miércoles, 18 de mayo de 2022
La luna te está mirando.
miércoles, 11 de mayo de 2022
Tonos creativos
martes, 10 de mayo de 2022
Sensaciones
Hoy le he estado dando vueltas a una idea, fue tras una sensación. De repente me acordé de mi madre, me vino el recuerdo a raíz de la próxima cirugía, sin buscarlo, fue cosa de la mente, sentí que estaba conmigo, no físicamente claro era su espíritu, como si una parte de su yo estuviera en mi mente, o en mi corazón, no sabría explicarlo. Entonces pensé en mi tío Martín, su hermano que falleció en noviembre del año pasado, también lo sentí ahí. Luego pensé en una tía a la que quiero mucho pero hace años que no veo, aunque hablo con ella de vez en cuando, está viva, pero su recuerdo era muy parecido al de los familiares que se fueron físicamente, entonces fui consciente de que aquella sensación era parecida a otra ya experimentada, volví a sentir lo mismo que aquel día cuando vi el cuerpo inerte de mi tío poco antes de darle sepultura, su cuerpo ya no tenía vida pero él viviría conmigo para siempre en forma de recuerdo de vida compartida, de ideas intercambiadas, de miradas, de sonrisas preciosas. Supongo que esa conciencia puede surgir cuando el duelo ha pasado y te permite despertar esas sensaciones.
Sentí cierto alivio y quería compartirlo. Gracias a nuestros seres queridos tenemos el corazón repleto de una energía vital que nos ha regalado el amor sincero de nuestra gente y que siempre estará con nosotros.
Isolina Cerdá
lunes, 9 de mayo de 2022
¡Sonríe! ¡Sonríe! ¡Sonríe!
sábado, 30 de abril de 2022
Tiempo
viernes, 22 de abril de 2022
Naturaleza sabia
martes, 12 de abril de 2022
Escritura creativa
Isolina Cerdá Casado
Historias
jueves, 31 de marzo de 2022
Geno, la musa de Alejandría
domingo, 13 de febrero de 2022
Refuerzo artístico en tiempos de pandemia, aforo completo.
Justo coincidiendo con la entrega de los premios Goya, los actores y actrices de teatro estábamos trabajando, qué ilusión, qué agradecimiento poder hacerlo, qué duro está siendo, qué complicado seguir activos aun a pesar de esta pandemia que se nos ha venido encima como una losa tremenda, para todos sí, pero ahora no hablo de hospitales, no hablo de lo que pasa en cada casa, ni de lo que pasa en cada una de nuestras cabezas que intentan salir a flote para no sucumbir en esta sensación de vida perdida, de abrazos rotos, de distancias forzadas, de aislamientos agonizantes... Ahora escribo sobre el teatro, sobre los actores y actrices que tuvieron que parar, y volver a golpe de aforos reducidos, de miedos y de carencias.
Ayer por fin tuvimos aforo completo, como en los viejos tiempos, con menos gente porque hemos reducido el aforo ya que se trata de una sala pequeña, para que el público se sienta lo más seguro posible y disfrute de este trabajo maravilloso, de este arte efímero, lo que pasó ayer no volverá a ocurrir, las energías que jugaron en esa habitación, y se conjugaron con las energías del público, de esas personas con ganas de ver algo que les conmueva, que les haga bailar el alma, que les produzca algo diferente allá en los adentros. Las funciones nunca son iguales, ayer hubo magia, pero una magia distinta a otros días, el texto no cambia pero nosotros nunca estamos igual, somos agua, y el agua cambia constantemente, baila, salta, juega, salpica, arrastra, engulle, congela, calienta, arde. No te va a dejar indiferente, no, es cierto que somos afortunados, dentro de nuestra vulnerabilidad, seres afortunados porque nos metemos en otra piel pero siempre a través de nosotros. La fortuna de trabajar con un texto increíble, que en cada función te descubre algo nuevo, otro matiz, una capa más en la que adentrarte y jugar a fondo con el alma entregada.
Es un trabajo de entrega, porque adoramos el teatro, es así, no es por dinero, no, porque no está lo suficientemente reforzado en ese aspecto, es porque creamos algo, cada día, y en cada función se instala una semilla más que se recoge con el tiempo, y en la función siguiente aparece una flor, y en la siguiente un fruto y otra flor, pero hubo que invertir mucho cariño para conseguir que el público sintiera que por unos momentos estaba dentro de un jardín precioso, o de una habitación asfixiante, ante tres almas que bailando y creando les mostraban una parte de sí mismos, en la que se podían reconocer, y entonces la catarsis surgía, allá, adentro, se podía ver en la risa repentina ante la tragedia más absoluta, esos contrastes de la vida.
Siempre lo he dicho, "Las Criadas" de Genet representada en este espacio tan especial como lo es El Teatro Corral de Lope, trabajada con esta entrega por la compañía Kallisté de la que formo parte en este proyecto, es un lujo para el público. Y en el día de ayer el público nos reforzó, con su presencia y con esos aplausos tan agradecidos.
Isolina Cerdá
martes, 28 de diciembre de 2021
Felices fiestas, para los sanitarios, sus familias y los pacientes y familiares.
Os voy a contar el regalo de Navidad que he sentido como tal. Los pacientes habían terminado de comer, tras los aseos, medicaciones mañaneras, tensiones controladas y cariños de cuidadores recibidos... El pabellón San Francisco de Cantoblanco estaba bajo control, los auxiliares estaban relajados esperando iniciar la segunda vuelta, el día tenía un tono grisáceo, llovía, era Navidad, había bolas de colores dorados brillantes, y muchos llevaban cuernos de reno y gorritos rojos en sus cabezas. De pronto la enfermera Clara apareció con una guitarra entre sus brazos y animó a que la acompañáramos en un recorrido mágico, las cuatro auxiliares la siguieron: Jesús lleno de su energía transgresora y vital; Carmen la mujer que puede con todo y sonríe a sus pacientes mientras hace su trabajo; Yune, la ojazos como la llamaba María, una paciente muy amable y agradecida; María, la auxiliar que trabajaba con tiento y gran escucha hacia sus pacientes, y la celadora escribidora que también siguió a Clara, la enfermera que nos contagió de su ternura y de su luz y sabedora de que íbamos a hacer algo bueno para los pacientes y algunos de sus familiares.
¿Por qué ha sido un regalo para mí? Pues porque en mi casa no hemos cantado ningún villancico en nochebuena, no hemos podido reunirnos con la familia más amplia, porque mi hija no ha podido ver a sus primos y a sus tíos y disfrutar del calor de su abuela, porque no sabemos cuántas navidades nos quedan para disfrutar juntos, porque ese aislamiento preventivo se ha realizado porque no queremos poner en riesgo a la gente que queremos y nos importa. Porque en definitiva todo está siendo envuelto por un miedo pandémico con montones de casos cercanos, de familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Y a pesar de ese extraño olor a Covid, a pesar de eso, ahí estábamos, cantando villancicos a las personas, la mayoría octogenarios, que aun a pesar de tener que llevar oxígeno, sueros goteando en sus venas analgésicos o antibióticos, pastillas acompañando desayunos, comidas y cenas, sufriendo malestares convulsos, ellos, ellos también cantaron con nosotros y por un momento sonrieron felices, se olvidaron de la vía que llevaban puesta y la zarandearon acompañando el ritmo con aplausos, e incluso hubo quien se emocionó, y lloró de alegría no por dolor... A Ramona el alzhéimer la dejó en paz por unos minutos, y recordó cómo era la letra de aquel villancico; María aplaudió feliz, olvidando la razón por la que estaba en Cantoblanco; Mari Paz miró fijamente y esbozó una mágica sonrisa, leve pero ahí estaba; José aplaudió y solo pensó en ese peine y esos cabellos de oro, ni temblores, ni tristezas; hasta Concepción cantó con nosotros, ella a la que le dolía el cuerpo hasta la médula y veía las estrellas cada vez que la aseábamos, vio en Clara y sus acompañantes una luz de esperanza...
Formar parte de aquella banda de duendes mágicos hizo del día de Navidad algo especial, la dureza de trabajar en un día como aquel fue compensado por las caras de felicidad y los momentos llenos de emoción que pudimos compartir. Gracias compañeros, gracias a la mujer que con su guitarra despertó sonrisas y acarició almas. Gracias a todos aquellos que con su trabajo, especialmente en estas fechas tan especiales y duras, hacen del mundo un lugar más bonito para vivir.
Isolina Cerdá Casado
Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.
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Las cosas no siempre salen como a uno le gustaría, la vida te sorprenderá, una y otra vez, aunque pienses que todo es muy pr...















