martes, 22 de junio de 2021
Rafitet
miércoles, 9 de junio de 2021
Casas con flores y peces que nadan contracorriente y casi se ahogan
La vida es un camino de aprendizajes. Miles, todos los días aprendes cosas nuevas, y te das cuenta de que las cosas muchas veces pasan por algo, algo que vendrá después y te contará al oído porqué tuviste que pasar por eso.
Pero no siempre, es verdad, hay cosas que no se explican, hechos durísimos, pérdidas injustificables, imposibles, golpes en el alma, roturas enormes, caídas al vacío... Es entonces cuando todo se tambalea y llueven preguntas imposibles de responder, no tendrás más remedio que seguir caminando como si fueras un muerto viviente, eso parecerá y eso sentirás, como si caminaras a la fuerza con todo el peso del universo, te dejas llevar, quieres ser llevada.
Más tarde o más pronto encontrarás un camino, una puerta abierta, una mirada, algo que te ayudará a seguir con esa pesada carga. Aunque solo sea la misma corriente que arrastra restos de algas desprendidas. Y te conviertes en un pez, uno de colores que mira de reojo al resto de peces del océano, aunque ya no te importan los colores solo la fuerza de la corriente.
En cualquier caso la vida fluye a pesar de todo, y hay que dejarla fluir, para poder llegar a ese refugio, tuyo, íntimo y personal, en el que eres capaz de encontrar la paz. Esa casita llena de ti, en la que fluyen los pensamientos positivos, con puertas y ventanas de madera, rodeada de flores y naturaleza, una casa en un árbol, ahí te esperan los sueños, los que siempre te han sido fieles, aun cuando todo se derrumbó e hizo desaparecer el oxígeno, ellos siguieron contigo. Y ellos te sacaron. Y ellos siguen abrigando tu mirada. Camina...
viernes, 4 de junio de 2021
Ángel blanco
Caminaba con dificultad, tal vez había estado durante demasiado tiempo sin respirar, sin ser consciente de la intensidad, del estrés circundante, de la mente cargada de sacos de cemento, presionada, al borde...
Me encontraba en un momento absolutamente oscuro, me costaba dar un paso, horrores, parecía como si al levantar el pie tuviera que cargar con el peso del universo, me sentía sola, no lo estaba en realidad pero era como si la vida se hubiera convertido en un túnel oscuro y lleno de barro pegajoso adherido a las extremidades de mi cuerpo.
Era solo una muñeca, no era ni la primera ni la última muñeca rota, el cuerpo finito del ser humano tenía esas cosas, a veces se rompía por un extremo, o todo entero. Yo sentía que estaba rota, toda yo, tal vez porque ya lo estaba un poco antes, posiblemente, la caída casual fue la gota que colmó el vaso, y así fue como se produjo en mí esa fractura de alta energía. ¿Pero de dónde procedía esa energía? ¿Era posible que el estrés de vida que llevaba fuera causante o tuviera alguna responsabilidad en semejante fractura?
Ella me lo dijo, tal vez, tal vez tuvieras que parar, puede ser que el universo creyera que en ese momento era mejor frenar de golpe. Y frené, frenó todo, paré de golpe, con un golpe de alta energía, tanto fue así que empecé a sentir que mi cuerpo se iba derritiendo, mi creatividad, el impulso de hacer cosas, es verdad que muchas cosas no las podía hacer, pero otras ni si quiera las intentaba. De verdad sentí que no iba a ser capaz de salir de ese pozo en el que sin saber cómo había caído. Escuchaba las voces, todas ellas me decían que yo podía, todas me transmitían energía, positividad, pero yo veía mi muñeca, ella me recordaba que no estaba bien, y cada vez iba escuchando las voces más lejos, incluso aunque me susurraran al oído, yo asentía e intentaba aparentar cierto bienestar, de qué servía que vieran esas gotas de tristeza y oscuridad. Me desahogaba, les contaba, pero aún así el peso de la oscuridad lo sentía en silencio.
Entonces llegó ella, llegó porque tenía que llegar, tal vez el mismo universo creyó que era bueno para mí, y cuando supo de mí algo le llegó de esa energía y sintió que debía ayudarme, sin más, porque su acto iba a hacer que el mundo fuera mejor, hacer algo bueno por alguien sin esperar nada a cambio. Así llegó mi ángel, el que a través de sus manos era capaz de sentir ese golpe brutal, el que me acogió en su regazo, con esa especie de impulso de amor maternal que se siente cuando se recoge a un animalito herido, y le das calor, y lo acoges en tu casa, y sientes que lo puedes ayudar para que coja fuerzas y pueda volver con su familia, tal vez se cayó del nido, tal vez fue atropellado, o se perdió, o cruzó una calle y sufrió un atropello que lo dejó mal herido... Tú fuiste, lo recogiste del suelo, tú sabías que apenas podía caminar, sabías que podía romperse del todo y decidiste rescatarlo, de sí mismo, de su propio verdugo, de las cadenas invisibles que le impedían caminar, del dolor.
Entonces cogiste esa manita rota, y empezaste a trabajar con ella, a movilizar, a dirigir la energía, a acariciar el alma con esos consejos sabios y llenos de luz porque salían directamente del corazón. Recuerdo esos primeros días, cuando mis ojos se encharcaban con una facilidad abrumadora, y tú insistías en ayudar también al alma, y la calmabas, y le hacías ver que debía cuidarse, que debía atreverse, que podía seguir caminando. Fui saliendo del pozo, y ahora estoy más convencida que nunca de que podré recuperarme del todo, gracias a ti. He vuelto a sacar a Leia a pasear, me he enfrentado al miedo y estoy escribiendo en el ordenador, con ambas manos, con todos los dedos pulsando en su posición correspondiente. Y hoy he tenido el impulso de agradecer al universo el hecho de que me haya cruzado contigo porque nunca una mano amiga ha sido tan necesaria. Un ángel blanco, una buena persona, un hada de los bosques en medio de un mundo que se tambalea, una profesional que no solo ayuda a movilizar el cuerpo y a encaminarlo en su curación, sino que lo trata como un ser holístico, equilibrando energías, arrullando almas.
Gracias por tu saber hacer, por tu generosidad, por tu sonrisa.
Isolina Cerdá Casado
lunes, 22 de marzo de 2021
Para Sergio, un valenciano instalado en La Latina
Y tú puedes ver simplemente a un hombre sentado con una mujer mientras charlan alegremente, pero ese hombre representa mucho más, es un hombre que ha alcanzado un sueño, un trabajo que adora y vivir en La Latina, y no deja de luchar por mantenerlo y seguir alcanzando nuevas metas. No es un simple hombre, nadie lo es, es un valenciano en el barrio de La Latina, es un buen hijo, es un luchador, es un amigo de esos que agradeces tener. Y hoy es su cumpleaños, y yo brindo por él, por los luchadores como él, por los que tratan de cambiar el pensamiento hacia lo positivo, hacia la energía constructiva.
Me pediste un texto, yo te doy un pensamiento y te mando un regalo en forma de letras que giran alrededor de ti, del celador valenciano de las Urgencias de la Paz, cuyo apoyo y amistad han sido como una caricia de energía que agradeceré siempre. Felicidades Sergio, y que cumplas muchos muchos más.
Isolina Cerdá
viernes, 5 de febrero de 2021
Rosa, la guerrera del norte.
Ayer falleció Rosa, nos dejó, se fue prácticamente sin avisar, tal vez para que no intentáramos retenerla. Ella siempre fue un alma libre, y muy, muy valiente. Hace más de cincuenta años hizo su primer viaje a tierras alemanas, se fue a trabajar, a cambiar su vida, fue una más de esas emigrantes gallegas que se la jugaron, que arriesgaron la tranquilidad previsible de una aldea de Ourense para embarcarse en una aventura que determinaría el rumbo de su vida.
Mi recuerdo de Rosa, el recuerdo de su esencia quiero decir, es el de la mujer enérgica, la gallega fuerte y luchadora, cuya robustez no solo estaba en ese físico fuerte y enérgico que la acompañó sino que trascendía más allá de lo físico para llegar a lo espiritual y ser revelado en un carácter de peso. Esa energía que quiero plasmar aquí es muy parecida a la que tenía su hermana Carmen, esa fortaleza que te está diciendo que no te puedes rendir, tú tampoco, que la lucha de ella es una lucha de mujer de aldea, en la que la actitud estaba rebozada por una sonrisa afable que te ofrecía una copita de licor café para quemar a las neuronas ralentizantes, las que impedían que el resto de las conexiones funcionaran.
Esa esencia de Rosa es la que me viene a la cabeza al recordarla, y hoy al pensar en su marcha pienso también en esa energía que entraba en casa cuando ella venía, o la que pululaba alrededor de la mesa en la que las amigas compartían unas larguísimas partidas de chinchón. Me las imagino, a mi madre y a ella, repartiendo las cartas celestiales, bueno, o charlando de sus batallas, o viendo sus respectivas vidas como una película en la que ellas fueron las estrellas de la alfombra roja.
Gracias a la guerrera del norte yo estoy aquí hoy, sí, de esos hilos conductores que fueron determinantes, el efecto de sus alas de mariposa libre determinó que hoy yo esté aquí, es una bonita historia... En Alemania conoció a Manuel, allí decidieron casarse, no sé si antes, después, el caso es que Rosa era de A Touza, una aldea de Ourense, mientras que Manuel era de Crevillent, un pueblo de Alicante. Mi padre, Joaquín, de Crevillent, acompañó a su primo en el casamiento y fue el padrino de boda, el representante crevillentino de la familia de Manuel. Aquella boda trajo otra boda, la de mi madre Isolina con Joaquín. Y así fue como Isolina, otra gallega de la aldea vecina, Laiantes de arriba, acabó viviendo también en Crevillent. La boda de Isolina y Joaquín trajo otra boda, la de Martín, gallego de pura cepa, y Conchi, crevillentina preciosa y fina. Así fue como Crevillent se convirtió en un pueblo que acogió otros tantos emparejamientos en los que se entremezclaría la sangre levantina con la galaica, apareciendo una nueva especie que algún día estudiarán los historiadores, bueno, o simplemente será anecdótico para muchos y, sin duda, algo muy especial para otros.
Pero bueno, este escrito es para Rosa, y para sus hijos, y para su marido. Ella siempre estará con nosotros. En sus últimos meses de vida apenas podía moverse, ella, que caminaba kilómetros sin agotarse, ella que había sido una mujer con un físico que siempre la acompañó en sus batallas. Recuerdo cuando me dijo, fue antes de esas caídas y de terminar en silla de ruedas, me dijo: "Soli, este cuerpo ya no es el que era. Anda que no he caminado yo sin cansarme, siempre fuerte, y ahora..." Cuando me decía eso, yo pensaba en su aventura, la de Alemania primero, sin móviles, apenas sin teléfonos, irte así, con una maleta cargada de ilusiones, desoyendo a los miedos, caminando fuerte por tierras desconocidas...Y después aventurarse a vivir en otra zona de España muy distinta a la tuya de origen, abriéndose paso y abriendo camino a su vez a otras personas que llegarían después.
Gracias Rosa por tu valentía, por tu energía, por el cariño que siempre me has mostrado, por ser una guerrera que no tuvo miedo a adentrarse en mundos desconocidos, gracias por esos consejos que alguna vez me diste. Cuando te vi este verano empezabas a tener problemas de memoria, tenías lapsus, a mí me conociste, aun con mascarilla, y me sonreíste, sonreíste mucho aquel pequeño ratito de reencuentro casi fugaz, en el que ni nos tocamos por el dichoso virus. Siento que esta pandemia nos haya privado de verte algún ratito más y de despedirte estando al lado de los tuyos. Lo hago desde la distancia pero con el mismo amor y cariño hacia ti y que siempre estará en mi corazón. Ahora tú eres una luz más que ilumina a mi alma en esta vida de amor y de tragedia, de luces y de sombras, de guerra y de paz.
Con todo mi cariño,
Soli.
viernes, 29 de enero de 2021
Segismunda y Gumersinda. Secuela de "La mosca". Breve texto inspirado por Bibi.
https://anchor.fm/isolina0/episodes/La-venganza-de-Segismunda-y-Gumersinda-epl917
Segismunda y Gumersinda eran dos compañeras de viaje, bueno, digamos mas bien que la vida las llevó a estar juntas durante un período de tiempo. Segismunda era una araña muy maja que se había establecido en una esquina del hospital, situada en un pasillo cercana al mortuorio. la mosca Gumersinda llegó hasta allí en busca de su prima, por lo visto había sufrido graves quemaduras de café con leche muy caliente, Gumersinda que adoraba a su prima decidió no darla por perdida y se fue a buscarla a uno de los hospitales de referencia como era el Hospital La Paz de Madrid. El accidente de la prima había tenido lugar en un domicilio particular situado en Leganés perteneciente a una trabajadora de dicho hospital. Al haber sido causante de dicho accidente Gumersinda confiando en el civismo y la cordura humana consideró que la dueña de la casa habría podido llevar a su prima a la planta cuarta de quemados situada en el edificio de traumatología. Está claro que Gumersinda no era conocedora totalmente de la historia de su prima, así como de lo cojonera que podía llegar a ser. Obviando totalmente la posibilidad de que su prima hubiera ido a parar directamente al cubo de la basura. La cuestión es que tras recorrer todo el hospital y casi esperando una ultima posibilidad de reencuentro con lo que quedara del cuerpo de su familiar, Gumersinda se fue buscando el mortuorio. Simplemente tuvo que seguir a un par de celadores que llevaban una camilla con lo que debía ser un cuerpo inerte, vamos un éxitus, y allí investigar si las moscas también llegaban a hospedarse transitoriamente en las cámaras frigoríficas.
Una vez que llegó al mortuorio se quedó por allí rondando para investigar. Vamos que se echó unos vuelos mosquiles tanteando el territorio y los diferentes accesos. En esos vuelos escuchó una voz procedente de una atareada arañita que mientras tejía y tejía iba recitando una extraña mezcla de "La vida es sueño" y "Hamlet", al parecer Segismunda había sido actriz de teatro y de vez en cuando se metía en el papel de algún personaje para darle sentido a una vida que nada tenía que ver con su sueño de multitudes, escenarios y grandes trajes que cubrieran sus largas y numerosas piernas.
"Ser o no ser, he ahí la cuestión, en esta vida amargada y triste, de altos muros, donde la libertad queda restringida por la más absoluta oscuridad. Qué puede haber más duro que ver una y otra vez el mismo muro. Si tan larga y pesada vida espero, y tengo, que muero porque no muero. A caso no es más feliz una mosca incluso en una vida hostil. No debo pensar que esto es el fin, las cadenas que me amarran salen de mi propia piel. Y si ellos son felices, aunque lleven camillas tristes...¿No debo ser yo un poco mejor y vivir con ilusión? No te amargues querida Segismunda, porque tal vez esto sea un sueño y los sueños, sueños son".
"¡Bravo! ¡Bravo!- Arrancó gritando Gumersinda a la vez que aplaudía emocionada. "¡Fantástico monólogo, Segismunda! ¿Qué haces aquí en vez de estar en un teatro maravilloso recitando algo tan hermoso?..."
Así fue como Segismunda y Gumersinda iniciaron su relación, una deseando actuar y la otra adorando ver esas maravillosas obras que la trasladaran a otros tiempos y otras vidas. Gumersinda le contó a Segismunda toda esa vorágine de idas y venidas por el hospital buscando a su prima, le contó que deseaba establecerse en algún lugar porque se había dado cuenta de que en aquel mortuorio jamás encontraría el cuerpo de su prima, ya que los cuerpos que traían los celadores eran enormes, gigantes, tal vez algún día pudiera ver el cuerpo de la asesina de su prima, sería tal vez lo único que podría traerle algo de paz, en el Hospital La Paz. Segismunda la tranquilizó, e hizo ver a Gumersinda que la mejor venganza sería seguir molestando terriblemente a la susodicha asesina de moscas cojoneras, convenciéndola para esperarla allí, ya que por lo visto era celadora, y en el momento que la viera se pegara a su oreja y la estuviera fastidiando hasta el resto de sus días. Así mismo, y ante la admiración demostrada por Gumersinda hacia la araña Segismunda, ésta le prometió que jamás se la comería, y que podrían convivir juntas en esa esquina hasta que llegara el momento de la venganza.
"Calla, calla, que viene alguien...Voy a seguir tejiendo".
Bibi había llegado al mortuorio con mucho tiempo de antelación. Esperando a que llegaran los celadores para guardar el éxitus hasta que vinieran los de la funeraria, estuvo mirando ensimismada cómo una araña de patas larguísimas tejía increíblemente una telaraña. Se dio cuenta de que una mosca estaba volando por allí cerca. La telaraña estaba maravillosamente elaborada, y se preguntó si sería capaz de atrapar a aquella mosca. Entonces le vino a la cabeza una idea, seguramente si viera esto Isolina tal vez haría uno de sus textos, como aquel de la mosca cojonera en la que un café con leche ardiendo acababa con el dichoso aleuródido, jiji.
Isolina Cerdá Casado
domingo, 17 de enero de 2021
48 deseos
Ayer fue mi cumpleaños, cumplí cuarenta y ocho años. No me atrevo a decir que es un bonito número y que me gusta mucho. Y todo porque el año dos mil veinte también me parecía un buen año recién estrenado, aún con la copa de sidra en la mano, y sin embargo...
He vivido, yo solo sé que he vivido, y que quiero seguir viviendo. Me gustaría que este número fuera significativo y especial, que fuera un año de grandes logros para todos, pero ya el inicio fue distinto.
Aunque en ocasiones basta con desearlo...
Deseo que seas feliz, tú que estás leyendo esto, deseo que asomada a la ventana respires profundo y sientas que estás donde querías estar.
Deseo que esto que nos perturba a todos desaparezca pronto, que se vaya, con vacuna, con sentido común, con una estrategia coherente, pero que nos deje seguir caminando.
Deseo verte pronto, que todo aquel que tenga ese deseo lo pueda llevar a cabo y sin peligro, que no haya prohibiciones porque ya no esté el innombrable. Que podamos abrazarnos, reírnos sentados en la misma mesa sin necesidad de una mascarilla... Y vernos la sonrisa, el gesto completo, el alma abierta.
Deseo correr por el parque sintiéndome libre y con impulso, y con ganas, muchas ganas. Deseo cuidarme, que te cuides, que se cuide, que le cuiden y deseo cuidarte hasta el dedo más lejano de tu pie.
Deseo sonreír con ganas y con fuerza. Y que no sea algo extraordinario, ni extraño ni infrecuente, que me harte hasta rebosar por los poros de la piel la alegría sobrante, que hasta pueda regalar kilo y medio de risas a las finas hierbas y bañadas en champán o vino tinto.
Deseo bailar pegada a un colchón de abrazos frescos y achuchones llenos de amor y alguno también de deseo loco y sin razón.
Deseo escribir un cuento alegre que al ser leído revuelva el alma y llene de sentido emociones convulsas, que yo me convulsione, que tú te convulsiones, que él se convulsione... De la locura emocional enriquecedora y loca del amor profundo por la vida.
Deseo que no te canses, de seguir queriendo explorar mi cuerpo, y el cuerpo de la montaña verde o el del campo beige, y el de aquella ensoñación que tuvimos juntos aquel día azul de invierno gris.
Deseo que me cantes con los ojos, y escucharte con mi boca y sentir que me escuchas con tu piel y me oyes con tus manos.
Deseo sentirme viva, y que tú te sientas viva y que él se sienta vivo, y que de tanto sentirnos vivos tengamos que gritarlo, al pie de la montaña, en lo alto de una cascada, en medio de un jardín lleno de flores de mil colores.
Deseo que tengas salud, y fuerza para luchar y que no te rindas para recuperarla si es que estás en medio de un camino helado lleno de tubos por todos lados.
Deseo que aunque no haya nadie más, nunca te sientas solo, ni sola, ni blanco ni negro, que simplemente sepas que tú siempre estarás contigo. Y él, y ella, y ellos, y ellas, pero sobretodo tú contigo mismo.
Deseo que tengas fuerza y fortaleza, para cerrar puertas, para adentrarte por caminos nuevos, para lanzarte por toboganes de arcoiris sin miedo y sin necesitar impulsos externos a tu cuerpo ardiente de oro negro.
Deseo que quieras jugar a la comba, o al pilla pilla, o al escondite inglés, aunque tengas cuarenta, ochenta o dieciséis.
Deseo que duermas bien, que no te duela el cuerpo, ni el alma, ni el peroné, que tu cabeza se adapte bien hasta en una almohada de papel.
Ayer fueron cuarenta y ocho, y en un vaivén serán otros tantos más. La cuestión es que de momento será mejor caminar y no darle demasiadas vueltas a cómo narices llegué a esta edad casi sin darme cuenta ni de respirar.
Isolina Cerdá Casado
martes, 12 de enero de 2021
Acerca de la emoción producida por la iniciativa SOS 4X4 RESCATE
Ayer por la tarde, cerca de las siete de la tarde algo pasó que me hizo gestar este texto. El sábado 9 de enero tuve las primeras noticias de la existencia de esta iniciativa para ayudar a las personas que necesitaran desplazarse a los hospitales, tanto pacientes como sanitarios. Una amiga escribió sobre lo orgullosa que se sentía de que su marido estuviera colaborando con ellos. El viernes por la tarde fui una de las afortunadas que pudo llegar a casa tras la jornada de trabajo ya que todavía funcionaba la línea 10 de metro que me permitió llegar a Leganés desde el Hospital La Paz sin demasiados problemas. El problema lo tuvieron compañeros dependiendo del lugar de origen y destino desde el mismo viernes por la noche. Muchos dejaron el coche y se fueron en metro, otros se tuvieron que quedar a doblar porque no había forma de salir del hospital con el transporte que necesitaban para llegar a sus casas. El problema gordo fue a partir del sábado tras la gran nevada y las bajísimas temperaturas, ya no había ni metro, línea 10 cortada en el tramo que enlazaba con las poblaciones del sur de Madrid. Bueno, y muchos problemas sin Cercanías, sin coches, las carreteras como estaban...un largo etcétera.
La cuestión es que mi amiga habla de SOS 4X4, y yo me emociono; veo imágenes de personas anónimas con su vehículo que se suman a esta iniciativa, y yo me emociono; compañeras del hospital agradecen a través de las redes la maravillosa actuación de estos ángeles gracias a los cuales consiguen llegar el domingo y el lunes a sus puestos de trabajo, yo sigo emocionándome. Y ayer, ayer en la Urgencia del Hospital La Paz, a eso de las siete de la tarde llegan dos personas que acaban de traer a un matrimonio que tenía que venir al hospital se ofrecen para llevarse a gente que lo necesite en el viaje de vuelta, y yo me vuelvo a emocionar, trato de disimular las lágrimas emocionadas, bendita mascarilla que en este caso me permite disimular el llanto emocionado. Entonces vi a mi encargada, que les orientó para que dos pacientes de diálisis pudieran irse a casa con ellos, se acercó a una de mis compañeras y le dijo que se tenía que ausentar un momento, yo la observé por el rabillo del ojo, acercaba una mano a los ojos mientras desaparecía de la puerta de la urgencia, observé que algo le había pasado e intuí que también ella se había emocionado. Cosa que me confirmó después. Ahí fue cuando sentí este impulso y la necesidad de escribir sobre ello.
Y es que estas personas con esa iniciativa absolutamente altruista nos han emocionado a todos, porque han sido la esperanza cuando las ambulancias no podían abarcar todo y muchas no podían circular, cuando los taxis tampoco lo podían hacer, cuando no había posibilidad para muchos de desplazarse, ellos han ayudado, han sido héroes, porque ponían en riesgo sus vehículos, su propia integridad física para ayudar, sin más, sin más rendimiento que un agradecimiento sincero. Hoy he sabido que han sufrido agresiones e incluso personas que han abusado de su generosidad. Siempre hay una excepción que confirma la regla, y la regla en este caso es el agradecimiento por haber estado cuando se les ha necesitado, sin más, por habernos dado esperanza de que no siempre se hacen las cosas por dinero, muchas veces el ser humano saca a pasear su lado más noble y hace que el resto de las personas reconozcamos esa cualidad y volvamos a creer en ella. Creo que es eso, esa sensación de volver a creer en las personas buenas, de sentir que hay esperanza después de todo. De ser consciente de que ese impulso lo tuvieron personas que eligieron salir de sus casas e ir a ayudar, no porque es tu trabajo sino porque es una responsabilidad que asumes solo porque puedes y sin ninguna duda eres una buena persona.
Así que mil gracias por hacernos creer en que los héroes anónimos existen y que cuando parece que todo está a punto de reventar o irse al garete, llega alguien con buen corazón y te ofrece su mano para que sigas caminando, y entonces darte cuenta de que merece la pena el esfuerzo, venceremos porque como dijo mi amiga Laura: "Entre todos salimos mejor de los problemas".
Isolina Cerdá Casado
viernes, 1 de enero de 2021
Confidencias de una silla
Ay, déjame que descanse un poco, acabo de sacar a un señor que debía pesar más de cien kilos, sé que para ti eso no es nada, eres joven y me atrevería a decir bella y voluntariosa. Pero en mi caso hasta me chirrían las ruedas según el peso del paciente. Ahora también te digo que no me voy a retirar por voluntad propia, aguantaré hasta que me dejen las juntas metálicas, bueno y el ánimo, también te digo que tal y como ha sido el año 2020 no sé si podría soportar otro año igual. Sí, es verdad que empezamos un año nuevo y que no pinta muy bien, me da a mí que la tercera ola está en pleno arranque, yo no quiero ser pesimista amiga pero tú sabes tanto como yo lo que pasó en este hospital. Y si volviéramos al mismo nivel... Uf, no creo que lo pudiera soportar. Y eso que yo soy bastante resistente e intento no empatizar pero te digo yo que la celadora que me lleva y me trae, esa, no sé... Es muy blanda, o muy dura, no sabría decir, un día iba empujándome y hablaba con el paciente, el paciente no la veía, pero ella lloraba, lo sé porque me soltó en un momento mientras esperaba el ascensor y con un pañuelo secó sus lágrimas. Por lo visto el señor ingresaba en planta, había perdido a su mujer un día antes por esa dichosa enfermedad que aún era casi una desconocida. Aquello solo fue el principio. Cuando lo del gimnasio convertido en una sala gigante de preingreso por Covid. Ahí trabajamos muchísimo, subiendo a los pacientes que podían subir sentados a planta desde la Urgencia. Nunca he estado en una guerra pero yo creo que lo más parecido a un campo de batalla se libró en los hospitales, aunque tengo una prima que estuvo en una residencia y el trauma fue casi peor, ella decía que en su residencia entró el virus y poco faltó para que se llevara a todos los residentes. Sé que prefieres que no te cuente nada, pero es que por la noche me vienen ciertas imágenes y siento que de alguna manera quedan cosas por decir, será esta sensación algo parecido a un trauma, puede ser, ¿no crees Azulina? Ya sé que trabajo en un hospital y que debería asumir que estas cosas pasan, pero te voy a decir una cosa, esto que ha pasado en el 2020 no es normal, ha sido algo terrible y por tanto si escarbas un poco vas a encontrar algo que no te gustará, porque es parecido al lodo, arenas movedizas en las que no hay ramas a las que asirse. Lo sé por esa pobre que me empuja, parece que está bien, como si fuera posible haber estado aquí en aquel tiempo y no verse afectado, son seres sensibles, pobres, hacían como que eran fuertes e incorruptibles por el dolor ajeno, pero no hacía falta nada más que escarbar, ahí aparecían los ríos de lava arrastrando gritos silenciosos, miradas apagadas, cuerpos vacíos de vida, y aquella sucesión de camillas con sudarios cubiertos por sábanas blancas de limpieza, cariño y soledad. ¿Te diste cuenta de aquello Azulina? Yo sí, la edad la hace a una observadora. Yo estuve a pie de sala, hubiera sido mejor no haber estado, en las salas repletas de camas se pasó peor, he tenido suerte de no ser una cama de aquel tiempo, hace apenas unos meses pero parece que fue un siglo, es como si la memoria lo hubiera querido borrar pero el alma arrastrara tanto dolor que le fuera imposible dejarlo ir, al recuerdo Azulina, al recuerdo. Las camas vieron más, sintieron el peso repentino, el adiós desorientado, el último suspiro.
Espero que esta sensación que tengo de que se aproxima una tercera ola que sube poco a poco el nivel del mar sea errónea, espero que los hierros me fallen y que esta calma tensa traiga jóvenes ebrios como el de hoy, una pena chica, el de la ambulancia lo traía con una bolsa de basura en la cabeza a modo de bacinilla para vómitos imparables, lo mismo había tomado un vasito de sidra de más, a lo mejor estaba de celebración, el fin de un año negro como yo, un año enlutado de pena carbonera. Oye Azulina, a ver si esta vez te coge a ti el ambulanciero que te ven tan reluciente que te dejan de reposo y a mí me estrujan para retirarme por desgaste. Anda, no te hagas la remilgona y ponte a trabajar. Lo mismo me pido un traslado al Zendal y me retiro especializada en el dichoso virus de las narices. Lo que me faltaba Azulina, a la vejez viruelas.
Isolina Cerdá Casado
jueves, 31 de diciembre de 2020
Adiós 2020, adiós.
Apenas unas horas quedan para despedirnos, para dejarte atrás, para olvidarte del todo. Has sido un año terrible, porque nos has llenado el alma de imágenes muy duras, imágenes que jamás hubiéramos creído verosímiles en esta época, ni en este tiempo. Nos has hecho darnos cuenta de cuán importantes eran los abrazos, la cercanía, la proximidad física de corazones que palpitan. Hemos visto morir a gente luchadora, una generación que ya vivió un escenario bélico y sabía lo que era el hambre y la asfixia económica. Mucho dolor, por el tiempo perdido, por las distancias forzosas, por los momentos que no hemos podido compartir con tantos seres queridos. A cambio el valor de una llamada, el tiempo hacia dentro, la mirada a un yo perdido y angustiado. Cuerpos inertes, pieles quietas, sueños rotos. Ya solo pienso en vivir, en no perder más momentos, en agradecer estar viva y abrir la ventana y respirar profundo. Sé que este año también nacieron príncipes y princesas, que hubo bodas, bautizos y cumpleaños atípicos. Aplausos en ventanas, en balcones, en terrazas, a valientes, que salieron de casa para caminar entre reservorios llenos de miedo y de impulso vital. Te vas ya 2020. Te vas habiéndote llevado tantas cosas, tantos momentos, a tantas personas... Sé que el 2021 no va a ser fácil, no, porque tendremos que seguir luchando, porque tu recuerdo trágico estará presente, como las lágrimas que absorbieron las mascarillas de papel, pero también estarán presentes esas vacunas que serán la muestra de que el ser humano no se va a rendir en esa lucha, porque estamos juntos en esto, aunque haya personas incrédulas, también hay personas que engrandecen al ser humano y dan sentido y valor a la naturaleza, y en ella encontraremos el camino.
Pensé que ibas a ser un año bueno 2020, y no lo has sido para nada, porque la excepción ha sido ese niño que nació en medio de la pandemia, o la recuperación, la superación y las tantas muestras de lo creativos que somos, de dar pasos hacia adelante y seguir luchando por los sueños que iluminan nuestros pasos.
Te vas ya, casi te has ido, ojalá pudieras llevarte también esta tremenda tristeza generalizada. Pero has de saber que venceremos, que aunque tu número ya está asociado al de la gran pandemia también lo está a nuestra alma guerrera que en el 2021 seguiremos luchando para conseguir ganar la batalla.
Isolina Cerdá Casado
sábado, 12 de diciembre de 2020
Estrellas en las Urgencias del hospital La Paz.
Hoy al pasar por el pasillo de la sala 1 de la Urgencia, justo al entrar por la puerta que da el acceso más directo a la REA, un montón de estrellas cubría la pared que está frente a la puerta de cristales que se abre automáticamente cuando las ambulancias traen pacientes que requieren una intervención rápida. Si te parabas a mirar el detalle de cada una de las estrellas podías ver algunos de los nombres de las personas que forman parte del equipo humano que trabaja en las Urgencias de la general del Hospital La Paz. Había casi quinientas estrellas, cada una tenía un nombre y debajo el colectivo al que pertenecía. Por lo visto una enfermera del turno de mañana, Ana Guti, había tenido el impulso de recopilar nombres de los diferentes colectivos, enfermeras, médicos, auxiliares, celadores, personal de limpieza, personal de admisión, de atención al paciente, de seguridad, es cierto que no estaban todos los que en un momento u otro ha pasado por la urgencia, o incluso forma parte de ella, los celadores de rayos no se encontraron pero estaban, estaban porque el impulso era incluir a todas las estrellas que iluminan las Urgencias de la Paz.
Ha sido un detalle muy bonito y simbólico, al verlo he sentido que éramos un conjunto, un gran equipo de trabajo, que todos y cada uno de nosotros éramos necesarios, no sé por qué pero recordé que justo en aquel pasillo, en la sala de sillones fue donde se situaron los primeros casos de sospecha de Covid, quién iba a imaginar lo que sucedería después, cuando casi el noventa por ciento de la urgencia albergaba pacientes de Covid, cuando dentro de las salas todos estábamos cubiertos por los EPIS y apenas había diferencia entre los distintos colectivos, combatíamos todos cada uno dentro de su especialidad, nadie se rindió y muchos cayeron, enfermaron a pesar de las medidas de protección. Paradójicamente ver estas estrellas me ha recordado un poco a aquellos momentos. Todos tenemos una función y en ese trabajo hay luz, mucha luz. La verdad es que ha sido un detalle muy bonito, ver tantas estrellas, tantos nombres, tantos colectivos representados. Y todos iluminando la entrada de la puerta más próxima a la REA. Me dije, simbólicamente todos estamos ahí, cuando llega un paciente a la urgencia nuestra actitud, nuestro deseo, nuestra vocación es la de ayudar al paciente para que mejore, para que supere ese momento crítico, para que pueda recuperarse cuanto antes. Estrellas iluminando al paciente en medio de la noche, estrellas que no son más que el reflejo de un sol cuya luz intentan recuperar, lucimos gracias a las personas que necesitan nuestra ayuda.
Ha sido un gran regalo de navidad, muchos sonreíamos al verlas, algunos se buscaban, se fotografiaban, nos ha iluminado el alma, nos ha llenado de alegría el detalle y es que la mejor decoración de navidad son las personas, las que con su grandeza humana enriquecen este trabajo tan importante y necesario.
Gracias Ana por tu impulso, y gracias a todos por aceptarme en este cielo maravilloso que forma parte de la Urgencia.
Isolina Cerdá Casado
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