https://anchor.fm/isolina0/episodes/Para-mis-valientes-celadores-del-hospital-La-Paz--texto-de-Isolina-Cerd-epajlr
Qué puede relacionar una imagen con otra, una tarta de frutos rojos del bosque con la puerta de urgencias de un hospital, pues lo que hace que ambas instantáneas estén relacionadas es un celador, es una recuperación, es una muestra de la grandeza y también de la amistad y el compañerismo, y por qué no decirlo, de un artista repostero. ¡Venga si solo es una tarta! Sí, pero está cargada de emociones, de promesas cumplidas, de celebraciones pospuestas, de cariño, de superación.
Cuando escribo sobre aquellos meses especialmente difíciles siempre lo hago volviendo a las imágenes que se sucedían dentro de los boxes y las diferentes salas, esas muertes, esas agonías tan dolorosas de las que hemos sido testigos enfundados en nuestros epis, pero me faltan tantas cosas por sacar a la luz, entre ellas las vivencias como grupo, como colectivo de celadores y celadoras, sí, nos afectó a todos los gremios hospitalarios, y no solo hospitalarios lo sé. Pero tengo la sensación de que me olvido de los compañeros y compañeras que se vieron obligados a parar, a aislarse en sus casas, a permanecer encerrados en una habitación para proteger a sus seres queridos, para impedir que el virus se extendiera, no he escrito sobre ellos y ellas pero no lo olvido, todo está ahí, en esa especie de agujero negro que absorbe todo cuanto tiene que ver con la pandemia y lo guarda en un estante, pero yo soy muy desordenada y de vez en cuando tengo que sacar y volver a colocar las imágenes, y ahí es donde te das cuenta de que hay cosas que hay que tirar sin más y otras que aunque intentes deshacerte de ellas pesan demasiado.
Recuerdo aquel día que vino Nico tras permanecer días aislado en su casa, vino por las Urgencias del Hospital La Paz, consciente de que su situación había empeorado y que no bastaba el aislamiento, necesitaba oxígeno y tratamiento. Recuerdo su mirada, es el efecto de las mascarillas, todo se expresa con los ojos, recuerdo haber tenido que reprimir el impulso de abrazarlo, recuerdo verlo desde su silla de ruedas dar indicaciones de la peligrosidad de no acercarse, todavía no estaban demasiado claros los protocolos y la gente aún no era consciente del riesgo. Él lo advertía desde su silla de ruedas. También me acuerdo de Pau, cuando sentado en lo que apenas unas semanas atrás era una sala de espera y ahora era un box más de atención previo a ingreso, rodeado de montones de personas que como él necesitaban la entrada inminente de oxígeno en sus pulmones nos saludaba con gestos porque apenas podía hablar sin agotarse. Imposible olvidar al siempre irónico y bromista Rafa, cuando sentado en uno de los sillones del cuarto de celadores afirmaba no encontrarse demasiado bien, con una tos atípica, sin gusto ni olfato e intuyendo que el virus estaba pululando en sus adentros, con la gran preocupación de que sus padres no se vieran afectados. Luchando contra el miedo y el temor con esa sensatez que le caracteriza. Sí, se hizo la prueba y dio positivo. Pronto llegaría la noticia de que dos compañeros estaban muy graves, uno de ellos pasó meses luchando en la UCI, ahora sigue luchando. Era todo tan duro, ver cómo un compañero tras otro bajaba a la Urgencia porque tenía síntomas, y la mayoría se veía obligado a parar porque tenían el Covid. No solo celadores, claro, pero es que a nosotros se nos consideró personal de bajo riesgo y a las pruebas me remito de que fue una consideración errónea. Bajaban muchos compañeros como digo, sabías que eran de la casa, bajaban con el uniforme y todos con la misma mirada de terror porque lo primero que pensaban era en su familia. Recuerdo cuando Nuria empezó con dolor de tripa, positivo, su madre persona de riesgo, miedo, terror, aislamiento. Mónica y su asma, luchó y lo superó. También Soraya, que empezó conmigo el año pasado, ¿quién nos lo iba a decir cuando ilusionadas volvíamos en el metro de firmar el contrato? ¿Quién podía prever algo semejante? O cuando nuestra encargada dio positivo y estuvo meses aislada, la imaginaba subiéndose por las paredes porque es muy activa, sabedora de los riesgos, estoy segura de que nos tenía a todos sus celadores en la cabeza. Entonces le tocó a Isa, otra encargada, que estuvo en las Urgencias dándolo todo, el virus también le atacó el motor de arranque y tuvo que parar. Tantos compañeros celadores, Esther, Rosa, Emi... Ahora casi todos están de vuelta, y Nico hace una tarta deliciosa que dejó pendiente, y Rafa está bromeando siempre que puede, y Nuria prepara coreografías mágicas para dar ánimo, Paulino vuelve a estar en la puerta de abajo poniendo orden, y Mónica te sonríe feliz cada vez que te cruzas con ella, supongo que ya habrá recuperado el gusto tanto tiempo alejado de sus sensaciones y Eli ya ha vuelto a la Urgencia con las mismas ganas de siempre y esa energía arrolladora que la caracteriza, también Isa vuelve a estar al frente de la conserjería. Pero aún hay compañeros de baja por secuelas del Covid. Esto no ha acabado, lo sabemos.
Un año, ha pasado un año desde que empecé a trabajar como celadora, pero parece una eternidad, el cuerpo está cansado, el alma tocada pero me siento feliz. Sigo sintiendo que este trabajo es especial, donde se cruzan miradas de forma transitoria, donde una mano es más útil que nunca, una actitud, una sonrisa, una alerta; y sigo sintiendo que hay un buen equipo de celadores y celadoras con los que aprendo día a día en las Urgencias de la Paz. Gracias: Donato, Mayte, Carmen, Sole, Marijose, Sergio el valenciano, Pedro, Javi, Luis, Eva, Sergio, Paula, Manoli, Isa, Marga, Laura, Julia, Alberto, Ángel, Antonio, Silvia, Ana, Sandra, Esther, César, Marisa, Miguel Ángel, Mari Ángeles, Jaroso, Bibi, Leti, Jose, Bea, Patri, Gema, Susana, Tere, Marlene, Susi, Paqui, Almu, Lola, Fer, Rita, Sagrario, Olga, Martín, Kiko, Merce, Marta, Gema, Rocío, Mónica, Noemí, Óscar, Charlie, Juanma, María Jesús, Paloma, Ramón, Fernando, Maica, Juan, Irene, Jessy, Lessly, Yoli, Miguel, Patri, Lourdes, Candi, Juan Carlos, Dani, Juanjo, Josefina y un largo y valiente ejército de luchador@s.
No quiero que se vuelva a repetir la imagen, una mujer con apenas un hilo de vida, en la pared que tenía frente a su cama un dibujo precioso, un arcoiris con un mensaje de esperanza, tal vez mandado por su nieta con todo el cariño del mundo, seguramente era de su nieta o de un niño que quiso compartir su fuerza. Imaginas sus manitas dirigiendo el rotu, su carita inocente, su mirada azul y la pones frente a esas manos cargadas de surcos de vida, con su mirada asustada, y sus ojos también azules. No lo sé. Pero, ojalá no volvamos para atrás, porque los sanitarios estamos muy tocados, todos, porque los que no cayeron y estuvieron al cien por cien también tienen secuelas, las tenemos, y si un simple gesto puede evitar que se monte nuevamente una carpa para poder organizar la urgencia de un hospital, si el cumplimiento de unas mínimas directrices pueden evitar que una persona tenga que pasar por lo que pasaron y están pasando tantas personas sería muy triste, sería un golpe bajo por parte de nosotros mismos, no del Covid, el o la Covid va de frente, y te va a atacar al mínimo descuido, en cuanto bajes la guardia. Por ti, por mí, por esa mujer o ese hombre que gracias a tu gesto no perderá la vida.
Isolina Cerdá Casado