aire al caer irremediablemente por la atracción gravitatoria? No es necesario que cuentes más. Pues ahora no me voy a callar, oh, dios mío, todo no es negativo, no querida alma aplastada, empapada en leche y rebozada en huevo, y finalmente receptora de una lluvia linda de azúcar con canela. ¿Estás hablando de las tostadas francesas que le has preparado a tu padre con todo el cariño del mundo en esta mañana gris y otoñal? Sí, en efecto, cambiemos el alma por una rebanada de pan de molde, y ahí la tendrás: una dulce y delicada tostada francesa para chuparse los dedos y quitarse el amargor de las preocupaciones mundanas. Feliz domingo, aprovechémoslo, aunque el lunes maravilloso de Mulero esté a la vuelta de la esquina.


Isolina Cerdá Casado 

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