domingo, 25 de agosto de 2013

Mi colaboración de los domingos en Héroes del pensamiento: Restos...

Domingo, un objeto de inspiración:  Restos.


    Bueno, a ver, me siento contenta, he de confesarlo porque en muchas ocasiones no me siento así, de modo que es importante destacar el lado positivo, cuando lo hay. La sensación optimista que me ha embargado ha llegado hasta mí justo cuando he decidido inmortalizar el final del desayuno, mientras andaba preguntándome sobre qué iba a escribir, me di cuenta de que el tomate me miraba de forma extraña, apenas quedaban unos gramos de mantequilla y los restos del café con leche habían perdido toda su calidez, vamos que estaba frío de narices. El cuchillo de untar me preguntaba si lo iba a depositar en el lavavajillas y el plato de las tostadas se quería ir con su amigo alargado a que le sacaran esos restos incómodos de migas. ¿Cómo era posible que esa pequeña escena cotidiana produjera en mí tal sensación positiva? ¿A caso tenía que ver con el hecho de que mi alma se sentía así y sólo necesitaba una pequeña puerta a la que asirse para asentarse en mi conciencia? Entonces me di cuenta de que sí, de que mi estado positivo era previo, de que la gota que lo estaba haciendo rebosar era esa pulpa de tomate estrujada y esas manchas de mantequilla y mermelada en un cuchillo con buen tipo. Pero había más, claro que había más, se trataba de la sensación de libertad, yo era libre, libre de poder escribir sobre lo que me diera la gana, la creatividad no estaba sujeta a direcciones, ni itinerarios forzosos, podía inspirarme hasta en un resto de tostada miguera, o unas gotas de café con leche frío. Entonces volví a coger la cámara, la cámara abandonada, la pobre cámara que tantas escenas de aparentes cotidianidades insignificantes había inmortalizado, y lancé la foto, capturé al cuchillo y al tomate justo antes de que acabaran en el lavavajillas y en el cubo de la basura respectivamente. Pero, ¿a santo de qué me tenía que sentir así por una libertad que siempre he tenido? Pues muy claro, esta semana tuve un impulso, quise escribir por dinero, y respondí a una oferta de trabajo para redactores. “Sí, querido, ya verás qué bien, voy a poder trabajar de lo que me gusta. Escribiré mis artículos y comenzaré a ganar dinero, por poco que sea, qué más da”. Entonces me respondieron al correo, era la segunda vez que me metía en un berenjenal de esta categoría narrativa. Me pagarían poquísimo, una ridiculez. No me importaba, al fin y al cabo yo tenía imaginación y creatividad, podría ponerme a escribir sobre lo que me dijeran, eran trescientas palabras, eso no era nada, eso lo podía escribir yo mirando cómo el viento balancea el extremo de la cortina de la ventana de mi cocina. “Sí, cariño, ya lo sabes, a mí no me cuesta nada escribir”. Él, mi marido, se mostraba claramente en contra, no veía nada positivo en esa oferta de trabajo: “¡Treinta míseros céntimos! Para qué vas a hacer eso, tirar tu trabajo, infravalorar tu creatividad, que les den dos duros, no tienes por qué ser la negra de nadie. ¿Y si te pago yo? ¿Es lo que quieres? Escribe pero no para estos negreros sino para ti.” Total, que de nada sirvieron los consejos de mi marido, yo dije que sí, me ofrezco, contad conmigo. ¿Pero qué era lo que yo imaginaba? ¿Acaso creía que me iban a pedir que escribiera sobre cortinas y váteres? ¿Pensaba que iba a ser así de simple? No, no lo fue, me respondieron con posibles trabajos para redactores: telefonía móvil, vídeos didácticos, críticas de películas, etc. Eso era lo que tenían por el momento porque el hombre que manejaba los hilos se había tomado unas pequeñas vacaciones, pero que ya me mandarían más trabajos. ¿O sea que me tenía que poner a investigar cómo funcionaban los últimos modelos de telefonía móvil, tenía que estar a la última en cine actual y cine clásico y escribir artículos sobre esos temas en los que no soy especialista, todo por treinta céntimos, cincuenta si añadía imágenes? Y si yo tuviera una relación estupenda con las últimas tecnologías, pues bueno, a lo mejor hasta aprendía pero es que a mí me tienen que ayudar a manejar el wassap, que como lo cojo por wifi pues tengo que configurarlo para que me vaya funcionando, en fin que un desastre, que sí que yo puedo escribir sobre ese vaso transparente lleno de agua que me invita a darme un baño, cojo las neuronas y las suelto dentro, nadan y nadan, y luego las vuelvo a colocar en el circuito neuronal y ya refrescadas y con la piel de gallina son capaces de pensar con cordura, pero de ahí a escribir sobre telefonía de última generación pues hay una distancia de miles y miles de kilómetros que yo soy capaz de hacer con una escoba pero no con un vehículo de lo más normalito, que ni vuela ni nada.
    En fin, a ver, veamos, ochocientas veintiséis palabras más una imagen, muy simple eso sí, a treinta céntimos por cada trescientas palabras son setenta y cinco céntimos, más veinte céntimos por la fotito hacen un total de noventa y cinco céntimos. “Su artículo dominguero vale ese dinero, pero tenemos que descontarle cuarenta y cinco céntimos de comisión por gasto energético en la producción y gestión de su trabajo. Enhorabuena, acaba de ganar cincuenta céntimos, puede usted ir a comprarse una barra de pan, ah no, que ha subido, vale sesenta céntimos la barra, pues compre pan de molde que es más barato y le dura más tiempo.”
    En fin…, no, en principio. En principio seamos felices, que no nos machaquen, que somos muy válidos, que hay quien se las ingenia para crear una bombilla prácticamente de la nada, nos lo contó Carmen. Actitud positiva, siempre nos quedarán pulpas de tomate sobre las que escribir y cortinas en las que inspirarse. ¡Feliz domingo a todos!


Isolina Cerdá Casado

sábado, 17 de agosto de 2013

Mi colaboración de los domingos en Héroes del pensamiento: Gafas mágicas.

Domingo, un objeto de inspiración: gafas mágicas.

    Ay, no puedo más, necesito cambiar el punto de vista o más bien filtrar la realidad que llega hasta mí, no quiero sentir angustia, ni preocupación, ni agobios varios, tampoco quiero convertirme en un ser asocial ni patológicamente insensible, pero estar en el otro lado no es agradable. Así que he decidido comprar unas gafas mágicas con una lente ultrasónica que difumine la realidad de tal modo que su percepción sea mucho más suave y agradable. Pongamos por caso que hay un problema que me causa malestar, activo la lente y automáticamente siento un cosquilleo en las axilas, muy distinto del que pudiera producir el previo untamiento de cera mantequillosa, liberadora de antiestéticos pelos que hacen eructar efluvios insolentemente insoportables.
    No puedo más, es así, bombas aquí, muertos allá, incendios, calor, enfermedades, enfados, discusiones, políticos costrosos, esperanzas aplastadas e informes, y en medio de todo ello el delicioso bizcocho gallego que me acabo de zampar. ¡Dónde narices habré puesto las dichosas gafas! Son grandes, azules como el mar y el cielo sin nubes grises, redondas como una gran tarta de chocolate, lúcidas como la señora Basilisa en sus buenos tiempos. Necesito que alguien me cambie el punto de vista, necesito que me saquen a bailar los monstruos desafiantes, quiero pisarles los dedos de los pies.
     ¿Te acuerdas cuando íbamos a bailar a la discoteca, Luisito? Era todo tan distinto entonces. Ya sé que no viene a cuento chico, máxime sabiendo que tú y yo no llegamos a ser novios, pero me gustabas, no puedo negarlo, y ahora ya ves, tú casado y yo también, pero cada uno con una pareja que ni eres tú ni soy yo. ¡Si te hubieras atrevido! Tenías que haberme pedido de salir, te hubiera dicho que sí, aunque es verdad que cambiaste mucho, yo también, sí, pero tú más. A mí no me ha salido ni una cana, te fastidias, haber dado el paso. Pero es cierto que la vida da tantas vueltas, que ya ando mareada, sí, te lo reconozco, estoy mareadísima. Ahora estoy aquí, pero quién sabe dónde estaré mañana. Tengo hijos, ¿sabes Luisito? Se me dio bien, bueno, hasta que llegamos a conseguirlo, manda narices la de veces que lo tuvimos que hacer, y sé que me estoy yendo nuevamente, pero qué más da, si la vida son cuatro días, y dos de esos cuatro te los pasas durmiendo y los otros dos pensando lo que harías el quinto día si lo hubiera, que en ocasiones ni llega a cuatro, mira lo que le pasó a Josefita. ¿Te acuerdas? ¿No sabías nada? Ay, muy triste, acabó fatal, murió. Así, de golpe, fue por un golpe, en accidente, horrible. Yo cada vez estoy más convencida de que tú y yo teníamos que haberlo probado, juntos, salir y eso. Pero no me atreví Luisito, y tú es que también te ponías muy tonto, que es lo de menos, si yo hubiera sido como la Petra la cosa hubiera sido distinta. Válgame que ahora me voy a sentir culpable, ya con hijos y pensando en ti. Si es que cuando te cruzas y sientes algo, has de chocarte, para ver qué pasa. Quién sabe, de habernos chocado,  a lo mejor yo ahora  tenía más canas y tú menos barriga, qué se yo. Quién sabe eso. La Petra, esa sí que sabía Luisito, que se llevó al Carlos al huerto y ahí que se tuvo que casar con ella, y al final el barrigón le costó un piso y un mercedes, después del divorcio, porque se divorciaron, y después el Carlos fue a parar con la que tenía que parar, la Juani, ¿te acuerdas de los líos que se traía con el Paquito? Pues nada, ahí se quedó soltera, esperando al Carlos, y al final se casó con él, pero el piso y el mercedes se lo quedó la otra, la Petra, si es que esa sí que era lista Luisito. Ella se ponía sus gafas ultrasónicas y ya podía llover como si cayeran pedruscos del suelo, yo fíjate, Luisito, que a mí siempre me dio por pensar que esas gafas eran muy raras, no sé, siempre estaba feliz, parecía como si pudiera ver  el mundo de otro color, no sé, distinto al nuestro. Pues no te vayas a pensar, que yo estaba convencida de verdad, llegué a ir a la óptica y todo, pero me dijeron que no tenían más ejemplares. Ay, Luisito, Luisito, si yo me hubiera puesto esas gafas entonces, hubiera metido a la vergüenza en un barco y la hubiera mandado a cruzar el océano atlántico; y ya sin vergüenza, vamos hombre, te hubiera llevado al huerto, que sí, visto con el tiempo y la perspectiva vital que me dan los años y las nuevas gafas que me he comprado, al final las conseguí,  pues ya te digo yo que sí, así que Luisito, ponte el Facebook, y no tengas problema, que sé que te has quedado viudo, y yo estoy bien con mi Ernesto, la verdad, pero me gustaría tenerte como amigo del Facebook, así que si te llega una solicitud tú acéptala, que son cuatro días chico, y ya casi llevamos los cuatro andados, tu imagínate que el quinto no nos toca, vamos a chocarnos hombre, vamos a chocarnos. Que ya te digo yo que mi Ernesto lo comprende todo, y si se pone tonto, le compro a él otras gafas para que vea las cosas desde otra perspectiva, al fin y al cabo para qué tanto sufrir si al final vamos a acabar todos como la Petra, jodidos,  pero sin el piso ni el mercedes.
    Pues yo quiero mis gafas ultrasónicas, pero no para encontrarme con el Luisito en el Facebook sin sentido de culpa, no, yo quiero que el mundo entero me parezca un Luisito, deseable hasta con barriguilla, quiero sentirme feliz como la Petra, pero no necesito ni una barriga, ni un piso, ni un mercedes, me conformo con una sonrisa auténtica cada día, como la que me devuelve el espejo en esta mañana de domingo en la que las musas me han visitado en forma de recuerdo maravilloso de esa estrella fugaz que el firmamento me regaló la noche de san Lorenzo, hacía años que no veía una y lo estaba deseando tanto como esa mujer que se quedó sin chocar con el Luisito. Yo choqué con el cielo estrellado aquella noche. Feliz domingo a todos y que tengáis ocasión de chocar con algo que os importe.


Isolina Cerdá Casado

domingo, 11 de agosto de 2013

Mi colaboración de los domingos en Héroes del pensamiento: pintalabios

Domingo, un objeto de inspiración: pintalabios.

     Bueno, ya está, ya está, ale, venga, ponte a escribir, aunque sea sábado, sabes que mañana ce ne sera pas possible. Porque estarás haciendo maletas estresada para irte nuevamente de viaje. Y no te queda otra, tienes que seguir escribiendo porque algo está ardiendo en tu interior, llámalo equis, llámalo y, o llámalo filete asado. Tu mundo no puede detenerse porque hayas dejado de pintarte los labios con carmín rojo. Hija, por dios, mírate, si apenas prestas atención a tus llamadas, algo está cambiando pequeña bruja estresada, algo está tiñendo de esperanza tu corazón, y todo acaba encajando, todo.
    Hace un sol increíble, sol veraniego, estoy tomando mi café con tostadas, a estas horas 11:32 horas, trato de acabar el texto que inicié ayer pensando que no iba a tener tiempo de publicar, el sentido de culpa sigue sin dejarme tranquila en verano, mañana salimos de viaje, a tierras norteñas, y esta noche ha sido terrible, he vuelto a sufrir el insomnio indomable, a las tres de la mañana estuve a punto de levantarme a escribir el artículo. Dándole vueltas a todo, que si por qué tengo que escribirlo todo, que si por qué no tengo trabajo, que si por qué narices he leído tantos libros y estudiado dos carreras y sigo con el mismo interés de seguir leyendo y aprendiendo, y que para qué esto, y que si qué sentido tiene todo, y ahí llegué, al sentido. En esas largas horas de insomnio sofocado, retomé otro libro, andaba leyendo con el pesado tomo de Ana Karenina de Tolstoi cuando tuve el impulso de ir a buscar a mi pequeña biblioteca el libro de Viktor E. Frankl, “Teoría y terapia de las neurosis”, y volví a ver esa palabra tan importante, el sentido, es importante que encontremos el sentido de todo lo que hacemos para que no perdamos el interés por la vida. Como decía Nietzche: “Sólo el que sepa por qué vivir será capaz de soportar casi todas las condiciones de la vida”.  Frankl hace una introducción a la llamada logoterapia y al análisis existencial, yo llegué a este libro hace muchos años, cuando ya mi mente me turbaba y sentía el impulso de saber más sobre ella. Así fue como en medio de las dos carreras estudié el primer ciclo de Psicología por la UNED. En este libro encontré cosas interesantes, que me aliviaron momentáneamente, tales como que “la angustia es el vértigo de la libertad”, o ante mi excesivo sentido de culpabilidad, “solo un ser que es responsable se puede llegar a sentir culpable”. Pero también aparecían cosas como que “la simple reflexión es la enfermedad mental más peligrosa”, según Schelling. Y según éste último, yo estoy enferma perdida, volando por el cielo, saludando a las estrellas, mirando desde arriba un mundo que me supera, ¿el valor cultural es el que da sentido a mi vida? Es posible, es seguro.
    Venga, venga, venga, te estás yendo guapa, te estás yendo, y no estoy hablando de que te estás yendo a Galicia, sino que estás bordeando el sentido del artículo dominguero, y el sentido de tu vida, que por cierto no sé a santo de qué tienes que traer aquí, desnudándote, ¿es que acaso eres una actriz porno frustrada que trata de realizar su verdadera pasión a través de la palabra escrita? Mira, mira, no, no, no, no me hagas sentir más culpa de la que arrastro.
    Basta, basta ya de tantas angustias, sí, lo reconozco, soy actriz porno, estuve interviniendo en la película “Almas neuróticas enrevesadas”, y en la cueva oscura en la que se rodó la tercera secuencia, en esa que no se veía nada de nada, estaba yo, la recatada controladora, exigí tan poca luz que no se me vio, así que nadie se cree que yo era esa actriz que hacía gritar a ese bestia negruzco de grandes trompas…
    Escucha, escucha, no tienes que llegar a esto para ganar audiencia, en serio, tu escribe tranquila tu artículo pero no es necesario que te quites el sostén, de veras, guapa, aquí estamos para otros menesteres,  no sé, puedes escribir de váteres, de lavadoras, de sombreros, no sé tantas cosas, de felpudos, no, no, de felpudos mejor no.
    Lo sé, siempre me han dado carta blanca, pero es que tengo tanto calor que no se me ocurre otra cosa más interesante o inspirador que sacarme ropa.
    Bien, bien, hazlo, pero no hace falta que lo escribas, tú si quieres, puedes escribir desnudita, pero no lo cuentes.
    Bueno, ya escribo desnuda, eso no es algo novedoso.
    Bueno, bueno, y si te despides ya, eh, que mañana te vas de viaje y tendrás que preparar maletas, eh. Ale, hasta el domingo que viene, guapa.
    Ay, pues vale, ya me despido pues, tengo unos calores conmigo que…¡Feliz verano a todos!


Isolina Cerdá Casado

martes, 6 de agosto de 2013

En la oscuridad de la noche nuestros cuerpos estaban unidos... In the darkness of the night our bodies were together...

        In the darkness of the night our bodies were together, they were a single body, the moon was allied with our desire and the stars shone brighter than usual. The sound of a cry in the night rocked off to dreams. You sang me with caresses that ran hidden corners of my body. I whispered to love songs rendered. I am a woman rendered to you, your love surrounds me, I feel like you're my second skin and I have you close to me all night, with the nod of the moon. And if at any time I felt fear before the world, tonight I have become strong as an oak that resists the looming rain storm thanks to a sincere love.

     En la oscuridad de la noche nuestros cuerpos estaban unidos, eran un solo cuerpo, la luna se alió con nuestro deseo y las estrellas brillaban con más luz que de costumbre. El rumor de un llanto apagado mecía en la noche a los sueños. Tú me cantabas con caricias que recorrían rincones ocultos de mi cuerpo. Yo te susurraba al oído canciones de amor rendido. Soy una mujer rendida ante ti, tu amor me envuelve, te siento como si fueras mi segunda piel y quiero tenerte pegado a mí toda la noche, con el guiño de la luna. Y si en algún momento sentí miedo ante el mundo, esta noche me he vuelto fuerte como un roble que resiste ante la amenazadora tormenta gracias a una lluvia de amor sincero.

Isolina Cerdá Casado


"You're still the one", aunque hubo algunos elfos más...

    Tantas veces he escrito sobre lo mismo, doy mil vueltas para llegar al mismo punto, pero por más que escribo y escribo nunca siento que lo he escrito todo. Dependo tanto del impulso interior, que no soy libre para crear, en el fondo tengo que tener ganas de desnudarme para poder escribir algo que merezca la pena.
    Coges un abanico, lo mueves con arte y buen hacer, y a la vez que disfrutas de ese aire naturalmente fresco eres consciente de que unos metros más allá, alguien está expirando, y sabes cómo es ese instante, estuviste al lado de tu madre cuando pasó. ¿Es acaso el exceso de consciencia o de empatía lo que te obliga a pensar en eso que está ocurriendo unos metros o kilómetros en línea recta atravesando paredes, carreteras o parques? ¿Ese peso no te deja disfrutar del aire libre de tu abanico? Disfruta, en ocasiones no somos conscientes de que apenas queda tiempo. El tiempo pasa volando acompañando a una paloma blanca. El tiempo se ríe de ti porque tú no sabes medirlo, porque mientras te quedas llorando en la acera no cruzas el río, no ves los miles de peces que nadan libres dejándose llevar o luchando contra corriente. Tú te apagas, te pones el semáforo en rojo, y lo dejas ahí, en lugar de desnudarte de todas las ataduras que no te dejan moverte, eres tú tu propia cárcel, eres tú la que no mueve las piernas y camina. Te crees que lo difícil es llorar, sentada en una hamaca, pero no, lo difícil es no llorar y caminar, y mandar a la hamaca de vacaciones a Burgos.

    Un lejano día de verano tuve un encuentro amoroso con un Elfo, me dijo que yo era demasiado blanca, demasiado alta, demasiado sonriente, demasiado bella, demasiado dulce, demasiado llorona; era demasiado para seguir amándome hasta el final de los tiempos. De todos los demasiados que me echó en cara, el que más me molestó fue el de llorona, así que cogí el pañuelo lleno de mocos y se lo lancé con todas mis fuerzas a la cara. Se quedó con mis mocos de por vida, yo seguí siendo demasiado todo lo demás, y no volví a perder el tiempo llorando por absurdeces, solo lloro cuando no tengo nada mejor que hacer, o cuando no me queda más remedio. Ese Elfo no solo era tonto sino que también era aburrido, por eso yo lloraba tanto. Ahora, en lugar de llorar intento escribir, esa es la razón por la que mis textos están llenos de dolor  y algún que otro moco pegado, porque no tengo tiempo para aburrirme y sin embargo siento ganas de llorar en medio de los días atareados. Se me va el tiempo, hasta cuando estoy de vacaciones. Pues que se vaya, qué más da. Has de vivir, ahora mismo, vete, vete a darte un baño a la salud del tiempo y a tu salud. Qué vida esta.

    "Looks like we made it
    Look how far we've come, my baby."

Isolina Cerdá Casado


Insomnio.

    Estoy sufriendo insomnio, por el café de las siete de la tarde al que no quise renunciar, soy muy fácil de tentar en lo referente a líquidos excitantes. Estaba ya en la cama, intentando dormir; son más de las dos de la madrugada, la casa está plagada de respiraciones relajadas de la gente que duerme: mi marido, mi padre, mis hijos, la ninfa. Y yo, también estaba en la cama con esa energía espabilada que me proporcionaba el insomnio incómodo, molesto, porque además de no dormir me venían a la cabeza pensamientos negativos, dolorosos, aterradores.
    "Estás de vacaciones, estás de vacaciones..." Me repetía una y otra vez. Pero estaba en un momento de vulnerabilidad, expuesta a las garras del miedo, y me atrapaba, y me ahogaba con mi propio temor. Entonces pensé que a pesar de las horas podía encender la luz y cambiar el punto de vista de la mente, podría leer algo, pero cuando ese pensamiento horroroso me vino a la cabeza y me dio un tortazo con su negatividad decidí levantarme, coger un bolígrafo y escribir casi a tientas a los pies de la cama y de mi hija, con la que compartía la cama.
    La imagen aterradora era la siguiente: Estaba sentada en la terraza del restaurante de unos amigos. Mis hijos jugaban tranquilos. Esa terraza da a la carretera general Orense-Carballino. Al otro lado de la carretera hay un espeso bosque de carvallos. Entonces, en un momento, observo como mi hija, fascinada por algo que ha descubierto en ese bosque se dirige hacia él, sin ver que en medio hay una peligrosa carretera por la que con frecuencia pasaban coches y camiones a gran velocidad, actualmente han hecho una autovía que ha desviado mucho tráfico. Entonces yo empiezo a gritar con toda la potencia que puede emitir mi garganta, pero la niña sigue caminando hacia la peligrosa carretera. Yo grito más fuerte, mis amigos y mi marido también gritan. Se dan cuenta de que yo corro tanto como puedo tratando de detenerla con mis brazos puesto que parece que la niña no es capaz de oír nada. Se acerca peligrosamente a la carretera, un camión de gran tonelaje se aproxima a toda velocidad y comienza a pitar con fuerza, pero ese maldito bosque la llama, le grita más fuerte, la atrae hacia sí consciente del peligro. No hay marcha atrás, mi hija ha pisado el borde de la carretera, el camión se acerca con velocidad a pesar de que los frenos están actuando. Y entonces lo veo. Van a ser testigos de la mayor de mis desgracias. Mi hija va a morir y yo voy a ver su muerte, y mis amigos además de ver esa imagen terrible, van a ver cómo se destroza mi vida en un instante, y varias vidas, y todo dejará de tener sentido.
    Pero, en mi conciencia despierta, en el insomnio iluminado con la luz tenue de la lamparilla, yo soy capaz de ver otro final.
     Ese camión de gran tonelaje, justo antes de ver a la niña, tuvo un reventón de ruedas, eso hizo que una cadena de acontecimientos ocurrieran: un tubo gigante se desprendió y fue rodando a caer al parque en el que estaban jugando mis hijos minutos antes, pero gracias a que ella había comenzado a caminar hacia la luz, mi hijo subió a la terraza pidiendo ir al baño, y ambos se salvaron de verse aplastados por un tubo de gran tonelaje.
    No, claro que no ha pasado nada de eso, en realidad todo ha sido un miedo desarrollado en la penumbra de la noche, ese miedo que descartas estando bien pero que en pleno insomnio agobiante es capaz de acecharte y terminar con tu tranquilidad.

    Aún así, nunca puedes tener la certeza de que un niño no va a hacer algo o de que va a actuar de una manera concreta. Siempre hay que estar prevenido por si el bosque le llama o una rueda revienta.

jueves, 25 de julio de 2013

Accidente.

    Querida mujer, olvídate de todas las penas que arrastras, vuela feliz, ya ha llegado tu momento, eres un ángel que deambula sin ser visto por aquellos hogares en los que tus familiares lloran tu ausencia. Sabes que no puedes intervenir, que no hay nada que hacer, solo te es posible acercarte con el alma y que ellos perciban que no están solos.
    Porque no están solos, ellos lo intuyen, miran al cielo, identifican una estrella con ese ser querido que se fue con el tiempo, en ese segundo que dejó de respirar, el corazón dijo basta y toda esa masa corporal se convirtió en el resto de su paso por la tierra, la huella temporal. La huella permanente queda dentro de cada una de las personas que amaban a ese ser, y hasta que todo desaparezca ellos seguirán estando ahí, en un rinconcito del alma terrenal.
    Ellos deben saber que no están solos, el recuerdo de un abrazo es un síntoma, la lágrima que sale sola de una mirada triste es la expresión de que hay una pulsión de vida; aunque todo parezca una pesadilla, en el fondo hay una pena guardada que siempre estará ahí, pero se irá transformando, y la energía dolorosa se irá convirtiendo en resignación inmersa en añoranza.
    No temas, ellos están contigo, la pena puede ser tan grande que todo se nubla hasta intensidades mortales.
    Hoy estás enlutada. Tienes la oscuridad instalada en tu mirada. Tal vez por ese accidente que se ha cobrado la vida de setenta y siete personas, en las inmediaciones de Santiago de Compostela, gente que iba a un lugar, con una función, con un sueño. Gente a la que esperaba otra gente. Es así de triste, es así de brutal, la vida puede ser tan dolorosa como intensa. Tal vez por un fallo técnico, tal vez por un exceso de velocidad atribuido a un error humano, la cuestión es que esas almas no hicieron nada para que su vida terminara así, tan solo se subieron a un tren. Mi solidaridad con las familias, mucha fuerza en estos dolorosos momentos.

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 24 de julio de 2013

Miedo. Tensa calma.

    A ver, ¿qué te pasa?
    Nada, no me pasa nada.
     No me puedes engañar, niña, sé que te pasa algo.
    Que la vida es una mierda, ya está, eso es lo que querías saber.
    Pero, ¿a qué viene eso ahora chica?
    Ayer, estando en la piscina, bajó una amiga acompañando a su hijo y a un amigo de éste, estaba muy inquieta por el bienestar del amigo de su hijo, le preguntaba constantemente si estaba a gusto, si quería subir, etc. En un momento me dijo que es que tenía que estar muy pendiente de él porque su madre, amiga de ella, había muerto hacía una semana y que su padre se lo había dejado hoy a ella. Tenía 42 años, siete años de lucha contra el cáncer. Me faltó preguntar cómo se dio cuenta de que tenía cáncer, es que yo soy una hipocondríaca y ...
    Estas cosas pasan, hija, qué le vamos a hacer.
    Ya, lo sé, pero es que hoy ha fallecido la tía de mi cuñada, también de cáncer, hasta hace unos meses no sabía que estaba gravemente enferma, y tenía una vida, y de pronto todo se ha ido al garete, y te das cuenta de que eso mismo te puede pasar a ti, y entonces piensas en tus hijos, joder, que no estás sola, que eres importante, que tienes un objetivo claro en esta vida y es cuidar de ellos, vale también me gustaría escribir un libro y trabajar como actriz en algún teatro, pero esto último es lo de menos, lo de más es no poder estar atenta ante las penas de mis hijos, para enjugar sus lágrimas, para abrazar sus penas y convertirlas en alegrías. Yo soy su hada madrina, como tantas madres cuyo deseo no ha primado ante algo tan drástico como la muerte.
    Bueno, tienes todo el derecho a estar preocupada pero no resuelves nada llorando por lo que no ha sucedido, dejándote arrastrar por las desgracias ajenas haciendo propia una tristeza que no te corresponde.
    Pero, ¿y si...? ¿quién...? ¿cómo...? ¿de qué manera...?
    Sabes que si te pasa algo, su padre estará ahí, y sus tíos, y sus abuelos, y sus primos, y sus amigos, ... Ellos son el quién, el cómo lo harán, de qué manera encontrarán consuelo, simplemente lo harán, la vida es así, multicolorida, multifuncional, un laberinto de oportunidades que sabrán recorrer y encontrar, como todos lo acabamos haciendo.
    Sí, lo sé, pero es que a la amiga de Agus en menos de dos años la vida le ha dado un vuelco tremendo, su madre cayó gravemente enferma, perdió unos cuarenta kilos por la enfermedad, cáncer de estómago; murió su padre el año anterior, de un infarto; su abuelo murió hace dos semanas; y hace dos días al hermano de su amiga le dio un derrame cerebral y está muy grave, respirando gracias a una máquina y con un trozo menos de masa cerebral para impedir que se siga extendiendo el derrame.
    Sí, claro, pero también ha nacido el hijo de los duques de Cambridge, al igual que otros muchos bebés, y la vida sigue, por más que tú te estés empeñando en ver el vaso medio vacío y a punto de volcarse sobre la mesa. Así que, cambia la visión de una vez, el punto de vista o como lo quieras llamar y baila por dios, baila y canta agradecida porque a día de hoy eres afortunada.
    Lo sé, me acabo de tomar un café con leche con un croissant y me ha sentado muy bien, mis hijos están jugando tranquilos, tenemos un nuevo miembro en la familia, un loro muy bueno que confía en nosotros y se apoya en nuestros brazos, y los agapornis se dan besitos de amor a la vez que se pasan pipas el uno al otro. Así que tranquila, debo estar tranquila y disfrutar de esta calma, he sufrido muchas veces la fuerza de la tormenta, tal vez por eso sé que la calma es tensa y transitoria, en cualquier momento se rompe.

Isolina Cerdá Casado  

domingo, 21 de julio de 2013

Mi colaboración de los domingos en Héroes del pensamiento: Caca de paloma en la mesa de la terraza. Mis matrimonios...

Domingo, un objeto de inspiración:  Caca de paloma en la mesa de la terraza.

    Estaba sentada en la terraza, miraba hacia el vacío, no tenía claro sobre qué iba a escribir. De pronto una lluvia de cacas de paloma cubrieron mi cabeza con un manto blanco, haciéndome volver a la realidad y darme cuenta de que las cosas no están claras, que el tiempo pasa demasiado deprisa, de que cuando te quieres dar cuenta la botella de vino tinto con la que brindabas y alejabas a tus miedos no tiene ni una gotita de líquido carmesí, solo quedan copas vacías volcadas sobre un mantel de flores rosas. Tus hijos han crecido, tu marido se ha ido a pescar, y estás sola con un paño amarillo y un váter que te persigue pidiendo más atención. Decides volver a casarte, es lo que tiene la vida, nunca se acaban las oportunidades de pulsar el botón de reiniciar, y entonces cuando te estás tomando el trozo de la tarta sobre la que se dan un beso inocente dos novios, tarta llena de crema y nata descubres que mezclado entre las capas de hojaldre se oculta una hormiga y una pinza de depilar, y por más que quieras ignorar lo que ha podido ocasionar dicho descubrimiento: tema de descansos productivos de la repostera ultimándose en la preparación de su rostro para un encuentro amoroso, o la imposibilidad de acabar con todas las hormigas de la pastelería. Por más que trates de disfrutar del momento tarta de los recién casados, esa descomposición repentina que te entra te lleva al baño del restaurante donde decidisteis celebrar el casamiento, y allí, dentro de un escaso metro cuadrado escuchas retozar a dos personas, te ríes al principio, te hace gracia esa diversión de terceros, pero no te hace tanta gracia cuando reconoces los zapatos de tu recientemente nombrado marido, dándote cuenta de que ese descubrimiento es el inicio de tu tercera boda. Así que te vas a dar un paseo por el parque, porque necesitas ver una rosa con espinas, y cuando te plantas frente a ella observas que el jardinero te está mirando con cara extrañamente deseosa, y tienes la certeza de que ese será tu tercer marido. Pero cuando ya estás conviviendo con este hombre de uniforme verde, en una de tus visitas al médico los informes de organismos alergénicos te hacen ver que eres alérgica a los jardineros, concretamente a una sustancia que emiten los poros de su piel por el calor, y ante ese hecho y la imposibilidad de asumir los costes tremendos de tener permanentemente un aparato de aire acondicionado encendido en casa, te replanteas la vida y decides irte de vacaciones a Marbella y casarte con un millonario de ciento veinte años, teniendo la certeza de antemano de que tú vas a vivir más que él. ¿Pero qué sucede? Pues que la vida nuevamente te sorprende, y el cuarto marido no estira la pata, eso hace que con su dinero te veas obligada a operarte y a quitarte esos quince años que le has entregado al anciano millonario, y justo cuando has terminado de insertar bajo la piel cuarto de kilo de botox, te divorcias, y el jodido se muere. Así que no queriéndote arriesgar más con un quinto matrimonio, te haces marinera, y empiezas a vivir entre aguas azules y peces grises, pero como siendo marinera te ves obligada a comer pescado demasiado a menudo te das cuenta de que eso no es lo tuyo. Así que vuelves a las andadas, te casas por quinta vez y en la terraza de tu piso de Leganés empiezas a escribir el libro de tu vida, te haces escritora, tu nuevo marido está muy contento de tener a una mujer que escribe cuentos, aunque jamás haya leído ninguno de ellos. De pronto tienes un antojo, lo llamas por teléfono, le dices que si te puede comprar un croissant, y de forma increíble te manda una foto por el wasshap del croissant que ya te ha comprado antes de que tú le dijeras que te apetecía. Esa felicidad inmensa que te produce el hecho de que se hayan adelantado a tus deseos y te los hayan ofrecido en bandeja de plástico transparente te hace reconocer que todo ha merecido la pena: finalmente has conseguido un buen marido, una persona que te quiere, y decides que es mejor que no conozca tus andaduras matrimoniales no vaya a ser que deje de regalarte croissants recién hechos.
    Y así, casi sin darte cuenta, has escrito tu artículo del domingo, te sientes feliz, e increíblemente sorprendida de haber tenido un marido con más de cien años, un jardinero de uniforme verde y de haber viajado en un barco pintado de azul y naranja por mares increíbles. Pues eso, que feliz domingo caluroso a todos, en Madrid tiene pinta de que frío no va a hacer.

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 17 de julio de 2013

Fumadora

   


-Hola, ¿qué tal?
    - Hola, pasa, pasa. Ay, no sabes cómo estoy, fatal, fatal. He ido al médico el médico de medicina interna me ha dicho que tengo que dejar de fumar. ¿Dónde narices habré puesto el cenicero? Mira que yo lo tengo todo lleno de ceniceros, pero no hay manera de encontrar uno cuando lo buscas desesperadamente. Pues eso es lo que me ha dicho. ¿Tú te crees? Como si fuera tan fácil, además que no me lo planteo si quiera, no me imagino sin fumar, para nada, tengo ese impulso desde que pongo un pie fuera de la cama, y tú sabes que no puedo, pero si cuando estaba embarazada me dijeron que era mejor que siguiera fumando, y todo porque el estrés que me iba a provocar el mono del tabaco podría hacer que mi bebé naciera histérico perdido, así que ya ves, seguro que soy una de las pocas mujeres a las que le han dado un consejo como ese estando en estado de buena esperanza. No creo que el hecho de que mi hija con sus veinte años fume tanto como yo esté directamente determinado por ese momento de gestación en el que compartimos algo tan especial como el humo del tabaco, muy dañino para algunos, es cierto. Según el especialista tengo los pulmones hechos un cristo, de mal que están los pobres. Espera que abro la ventana para que entre el fresco así el humo se va por ahí, a tomar viento, jejeje. Pues sí, que si no dejo de liarme tabaco, sabes que lo lío porque no tengo un duro, y es la única manera de poder seguir con este hábito tan apreciado para mí, la cuestión es que si no lo dejo voy a tener que ir, más pronto que tarde, arrastrando una máquina de oxígeno. ¿Tú te crees? Como si fuera un viejo, a mis casi cincuenta años. ¿Dónde habré puesto el mechero? Fíjate que acabo de encenderme el cigarro, pero para el siguiente ya lo tengo perdido. Si es que soy un desastre. Pues lo que yo te diga, que estos médicos van a lo suyo,  ¿tú sabes el dolor de cabeza que tengo? Toso y toso, y nada no hay manera de sacar flemas, me duele el pecho, y le pido analgésicos al doctor, y me dice que deje el tabaco. ¡Qué mal está la sanidad! ¿Te das cuenta? Si es que los recortes han llegado hasta los analgésicos. No sé qué va a ser de mí, ¿has visto que me ha salido un grano? No, si con echarle la culpa al tabaco ya lo habremos arreglado todo, el tabaco, el tabaco. ¿Quieres uno? Ah, no, que tú no fumas. ¿Querías algo? Ay, perdona, no te he dejado hablar, vamos, es que como estoy como estoy, pues ya ves.
- Nada, nada, que si tenías canela, es que estoy haciendo mermelada y he leído en internet que con una ramita de canela...

Isolina Cerdá Casado

domingo, 14 de julio de 2013

Mi colaboración de los domingos en Héroes del pensamiento: Domingo, un objeto de inspiración ...Pepinos...toallas...maceteros rotos...comida para perros...

Domingo, un objeto de inspiración: … ¿Pepinos?



    “Reconócelo, estás agotada creativamente, venga guapa, de qué objeto vas a hablar hoy, eh, eh.” Todavía puedo escribir de mil cosas, y no necesito pensar en exceso, simplemente mirando a mi alrededor, en esta terraza en la que escribo están contenidos miles de objetos inspiradores de textos, y lo voy a demostrar. Un momento, a quién le interesa eso, debería bastar con que me interesara a mí, además que van a aparecer objetos que de otro modo pasaría por alto. Son tan identificables conmigo, bueno, yo me identifico con ellos. ¿Quién no se ha sentido alguna vez una toalla secapenas? No sólo para los demás, sino hacia uno mismo propiamente. Cuando llorabas desconsolada porque nadie parecía entenderte y entonces tú te ponías a escribir imaginando que eras una escritora perdida en una habitación poseedora de sueños ilusionantes. Yo también me he sentido como una maceta rota, tantas y tantas veces, en tantos y tantos momentos, llena de tierra fértil y que al final un mal movimiento emocional destrozó sin reparos. Y hasta que no desperté no fui consciente de que el manipulador era simplemente eso,  sin amor real y sincero para saber moverme. Es verdad que en ocasiones una se rompe porque ya no puede más con el peso de su carga, y aunque el que la manipulaba no tuviera directamente la culpa contribuyó a que todo se rompiera por dentro. En ocasiones eres el sustrato que sostiene tus plantitas, y sin saberlo la responsabilidad te consume hasta quedarte sin tu esencia, como le pasó al bote de nescafé descafeinado. A veces eres un enanito con ganas de fiesta y tocas y tocas el tambor pero pocos son los que se arrancan a bailar. Hay días en los que de pronto te conviertes en una planta hermosa, porque te han salido unas flores rojas increíbles, y todo el mundo te pregunta por lo que te ha pasado, piensan si te has hecho algún tratamiento de belleza porque irradias hermosura por los cuatro costados, hay quien siente que esas flores tuyas temporales brillen tanto. Mucho más a menudo de lo que a una le gustaría te has convertido en un bañador cubre penas. Tapando todo aquello que la sociedad no debería ver, y aunque tú sientas ganas de desnudarte y vagar por las calles con la sola compañía de la desnudez cruda y provocadora, el bañador de la coherencia encadenada te aplasta la lujuria espontánea con la que ibas a vender tu alma. Espero no llegar a convertirme en un objeto que cambia su función por pura conveniencia de la pandilla de usuarios que sacan provecho de tus virtudes, no me gustaría que me ocurriera como a esta antigua barbacoa, que en sus buenos tiempos abrasó buenos chorizos y morcillas, pero ha terminado siendo una especie de protección contra la lluvia de la comida del perro. Reconozco que lo que peor llevaría sería convertirme en una bolsa de una gran tienda prestigiosa, en la que trabaja mi cuñada Gis, y que me llenaran de restos de jardineras apolilladas y basuras varias, sería un cambio de función absoluto, que además provocaría la risa en el resto de trabajadores del gremio de bolsas, sería demoledor para mí con esta sensibilidad que me hace tan vulnerable.


    “Si alguna vez te conviertes en un pepino, prometo ser la persona que te pele, te trocee y te aliñe con aceite y sal, y te zampe a la luz de la luna”. Vaya, es la promesa más apepinada que me han hecho nunca. Tal vez lo haga, no me importaría caminar por el mundo siendo llevada transitoriamente por el estómago de alguien. “Pero jamás olvides una cosa, querida, todo lo que entra y se queda por unas horas, acaba saliendo en forma de mierda”.  Sí, es cierto, pero algo se queda, una mínima parte del pepino recorrerá tu cuerpo, buceará en tu sangre y te alimentará. Así que en lugar de pensar en la mierda pensemos en el alimento. Y esto es extensible y aplicable a todo.
    Y con el ejemplo del pepino, en este domingo de verano puro, voy a pensar en el alimento nunca en la mierda. Y cuando sienta dolor por algo, pensaré: seguro que una parte mínima de esto me alimenta, aunque sepa a rayos y me provoque unas ganas terribles de vomitar. Y así, con las viejas barbacoas, las toallas piscineras, las macetas rotas y la comida para perro, me despido, no sin antes desear un feliz domingo a todos, feliz alimento, felices pepinos y felices desnudeces para el que se atreva (yo ya me estoy desnudando para salir a la calle).


Isolina Cerdá Casado

Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.

Algunos de los pendientes mágicos creados por la guerrera del mar . Llevo días queriendo escribir algo, claramente me lo has inspirado tú, t...