miércoles, 18 de febrero de 2015

Te tengo abandonado

    No, no te creas que es así, en mi cabeza bullen miles de imágenes, quiero inmortalizar muchos asuntos mundanos, mis paseos en el metro, las carreras necesarias, los llantos de niños pequeños que quieren llamar tu atención y la de los demás mayores. Los niños son demasiado listos, intuyen que ese tiempo que no les dedicas es una carencia con la que no deberían cargar. Hoy es un día gris, la lavadora gira, yo estoy ajetreada, mil cosas por hacer, por terminar, bailes de cuyos pasos no tengo ni idea, soy presa del impulso, yo pensé que ser una persona así era algo bueno. Claro que lo es. Pero ¿qué pasa cuando no hay impulso, creativo, vital? No pasa nada, hay que esperar a que llegue, a que vuelva a poseerte pasionalmente. Es curioso, entre tanto conflicto interior me he visto en el espejo y me sorprendí al verme guapa, como si la belleza propia no hubiera podido ser percibida por mí misma, como si esas prendas que me coloco de forma automática y atendiendo a parámetros meramente funcionales fueran tan uniformes como este rostro cansado. Pero hoy, no sé por qué, me vi guapa. Tal vez sería mejor decir bella. No sé. Hablaban ayer en la televisión de la depresión, es algo más que un bajón pero se suele percibir como tal, parece que la terminología le quita importancia a los propios efectos de este estado. Y mientras tanto te he dejado abandonado, sabiendo que te necesito, que para mí el escribir estas cosas que me pasan supone una especie de terapia para el alma, para evitar que se cristalicen las ideas extrañas en cada uno de los rincones de mi cuerpo. No se puede decir que sea infeliz, pero me falta risa. Será uno de los síntomas de este día gris, del viento helado, de la mirada profunda hacia el pasado, de andar removiendo la tierra que en otro tiempo pisé.
    He estado tirando cubos de agua con hielo, el hielo se ha empezado a derretir y la tierra se ablanda, paso por encima y me quedo atrapada en esa superficie movediza de barro lleno de restos de cadáveres, cacas de perro y orina.
    Vale. Basta. Cambia el chip.
    De acuerdo, te haré caso, me empiezo a encontrar mejor, sí, hay que desearlo, sí, ya lo noto, ha empezado en la punta de los dedos de los pies helados, puedo moverlos.

Isolina Cerdá Casado

martes, 6 de enero de 2015

Camino de publicar mi primer libro. ¿Me apoyas?

    Bueno, todavía no lo había puesto en mi blog, la verdad es que estoy escribiendo poco en mi querido cuaderno mágico, pero todo es porque he estado liada con la vida. Lo último la implicación en un proyecto que tiene que ver con mi sueño, uno de ellos, tengo varios, jeje. Eso es bueno, tener objetivos que alcanzar.
   En este caso el sueño es publicar un libro, mi primer libro. Me hace mucha ilusión que vea la luz, todo lo que yo he escrito ha sido leído por alguien. Este primer libro no lo ha leído nadie, nadie más que la persona de Libros.com que lo aceptó como proyecto posible. Tan sólo unas páginas, las tres primeras, se han leído ya por algunas personas. En este libro me desnudo, ¿acaso es posible hacerlo más? Pues sí, contar aquello que de verdad importa, todo importa sí, pero no todo sostiene de la misma manera el equilibrio interior. En el siguiente enlace está mi sueño colgando de unos hilos, "Algún día llegarás" de Isolina Cerdá, cada uno que decide apoyarme lo libera, hasta que al final consiga salir volando libre como el viento, entonces el libro ya no será mío, será del mundo.

libros.com/crowdfunding/algun-dia-llegaras/

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Me lo pidió un amigo: Una niña con mucha luz.

    Un amigo me llamó, y me dijo: "quiero pedirte algo". Quería que le escribiera un texto, era para su sobrina. Quería hacer algo especial, él es una persona muy creativa y baila con la cámara, pero necesitaba palabras. Me contó un poco por encima, la niña era hija de un primo, no tenía abuelas, ambas se habían ido antes de que ella llegara. Una murió tras una larga enfermedad, la otra fue sorprendida con un infarto fulminante, cuando su hija estaba fuera de España. Hoy he tenido el momento de inspiración, y con su permiso, porque la inspiración ha venido de su historia, aquí os la dejo, inmortalizada.

                           Una niña con mucha luz

    Había una vez una niña linda, era preciosa, nació con una luz especial. Todo el mundo, al verla, se preguntaba cómo era posible, siendo tan pequeña, que brillase tanto su mirada. Parecía como si allá en el fondo de sus lindos ojos nadaran preciosos sentimientos.
    Al mirarla uno creía adentrarse en un mundo de sueños donde todo era posible.
    Sus padres habían estado preparando este momento mágico de su llegada con el peso de las ausencias, por la falta de esas mujeres maravillosas que se hubieran sentido fascinadas al ver a esta princesita linda.
    
    En un cuento maravilloso como podría ser éste, estas dulces mujeres todavía estarían aquí, arropando, mimando, meciendo a su niña, emocionándose al verla, tanto como lo hacen sus padres, al sentir con dolor que el mayor regalo de su vida no puede ser compartido con sus respectivas mamas. 

    Lo que no saben ellos es que la vida siempre supera cualquier historia de ficción. Y el cuento se hace realidad cada día porque en su niña están ellas. Son unas hadas madrinas especiales que tiene y tendrá siempre a su lado, protegiéndola, velándola en todo momento.

    Y esa es la explicación maravillosa de que un ser tan pequeño pueda tener tanta luz y energía, está irradiada directamente desde el cielo y va con ella a donde quiera que ella vaya.

    Los abuelos la cogerán de la mano, la llevarán al parque y reirán sus gracias, y sus abuelas irán iluminando cada recodo del camino.

Isolina Cerdá Casado
    

martes, 16 de diciembre de 2014

Actitudes extrañas

    "Vamos a ver, que si tienes un sueño, pues ya está, a por él, ¿qué se pierde? Nada, el intento, el tiempo emocionante de espera, intriga, suspense. El sí o el no, nada importan en realidad. Lo que importa es dar el paso y poner la carne en el asador, toda, no dejarse nada. Yo me entrego a ti, cien por cien, estoy contigo, volando. Y puedo sentir el aire, y hasta disfrutar de él."
    - Pero, querida, ¿estás bien? ¿debería preocuparme?
    - No, no deberías preocuparte, deberías vivir. Es justo lo que estoy haciendo ahora.
    

¿Qué haces con ese abrigo? 
Ando creando...

Isolina Cerdá Casado

martes, 18 de noviembre de 2014

Li y Man

    -Li, te noto un poco agrio, ya sé que tu naturaleza lleva consigo una cierta acidez pero hoy, yo no sé, será el cielo grisáceo e indefinido por impreciso, el no saber si el gris lleva agua o viento, o truenos potenciales, pero no sé por qué estás así. ¿A caso crees que hoy es tu último día?
-No sé Man, estoy extraño, me siento fatal, no sé si es mejor acabar siendo zumo o pudriéndome en el frutero como mi primo, anda con el moho envolviendo una parte de su ser y creo que prefiero lo primero. Tú, en cambio, estás igual, lo mismo, tan sonriente como siempre.
-¿A caso va a cambiar algo si dejo de sonreír? Creo que no, seré igualmente masticada, u olvidada, pelada o aplastada, qué más da.

    -Pues me dejas con la boca abierta, ¿cómo puedes decir eso? Hija, que no te inmutes por tu futuro es preocupante. Aunque tal vez sea esperanzador de alguna manera evitar las preocupaciones del alma. 
-Si es que no se gana nada Li, en realidad las cosas suceden igual. Pues yo he pensado hacer algo.
-¿Y qué has pensado Li? Tal vez me interese.
-He pensado que me voy a fugar.
-¿Fugar? ¿A caso estás aquí obligado? Li, nacemos para ser exprimidos, con un exprimidor o con los dientes de algún humano, o animal, pero ¿qué otro futuro ves en el horizonte para un par de frutos como nosotros?
-Pues por lo pronto, me niego a ser escurrido en un vaso, o goteado en una cuchara con miel, quiero sentir el aire nuevamente, mientras tenga la piel brillante quiero vivir, sin esperar a que el moho se apodere de mi suave envoltorio. 
-Pues lo veo muy bien, Li, aunque no sé cómo lo vas a hacer. 
-Hay varios momentos del día en los que se abre la puerta de la calle, entonces, en uno de ellos, yo estaré preparado para rodar hasta cruzar el umbral, entonces bajaré las escaleras, y pisaré la calle. Rodaré y rodaré y cuando llegue a una zona en la que haya árboles y hierba, entonces me quedaré allí, quieto, esperando que mi interior sea poseído por ciertos bichejos antecesores del fin. 
-Pero, ¿qué más da un final que otro?
-Oh, vaya, Man, está claro, la diferencia es elegir el cómo vivir, que no sean los demás los que decidan, sino que tú eliges dónde y cómo quieres vivir.
-Pues bien mirado, no es mala idea. Creo que rodaré contigo hasta cruzar el umbral de la calle, pero yo voy a rodar hasta un hormiguero, quiero verlas trabajar mientras yo estoy esperando. 
-Pues en ese caso, elijamos un hormiguero situado al lado de un árbol, así estaremos juntos. Al fin y al cabo eres mi mejor amiga Man, nunca que pensé que pudiera encajar con nadie del frutero. 

    Un día, cuando iba a recoger a los niños al colegio, encontré en el suelo tirados, en la puerta de la casa un limón y una mandarina, pensé que los niños se habían puesto a jugar con las piezas del frutero. Mi hija tiene tanta imaginación que es capaz de crear un mundo mágico a partir de una hoja de naranja. Iba tan deprisa que no me entretuve en colocar las piezas en su lugar, salí escopetada, llegaba tarde. Al volver, entrando en casa, recordé esas piezas tiradas en el suelo, me puse a buscarlas pero ya no estaban. Iba a cocinar un arroz con pollo, y me gusta mucho exprimir un poco de zumo de limón una vez está servido en el plato. Pero no tenía limones, yo juraría que me quedaba uno, no estaba. ¿Se largó? ¿A tomar el sol en un día gris? No, el limón decidió libre, hizo lo que le dio la gana con su vida, rodó escaleras abajo, llegó hasta la acera, rodó aún más, cruzó la carretera, y llegó hasta un árbol que daba limones en alguna época del año, por lo del cambio climático no sabía cuándo era el momento adecuado, según el tiempo. 
    Días más tarde me encontré al limón junto a una mandarina, al lado de un árbol, junto a un hormiguero. Sonreían. ¿Por qué sonreían? Pudieron elegir.
    -¿Y tú?
    -¿Yo?  
    Rueda, no dejes de rodar mientras tengas el impulso de hacerlo, busca tu árbol o tu hormiguero y quédate allí, sonriendo.

    -¿Eh?

Isolina Cerdá Casado



lunes, 17 de noviembre de 2014

Llegó

    La verdad es que no es un buen momento, a veces ocurre, que la sensación de que te puedes comer el mundo desaparece sin más. ¿A caso llegué a pensar en algún momento esa posibilidad? No creo ni si quiera que hubiera estado en esa disposición en algún momento de deglutir nada ajeno a mí. Yo nunca me he comido nada, pero sí he tenido impulsos. "No mientas, ayer tuviste uno reconocible". Pero hay miles de impulsos diarios que están ahí, ayudándome a caminar, a levantarme por la mañana tras el sonido del despertador, a lavarme la cara y sentarme en la taza del váter, a coger la cafetera y desmontarla para volverla a montar acto seguido llena de café natural y agua del grifo. En realidad me estoy impulsando todo el tiempo, ahora mismo estoy impulsada, sin apenas tiempo real, dispuesta a dejarme contar, frente a la pantalla en blanco, abarrotada de negaciones y cosas por hacer, con el dichoso café matutino, con el cielo aclarándose poco a poco, con el frío que entra por las rendijas de las ventanas, con las noticias de fondo, allá en oriente medio vuelve a haber sangre derramada. Es un buen momento, contradictorio, extraño, frío, pero esperanzador porque este gesto, de ponerme aquí delante, frente a una página en blanco, llenándola de sensaciones e impulsos ha vuelto. Tal vez todo surge por una serie de conflictos en el alma, pero gracias a ellos la inspiración llegó.

Isolina Cerdá Casado

viernes, 31 de octubre de 2014

Supongo

    El otro día fui al hipermercado, este de origen francés, vamos el carrefour, en realidad el lugar donde me dio por pensar en ello es indiferente, pero fue allí. Yo salía cargada con una bolsa de cinco céntimos llena de paquetes de galletas, fregasuelos, servilletas, fideos, dos paquetes de café que estaban en oferta y unas botellas de refresco de limón. Junto con esa bolsa cargaba también con un paquete gigante de detergente de marca blanca, sé que lavan peor pero el cacito te salía a menos de la mitad del resto, y seis rollos de papel higiénico. En realidad yo solo había ido a por unas botellas de refresco de limón pero al final ya ves, cargada como siempre. Pues bien, llegando estaba a la puerta de salida, cuando la vi allí, a aquella señora que caminaba con dificultad, como si las piernas se le hubieran quedado sin articulación en la rodilla, era como si tuviera dos palos articulados por la cadera. La señora de pelo blanco iba sola, era de constitución delgada, y por las arrugas de su cara, debía tener unos sesenta y cinco o setenta años. Entonces me dio por pensar...¿En qué momento una se da cuenta de que el tiempo ha pasado? ¿de que ya has pasado la línea del cincuenta por ciento de lo que te queda por vivir? Es decir, cómo llegamos hasta ahí, todos llegaremos, sí, pero ese tiempo pasa por nosotros sin darnos cuenta. Es como cuando vas con tu hijo a ver a un familiar al que hacía tiempo que no veías y de repente de dicen: "este niño ha crecido muchísimo". Y tú no te has dado cuenta, en qué momento fue que ese centímetro se colocó en su cuerpo, y del mismo modo, tampoco te has dado cuenta de esas arruguillas que se van instalando en tu rostro, y crees que el tiempo pasa para los demás pero no para ti, no es que lo creas es que no consigues percibirlo, solo cuando te haces una foto, o te graban en un vídeo, o simplemente una mañana te miras al espejo y zas, ahí están, tres canas nuevas.
    Supongo que esto forma parte de la vida, casi sin darnos cuenta está pasando, sufres, te pasan cosas, enfermedades, mil historias, y todo eso va quedando, el solo paso del tiempo y los acontecimientos se instalan. Supongo que debemos intentar ser felices, siendo conscientes de la suerte que tenemos al ver que las marcas van apareciendo, felices de verlos a ellos caminar, y estar ahí para verificar esos centímetros que van haciendo que sus cuerpecitos crezcan y se presenten ante la vida felices.
    Sí, definitivamente supongo que esto es la vida. 

Isolina Cerdá Casado

sábado, 18 de octubre de 2014

El poder de los medios: Ébola.


    "Cierra la tablet ya, ¡que va a entrar el ébola!" -Decía mi madre con un tono de mando y miedo que te obligaba a llevarle la corriente y cerrar rápidamente la tablet sin concluir bien los programas.
Hija.- Pero mamá, que eso no es así, ya la cierro, pero que no, que el ébola no se contagia por la tablet. 
Madre.-Tú ciérrala por si acaso, acabo de verlo en la taza del café, justo cuando abrías la tablet.
Hija.- Estás fatal, ya te han dicho que no se contagia ni por el aire, ¿cómo pretendes que se te contagie a través de una pantalla? 
    Mi madre movía la cabeza negando mis argumentos positivos. Que lo había visto en el café, que estaba ahí, en sus manos mismas, cerca de la nariz y de la boca. El ébola le estaba entrando por las fosas nasales, las glándulas salivares y el nervio óptico. Se había obsesionado. Todo le recordaba a esa enfermedad incurable que había nacido en África. Y ya estaba acercándose peligrosamente. 
Hija.- Lo que tienes que hacer es salir más, y relacionarte, deja de obsesionarte y ver tantos noticiarios, lo tienen todo controlado, ya sé que parecía que no, pero sí, todo está bajo control. Además que la única persona que tiene el ébola en España ya está mejorando, y saldrá del hospital pronto.
Madre.- Sí, claro, ¿y el que vino en avión de París?
Hija.- Controlado, no tenía ébola madre.
Madre.- Bueno, pero tú por si las moscas ponte el chubasquero y las botas, y no regales abrazos, y por favor, la tablet apagada, justo cuando la has encendido lo he visto en el café, esa imagen del bicho que me decía: "ya estoy aquí, preparado para comerte". 
Hija.- Pero mamá, creo que no estás demasiado bien, no deberías ver tantas noticias.
Madre.- Todas hablan sobre lo mismo: el ébola, el ébola, el ébola, el ébola...
Hija.- ¡Mamá, ya basta! Ahora mismo te pongo una película y te olvidas de las noticias de actualidad, este bombardeo monotemático te ha alterado la cordura. ¿Qué peli te pongo? 
Madre.- Ponme Sissi emperatriz, que me gusta mucho, la Sissi al final se casa con el príncipe y aunque lo pasa fatal con una enfermedad que le entra, se acaba recuperando y todo termina maravillosamente bien.  
Hija- Pues venga, te coloco aquí la silla y te preparo otro café.
Madre.- No, un café no, hazme un zumito de naranja, no vaya a ser que vuelva a ver al bicho.
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                                                                                   Isolina Cerdá Casado



jueves, 9 de octubre de 2014

Paz

 
 La paz viene de dentro. Reposa en el alma en un pisito que tenemos junto al mar rojo. Lo he llamado mar pero es como un océano, océano de vida que se mueve sin parar, todo gracias a las corrientes marinas, en ellas circulan los recuerdos que se nutren de las almas que caminan a nuestro alrededor en otros pisos de lujo.
    Hay almas sin techo cuyos pisos nunca existieron o lo que hubo en ellos apenas fue ruina por las enfermedades varias que cayeron sobre los cuerpos, como bombas sobre las ciudades del Líbano, o en Ucrania, o en Israel, o en Siria, qué más da, caen lo mismo. Ruinas absurdas causadas por los pisos sin almas, casas que no son casas sino hoteles de paso que admiten huéspedes cambiantes que se pintan como guerreros indios con el único sentido de disfrazar la locura transitoria que los lleva hasta los deseos de muerte y destrucción. Qué si no son los civiles que apenas llegaron a vivir diez años, y ya rozando la muerte, son el resultado de deseos malévolos que cultivaron odios imborrables. Y todo para que después haya una industria que levantar y un espacio donde poder hacerlo.
    Y si la paz viene de dentro, qué hay ahí, en esos interiores violentos, irracionales, absurdos. Hay un gran vacío de empatía.
    Ea, ea, ea, descansa, descalza, desnuda, desamparada, desnutrida, destruida, ea, ea, ea.

   "Pero, ¿a santo de qué el puerro?"

    Eso no lo sé, ha sido un impulso. Buscaba un flor, y me tropecé con él.

Isolina Cerdá Casado

lunes, 8 de septiembre de 2014

"Ya no se vacuna a los niños menores de doce años", ¿Criterio médico? ¿Imposición política? ¿Se trata de un ajuste ante el desajuste? Si tu, seas político, empresario, un alto cargo de la jerarquía médica o como cojones te consideres, lo has hecho para bien, que te caiga todo ese bien encima multiplicado por mil.

    El título no debe ser tan largo, pero los interrogantes caen, caían, cayeron, iban haciéndolo uno tras otro, al verla así, de esa manera, su imagen se había visto claramente modificada, alterada, deformada. "Esa niñita que venía de la mano de la enfermera, a la cual habíamos oído gritar buscándole la vía, era nuestra pequeña, mi hija, y sin embargo parecía como si le hubieran dado una paliza absolutamente terrible. Su cara estaba hinchada, también el cuello, todo su cuerpo estaba lleno de una especie de granos gigantes y negros, unas pupitas muy feas, y que debían ser muy dolorosas por los gritos. Las fiebres de más de cuarenta grados la habían dejado destrozada, tanto que apenas tenía fuerza para gritar, los suyos sonaban a gritos ahogados. Era como si no la conociera, ¿sabes?" La fobia que ya sentía esta pequeña ante los señores y las señoras vestidas con bata blanca se había llevado al extremo. Nada bueno esperaba de ellos. Tan sólo tiene veinte meses, una niña preciosa, linda, muy activa, que está pasando por el que hasta este momento es el peor trago de su vida.
    Yo llegaba de un viaje de cuatro horas muy preocupada, debía controlar mis emociones porque no se trataba de llorar, había que actuar, que ella nos viera fuertes. Pero resultaba tan difícil. Entré en la habitación del hospital, tras ponerme los guantes, la bata verde y la marcarilla. La pequeña no me conocía, pensaba que era una enfermera mas con alguna sorpresa en forma de aguja, así que mi presencia no evocó ninguna sonrisa en ella. Abracé a mi hermano, a los abuelos, y me acerqué al sillón donde estaba su mamá sosteniéndola. Acaricié sus piernecitas y traté de decirle cositas cariñosas, haciendo comentarios ligeros, mi cuñada seguía la conversación mientras la sostenía, la pequeña estaba de pie pegada a su mamá y mientras hablaba, casi mirando al suelo, le iban cayendo lágrimas, una detrás de otra, de impotencia, de dolor, de ver a su hija en ese estado.
    Y todo este calvario se ha iniciado por una varicela, una sencilla varicela que un médico no consideró lo suficientemente importante como para mantener cierto aislamiento ante el primer enfermo que llegó a su consulta con unos pocos granitos: "Es bueno que la pasen de pequeños, así se inmunizan". Seguramente el calvario que está pasando esta niña de veinte meses también está enraizado en las decisiones tomadas por algún político de turno, o en intereses puramente económicos ante los que el llanto de un niño no tiene nada que hacer,  qué importa, ¿verdad? ¿Acaso sería poco importante si un hijo de estos impresentables se vieran afectados por la varicela en su más cruda versión?
    Seguramente yo no habría escrito este texto si no hubiera visto esos ojitos de mi sobrina, que apenas podían ver por la gran inflamación que estaba sufriendo, mirando casi al vacío, sin entender nada, callando pero diciéndolo todo con su mirada inocente. ¡Cuántas miradas inocentes pidiendo un poco de cordura! Algo falla en este mundo, son demasiadas, por todos los rincones, miradas que gritan, que piden ayuda, pero el que verdaderamente puede hacer algo mira para otro lado, tal vez hacia el brillo del coche nuevo que se ha podido comprar con un sueldo desorbitado que no ha salido precisamente del sudor de su frente.

Isolina Cerdá Casado

sábado, 23 de agosto de 2014

¿Soy un bolso? ¿No seré más una carretilla? Vuelvo a escribir, lo de siempre, ya lo sé, parece lo mismo pero no es igual.

    Eres como un bolso gigantesco, lleno de muchos objetos, que se fueron acumulando por el paso por diferentes momentos vitales. Un día fuiste al parque con tus hijos y además de la cartera y de las gafas de sol metiste en él una botella de agua. Tu hija te dio una piedra, un tesoro para ella para ti algo insignificante, y te pidió que la guardaras. Tu hijo te metió su pulsera. Allí ya estaban alojados pañuelos de papel, cacao y las llaves de casa. En la recepción del centro sanitario guardaste cerca de la agenda una tarjeta para adelgazar, por si acaso te venía bien algún día, o te decidías, junto con un folleto muy interesante que hablaba sobre un curso de yoga. La cuestión es que el día del parque también metiste una manzana que quedó olvidada en el fondo del misterioso espacio. En la farmacia te dieron una muestra de crema antiarrugas y allá que fue junto a la manzana y esa imagen sugerente de un envidiable cuerpo de mujer ataviado con ropas blancas estirándose hasta el infinito.
     Así, día tras día, el bolso iba acumulando más y más objetos, sueños propuestos y pretensiones infundidas. De pronto un día ese bolso, ese abnegado y tranquilo bolso que parecía poder con todo, se rompe, tiene la extraña sensación de que está lleno de todo pero es como si sólo sintiera el peso, lo útil de todo aquello que contiene se pierde en el caos interior. El forro agujereado es sólo la primera señal de que el fin está cerca, entonces para sorpresa de todo el mundo, ese bolso decide ir tirando cosas, objetos inútiles, lastres. Se vacía por completo, llenando toda la casa de una acumulación de objetos que casi no recordaba que estaban en su interior. Y al ver toda su carga extendida y expuesta se da cuenta del gran peso con el que iba arrastrándose por el mundo. Decidió aprovechar cada cosa que pudiera ser aprovechable y el resto lo lanzó por la ventana.
 Un lluvia de llanto, lágrimas, tristeza, dolor, neuronas rebeldes y complejas cayeron del cielo, nadie supo de dónde procedía tal acumulación de carga emocional. Nadie imaginó que un simple bolso pudiera ser el responsable de toda aquella tromba.

Isolina Cerdá Casado

Los colores que hay en ti. Un canto al amor propio, a la autoestima, al autocuidado, al impulso creativo...Tú lo eres todo, eres lo más importante.

Algunos de los pendientes mágicos creados por la guerrera del mar . Llevo días queriendo escribir algo, claramente me lo has inspirado tú, t...