sábado, 10 de febrero de 2018

Huracanada inmovilidad



Caminos, siempre hay caminos. Aunque parezca que nada volverá a ser como antes, tal vez sea así, pero no necesariamente es algo malo, tal vez es simplemente evolución, cambio positivo, enriquecedor.
Lo importante es no tirar la toalla, nunca, seguir, evolucionar, pausadamente, con la calma necesaria, Respirar, sentir, ser capaz de no tener que correr para sentir el aire...
De repente una pena, un recuerdo, un hecho triste, un gris que es acompañado por un cielo encapotado, por árboles sin hojas, por caminos de tierra y barro. Y a pesar de la añoranza, respiras, y sientes cierta calma, sentirte afortunada a pesar de la calma...
Poder escribir...poder estar aquí, en la locura del asentamiento, de esta huracanada inmovilidad... La vida pasa tan de prisa...



miércoles, 24 de enero de 2018

Espada de madera

    No siempre se tienen ganas o simplemente impulso para hacer algo, en este caso sería algo como escribir. No hay una necesidad específica porque no vivo de ello, porque he aceptado una situación en muchas ocasiones asfixiante.
¿Aceptado?¿Acaso he hecho algo para que sea diferente? Más que aceptar es una especie de acomodo, de adaptación. ¿Sería mejor correr y sentir que no llegas a muchas cosas? Aunque económicamente pudieras comprarte la luna. No, cada vez estoy más convencida de que al final una necesita una excusa para justificar la sensación de vacío, pero no siempre hay una explicación, en realidad tengo tiempo para sentarme aquí, en una silla de la cocina de mi casa, con un ordenador nuevo que no necesita estar enganchado a la corriente y por lo tanto puedo escribir en él desde donde quiera. No se trata de cómo estoy sino más bien de cómo me siento. Es como si una serie de pensamientos negativos se hubieran acomodado en el cerebro y todo mi cuerpo hubiera sucumbido, y yo consciente de ello lucho para que no venzan los malos. A veces pienso que es una cuestión de actitud y algunas de esas veces logro cambiarla, y cojo una espada de madera y comienzo una batalla, y precisamente por la actitud sé que ese día voy a vencer yo, que no voy a acabar metida entre las sábanas huyendo de los monstruos. Soy muy valiente, en realidad nunca me he metido en la cama, siempre he cogido esa espada simbólica llena de fuerza y de luz y la he manejado como si yo fuera una guerrera medieval, y aunque la espada de madera pesaba como si se tratara de una de puro acero, yo la blandía como si se fuera un arma ligera.
   Ya lo sé, ya sé que parece fácil escribir sobre lo bien que estoy y lo mal que me siento en ocasiones, y lo tranquila que me quedo cuando lo reflexiono a través de la escritura y lo cuento y me libero. Parece fácil cuando en la relatividad de los dolores ahora mismo mis problemas principales no tienen que ver con una enfermedad real, física, propia o que afecte a un ser muy querido. Es cierto que hay personas a las que quiero que están en esa lucha, y que para ellas este tipo de malestares del alma son simples tonterías, pero ya he dicho que todo es relativo, y que hasta la persona aparentemente más afortunada puede verse inmersa en una situación de desánimo que la empuje hacia lugares muy oscuros. No es mi caso, estoy bien, con la fortuna de ver los botes de limpiador multiusos muy cerca de mí y rozarlos solo con la mirada, distanciarme nuevamente de ellos y escribir. La escritura es para mí esa lucha en la que salgo vencedora porque ahí dejo a los monstruos malolientes, camuflados en una mirada que es capaz de distanciarse. 
    Ojalá todos encontremos la paz, esa necesaria serenidad, para vivir y sentir la vida fuertes y equilibrados. ¿Te pienso? Sí, te siento desde esta distancia temporal, siento todos los momentos que hicieron de mí lo que soy, si tuviera que elegir entre todos los momentos que he vivido...no podría, han sido muchos.

Isolina Cerdá Casado
 

miércoles, 17 de enero de 2018

Cumpleaños.

  


 
    Esto pasó hace casi nueve años. Se dice pronto, pero se siente igual. Una personita muy linda con una vida por delante se fue, nos dejó, con ese vacío que queda en el corazón consciente de que no va a poder sentir físicamente a esa persona tan importante. En aquel tiempo mi hijo acababa de iniciarse en la etapa escolar, y empecé a relacionarme con las diferentes mamás, que como yo estaban emocionadas al ver entrar y salir a sus hijos del espacio maravilloso que tiene que ser el colegio. Ella era una tía, emocionada, implicada, de esas personas sonrientes con las que da gusto encontrarte en la vida. No había hablado mucho con ella, pero recuerdo el momento en el que supe lo que le había pasado, por otras mamás del cole, cuando me llegó la información de que había fallecido de forma inesperada creo que debido a una complicación con una neumonía supe que había estado mucho tiempo luchando con una enfermedad. Recuerdo que escribí un artículo en un primer blog en el que describía mis impresiones, artículo que actualmente no existe, y en él expresaba mi rabia ante la injusticia de la vida, rabia y dolor, pero también admiración por su valentía y su fuerza vital. Porque jamás imaginé que una mujer así, con esa luz pudiera estar acarreando una enfermedad, porque ella sacaba una fuerza que irradiaba energía vital. Era fisioterapeuta, sus manos tenían poderes curativos. Era un ángel que hacía feliz a muchas personas, por eso es difícil ponerse en el lugar de aquellos que se vieron de pronto y sin poder prepararse (nunca se puede preparar uno para algo así) obligados a vivir sin una persona tan grande, sin esa fisicalidad que puedes tener cuando estamos vivos.
    Pasado el tiempo fui conociendo a otra personita maravillosa, el hada de los abrazos, yo sabía que adoraba a su hermana y que su repentina marcha la sumergió en un pozo del que conseguía salir una y otra vez con mucho esfuerzo, noches de insomnio, dolor en el alma,...
El hada de los abrazos es una mujer increíble, que desprende luz por todos los rincones, sobre la que en alguna ocasión he escrito aquí. Ella me contó que el día de mi cumpleaños coincide con el de su hermana. La maravillosa fisioterapeuta de manos mágicas y poderosas quedó para siempre inmortalizada en mi memoria y hoy, en este día tan especial en el que mucha gente se acuerda de mí y me envía palabras maravillosas llenas de luz, yo no he podido dejar de pensar en ella, que aunque se fue dejó esa magia que tenían sus manos en los abrazos de su hermana. Al empezar a escribir pensé que tal vez no era bueno para mi mariposa valiente leer este texto, tal vez podía entristecerla, lejos de mi intención, eso sí, soy consciente de que la emoción puede emerger y ojalá sea una liberación para el alma. Pero luego recordé que había muchas otras mariposas que también luchan por salir del pozo de la tristeza, el tiempo ayuda, no a olvidar, porque se siente igual como decía al principio, es solo que aprendes a vivir con la luz de la persona que se fue, esa luz que queda en nuestro corazón y en nuestra alma, y que está por encima de lo físico, es cuando llegas a sentir que la pérdida se ha transformado en una fuerza misteriosa que te ayuda a nadar muy fuerte hacia arriba, y salir del pozo, y llegar a volar lejos, muy lejos, hasta un lugar en el que la paz oriente y guíe a tu alma.
    Muchas felicidades para ti, mujer de manos mágicas que desde un lugar especial estás haciendo llegar tu magia hasta todas y cada una de las personas que caminaron a tu lado.

Isolina Cerdá Casado

martes, 9 de enero de 2018

Todo lo que podemos hacer

 
Solo tienes eso, diecinueve, no esperes ni un segundo más, no es necesario, para una tormenta de ideas es más que suficiente, además que no te ha ocurrido nada extraordinario que requiera un tiempo mayor de reflexión o de asiento en el alma. Déjate el alma, anda, limítate a lo que te venga a la mente. No pienses en miedos. Ya estoy pensando en ellos. En las noticias concretamente, en la múltiples agresiones que últimamente aparecen relatadas con una normalidad pasmosa, que te hace temblar, que parece que se asume como algo posible y empieza a no escandalizar, ya pienso en cómo estas noticias estarán afectando a posibles víctimas futuras, esa normalidad horrorosa, rodeada de mujeres expuestas a brutales agresiones, da terror, sigue con el té, anda, no le des más vueltas. Sí, pero no, es una suma ¿de silencios? ¿de asentimientos? Ay, no sé, un ángel que vino para salvar otras vidas. Pero por qué, no podían aflorar otros héroes, sencillos héroes callejeros, los valientes invisibles, los que no consienten los micromachismos, ellos o ellas, las heroínas que no han dejado de luchar. Son tantas las circunstancias, tantas las pequeñas e insignificantes alas que se mueven y cambian la dirección del viento. Hoy vuelve a estar gris, hoy hace un frío de narices, hoy estoy arrancando, a pesar de todo, es así como hay que hacerlo, ya lo has visto, cuando menos te lo esperes llegan las ganas de vivir, esas que son especiales porque están llenas de ilusión, es así, tarde o temprano acaban llegando. No me mires así, no tienes ni idea de lo que está pasando, ni aquí, ni allí, ni dentro, ni fuera, ni tal vez más allá de la línea. Supongo que primero tendré que cambiar yo, sonreír más, soy la responsable de mi actitud ante las cosas. Y es que estoy distinta, estoy anclada a una emoción, no pienses. No pienses. Hemos dicho que se trataba de escribir, nada más, dejar que los dedos bailen, tú diriges sí, pero ellos bailan libres al son de las ideas. El móvil está apagado, no tiene luz, solo el reflejo de la luz de un cielo que empieza a oscurecer, todo acaba llegando, la noche siempre llega, lo mismo que el sueño, lo mismo que el amanecer, lo mismo que la desgana. Vete a la mierda, así te lo digo, harta me tienes desgana, hasta el moño de sentir cómo me paralizas, y que este escribir absurdo sea una especie de locura transitoria en la que me acabo de meter solo para tratar de encontrar un sentido a todo, al pelo largo que me tapa un ojo, a la cana cortada de cuajo para frenar el tiempo, a los golpes, joder, a los golpes que algún desalmado le dio a aquella mujer de cuarenta años cuando volvía para su casa. Ojalá esos gusanos que le comen el alma se zampen de cuajo su corazón y desaparezca arrastrado por una ola de justicia. Ya no sé lo que hago, ni lo que digo, ni lo que escribo y mucho menos lo que pienso. Solo una certeza, lo que está mal está mal, y el que lo hace debería vivir el tiempo suficiente para sufrirlo en su misma intensidad. No solo el de la víctima, el dolor de toda la familia, el dolor de un pueblo, el dolor de un grupo de personas que viven aterradas ante semejantes brutalidades. Queda un minuto. No mires el reloj. Ya has visto que las noticias te han afectado. Imagina lo que pueden afectar a tu hija. Imagina el miedo que puede sentir. Escribo, con otras llagas, diferentes es verdad...No hay más tiempo, te quedaste sin él. ¡Y tú también te quedarás sin él! Se hará justicia y no volverás a poder hacerlo nuevamente. Por ella y por la otra mujer valiente que escapó de tus garras.
Isolina Cerdá

martes, 19 de diciembre de 2017

Feliz navidad serena


Otra vez ha llegado, con el paso del tiempo me doy cuenta de que el espacio temporal entre una y otra es cada vez más corto, como si hubiera llegado el momento de una aceleración sin tregua. Llevo varias semanas sin compartir nada, porque en realidad todo son escritos de años anteriores, que ya fueron reídos y llorados, y ante los cuales no siempre me apetece volver a echar una mirada. Tal vez porque la mirada no es la misma, porque el tiempo transcurrido no ha sido ligero, porque la vida ha seguido mostrándose en su mayor intensidad. Y es que la vida no está compuesta solo de ositos blancos, ni de trenes mágicos, ni de piñas doradas. La vida nos reserva cosas, momentos, instantes,...y debemos ser capaces de respirar, de sentirnos vivos aun a pesar de todas esas luchas en las que nos vemos inmersos día a día. Y el que no tenga trenes oscuros que tire la primera piedra, y el que no tenga un oso sucio que diga "yo", y el que no tenga un piñón triste dentro de su piña dorada que grite. Solo quería decir que seáis fuertes porque en esa lucha estamos todos, tal vez los que empezamos a deslumbrarnos con tanta lucecita deberíamos intentar vivir el instante presente porque éste no se volverá a repetir. Voy a ver si me subo a mi tren lleno de regalos y empiezo a repartir regalos creativos con el deseo de que el caminar por el mundo sea un momento mágico lleno de ilusión.
Para estas fiestas y el nuevo año os deseo felicidad, bueno, lo concreto más: os deseo toda la serenidad del mundo.
 Felices Navidades Serenas.

Isolina Cerdá Casado 


martes, 31 de octubre de 2017

Las luces de mi vida


Más de una vez, más de una vez he escrito sobre este día, sobre esta noche, sobre el día siguiente...
El día 31 de octubre del año 2001 estaba en un escenario, mi casa enlutada, de verdad, el cuerpo de mi madre se encontraba en una cámara fría del tanatorio de Elche, porque al día siguiente la incinerábamos, tal y como ella quería. Mi tía de Galicia vino al teatro Chapí de Crevillente, ella nunca me había visto actuar no me reconoció, ella estaba también muy triste pero entendió, respetó y me acompañó en aquella representación que llevábamos varios años repitiendo cada 31 de octubre. Estaban todas las localidades vendidas, no se podía suspender y no había cover para doña Brígida. Hice lo esencial para que la obra pudiera seguir adelante y me marché justo antes del entierro de doña Inés. Supongo que aquella afrenta confirmó que esa sangre que corría por mis venas estaba llena de respeto y responsabilidad actoral. En la memoria de aquellos días también estaba mi hermana, que murió un 26 de octubre del año 1990. 
    Y hoy, 31 de octubre del año 2017 aquí estoy, en mi casa, sentada en la cocina, con un silencio roto por el ruido del lavavajillas, con muchas cosas por hacer, pero dando rienda suelta a esta necesidad imperiosa de escribir. Hace unos días saqué esta foto, allá al fondo sentado en un sillón hay un señor, un hombrecito, abuelo, padre, un señor mayor, que también tiene esos recuerdos en su haber. Está leyendo, concentrado, mirando a través del libro negro. Hay un rayo de luz que justo pasa por encima de su cabeza, iluminando con reflejos claros ese pelo blanco de vida. Frente a él una mesa llena de trastos, una casa amarilla llena de más trastos, unas almohadas que esperan a la noche para situarse sobre el sofá cama...Ese rayo de luz, ese rayo de luz es el que tenemos que ser capaces de ver cuando la oscuridad se cierne sobre nuestras cabezas.
    Hoy él estaba triste, se ha acordado de mi hermana, se ha acordado de mi madre, y ha empezado a despotricar contra la quimio y los medicamentos. No me he puesto a llorar con él, es raro porque últimamente lloro hasta contagiada por las legañas de un pez, y tenemos varios. Pero no, le he explicado que la quimio quería matar al bicho, y que poco a poco, con investigación se conseguiría que no hubiera daños colaterales. Ha desayunado tranquilo y se ha ido a dar un paseo por el parque.
    Al hablar con una amiga a la cual le he contado parte de esa conversación y la acumulación de recuerdos tristes de esta fecha, ella me contó sus propios recuerdos; también para ella eran tristes, tal día como ayer su hermana entraba en el hospital y no volvió a salir, justo hacía un año de ese ingreso en el hospital.



    En realidad yo quería escribir sobre mi particular fiesta de los muertos, en los que hoy iba a recordar a esas personas maravillosas que transformadas en otra cosa nos observan desde la distancia, superando esa parte emocional y de apego. Supongo que en un mundo globalizado hay que aprender también a ver el lado festivo tan típico en algunos países sudamericanos, no he estado en México pero recuerdo una exposición en el museo antropológico de Madrid que me fascinó respecto a esa visión del día de los difuntos.




    Hoy la fuerza del Cantábrico se tiene que llevar la pena, y la tiene que transformar en fuerza, en luz, en energía vital, por haberlos tenido un tiempo cerca, por haber podido caminar a su lado, por haber escuchado sus gritos, sus risas, por haber sentido la fuerza de sus abrazos, la visión irónica de las cosas, su canto mariachi, por haber probado su caldo gallego, o sus dulces espectaculares y sus "qué feito" tan bonitos con su pelito corto, o las paellas de mondongo aderezadas con su cariño y su sonrisa, o su manita especial con la que cogía el bolígrafo y escribía como si fuera una doctora del alma, o su locura sensible que acariciaba tu cuerpo de niña, o las fotos de cada rincón del pequeño mundo que descubría, o el chocolate chaparro que nos ofrecía, o esa mirada directa al alma que te entendía...
    Sois tantos y tantas las luces de mi vida...

A mi madre, a mi hermana, a mi tía Conchi, a mi tía Rosa, a mi abuela Asunción, a mi tía Asunción, a mi amiga Milagros, a mi amigo Diego,...a todos aquellos que han pasado por mi vida y cuya luz sigue aquí, en mi corazón...sois alma.

Isolina Cerdá Casado



jueves, 26 de octubre de 2017

Escritura creativa: La lenteja valiente y el aliento de la mirada color canela de Carmencita.


   Todo sucedió muy rápido. El cuchillo Silvan se acercó a la bolsa, lo utilicé para abrir la bolsa rosada contenedora de miles de lentejas felices en su unión aparente, obligadas a convivir pegadas las unas a las otras, esperando un final lleno de oscuridad, siendo esencia y deshecho a la vez, llenas de vida en verdad. Yo creo que fue ese acercamiento amenazador del Silvan alargado y negro lo que la hizo alertarse, esa aproximación no podía traer nada bueno para ella y sus congéneres. Así que en cuanto rocé la bolsa ella salió disparada y cayó ahí, en el cuenco blanco, ¿era la luz? ¿estaba en el túnel de la vida? ¿Cómo fue que tomó impulso la muy salvaje? ¿tenía piernas diminutas? ¿había sido medallista de salto de altura en algún mundial en otra vida? No, no lo sabía, ni yo, ni ella, ni la Carmencita, que miraba toda la escena con esa sonrisa al estilo monalisa cuya mecha negra era reveladora de sus claros orígenes andaluces con ganas de cachondeo y con esa visión tan necesaria de reírse hasta de tu propia saliva. Carmencita era canelosa y sabía de qué iba la cosa, puesto que como era contenedora de aliño muchas veces se quedaba en la encimera olvidada por su dueña, la de la coleta. Y sabía de sobra lo que le iba a pasar a la lenteja valiente, sobretodo habiendo caído, la pobre, en el bol donde las lentejas recibían un baño con agua tibia para limpiarlas justo antes de ser cocidas.

    "No, doctor, no he visto visiones, el bote de canela la ha dado una patada al bol blanco y me lo ha tirado al suelo de la cocina, todavía no había echado las lentejas, no sé si había una, pero en fin, no la encontré, la verdad. Y empiezo a preocuparme seriamente porque en ese moviento he visto que a la Carmencita se le ha cambiado el flequillo de lado. ¿Cambiar la medicación dice?"

Isolina Cerdá Casado



  



miércoles, 18 de octubre de 2017

Un día gris, por fin llueve en Leganés, y en Galicia. Abrazos, besos, palabras encadenadas frente a la alegría de un día tristón...


    Ella mueve la cabeza, en un giro muy suyo y de cualquier amigo perruno, con ese sabio movimiento se sacude aquello que no le gusta, aquello que de alguna manera le altera, como es ese goteo molesto que hoy le cae del cielo. En su sabiduría perruna es capaz de disfrutar la lluvia y también de sacudirse aquellas gotas que se posaron sin permiso.
    En un día gris como este que nos envuelve es frecuente que nos paremos, que observemos, que sintamos emociones que llegan con el agua, el agua es vida, el agua te abraza, la vida te envuelve, las emociones llegan porque las despierta el cambio de un azul por un gris. El gris también es bello, no lo es cuando nos dejamos arrastrar por él. Por un momento salí a mirar la lluvia caer del cielo, me tumbé en el suelo, ella vino a chuparme la cara, a lamerme como si quisiera quitarme las gotas grises que invadían mi alma. La dejé, qué más daba, a ver hasta dónde era capaz de llegar mi resistencia ante lo absurdo. En ocasiones lo absurdo te permite despertar y ser consciente del sentido que tiene, no ya el levantarte, no ya el preparar un café, no ya el desayuno, el sentido que tiene estar vivo.
    Ella dejó de lamer mi cara, se sentó a mi lado sin dejar de mirarme, giraba de vez en cuando la cabeza como esperando una reacción cuerda por mi parte, no cuestionó aquél extraño proceder de su amiga humana. Las gotas caían del cielo con más fuerza, entonces ella se abalanzó sobre mí, y empezó a mover mi cabeza con su cabeza, como si el verme allí tirada empezara a preocupar a su instinto perruno, tal vez intuyó que el catarro que me apretaba la garganta podría convertirse en una neumonía capaz de apretar mi alma. La abracé, ella empezó a ladrar. Me levanté, ella dejó de ladrar. Fui a la ducha y cuando empecé a sentir el agua caliente cayendo sobre mi piel desnuda sentí que había vuelto a nacer. Fue gracias a ella, o a la lluvia, o al impulso que decidí aprovechar.
    Y así sin más seguí caminando. Como todos, a pesar del gris, a pesar de lo absurdo. De vez en cuando muevo la cabeza perrunamente y alejo aquello que me aprisiona. 

Isolina Cerdá Casado

martes, 17 de octubre de 2017

Luces en el alma, estrellas que abrazan...

 

  Tal vez tienes la sensación de no haber hecho grandes cosas, pero qué es exactamente "hacer grandes cosas", a qué se refiere. Últimamente estoy dándole vueltas a muchas cosas, especialmente referidas a los instantes vividos con personas que ya no están físicamente con nosotros. Supongo que habrá quien piense que voy a empezar con temas tristes de pérdidas y enfermedades, o de tragedias que se las llevaron a otro lugar. No, no va de eso, va de sentir la fortuna de haberlos tenido, esos momentos, a esas personas.
    Supongo que es inherente al ser humano, nos tiene que doler la consciencia de que no vamos a volver a sentir físicamente a esa persona querida. En algún momento he escrito sobre la añoranza del cuerpo físico de mi madre, de sus abrazos carnosos, de su mejilla, ahora mismo ese recuerdo físico sensorial me ha llevado hasta ella, hasta su recuerdo.Y con ese dolor nos cerramos a valorar los momentos que tuvimos la suerte de caminar acompañados por esas bellas luces. Cuanto más bellas, más luces y más ciegos de dolor ante esa fortuna vivida.
    Ahora puedo escribir así, pero llegar hasta ahí es un camino. ¿Cómo podría un padre dejar de recordar con dolor a un hijo que ya no está? ¿Puede uno distanciarse de ese dolor ante la pérdida de un ser que da sentido a tu vida? Lo único que puede servir es intentar que ese dolor no te impida ver aquello que dio tanta felicidad a tu vida, la felicidad de los instantes. Que el dolor no te impida recordarlo, que el dolor no ciegue el sentido que te dio y la luz que te aportó su siempre corta existencia. Es como esa canción tan preciosa, "hay una luz en tu interior, yo sé que no la puedes ver..." Esas luces están con nosotros, y a pesar del dolor y la impotencia, a pesar de que el corazón se arrastre por el peso, a pesar de lo oscuro que se ve todo ante la tragedia, ellas siempre estarán. Si el dolor consigue acabar con nosotros, entonces también acabará con esas luces, las de ellos, las que ellos depositaron en nuestro corazón en esos instantes de felicidad real, cuando había risa, o abrazos sinceros, o miradas cómplices... Cuando sentíamos que simplemente con estar junto a ellos ya éramos felices, porque nos aportaban riqueza en el alma. 
    Te pido que mires a la luz, que sientas que no estás solo, o sola, que sientas esa energía vital que ha quedado en tu interior y que procede directamente de esa persona que tanto añoras y cuya partida jamás entendiste. 

Isolina Cerdá Casado
 

lunes, 16 de octubre de 2017

Galicia en el corazón






    Es muy triste, es doloroso, es terrible ver a Galicia arder por tantos puntos y de una manera tan salvaje. Ayer hablaban de que era causado por el cambio climático, otros decían que la confluencia de tantos factores juntos ha sido la causa, el huracán Ofelia, el calor asfixiante que se atribuye al cambio climático y el factor humano, intencionado o no. Cuesta pensar que semejante infierno haya sido provocado intencionadamente, pero es verdad que cuesta pensar que hay personas malas, pero las hay, lo mismo que cuesta pensar que varias personas en nombre de dios maten indiscriminadamente, en fin, no sé.
    La cuestión es que esta noche ha sido terrible, supongo que esa retransmisión en directo, esas cadenas de personas, vecinos de la zona que bajaban a ayudar con sus cubos y pucheros, esos profesionales entregados golpeando el fuego para ver si amainaba en esa ira descontrolada que llenaba la noche de un infierno anaranjado que acechaba amenazante zonas urbanas. 
    Recordaba a mis padres y a mis abuelos, cuando el fuego amenazaba la aldea, siendo yo muy niña, el humo, los gritos, el miedo a perderlo todo...entonces no había este avance tecnológico que es capaz de transportarte hasta el mismo miedo del hombre cuyo hogar pendía del soplo brutal de Ofelia. O ese terror, esa pena, esa narración que hacía una pareja desde el interior de un coche cuando atravesaban el monte salpicado por todos los lados del fuego amenazador. 
      Galicia es verde, Galicia está en el corazón de todos los que de alguna manera hemos pasado por ella y estamos con ella, Galicia querida y amada. Esa cadena humana que te socorre es mucho más larga, tanto como valientes y fuertes son los gallegos y gallegas que tuvieron que sentir esa morriña por la tierra por la que ahora también lloran, un llanto que no se regodea en la tristeza, este es un llanto que en un día como hoy derrama las lágrimas necesarias para apagar fuegos.

Isolina Cerdá Casado



martes, 10 de octubre de 2017

La misteriosa desaparición del agua marina de Norberto

 


  Empezó a llorar, conforme iban cayendo lágrimas de sus ojos toda ella se iba desinflando, y un deseado alivio le envolvió el cuerpo con un gran abrazo sincero. Y entonces tanto lloró que se convirtió en un grifo plateado, frío pero con capacidad de conducir aguas calientes. Las lágrimas siguieron saliendo y ese torrente transparente con cierto toque salado fue tan inmenso que hizo desaparecer al mismo grifo en el que se había convertido su cuerpo y toda ella desapareció por el desagüe, allá en el transcurrir por tubos llenos de oscuridad tuvo tiempo de pensar en ella misma, en su esencia más pura, en su alma errante. Ya no sufría, pero comprendió que para llegar a ser agua antes tuvo que sentir vientos huracanados allá en los adentros helados de su tubería metálica. Su llegada al mar fue emocionante. Un abrazo licuado e ilusionado culminó esa fusión oceánica. 

    Entonces, un buen día, cuando la mujer ya era transparente y se perdía en las inmensidades del mar, un valiente caballero se fue bañar a la playa, y decidió coger en una garrafa de cinco litros un poco de agua para las heridas que le causaba su dermatitis atópica en los dedos de los pies. Su vecina Maribel le había dicho que el agua del mar mediterráneo era muy buena para sus heriditas, Maribel sabía de ellas porque en más de una ocasión habían coincidido en la consulta de enfermería. Cuando Norberto echó el agua en el barreño rosa que le había comprado años antes su mujer Octavia, que en paz descanse, se olvidó de coger la toalla para secarse los pies al terminar. De modo que Norberto se fue al baño a coger del armario del baño la toalla rosa con flores blancas que, todo sea dicho, era la que utilizaba Octavia y por no tirarla pues la había conservado con cariño como uno de los objetos cargados de recuerdos que con tanto entusiasmo guardaba Norberto, la llevó con cierta emoción ñoña hasta el sofá del salón. Pero justo en el momento en el que fue a meter los pies en el barreño rosa, se dio cuenta de que el agua marina había desaparecido. Jamás encontró explicación a semejante suceso. Llegó a pensar que tal vez cierta demencia senil se había apoderado de su cordura, a lo mejor ni si quiera había estado en la playa. Aunque además del golpe de la puerta de su casa, que jamás pudo explicar, aquel día sucedieron otras cosas extrañas igualmente inexplicables. Una mujer muy bella había sido vista por la urbanización, según parece iba desnuda, lo dijo Nieves, la limpiadora que todas las mañanas le preguntaba por su dermatitis.

    Tras su paso por el océano aquella mujer jamás volvió a llorar. No lo necesitó. Se dedicó a viajar y a escribir sobre tuberías llenas de óxido y en su haber están multitud de viajes oceánicos curativos que consiguieron transformar el llanto en vida.

Isolina Cerdá Casado

Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.

Algunos de los pendientes mágicos creados por la guerrera del mar . Llevo días queriendo escribir algo, claramente me lo has inspirado tú, t...