martes, 30 de abril de 2013

Muecas



Una producción de Dani Caballero (fotógrafo) e Isolina Cerdá (la actriz)





1. "Cómo me alegro por ti, te lo mereces, ya sabes que has luchado mucho, que te quiero un montón."

2. "Qué es lo que ha dicho esa gansa, se va a enterar esa de lo que vale un peine, ¡y hasta un cepillo!"

3. "¿Se murió Chus? Con lo bueno que era ese gato, y qué vas a hacer, yo te aconsejo un cementerio de mascotas. Supongo que lo habrás hablado con él. A ver si luego Chus se te va a aparecer por la casa. Y si un fantasma acojona, no quiero ni pensarlo con un fantasma felino.

4. ¡Que nos ha tocado un viaje a Paris! ¡Con las ganas que yo tenía de subir en autobús y ver la torre eiffel y Notre Dame!

5. ¡Cuando lo vea se va a enterar ese capullo! Meterse con mi celulitis cuando a él le pesa el culo como si llevara tres kilos de patatas en cada nalga!

6. ¡Y los pilló en pleno chiqui-chiqui bum bum! ¡Desnudos! ¡En su propia cama!

7. ¡Que no! ¡No quiero sopa pa cenar! ¡sabes de sobra que no me gusta la sopaaaaa!

8. ¡Con que yo soy una bruja granuda enrevesada! ¡Ya! ¡Pues esa se va a enterar de lo que vale un kilo de peras pochas! ¡Será pelandrusca!

Cartita de deseos para mi hijo


Yo, viva, yo, escribo, tengo un cuento, tengo ganas de decir, tengo ganas de crear, yo, estoy, yo, soy, yo, yo,...
    Al final todo es lucha, la vida sigue su curso y cada nuevo paso es una nueva lucha, la sensación de felicidad es eso, una sensación temporal, que pasa, igual que pasa la sensación de agobio, y la sensación de angustia y de vacío. Todo pasa, el tiempo es el que se maneja con esos cambios continuos. Es importante ser conscientes. ¿Quién le iba a decir a ese psiquiatra que tanto nos ayudó que años después no estaría aquí para seguir su lucha? ¿Qué haríamos en el caso de saber que dentro de un año se acabará nuestro tiempo? ¿Cambiaría algo? ¿Cambiaríamos algo nosotros? ¿Nos vendrían a la cabeza las miles de cosas que no hiciste o las miles de cosas que viviste?
    Ahora mismo, si alguien me pregunta por qué no quiero que termine mi tiempo tengo claro qué es lo que respondería. No quiero irme porque tengo a dos hijos que me necesitan, y aunque es cierto que nadie es imprescindible, yo sé que ellos teniéndome a mí estarán protegidos del frío de la tristeza, y del aire de los tormentos, y del agua de las dificultades. Porque una madre es una aliada siempre, que quiere que esas criaturas indefensas se vayan fortaleciendo y vayan creciendo felices y sabios.

    Cuando estaba embarazada de mi hijo Cristian escribí, sobre todo el proceso y entre todo lo que escribí también recogí una lista de deseos... Aquí los tenéis, me apetece compartirlos con vosotros...


    Deseo que seas feliz, que tu llegada al mundo no sea muy traumática y que juntos con el apoyo de tu papá afrontemos de la mejor manera tu llegada al mundo. Deseo que seas un niño sano, que tu cuerpo te responda siempre y crezcas con mucha salud y una sonrisa eterna instalada en tu rostro que nazca directamente del fondo de tu alma. Deseo estar siempre a tu lado y que si en algún momento tenemos que separarnos tengas siempre presente mi amor incondicional y la fuerza que estará siempre contigo procedente de toda las personas que han hecho posible tu llegada al mundo desde los más lejanos parientes que conocerás a través de cuentos e historias narradas con el cariño de tu madre  hasta los más cercanos que te colmarán de cariño desde el inicio de tu caminar. Deseo ver cómo te besan y te abrazan todos los que ya te quieren, tu papá, tu mamá, tu abuela Victoria y abuelo Agustín, tu abuelo Joaquín, tus tíos Alfredo, Antonio, María, José, Ana, Joaquín, Ana, Mariví y Jesús, tus primos Marta, Adrián y Álvaro,  y todos tus otros tíos y amigos, que te van a querer tanto como nos quieren a nosotros. Deseo que llegues a ser un hombre cultivado, que te sientas enriquecido sin necesitar de cosas materiales, que aprecies lo sencillo y que valores todo lo que la naturaleza te ofrece. Deseo que corras libre por la vida y que seas fuerte para luchar honestamente en todas las guerras en las que te veas inmerso. Deseo que vivas intensamente sin ponerte innecesariamente en peligro. Deseo verte jugar con tu papá desde el primer día que veas la luz. Deseo ser una buena madre y educarte y enseñarte a caminar por el mundo con una sabiduría divina que proceda directamente de un cielo lleno de estrellas. Deseo protegerte del frío, del hambre, del miedo, de la soledad, de la pena, de la tristeza, del llanto, de la crueldad,…de toda amenaza posible sin mutilar la capacidad de hacerlo por ti mismo. Deseo cogerte entre mis brazos, mirarte a la cara, amamantarte, darte un baño y dormirte al son de una canción de cuna, y sentir tu vitalidad el resto de mi vida. 

   

¿Guisantes?


Tú que siempre quisiste hacer esto y que parecías tenerlo claro, tú que soñaste no pocas veces con publicar, tú que de pronto encuentras razones para seguir soñando, tú, tú, tú.
    Eres demasiado consciente, demasiado carnal, vives las cosas de tal manera que estás llena de tatuajes invisibles que pesan tanto que aceleran los procesos callosos de tus pies cansados. Incluir callos en una reflexión profunda no ha quedado demasiado bien, lo sé.
    Crear con un vaso de agua a tu ladito, crear el texto mágico, la caricia impresa, la confidencia sincera. Escribir sin un claro camino, sin saber hacia dónde voy, prácticamente ciega por este momento de entrega. Y a quién le importa el latido de mi corazón literario, a mí misma, a la niña que un día cogía una libreta y comenzaba a escribir sobre el mundo. Nunca podré ser escritora oficial porque lo mío es cosa de impulsos, me falta esa constancia y esa dedicación de la que hablaba Mario Vargas Llosa, me falta el oficio. Yo escribo por necesidad, necesidad real de contar algo que he vivido, algo que he visto, algo que me ha emocionado y me ha dejado huella.
    Y como vuelvo a disponer del ordenador, sé de su presencia, sé que en cualquier momento me acerco y le cuento un cuento, pues ya se sabe, ahí que voy hasta él y me desnudo el alma sin ningún pudor.
   
    Ay, no sé, casi que me voy a tomar un café con leche, tengo las manos heladas, como si hubiera estado cogiendo una bolsa de guisantes congelados durante un buen rato. Puede ser cosa de la circulación. Sí, la tengo fatal, las varices están ahí, me recuerdan que ellas tienen el poder de decorarme por fuera y manipularme por dentro. Los embarazos es lo que tienen, dejan huellas imborrables, mejor será no hablar de mi barriguita ni de mis pechos que los pobres aún andan produciendo lácteos. La cuestión es que los guisantes están muy sabrosos, no sé por qué a mi hijo no hay quien se los haga comer. Sí, ya sé, eso no viene a cuento. Es que hoy he cocinado un guiso delicioso e incluí los guisantes entre la verdura empleada. Supongo que de ahí utilizarlos para describir mis dedos fríos. Ahí están los pobres, metidos en un triste congelador la mayoría del tiempo y para una vez que forman parte de una fiesta culinaria van y se tienen que ver sometidos al rechazo de un niño malcomiente, qué injusta es la vida, de verdad. Ahora comprendo que lo peor que hay es sentirse como un triste guisante en el cubo de la basura, porque otra cosa sería llegar a un estómago y ser aprovechado de alguna manera por un cuerpo hermoso. Que aquí la hermosura no es lo que importa sino el latido de un cuerpo andante.

    Lo peor de todo es que estamos a martes, todavía, aún no hemos llegado a la mitad de la semana y ya estoy deseando alcanzar el viernes. Por dios, esto es demasiado complicado. A ver si me preparo un recital y grito lo necesario.

   

Lo escribí el 28-1-2001 Mucho dolor


Yo sé que nada es casual, en el fondo lo sé, sé que si estoy aquí es por alguna razón. Sigo sabiendo y teniendo la certeza de que lo mío es la expresión, es el expresarme y contar historias, es el contar con la palabra y con los gestos. Sé que quiero y necesito gritar fuerte, muy fuerte para que me oigan los que ya se fueron definitivamente.
    Sé que para todo se tienen que dar las circunstancias y las condiciones adecuadas, que todo depende de nuestra capacidad, volundad y circunstancias.
    Poco a poco todo confluirá y yo podré por fin sacar lo que late por salir afuera. Entonces seré algo más feliz, pero en ese "entonces" habrán nuevas ausencias que llorar en silencio.
    Todo está dentro de nosotros, de nuestra compleja mente que nos dice y nos marca un sentimiento de base. Somos capaces de controlar ese aparato complejo y gobernar nuestra vida. Lo complicado y difícil no es ser el presidente de la nación, el verdadero reto es serlo de tu propia vida. Estoy preparándome para ser algún día una buena dirigente, una honrada presidenta, una sensible pero fuerte a la vez mujer de gobierno. Pero el camino no es nada fácil, la tonalidad de los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor la pone nuestra mente. Hay ocasiones en las que un mismo hecho produce una reacción diferente, dependiendo del momento y de los estados interiores.
    Claro que este es el caso de los hechos cotidianos, los cambiantes estados que se producen sin depender excesivamente de un hecho externo. Hay que fortalecerse, llenarse de valor y a lo sumo asentir ante lo que ocurre y susurrar como en voz baja la recurrente frase: es que la vida es así. Aunque esa evidencia que todos compartimos no nos quite ningún peso de encima.
    Pero cuando las circunstancias se complican y te hacen demasiado difícil el caminar entonces...entonces es la pura lucha por la superviviencia la que nos da fuerz para no dejarnos hundir por el ánimo agonizante.
    La naturaleza es tan sabia que siempre nos deja un último resquicio de oxígeno para seguir respirando. Y se encuentra la forma de superar el vache más produndo. Dicen que lo que no mata engorda, y es cierto, lo que no acaba con nosotros nos hace un poco más fuertes, más ricos por dentro.
   
    Hay un ojito que no le responde, y no deja ni un momento de liberar lágrimas, se deslizan por su mejilla hasta que se da cuenta de que el ojo le llora. Entonces coge su pañuelo bordado con punto de cristo crucificado y se acaricia con él para que se lleve el llanto superficial. En otro momento, apenas un instante más tarde, llora por dentro y las lágrimas caen empujadas por la tristeza. Entonces los dos ojos lloran de verdad, al unísono. Piensa que la vida es demasiado dura, pero está segura de que si estuviera en su mano volver a caminar de nuevo por su vida, desde los inicios, volvería a hacer lo mismo. Y no importa la miseria, no importa aquella muerte inesperada, no importan las células sin sueño...ella abriría de nuevo la puerta y saldría a caminar por el mundo.

    Cada vez soy más rica por dentro, los bolsillos están vacíos pero mi alma está llena de dolor, dolor del bueno, del caro. ¿Hay alguien interesado en comprar dolor de segunda mano? Bueno, no lo vendo, me ha costado mucho acumularlo dentro de mí. El dolor de segunda mano no duele tanto pero tampoco enriquece.

    Es obvio que no me puedo alejar de mi realidad, de mi momento, y no me importa compartirlo abiertamente con gente anónima, es uno de esos momentos en los que la fuerza vital se impone como último reducto ante la tristeza.

    A nadie le importa, nadie quiere saberlo. Es cierto. Pero yo, mi yo aturdido y confuso, mi yo espiritual, mi yo más bello quiere contarlo. Que la vida no es un camino de rosas, de dulces de membrillo y de amantes esquizofrénicos en medio de un mar azul. No, la vida no es un canto de Manolito, ni un baile cuerpo a cuerpo, pecho a pecho, miembro a miembro.

    La vida es como un chiste que no pillaste a la primera, o como el recuerdo de un antiguo amor que quedó suspendido en el tiempo. La vida es dura, mi cielo, es lo menos delicado y lo más maravilloso que existe, es un compendio, una suma, un bis a bis de todo y nada.

Isolina Cerdá Casado

Ya queda menos para terminar con la mudanza

    Bueno, que ya queda menos para trasladar todo lo de mi blog anterior...

La crisis y el destape de los caprichos invisibles


Os he cogido, y os he colocado.
Me he puesto a pensar, a reflexionar, pararme un poco. Mirar a través de la ventana. Cuidado con los golpes de publicidad. Cerrar los ojos para no sufrir los ataques de la sociedad de consumo, que te arrastra a gastar sin sentido, sin pensar, sin ser verdaderamente racional. Esta crisis tiene su razón de ser. Es verdad, hay gente muy jodida como para ponerse a debatir o filosofar sentada en casa de lo bueno de esta situación, cuando al menos uno en la familia tiene trabajo. Sé que no hay que trivializar, ni lo pretendo, pero es verdad que ahora más que nunca me doy cuenta de lo importante que es valorar cada detalle, estar pendiente de cada necesidad impuesta socialmente. Quien más o quien menos lo está pasando mal, porque nos hemos dado cuenta de lo vulnerables que somos, de que no es tanto un trabajo lo que se tambalea, sino que es todo el sistema de vida occidental. Cuento una anécdota, lo vi por televisión, ése es otro tema, el de la televisión, ella es la que nos coloca, distribuye nuestros muebles en el espacio, la que genera conflictos mandatarios, la que nos atonta. Me centro, lo de la anécdota. Una mujer salió en un reportaje hablando sobre su situación económica. Vivía en Madrid, pagaba mil y pico de hipoteca, tenía dos hijas que iban a un colegio privado por cuya escolarización pagaba cerca de ochocientos euros mensuales, ambas iban a natación, lo que le costaba cuarenta y pico euros al mes de cada una; tenía una mujer en casa que les ayudaba con limpieza y comida a la que pagaban seiscientos cincuenta euros; el alquiler de una plaza de garaje le costaba ciento veinte euros,...tenían una empresa de reformas en la que trabajaban ella como contable y su marido como jefe de obras, hacían uso de subcontratas para realizar los arreglos. Los gastos de comida estaban sobre los seiscientos euros, otros tantos en productos de limpieza y ropa...etc. La mujer conducía un coche seminuevo, el marido llevaba una furgoneta, iban a cambiar de casa, se habían cansado de sus 160 metros cuadrados de piso en una buena zona de Madrid. Como se trataba de un reportaje comparativo, de la diferencia de vivir en una zona u otra de España, el final del reportaje era una conclusión de lo que suponía vivir en esa zona. La mujer dijo que vivir en Madrid era muy caro, eso no me sorprendió, lo que me dejó con la boca abierta, como alelada, casi en estado de shock (si es que se escribe así) fue el final de toda su argumentación: Y ESO QUE NO TENEMOS LUJOS NI NOS DAMOS NINGÚN CAPRICHO. Me sorprendió sobremanera porque lo decía con un convencimiento rotundo, y yo pensé entonces que tal vez en mi nivel, yo, viviendo como vivo, yo, con mi pisito de setenta y pico metros cuadrados, yo, con los dos coches y una plaza de garaje, yo, con dos niños, uno de ellos escolarizado en colegio público y yendo a natación financiada por el ayuntamiento, yo, que también termino mis argumentaciones con esa misma frase de que NO NOS DAMOS NINGÚN CAPRICHO, tal vez tampoco soy consciente de los muchos lujos que disfruto. ¿O a caso no es un lujo hoy en día poder comer bien todos los días? ¿O poder vestirse?¿incluso el poder disfrutar de una ducha con agua caliente? ¿o tener la posibilidad de escribir aquí con internet en casa? ¿y el móvil? ¿dos coches?
    Parece que no hemos aprendido nada, como si lo de los niños con la barriguita hinchada no fuera cosa nuestra, como si la pobreza tanto aquí como allí no tuviera que ver con nosotros, como si la globalización fuera un término inventado por un extraterrestre con ganas de joder la paz de los afortunados. No sé...últimamente no descanso demasiado bien, tal vez el efecto mariposa del hormiguero en pie de guerra que hay instalado bajo alguna duna del desierto. O a lo mejor es la inconveniencia política que rebota en mi cabeza procedente de armaduras insensibles.

Isolina Cerdá Casado

Feliz 2011


   En un lejano lugar de cuyo nombre no logro acordarme vivía una linda princesita que soñaba con viajar al centro de la luna, sabía sobradamente que era un sueño irrealizable, nunca jamás podría permitirse un viaje espacial turístico, pero adoraba el sueño en sí mismo y la capacidad para ilusionarse, así que cada noche le pedía a su ángel de la guarda que protegiera su vida, a sus seres queridos y a su adorable sueño. La peticiones de la princesita eran constantes y repetitivas, todas las noches cuando apagaba la luz de su mesilla de noche, arropada con su mantita y abrazada a su osito repetía las mismas palabras a su ángel de la guarda. La princesita fue creciendo, el osito de peluche fue sustituido por un hombre peludo, la mantita fue cambiada por un nórdico relleno de pluma de pato y la lamparilla tenía una bombilla de bajo consumo. Sin embargo sus peticiones no se modificaban. Esta princesita, que ya era toda una mujer seguía queriendo viajar a la luna, seguía pidiendo a su ángel de la guarda por su vida, por sus seres queridos, a los que se había sumado el hombre peludo y dos pequeñuelos preciosos que pululaban por su casa y apenas la dejaban cantar tranquila sus canciones de princesita feliz.
     Un día su ángel de la guarda en contra de todo pronóstico y saltándose todas las reglas existentes en la comunidad de los ángeles de la guarda decidió hacer acto de presencia para preguntarle a la ya crecida princesa sobre esa idea insistente de viajar a la luna. Necesitaba aclarar que ese deseo era irrealizable por más que se lo pidiera año tras año y día tras día.
-Lo sé, tranquilo, sé que nunca podré ir hasta allí, pero sigo necesitando soñar que es posible. Cuando era una joven princesa soñaba con descubrir nuevas tierras asociadas a la luna y ahora sueño con nuevas realidades allí existentes. Incluso me atrevo a creer que allí, en la luna, vive mi osito de peluche y está ilusionado en que le haga una visita y le cante una de mis antiguas canciones de princesa feliz.

    El ángel de la guarda dejó de cuestionar las peticiones de su protegida y comprendió que independientemente de que sea posible, el ilusionarse es ya un acto reparador para el alma, dejó de ser tan práctico y volvió a creer en los reyes magos de antaño.




BUENO, BUENO, BUENO...
¡Feliz año 2011! Espero que este nuevo año nos traiga sorpresas agradables, insisto, agradables. Que no se nos den falsas esperanzas de que estamos saliendo de la crisis, de que el paro va a bajar, de que nos vamos a recuperar pronto. Que lo que se nos diga sea cierto y lo veamos con nuestros ojos, que dejemos de erizarnos por la cruda realidad que nos envuelve, que el pesimismo latente empiece a convertirse en un positivismo presente y manifiesto. Y las caras, que los rostros nos muestren estados felices del alma y no constricciones dolorosas del interior espiritual.
Esto es empezar con buen pie, escribir, retomar, volver a regalarme momentos de reflexión.

    Nos volvemos a ver prontito...en la creación está la esperanza...Yo creo, tu creas...

Impactada


El título es pura casualidad, aunque lo siento así, la expresión puede tener muchos significados y se puede contextualizar mejor o peor, y quedar bien o mal parada. Algo hay que hacer para seguir viviendo a pesar del dolor, del impacto. Me viene a la cabeza ese hecho triste que aconteció hace dos semanas, todavía no las hace, apenas unos días. Una mujer, bueno una chica, yo la veía más así, como una chica llena de vida, con mucha bondad, como su hermana Arantxa. De buenas a primeras, así como quien no quiere la cosa, la vida sorprende con un nuevo golpe, es verdad que no me ha golpeado a mí pero ha removido a los fantasmas, y he podido ponerme en el lugar de la mujer que queda, la chica que pasa a ser mujer porque en un segundo su alma se ha consumido como si el tiempo se hubiera condensado en un instante de dolor intenso. Es así la vida. Bueno, yo no soy nadie para escribir sobre lo que le pasó, pero hay algo dentro de mí que me lleva a expresarme y de alguna manera convertirme en una observadora anónima que se empatiza demasiado con las historias ajenas. Yo apenas sé de la familia de Arantxa, sé que su hijo va al cole con el mío, sé que ella es una de esas personas con las que coincides en los sitios y que de entrada te cae bien y que la acabas queriendo porque transmite su bondad en cuanto te dirige la mirada o hace cualquier comentario. La cuestión es que yo conocía a su hermana de verla alguna vez acompañándola o al ir a recoger a su sobrino. Jamás hubiera pensado que detrás de su cordialidad, la de la hermana, había una lucha intensa contra la leucemia, y que detrás de la cordialidad de Arantxa había una lucha de apoyo, amor y acompañamiento.
    Yo había estado unos días en Alicante acompañando a mi padre en una intervención hospitalaria, al volver supe la noticia. Estaba bien, dos días antes de su muerte había estado acompañando a su sobrino al autobús en el que se iba con su clase a visitar el Tyssen. Otra mamá me contaba que en esa excursión precisamente la hermana de Arantxa le había estado consolando porque era la primera vez que acompañaba a su hijo al autobús ya que en las demás excursiones tuvo que trabajar, y que se rieron juntas.
    ¿Por qué? Una meningitis que de pronto hace acto de presencia y se lleva su vida cuando parecía que eso era algo lejano en el horizonte.
    Yo rezo por ella y por Arantxa, aunque haga muchísimo tiempo que no utilizo esa palabra, sueño con que mi rezo se convierta en un hada mágica que reparta consuelo con su barita, que regale caricias de esperanza, que filtre la mirada desesperada y la convierta en aliento capaz de afrontar la dura batalla de una vida sin su presencia, que los recuerdos sean fuente de energía y que no se deje vencer por el dolor. Sé de lo que hablo, yo también lo viví.

    En fin, algo hay que hacer para que nuestro paso por la vida tenga algún sentido, aprender de esa cordialidad de la que hablaba...

    Mi hija llora y tengo que cortar aquí,...tenía ganas de escribir más, volveré a hacerlo pronto.

Motivación


 Bueno, a ver, reconocer que había dejado de escribir con cierta regularidad por un fallo técnico no es algo que me guste hacer, y menos aún cuando el fallo se debía al contador de visitas. Pero sí, eso ha pasado y eso lo tengo que contar, por respeto a mis dos lectores asiduos y casi fans de lo que surge de la inspiración y necesidad a través de un texto. La cosa empezó hace cuatro meses, cuando miraba las visitas recibidas y siempre tenía el mismo número de visitantes únicos, 509. Tras uno o dos días volvía a mirar y seguía viendo el mismo número. Al principio me recriminaba a mí misma por ser tan vanidosa, "mira que no motivarme si veo que a nadie le interesa lo que escribo o que nadie lee lo que he creado". Luego me decía que bueno, si no escribía bien, o si los temas sobre los que escribía no eran interesantes para nadie pues qué le vamos a hacer, pero que debía escribir igualmente porque cada vez que lo hacía me sentía muy bien. Parecido a lo que describía que sentía el protagonista de ¡Quiero bailar!es como si volara, todo desaparece a mi alrededor. Eso mismo me pasa a mí, con la escritura y con la interpretación. Por esa razón cada vez que veo esa película me hincho a llorar en esa parte cuando ante el tribunal confiesa ese algo tan interno que le ocurre y esa sinceridad es lo que muestra su gran talento como bailarín.
    De vez en cuando volvía a escribir, y en ocasiones miraba el contador y seguía viendo el mismo número, 509, pensaba que ya no me leía ni Bárbara, una lectora que se come los libros con patatas y de vez en cuando lee algún texto mío, y luego en la puerta del cole me habla de alguna parte de un texto mío al que le echó un ojo, su hijo y el mío van a la misma clase. 
    En fin, que mi depresión creativa iba creciendo y ya tenía asumido que a nadie le interesaba lo que escribía y que esos 509 que habían leído algún texto mío se habían dado cuenta de que el escribir para mí era un puro acto egoísta en el que disfrutaba como una enana y ante lo cual no me mataba pensando sobre qué iba a escribir sino que escribía impulsivamente. Ya veía los comentarios, "sí, qué fue de aquella pobre escritora impulsiva que no se trabajaba los textos ni los temas lo más mínimo"; "Qué pena daba con su insistencia de escribir sobre cosas que le afectaban o que veía a su alrededor"; "estará tirada en algún rincón de la sociedad pidiendo una limosna a algún lector penoso".
    Al final el 509 se convirtió en un número familiar, y ya era capaz de escribir alguna cosilla aun a pesar de no tener lectores. Hasta que un día vi un comentario de la lectora más comentarista, y me di cuenta de que aunque no apareciera su visita reflejada en el contador ella había visitado mi blog en busca de algún texto nuevo. Indagando, indagando me di cuenta de que lo de que el contador se hubiera quedado estancado en el 509 no significaba que las personas se hubieran cansado de mi forma de escribir, ni tampoco significaba que fuera una escritora penosa. Tal vez mi contador estaba estropeado desde noviembre y que por esa razón no se reflejaban las visitas de mis dos lectores.
    Total, que hace dos días envié un mensaje a contador.plus para explicarles lo que me estaba pasando con el contador, hoy por fin tengo 512 visitantes únicos. Tengo que aprender a ser menos vanidosa, es verdad, y tengo que pedir disculpas a mis dos lectores que se hayan encontrado con esta parálisis creativa. Prometo compensación.
    Un besote!!! 




Valoremos


 Un calendario arrugado, de esos de cartera, está sobre la cámara de fotos que ayer mi hijo cogió para grabar un video según sus palabras y sus acciones, casi se carga la cámara, las pilas cayeron esparcidas en un momento en el que hacía de paparachi persiguiendo a su hermana. La verdad es que no sé cómo ha ido a parar ahí el calendario, ni qué significado o sentido puede tener el que esa sistematización y organización del tiempo esté en esas condiciones encima de la mesa donde me da hoy por valorar. Sí, reconozcámoslo, soy un desastre. Me encanta ver cómo mis hijos deshacen las camas recien hechas escondiéndose en cuevas imaginarias creadas por edredones arrugados, incluso no me exalto viendo a mis hijos mojándose las mangas de las camisetas o los bodys cuando meten los brazos en el agua de bañera que cae desde lo más alto para producir vapor y aminorar las toses. Si es que tengo que reconocerlo, ni si quiera los huevos que me invaden cuyo destino final es la incubadora me alteran la despreocupación por el desorden, es el sueño de Agus, ver nacer montones de pollos varios de una máquina que maneja él, si es que el pobre iba para veterinario o encargado de un parque natural, o de un zoo, y claro, ya lo he entendido, las piezas que monta en su empresa no son más que una tapadera de su verdadera vocación por todo trabajo relacionado con los animales. ¿Quién soy yo para cuestionar su sueño? Así que por fin no me altera lo más mínimo mi forzosa proximidad con huevos destinados a ser incubados, ni con pajarillos de tránsito, que llegan a casa y se van a otro lugar definitivo, o incluso gazapos a los que mi hija les llama "mi bebé". Supongo que al final acabaré proporcionándole maderas para que construya su arca. Valoro su sonrisa. También él valora mi sonrisa cuando me pongo amonologuear frente a una cámara a modo de improvisación.
    Valoro...¡el tiempo, que se me hace tarde para despertar al pequeño y llevarlo al cole!

Peloteando


 Resulta que me he comprado una pelota, bueno más bien un balón gigante, de esos que se utilizan en las clases de pilates, lo sé porque mi cuñada tiene una y es para eso que se la compró. La cuestión es que no se si es por la edad, por las malas posturas, por los castigos inconscientes a nuestro cuerpo, el caso es que ando con molestias importantes de lumbares. Siempre le echo la culpa a la falta de ejercicio, que seguro que es una focalización de la culpa bien realizada pero en el momento en el que empecé a considerar que estar sentada delante del ordenador en una silla corriente y moliente de cocina podía estar perjudicando mi espalda me empecé a preocupar seriamente. En una peli, "Gordos", vi que un director creativo había puesto a todos sus empleados a trabajar sentados en una de esas pelotas gigantes, cada una en una se entiende. Y ya en ese momento empezó a gestarse esa idea dentro de mí. Ayer por la mañana tuve un momento bajón, empecé a culparme por no hacer ejercicio, por no entrenar, por no mantenerme en forma. Ver videos de Tapa sudana (un actor genial discípulo de Peter Brook) me acabó de hundir. No podía permitir que el acto de la escritura se convirtiera en un acto de culpabilidad así que ayer por la tarde, impulsivamente, le dije a Agus que me iba a comprar una silla peculiar, y me fui al Decathlon a comprar una pelotita gigante. Cuando llegué a casa con la pelota estuvimos como una hora saltando con ella mis hijos y yo, Agus nos miraba con cara de alucinado, asumiendo que me había vuelto loca y que era imposible pararme los pies, lo mismo que él con sus huevos de incubadora. Cuando le dije que me iba a comprar una pelota como la de Ana me dijo que si con la pelota venía una casa nueva porque no sabía dónde la iba a colocar. "Ya le encontraré un sitio cariño, no te preocupes".
La cuestión es que aquí estoy contando mis obsesiones y frustraciones encima de una pelota gigantesca verde forforito, queda genial con los muebles de la cocina.
Un saludito saltarín! 

Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.

Algunos de los pendientes mágicos creados por la guerrera del mar . Llevo días queriendo escribir algo, claramente me lo has inspirado tú, t...