lunes, 30 de mayo de 2016

Lunes, un objeto de inspiración: el cubo de basura.


El enigma del cubo de basura que atraía misteriosamente a las mujeres con espíritu creativo e impulsivo





Ella jamás hubiera imaginado un final semejante. El día había amanecido bien, normal, con sus historias de siempre, esas cotidianidades que hacían que un día corriente no dejara de ser corriente. Todo pasó como siempre pasaba, desde el mismo instante en el que sonó el despertador y lo pospuso diez minutos más, y luego lo volvió a retrasar diez minutos más tarde, esa sucesión de horas diferentes para el despertador móvil había hecho que se levantara de la cama con los minutos justos para vestirse, echarse un montón de agua en la cara, mal peinarse y sin tiempo para tomar café despertar a sus hijos a lo loco y con mucha prisa, ese retraso solo podía afectarle a ella, ellos debían ir vestidos, pienados, lavados, desayunados y sonrientes al colegio ese lunes corriente y moliente. 
La pobre mujer, que en realidad era muy feliz porque en el fondo había dormido una hora más gracias a sus devaneos con el despertador, iba todo el día prácticamente a rastras. Colgó a sus hijos de ambos brazos y los tiró en la puerta del colegio, bueno, los acompañó hasta la entrada aunque sintió que los tiraba, en el fondo se hubiera quedado con ellos metida en la cama pero los tenía que llevar a que aprendieran, era necesario, la sociedad obliga a ello, debían convertirse en perfectos ciudadanos integrados socialmente. Ya que ella no lo había conseguido. Al menos eso era lo que sentía, que estaba fuera, que no dejaba de correr pero que no llegaba a ningún sitio. A veces esas cosas ocurren. Creces, conoces a un chico, te vistes de blanco y te casas, tienes tres hijos, un perro y dos gatos, trabajas dentro y fuera de casa, y ¡ya te has hecho mayor! Sientes que ha pasado el tiempo tan deprisa que es como si hubiera llegado de golpe el tiempo adulto. El tiempo en el que ya no estabas a tiempo de mirar para otro lado y bajarte del tren. 
Así fue, en ese estado de ambigüedad mental y emocional, y con un cansancio pasmoso, así fue, como digo, el estado que la envolvía cuando se encontró con aquel misterioso objeto: el cubo de basura. Le pareció atractivo, por cualquier razón, ese instante en el que se sentó en el banco reparó en él, en su cuerpo esbelto, en su color de piel grisáceo, en su suavidad. Si una parte de ella hubiera estado cuerda en ese momento se habría dado una bofetada así misma para despertar de la ensoñación. Aquel cubo de basura la estaba mirando. ¿Quién miraba a quién? Ella solo estaba esperando a que sus hijos salieran de su actividad extraescolar, estaba deseando llegar a casa, hacer todo lo necesario para que sus hijos se metieran en la cama y libre de su cargo materno, tirarse también ella en la cama y seguir por donde lo había dejado aquella mañana de lunes corriente y moliente.
Pero no, las cosas nunca fueron sencillas para ella, en realidad tenía una misión en la vida, y lo sabía, siempre acababa por descubrir mundos peculiares, ella pintaba otras realidades, las pastillas que su médico le había recetado no eran suficientes para frenar su bendita locura. Así fue como decidió acercarse hasta el cubo de basura. ¿Me miras a mí? ¿Qué quieres? ¿Qué tienes por dentro? ¿Alma? ¿Atormentada? 
Se atrevió a abrir su puerta, entonces sintió cómo las vísceras de aquel objeto sensual, ¿sensual?, bailaban en sangre, sangre social putrefacta, ¿acaso no era como se sentía ella en muchas ocasiones? Y no pudo más que dejarse llevar por aquella fuerza, antes le envió un wasap a su marido. "Recoge a los niños, creo que no llego a tiempo". 
    Una cosa estaba clara, ella se podía ir de aventura con un maromo gris pero antes dejaría apañados a sus hijos. 
    Cuando el marido llegó al centro deportivo preguntó por ella, nadie la había visto, solo quedaban unas botas gastadas por el uso y por la vida y las muchas carreras que se había echado las veces que corría hacia el colegio para no llegar tarde a recoger a los niños. La policía jamás pudo explicar por qué el calzado de aquella mujer estaba colocado tan sospechosamente a la entrada de aquel cubículo. Curiosamente no era la primera mujer en desaparecer en aquel Centro deportivo que acogía las piscinas municipales del barrio de la Fortuna de Leganés. Muchas mujeres han confesado su extraña atracción por estos cubos de basura cuya permanencia está siendo cuestionada por mentes socialmente integradas y con cierto grado de cordura.

Isolina Cerdá Casado




El punto de vista de una mota de polvo.Ella te recomienda algo: ¡Vive!


    Apenas una mota de polvo, ella era una mota de polvo que reposaba sobre el saliente de un taco de un banco. Ella hubiera preferido ser otra cosa, pero nunca se sabe en qué te vas a reencarnar, su existencia podría decirse que era una especie de trampa del destino o paradoja de la vida. En realidad lo que tenía de ser vivo en este momento se lo daba una familia de ácaros bien avenida y bien llevada en un rincón inalcanzable por la fregona. Desde esa visión la vida se percibía de forma distinta.

Mi banco pertenecía a la sala de espera de un hospital. Un lugar que raramente se visita con gusto. Y a todos les toca de la misma manera, por la variedad de calzados e independientemente de la capacidad económica de la que uno disfrute con más o menos suerte o esfuerzo el cuerpo tiene accidentes, enfermedades y sin sentidos ajenos al peso de las monedas que uno tenga en su monedero. Claro que a todos ellos les digo que es mucho peor ser lo que soy yo, una triste mota de polvo. Yo ya fui humana en otra reencarnación, y solo ahora soy consciente de lo que me perdí por estar entretenida en cosas que ahora sé que fueron distracciones absurdas, sin demasiado sentido. Claro, es muy fácil decirlo ahora, cuando mi entretenimiento se reduce a reconocer marcas de calzado o caminos recorridos según el desgaste de las suelas y el nivel económico de cada uno y su capacidad para derrochar.
 Vive vive, vive, mientras tengas dos piernas que te lleven, o una silla de ruedas, o unas muletas e incluso si dispones de una cama con ruedas. Circula por la vida, sé inteligente, aprovecha tus impulsos. Ojalá tengas impulsos, muchos, montones de impulsos.



Isolina Cerdá Casado

jueves, 19 de mayo de 2016

Luz


He querido sacar esta imagen, la flor del geranio, esa flor que vuelve una y otra vez a renacer. El cielo azul que también vuelve, y nuevamente esa necesidad de escribir, de dejar que hable el alma, que cuenten los ojos, lo que ellos vieron, lo que nuestros oídos oyeron, esas emociones que los sentidos nos hicieron llegar.
He empezado a escribir y no sé muy bien qué es lo que voy a contar, bueno, sí sé, sé que tengo la pulsión, y sé qué es lo que la ha despertado. La impotencia de ver que nuevamente la vida nos impone una despedida forzosa, se está yendo, obligada por una enfermedad cruel, ante la que no siempre se gana la batalla. Qué puedes decir, nada, solo pueden hablar los ojos, los surcos del gesto dolorido, el aliento desgastado, nada, no se puede decir nada. Que entiendes el dolor, yo no fui consciente de que mi madre se estaba yendo, no, hasta el último aliento de despedida creí que podía volver a recuperar su vida, todos lo sabían, sabían lo que iba a suceder, yo no. Yo siempre mantuve la esperanza, siempre. 
Cuando ella murió, mi consuelo fue pensar que ella estaba conmigo, conmigo y con todos los que habían caminado con ella. Esa idea de que una parte de ella estaba en nosotros me aliviaba, la transformación del espíritu, el legado de su vida, esas chispas vitales que nos habían estado acariciando cada día, esas seguían en nosotros. Entonces me acordaba de los muchos momentos en los que ella estuvo a mi lado y sentía su energía, su fuerza huracanada.
Mi querida amiga está muy malita, la mujer de mi amigo, del amigo de mi madre, del gran hombre, el valiente, el visionario, el hombre que consiguió grandes empresas, porque es grande. Ella ya no tiene fuerza para salir corriendo y caminar libre de dolor. Ella es una mujer adorable, de esas mujeres que cuando eres niña te sonríe y te abraza, y cuando eres mayor te apoya y te comprende. Es la belleza, la de los ojos preciosos, la que trabaja sin descanso, la que disfruta de una brisa marina, la que dobla con delicadeza las prendas de un bebé y no deja de repetir con voz dulce "qué feito" al ver al niño que va creciendo.
No sé, no puedo escribir mucho más, en realidad no sé ni si quiera qué pretendía escribir. Me sentí bien al sentir el impulso, pero esa imagen de ella, esos pequeños pasos, esa fuerza en su mano al despedirse de una amiga, sin poder hablar, sin dolor pero con mucho cansancio, no sé, no hay palabras, solo una tristeza indescriptible, inevitable. Sí, forma parte de la vida, la enfermedad lo mismo que la vitalidad, lo mismo que la energía, su pelo corto, su cuerpecito cuidado de mujer coqueta, bella, preciosa, su corazón lindo, su entrega. Eso siempre estará en un lugar especial. La esperanza también. ¿Y si...? Tu nombre, necesitamos a tu nombre.

Isolina Cerdá Casado  

viernes, 29 de abril de 2016

Mami Naturaleza


Los días 26,27 y 28 de abril de 2016, Tepahi representó en el Teatro José Monleón de Leganés la obra de teatro "Mami Naturaleza" escrita y dirigida por Sergio Lozano. Ha habido mucho trabajo detrás hasta llegar a esos maravillosos días. Mucha energía invertida por personas que tenían sus propios trabajos, sus situaciones personales, sus complicaciones, sus batallas. Muchos, más de treinta y seis, me quedé corta comprando el agua, unas cuarenta y dos personas. La dirección de tanta gente no es fácil, el tener en mente cada uno de los detalles tampoco lo es. Lo hemos hecho muy bien, al final el resultado ha sido muy bueno, gratificante, emocionante, no solo para nosotros sino también para los aproximadamente dos mil niños que nos han visto gratuitamente por las mañanas, invitando a sus colegios, con la colaboración del Ayuntamiento de Leganés que nos cedía el teatro y a los técnicos. Me quito el sombrero ante todas las personas que han invertido una parte importante de su tiempo en crear esos disfraces maravillosos, que nos transportaban hasta ese lugar de la imaginación en donde caemos rendidos ante la fantasía de un mundo maravilloso en el que todo es posible. No solo disfraces sino también el decorado, las lianas, el árbol, Abuela Sauce, las piedras, las flores, los ojos, la boca, las rocas, las mariposas, los monos y sus bártulos, los magos, los hobbits, las hadas, los elfos, los trolls, los avatares, etc. El director proponía caminos y el que quería y podía los seguía, no se obligó a nadie, todos fuimos libres. A lo mejor no me sucedió a mí sola, pero en este camino tuve momentos en los que me derrumbé, me salí del camino, volví a caminar. Agradezco a todos los que no dudaron en ningún momento de que esto iba a llegar a buen puerto y siguieron adelante. Principalmente doy las gracias a Sergio Lozano porque sin él, ya lo he dicho en varias ocasiones, esto no se habría conseguido. Pero ha habido otras personas también sin cuya ayuda no se habría podido ni arrancar. Personas que llegaron  con nuevos impulsos y con muchas ganas. También personas que querían estar menos implicadas y al final volvieron a darlo todo, y más, como Bego Boto, que al final estuvo implicada hasta en las distribución de entradas. No voy a mencionarlos a todos, cada uno ha dado un poco o mucho, según sus impulsos y sus posibilidades. Yo he participado muy poco, tanto es así que llegué a sentirme un poco como mi personaje, el que el director consideró que podía ser capaz de interpretar, Gollum. Iba como de puntillas buscando "mi tesoro" por todos los rincones, sorprendiéndome ante un amo impresionante, un avatar espectacular, ahora sé que fue el perfeccionamiento del jefe el que remató la creatividad, tres avatares que nada tenían que envidiar a los originales. Gollum se frotaba los ojos cada vez que se cruzaba con uno de ellos. Pero cierto es que Gollum se quedó absorto al ver a unas preciosas hadas volando por el escenario, sabía de sus luchas y ellas le regalaban sonrisas, hadas que salían ante la llamada de unas flores que se movían con unos movimientos naturales por la brisa del atardecer y de la tormenta. Entraba sigiloso a escena al ver allá a lo lejos a los magníficos Frodo, doble del auténtico, y su inseparable Sam, que tan buenos manjares nos preparaba. A Gollum se le escapó una risa cuando vio a un oso rodando por el suelo y también una lágrima emocionada cuando se enteró de que en esas vueltas de cuerpo alocado a Baloo se le había salido el hombro, tan profesional como el que más, siguió adelante con su escena y terminó su trabajo. Unos leñadores chisposos, que lo mismo tiraban latas que se ponían una barba gigante, hacían fotos u organizaban al público. Y qué decir de los movimientos de Mowgli, bailaba como si se le fuera la vida en ello, parecía poder volar con una ligereza impresionante. Gollum veía al director que se mordía las uñas rezando para que no se rompiera la endeble mesa que lo sostenía. Y esa voz, esa voz maravillosa que llenaba de magia, con sus canciones, el ambiente de un bosque lleno de criaturas fantásticas, casi cae adormecido en su ensimismamiento la pobre criatura. Los elfos le imponían con su presencia, Gollum se quedaba sin habla, estaban guiados por un hombre sabio. Gollum observaba al que dirigía el cotarro, se preguntaba cómo era capaz de estar en todo, dando instrucciones al técnico que iba transmitiendo al otro técnico todo lo que aquel loco con el pelo cardado o con tres coletas, le iba diciendo mientras se ponía el traje de Duendolín verde. Árboles mágicos que se movían muy despacio, y esos locos monos con sus instrumentos fantásticos hechos de botellines, embudos, latas gigantes, maravilloso ingenio, que se dejaron la espalda, las lumbares, las caderas, y alguna las rodillas, con ese baile coreografiado con tanto cariño y empeño, hasta la criatura más extraña y solitaria se ponía bailar con ellos, y cuando el Rey Lui cogía el micro, Dios mío, ¡madre del amor hermoso! Qué buen rollo nos daba a todos. ¡Y esa marcha de Baloo! Fue total y absolutamente maravilloso, indescriptible. ¿Y las mariposas? Ay, por favor, Gollum babeaba, tenían tanto amor, daban tanto, tanto amol, ay mariposillas, cuánto amor habéis repartido, cuánto cariño, cuántos abrazos. Cuando Gollum se transformó ante tanta maravilla y se convirtió en Abuela Sauce fueron otras tantas las sensaciones vividas, una de las veces mientras respondía al gran Duendolín, como si de un efecto de transformación de la criatura se tratara, a Gollum se le cayó una oreja, a la Abuela Sauce le entró la risa, pero se pudo contener, intentó no hacer ningún gesto que hiciera ver al gran hombre de negro marido de un hada (así de maravilloso es) lo que acababa de suceder. La susodicha oreja le cayó en el dedo gordo del pie, y mientras leía el guión camuflando la risa se imaginaba semejante accidente mientras decía aquello de "el amo es bueno, el amo nos cuida".
Tal y como imaginó el director en su cabeza, la explosión de los kabukis llenos de mariposas causaba un efecto mágico. La abuela Sauce se quedaba fascinada con ese ¡Ohhhhh! que emergía del patio de butacas, era como una especie de agradecimiento ante tanta entrega. ¡Y la magia volvía a llenar el teatro del Saramago de mariposas de colores! Un hada ha dicho esta mañana que pensaba que todo había sido un sueño, pero que al ver restos de purpurina en la cara ha comprobado que no, que todo había sucedido de verdad. El marido de una de las actrices que se dejó en escena unos cuantos kilos con esos bailes tan increíbles le confesaba a su monita que no sabía por qué, pero que siempre que veía una representación de Tepahi se emocionaba muchísimo, cosa que no le sucedía con otras representaciones, ella decía que era por la energía, porque todos poníamos mucha alma y había algo especial en el ambiente del teatro que atrapaba al público, y aunque no fuera un grupo profesional toda esa energía llegaba a los corazones.

No sé, solo puedo decir que aun a pesar del agotamiento ha merecido la pena, gracias a todos y cada una de las personas que han hecho posible que aquello que imaginó un creador, un mago, un director,...haya visto la luz ¡Y que sigamos viendo muchas mariposas volando por nuestros jardines y parques!

Isolina Cerdá Casado
 


















miércoles, 20 de abril de 2016

Gris

    Se asomó por la ventana. Era un día tan gris que su mirada absorbió cada pincelada de ese color y su alma se llenó de nubes, lo que sentía se enmarañó, ya no sentía nada que tuviera algo de luz y de vida. Consciente de que el gris también era vida, dejó a un lado la tontería y lo que sentía, empezó a caminar por lo que flotaba, las nubes grises. Era absurdo, muchas veces todo era absurdo, no podía comprar botes de pintura y cambiar el tono, no tenía dinero para tanto. Tampoco sería suficiente con coger un pincel y colorear ella misma el cielo, solo para que su alma no se viera afectada.
De pronto una luz, era una luz de vda, le llegó a la mirada, vino a través de un gesto valiente, el gesto lo hizo un niño, pertenecía a un alma llena de pureza, limpia, que todavía no sentía el gris como un color que apague, tal vez no había llorado por cosas de adultos, o tal vez en su sabiduría había sido capaz de seguir avanzando a pesar de todo.
Una carta, una sonrisa, una mirada, simplemente un gesto puede darte la oportunidad de cambiar de rumbo, de aceptar el gris y seguir, de no rendirte, de aprovechar cada gota de vida y caminar.

    Esperando en el hospital, pensando, acordándote de personas importantes en tu vida, personas que ya no están pero estuvieron.

    Ha vuelto el impulso.

Isolina Cerdá Casado

domingo, 3 de abril de 2016

Domingo, un objeto de inspiración: Lavadoras.


Hoy, un domingo gris, de esos domingos raros en los que el gris del cielo parece inundarlo todo, un domingo más de vida, de vida gris, a veces la vida se pone así, se tuerce, se oscurece, se mancha con salpicaduras de aceite de fritura de albóndigas, o de calamar, o de croquetas caseras hechas con cariño, de ese cariño que no se compra con dinero, que nace del impulso, del apego, de la necesidad.
La lavadora estaba llena de suciedad de vida. Empezamos a meter prendas dentro de ella, si fuera lo mismo con las manchas en el alma, con las preocupaciones, con los problemas. Un poco de quitamanchas a la pena negra por la enfermedad de una amiga, y a la lavadora; un poco más del mágico producto sobre el dolor de ver a un familiar arrastrándose por la vida, y a la lavadora; detergente muy potente para la pérdida de un ser querido y a la lavadora; cepillo y rascado ante la traición de ese amigo que no lo era tanto, y a la lavadora. 
La lavadora estaba llena de ropa sucia, mi lavadora, mi querida máquina de limpiar prendas. Qué poco caso te hago, querida, pero qué papelón me haces.
Sube, pasea, camina, estás viva. Ya llegarán las manchas, pero hasta que lleguen camina, y si ya están, camina igualmente.

A veces tengo la sensación de que no estoy encarnada de verdad, como que paseo por la vida sin el peso, sin estar dentro de mí, sin dejar huella en el suelo. Y entonces quiero recuperar esa parte de mí que se fue haciendo invisible y dejó de pesar, esa parte en la que era capaz de ver más allá, esa mirada que seguía creyendo en que todo era posible. 
Acabo de darme cuenta.
Sigo siendo yo. No he desaparecido, esa parte está en calma, tranquila hasta ahora, pero quiere volver a bailar con las musas, aunque me tenga que poner un poto en la cabeza.
Vive.

Isolina Cerdá Casado

sábado, 26 de marzo de 2016

Algo sobre lo que escribir.


Este te lo dedico a ti. Bueno, estaba sentada en una pelota gigante, de esas que dicen que son buenas para corregir malas posturas, pensando. A veces una necesita pararse a pensar, aunque sea sentada sobre una esfera gigante. La vida pasa tan deprisa que el café se enfría sin apenas darte cuenta de que el frío llegó hasta él tan rápido como a tus manos, y en un segundo todo el calor que te transmitía la temperatura cálida de la taza de cerámica se esfumó, lo mismo que ese impulso al que ahora estás apelando. 
Hola, ¿estás ahí? Dentro de mi cuerpo bailas, lo sé, pero estás ausente, no te puedo ver, sé que te mueves porque tienes inquietud pero yo no soy capaz de bailar contigo. Y te necesito, necesito que te vuelvas a unir a mí para volver a crear. 
Ella era una heroina, lo era, tenía el pelo morado, eso era anecdótico pero su capacidad de lucha era una realidad. 
De pronto escuchó una voz que le decía: "Si estás sentada en la pelota, ¡bota!"


De repente se puso a dar botes sobre la pelota gigante, todos la miraban, sus hijos cuya entrada en casa apenas percibió, su marido que traía a sus hijos, la tortuga, que desde el comedor la miraba con asombro pensando en las extrañas cosas que hacía esa mujer que todos los días le daba comida, la ninfa pelada también la miraba con el pico abierto. Y aquella mujer seguía saltando sin parar, empezó a golpearse en el techo de su casa, se golpeaba con la cabeza sin darse cuenta, hasta que hizo un boquete y de pronto se encontró saltando sobre las nubes, nunca se imaginó con la capacidad de hacer algo así. Toda su familia la miraba desde abajo, a través del enorme agujero que aquella pelota con el impulso de la mujer había abierto en el techo, no solo se veía a la mujer saltando sobre las nubes, también empezaron a verse estrellas en el cielo y de pronto la mujer saltaba sin pelota, volaba, sentía el impulso, su propio impulso, lo encontró. 


        

                     Isolina Cerdá Casado



 

miércoles, 16 de marzo de 2016

Reactivar la vida en la calle.

Ayer estuve en una reunión muy interesante en la que se hablaron de muchas cosas, uno de los temas era la recuperación de la plaza pública, de hacer de la calle un espacio más en el que morar porque sencillamente es del pueblo, de la gente viva, de los que pasean, de los que juegan, de los que leen, de los que descansan, de los que crean. La calle, la plaza, el espacio público como un lugar de  reunión en el que hacer cosas que trascienden más allá de la vida propia, íntima, personal y familiar, y trasciende pero lo hace enriqueciéndola, sin olvidarse de ella a través de la interacción con los demás. 



Salí de este modo a la calle, caminando, y todos esos espacios públicos estaban casi vacíos, no era una hora en la que se esperase afluencia de gente en las plazas, todos estábamos haciendo cosas, trabajando de mil maneras para que nuestra vida pudiera seguir transcurriendo como el tiempo que nos ha tocado vivir nos exige. Ya no se sacan sillas a la calle, se colocan bancos, la estética de la calle tiende a ser fría, a estar en consonancia con el mobiliario urbano, con las ideas de alguien que se responsabiliza del área de urbanismo. 


El que los bancos estén vacíos no significa nada, todos estamos muy ocupados, tenemos muchas cosas que hacer para poder tener nuestros propios bancos en casa. Pero ¿y si de pronto hay un impulso de color que parte de la ciudadanía? De los que habitan el pueblo, de los que quieren contribuir a hacer de la calle, de la plaza, un espacio lleno de vida y sentirlo como propio.


Unas manos llenas de luz, de vida, de impulso serán capaces de transmitir esa idea de habitar la calle, de jugarla, de llenarla de vida. La Red de AsociAcciones de Leganés quiere que la mirada se llene de una luz esperanzadora. No estamos solos, la ciudad es un conjunto de personas que viven en el mismo espacio y tenemos lugares que no son simples zonas de tránsito, hay pulsiones de vida que pueden reactivar esa vida vecinal en nuestras plazas.

La calle es nuestra, hay que cuidarla, respetarla, habitarla e interaccionar con ella y en ella para llegar a amarla. 



Isolina Cerdá Casado

martes, 15 de marzo de 2016

El túnel sirio.

Muchas veces tenemos frente a nosotros un túnel larguísimo, podríamos cambiar de vía, en lugar de caminar subir a un tren y adentrarnos en él, pensamos erróneamente que solo nosotros vemos túneles negros. En realidad todos estamos en el mismo barco. No es un túnel de la línea de metro, no es un túnel cualquiera, la cuestión es que, cuando caminas sola al borde de la vía y ves al fondo ese túnel, surge la pregunta: ¿qué más tesoros te esperan por descubrir? Digo tesoros porque la vida lo es, aunque en ocasiones tengamos una sensación de ahogo, cuando pase el tiempo mirarás atrás y el túnel será igual de largo pero tendrá luz, podrás escribir sobre ello.

Hoy me he hinchado a llorar, en un vídeo sobre la situación que están viviendo los refugiados sirios, imposible no ponerse en la piel de todos ellos, de pronto, tal vez porque hoy estoy especialmente empática, sentía el frío de aquella niña que lloraba temblando, que miraba al vacío porque no sabía a dónde mirar; yo no podía evitar llorar con todas las madres cuyos ojos se humedecían porque sentían la impotencia de no poder hacer nada para evitar el sufrimiento de sus hijos e hijas, muchos en brazos de sus progenitoras, padres cuyo ánimo ya no podía dibujar esperanza en su mirada al ver a su familia arrastrándose por el fango. 
Entonces pensaba que todo ese sufrimiento no podía ignorarse, porque tal vez en un futuro volvamos a preguntarnos ¿cómo fue posible que sucediera eso? Que familias enteras estén sufriendo de esa manera al lado de una valla griega y que la solución sea devolverles a Turquía y que se apañen otros. No sé, al final las palabras quedan bien en los textos pero hay que responder con hechos ante situaciones de esta dimensión. Esto es un problema global, si yo estuviera con mi hija en brazos, enferma y llorando, y mi hijo sentado en una piedra con la ropa húmeda y temblando de frío, si yo estuviera en esa situación no me gustaría que nadie me ayudara. La vida da mil vueltas, las situaciones son cambiantes, si no protegemos a los más débiles al final el mundo del bienestar no tendrá sentido si se está sosteniendo sobre una estructura global tan débil e injusta socialmente, sin humanidad no podemos reconocernos ni definirnos como seres humanos.


Isolina Cerdá Casado


viernes, 11 de marzo de 2016

Se ahoga.

Estaba paseando,  al menos tenía esa sensación,  tal vez porque no era consciente de su verdadera esencia. Cuando se encontró con aquella aldea pensaba que se había perdido, no le sonaba, no le resultaba familiar. Eso la hizo imaginar que estaba siendo víctima de algún juego escabroso en el que había secuestros de por medio. Había escuchado historias de esas, de secuestros exprés, alguien la había llevado hasta ese lugar y tal vez habían llamado a su familia pidiendo un rescate. Al final se dio cuenta de que esa posibilidad era imposible, lo supo en el mismo instante en el que intentó respirar,  era algo imposible; los peces no tienen pulmones,  y ese hecho imposibilitaba cualquier teoría limitadora de libertad. Supo que era un pez cuando vio su reflejo en el cristal.  Luego la sensación más extraordinaria fue darse cuenta de que además de respirar con branquias no estaba sola. Había otro pez, era naranja, nunca le atrajeron los peces anaranjados, el caso es que aquel pez le resultaba familiar. ¿Cómo se podría comunicar con él? ¿ Los peces hablaban? ¿ Se comunicaban con gestos? ¿Burbujitas? 
Empezó a sentir un agobio repentino al darse cuenta de que estaba metida en su acuario, llegó a esa conclusión cuando vio la luz que entraba por la ventana, casi estaba cegada por la intensidad de los rayos que entraban por ella. Comenzó a golpear los cristales pero nadie se daba cuenta de que ella estaba allí metida. Bueno, sí, solo que no la veían como una persona sino como un pez. Una lluvia de comida empezó a caer procedente de un agujerito. Tenía hambre. Se puso a comer, estaba tan hambrienta que no le importaba nada la imagen de ese sucedáneo de pienso para peces. Glup, glup...ahora ya no pensaba en nada, se limitaba a flotar y a nadar. 

¿Eran felices los peces? No lo sabía,  tal vez algún día intente meterse en la piel de un pez, como esos que parecen vivir tranquilos, sin complicarse la vida más de lo necesario. Mientras tanto intentaría disfrutar de la posibilidad que le daban sus pulmones de correr libre.

Isolina Cerdá Casado





martes, 8 de marzo de 2016

Día de la mujer.

Bueno, qué bien, hoy es el día de la mujer trabajadora, de la mujer en general. La existencia de este día es una mala señal claro, significa que por más que haya muchos que digan que no lo entienden, "que por qué narices tienen que hacer algo especial para la mujer", por más que se siga cuestionando este día, resulta que sigue siendo necesario un día en el que pararse y reflexionar. No sé, la realidad es que estoy en casa y mi marido está trabajando con un sueldo, que gracias que lo tiene, a mí me gusta escribir, pero no vivo de esto, he estudiado Sociología y Artes Escénicas, pero no soy autosuficiente económicamente, aún no, con cuarenta y tres. Eso hace que mi trabajo en casa sea algo obligatorio, que no está remunerado claro, no sé, volver a lo de siempre, excusarme, sigo igual, igual exactamente, los niños están escolarizados, tienen horarios que supuestamente me permitirían trabajar, pero no lo hago, sigo aquí, con la misma sensación de mujer dependiente, lo poco que hago a nivel interpretativo no da para pagar una letra de hipoteca. Hoy el niño ha estado malo, sigue malo, lo he llevado al médico, he estado con él, mi marido trabajaba, ha estado llamando varias veces preguntando por él. Me cansa escribir sobre esto, sobre eso de que hemos ganado muchas cosas pero que hay muchas otras que seguimos arrastrando. Esos pequeños micromachismos que admitimos porque cansa repetir lo mismo una y otra vez. Si no hay niños, hay familiares dependientes, siempre hay algo que nos obliga a renunciar a algo, si no es a un trabajo lo será a una tranquilidad, la preocupación, la inversión del alma. ¿Todo se reduce a un sueldo? ¿Si se pagara el trabajo que realiza el ama de casa la cosa sería distinta? No lo creo, no lo creo. El tener un hijo es una inversión fundamentalmente de la mujer, ella transforma su cuerpo, para acoger el milagro, supongo que ahí radica todo. Un hijo cambia la vida de los dos, pero la que asume el papel de madre lo tiene más difícil, es así. Cuando tuve a mi hijo me quedé con veinte kilos de más y un dolor por el desgarro que me produjo la buena intención de la matrona al decidir no hacer la episotomia que me hacía caminar costosamente para minimizar el dolor de las hemorroides gigantes y los puntos que me tuvieron que coser. Eso no le pasó al padre. Él decía que nosotras éramos afortunadas por poder experimentar todos esos cambios, por sentir la vida en nuestras carnes. Es verdad, lo somos, como también es verdad que ese milagro que ha estado produciéndose en nuestro interior sigue tan pegado a nosotras como en los inicios. Somos diferentes, pero tenemos los mismos derechos, tenemos que tener las mismas oportunidades. Y siento decirlo, pero no las tenemos. Aquella vez que hice una entrevista para un supermercado la pregunta de si tenía hijos y de la edad que tenían no fue accidental, que mi hija tuviera un año en aquel entonces influyó a la hora de no escogerme a mí, al padre no se lo habrían preguntado, porque la conciliación no es real, porque qué pasaría si no hubieran abuelos a los que recurrir, pues que habría que pagar a alguien y en ese caso la madre valoraría si le merece la pena pagar a alguien el sueldo que ella gana para cuidar de sus hijos, y valoraría si le compensa. Ese tipo de cuestiones generalmente no surgen en la cabeza del hombre, y está muy bien, cada uno es como es, nosotras somos así, emocionales, intensas y ante una elección siempre pensamos primero la repercusión que tiene en nuestros hijos e hijas elegir un camino u otro. Una amiga se sentía fatal porque tampoco trabajaba fuera de casa, ahora ha conseguido un trabajo, es en un hipermercado, trabaja como cajera reforzando plantilla, trabaja casi todos los fines de semana, le duele no tener ese tiempo para estar con su familia, los días que le coincide con actividad extraescolar de la niña, llama a los abuelos, le duele tener que hacerlo, si no va a llegar a recoger a su hija a la salida del cole, la deja a comedor, le duele no poder hacerle la comida. Y la final son miles de dolores, todo por unos pocos euros, claro que no ha dejado de hacer lo que hacía en la casa, hace lo mismo solo que ahora se puede permitir algún capricho sintiendo que se lo ha ganado ella. 
    Hoy he visto una imagen muy graciosa, una mujer que se preguntaba que si tenía trabajo, una casa muy bonita, dos hijos maravillosos, un trabajo como ejecutiva, porqué sentía que su vida era una mierda. Pues porque sencillamente no tenía vida, su vida estaba volcada en los demás, en que todo lo que ocurría a su alrededor fuera perfecto, se había volcado tanto hacia afuera que se había olvidado de mirar hacia adentro. 
    Hay hombres maravillosos, hay hombres que trabajan mucho, que aportan su importante sueldo, que colaboran en casa como una mujer, "como una mujer", ojalá algún día no tengamos que decir esa frase "es un hombre muy majo, hace tantas tareas en casa como si fuera una mujer", significaría que el trabajo de casa no es por norma algo de mujeres, y ojalá deje de ser extraordinario el ver a un hombre realizando de igual a igual el trabajo del hogar. 
     Supongo que debemos empezar por nosotras mismas, por valorarnos, por reconocer nuestro trabajo, dentro y fuera de nuestra casa, por incluirnos también en esa lista de prioridades.

    Este texto se lo dedico a todas las mujeres del mundo: las madres, las hijas, las abuelas, las tías, las hermanas, las amigas, las cuñadas, las que trabajan fuera de casa y dentro de casa, las que bailan libres, las que sonríen a la vida, las que luchan sin parar, las que se enfrentan a las dificultades con gran fortaleza...a las escritoras, a las actrices, a las periodistas, a las psicólogas, a las dependientas, a las comerciales, a las maestras, a las peluqueras, a las mecánicas, a las doctoras, a las enfermeras, a las conductoras, a las limpiadoras, a las diseñadoras, a las vendedoras, a las cajeras, a las profesoras, a las autónomas, a las que trabajamos en casa...a todas mi más sincera enhorabuena y a seguir luchando por un mundo educado en la igualdad de todas las personas que moran en él.

    Isolina Cerdá Casado








Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.

Algunos de los pendientes mágicos creados por la guerrera del mar . Llevo días queriendo escribir algo, claramente me lo has inspirado tú, t...