Qué más te dará a ti que te caigan del cielo estrellas rosadas. Y si te crees que no es bastante con los dolores del alma, entonces no te mereces una taza de chocolate caliente, hecho con cariño por la bruja hermana de la raptora de Hansel. Esa imagen de la niña temblorosa. No puedo quitármela de la cabeza. No estoy lista para abandonar los sueños. El arte es un estado del alma. Déjate de más mentiras, la vida no es un juego en el que hayan cientos de oportunidades, si entras en una puerta, ahí estarás, hasta que aparezca otra más bonita, pintada de azul, con flores rosas y grises. Todos lloraban, maldita sea, habíamos entrado en una de esas puertas que no tienen vuelta atrás. Tú eres una linda mujercita. Qué es lo que quieres para comer, y después, qué te prepararé para cenar, ¿hoy te apetece sexo? Déjate de chorradas, la gata herida sigue teniendo siete vidas, aunque sea gata y esté herida. ¿Qué va a ser de mí? Lo mismo que del caldo del cocido, por el desagüe, agriado, mutilado en mil sustancias asquerosamente putrefactas. Ve a tomar el aire que no estás demasiado bien, creo que se te ha fundido una bombilla, la que te da claridad y brillantez, ahora mismo estás a oscuras, y tienes quemazón en la tripa por los nervios y los derrames. Estás como la piel de naranja, con ese amargor anaranjado que se te queda en la boca, hasta que el zumo te lo borra de la memoria. La vida misma es así, amargura dulcificada con zumo de dulces cotidianidades. Estás más oxidada que un clavo enterrado en el suelo de la ciudad, en ese cachito de terreno libre de asfalto, más pequeño que el hueso de una aceituna. Donde las flores no nacen cada primavera, son plantadas por un funcionario jardinero al que le vienen muy bien unos euros temporales. La esencia de la naturaleza está corrompida. ¿Qué tonterías estás diciendo? ¿Has puesto el suavizante a la lavadora? Hazme el favor, levanta el trasero y ve a organizar este caos de vida que tienes. Empieza por lavarte la cara, verás el mundo de otra manera. Ese futuro borroso e incierto es provocado por una legaña gigantesca que tienes en tu ojo, está ahí, entorpeciéndote la mirada, llenándola de miedos amarillentos. ¿Qué tal persona era? Bueno, no la conocía, yo estoy aquí porque he visto mucha gente y me he dejado llevar por la masa. Pues en realidad era una magdalena muy esponjosa pero tenía un sabor amarguillo, como si le hubieran rallado una cantidad excesiva de limón, pero aún así, la gente se la engullía en menos de un minuto, a la pobre no le daban la posibilidad de endurecerse en el bote de los dulces, y cualquier amistad con los rollos de anís, terminaba rompiéndose porque no podía continuar sin su existencia. Tú no sabes a qué te estás enfrentando, no tienes ni idea de lo que significa que la luna llena llegue cada mes y te mire a los ojos, y te diga: ya está, prepara la maleta, ya has llegado a tu destino. Pero yo me lance con el tren en marcha, me tiré sobre un camión lleno de fresas, la caída fue suave pero yo sigo roja como un tomate, sabiendo que ella volverá a recordármelo cada mes. Tu tiempo se acaba, el billete no da para más. Iré a donde tenga que ir, pero conseguiré que mi billete llegue a más estaciones. Me voy a freír unos pimientos, justo lo que me importa ahora mismo la validez de mi billete. Putos recortes.
Isolina Cerdá Casado
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