
Ayer por fin tuvimos aforo completo, como en los viejos tiempos, con menos gente porque hemos reducido el aforo ya que se trata de una sala pequeña, para que el público se sienta lo más seguro posible y disfrute de este trabajo maravilloso, de este arte efímero, lo que pasó ayer no volverá a ocurrir, las energías que jugaron en esa habitación, y se conjugaron con las energías del público, de esas personas con ganas de ver algo que les conmueva, que les haga bailar el alma, que les produzca algo diferente allá en los adentros. Las funciones nunca son iguales, ayer hubo magia, pero una magia distinta a otros días, el texto no cambia pero nosotros nunca estamos igual, somos agua, y el agua cambia constantemente, baila, salta, juega, salpica, arrastra, engulle, congela, calienta, arde. No te va a dejar indiferente, no, es cierto que somos afortunados, dentro de nuestra vulnerabilidad, seres afortunados porque nos metemos en otra piel pero siempre a través de nosotros. La fortuna de trabajar con un texto increíble, que en cada función te descubre algo nuevo, otro matiz, una capa más en la que adentrarte y jugar a fondo con el alma entregada.
Es un trabajo de entrega, porque adoramos el teatro, es así, no es por dinero, no, porque no está lo suficientemente reforzado en ese aspecto, es porque creamos algo, cada día, y en cada función se instala una semilla más que se recoge con el tiempo, y en la función siguiente aparece una flor, y en la siguiente un fruto y otra flor, pero hubo que invertir mucho cariño para conseguir que el público sintiera que por unos momentos estaba dentro de un jardín precioso, o de una habitación asfixiante, ante tres almas que bailando y creando les mostraban una parte de sí mismos, en la que se podían reconocer, y entonces la catarsis surgía, allá, adentro, se podía ver en la risa repentina ante la tragedia más absoluta, esos contrastes de la vida.
Siempre lo he dicho, "Las Criadas" de Genet representada en este espacio tan especial como lo es El Teatro Corral de Lope, trabajada con esta entrega por la compañía Kallisté de la que formo parte en este proyecto, es un lujo para el público. Y en el día de ayer el público nos reforzó, con su presencia y con esos aplausos tan agradecidos.
Isolina Cerdá
Os voy a contar el regalo de Navidad que he sentido como tal. Los pacientes habían terminado de comer, tras los aseos, medicaciones mañaneras, tensiones controladas y cariños de cuidadores recibidos... El pabellón San Francisco de Cantoblanco estaba bajo control, los auxiliares estaban relajados esperando iniciar la segunda vuelta, el día tenía un tono grisáceo, llovía, era Navidad, había bolas de colores dorados brillantes, y muchos llevaban cuernos de reno y gorritos rojos en sus cabezas. De pronto la enfermera Clara apareció con una guitarra entre sus brazos y animó a que la acompañáramos en un recorrido mágico, las cuatro auxiliares la siguieron: Jesús lleno de su energía transgresora y vital; Carmen la mujer que puede con todo y sonríe a sus pacientes mientras hace su trabajo; Yune, la ojazos como la llamaba María, una paciente muy amable y agradecida; María, la auxiliar que trabajaba con tiento y gran escucha hacia sus pacientes, y la celadora escribidora que también siguió a Clara, la enfermera que nos contagió de su ternura y de su luz y sabedora de que íbamos a hacer algo bueno para los pacientes y algunos de sus familiares.
¿Por qué ha sido un regalo para mí? Pues porque en mi casa no hemos cantado ningún villancico en nochebuena, no hemos podido reunirnos con la familia más amplia, porque mi hija no ha podido ver a sus primos y a sus tíos y disfrutar del calor de su abuela, porque no sabemos cuántas navidades nos quedan para disfrutar juntos, porque ese aislamiento preventivo se ha realizado porque no queremos poner en riesgo a la gente que queremos y nos importa. Porque en definitiva todo está siendo envuelto por un miedo pandémico con montones de casos cercanos, de familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Y a pesar de ese extraño olor a Covid, a pesar de eso, ahí estábamos, cantando villancicos a las personas, la mayoría octogenarios, que aun a pesar de tener que llevar oxígeno, sueros goteando en sus venas analgésicos o antibióticos, pastillas acompañando desayunos, comidas y cenas, sufriendo malestares convulsos, ellos, ellos también cantaron con nosotros y por un momento sonrieron felices, se olvidaron de la vía que llevaban puesta y la zarandearon acompañando el ritmo con aplausos, e incluso hubo quien se emocionó, y lloró de alegría no por dolor... A Ramona el alzhéimer la dejó en paz por unos minutos, y recordó cómo era la letra de aquel villancico; María aplaudió feliz, olvidando la razón por la que estaba en Cantoblanco; Mari Paz miró fijamente y esbozó una mágica sonrisa, leve pero ahí estaba; José aplaudió y solo pensó en ese peine y esos cabellos de oro, ni temblores, ni tristezas; hasta Concepción cantó con nosotros, ella a la que le dolía el cuerpo hasta la médula y veía las estrellas cada vez que la aseábamos, vio en Clara y sus acompañantes una luz de esperanza...
Formar parte de aquella banda de duendes mágicos hizo del día de Navidad algo especial, la dureza de trabajar en un día como aquel fue compensado por las caras de felicidad y los momentos llenos de emoción que pudimos compartir. Gracias compañeros, gracias a la mujer que con su guitarra despertó sonrisas y acarició almas. Gracias a todos aquellos que con su trabajo, especialmente en estas fechas tan especiales y duras, hacen del mundo un lugar más bonito para vivir.
Isolina Cerdá Casado
La inspiración está en el aire, a tu alrededor, envolviéndote, acurrucando tus pasos.
No siempre se produce, ni la luz, ni el impulso, ni las ganas, pero cuando ocurre, cuando algo despierta la chispa creativa agradeces al mundo estar viva. Por eso, por esa certeza de que en algún momento un papá Noel te devolverá la luz no debes tirar la toalla, solo esperar, caminando eso sí, pero sin rendirte nunca.
Isolina Cerdá
En verano, aquel día que viniste a vernos te vi muy bien, hablamos, nos acompañamos familiarmente en la sobremesa. Me sentía feliz de que estuvieras, de tenerte cerca...la pandemia había espaciado todavía más los encuentros, y la necesidad de mirarnos a los ojos era mucho mayor. Quién iba a pensar que ese día iba a ser el día en el que te iba a ver por última vez. Recuerdo que en la despedida te abracé fuerte, de esos abrazos que estrujan, sentí que te sorprendiste, no esperabas esa euforia cariñosa, pero me salió natural, creo que después de todo este tiempo de abrazos contenidos el impulso cariñoso es irrefrenable, nos desborda, lo necesitamos. Fue intenso pero fue el último.
Tu hijo no hacía más que afearte el gesto horrible de morirte, "y ahora vas y te mueres", era incapaz de imaginar la vida sin ti, como si eso fuera algo que decide uno, tal vez una parte de ti ya se había ido con ella, normal que la otra parte se hubiera visto obligada a caminar aun a pesar de la gran ausencia. Es ley de vida, todos caminamos igualmente aunque nos falten trozos importantes sin los cuales parecía imposible seguir haciéndolo.
Lloré, fue un llanto de desahogo porque nuevamente la vida se presentaba en su versión más cruda, y cuando te vi, cuando llegó ese momento en el que justo antes de enterrarte abrieron la caja y vi tu cuerpo inerte tuve la certeza de que ya no estabas en él, aquel cuerpo que te había tocado se había quedado sin tu luz, ya estabas en otro sitio, sí, posiblemente dentro de cada uno de los que te recordaremos con cariño, los que no nos olvidaremos nunca de tus gestos, de tus palabras, pocas, pero precisas. Y entonces recordaremos ese porte tuyo, esa mirada, que siguió guardando secretos hasta el final de su vida. Aquella infancia en medio del monte, envuelto en sueños de evasión temprana con el rocío de un licor café que adormecía el alma, con el frío de la sangre, con el sabor de un vino casero con olor a bodega fresca.
Eras el guapo de Laiantes de arriba, el apuesto gallego que llegó a Crevillente de rebote y se quedó por amor, feliz con su compañera de batallas, la dulce y maravillosa Conchi, con la que se enfrentó a duras batallas y afrontó nuevos proyectos, supongo que el Martin's fue el más recordado. Y allí te quedaste a descansar para siempre, se quedó el cuerpo, tú sigues aquí, en nosotros ya sabes, en nuestro corazón. No sé por qué me viene a la cabeza aquella foto, en la terraza de mi antiguo piso, tenías en tus hombros a mi hermana Mónica apenas debía tener un añito, ambos sonreíais, un instante maravilloso del que gracias a aquella fotografía yo fui testigo, un día reíste junto a ella, otro ángel. Puede decirse que estoy en una época poco inspiradora, con falta de impulso creativo, apenas escribo, y aunque quería escribirte he vuelto varias veces al texto y hoy, sentada en un sillón rojo, en medio de una marabunta de gente con impulsos consumistas navideños lo estoy haciendo, como algo que tenía pendiente, porque tú eres otro de los pilares de mi vida, uno de esos que siempre ha estado, aunque hablara poco, aunque en ocasiones diera la sensación de que eras como un carballo, como decía tu hijo, un roble duro, silencioso, frío, pero los que te queremos sabemos que estabas lleno de sueños de rocío gallego. Y agradezco ese último abrazo apretado, intenso al que de alguna manera me abocó la pandemia. Esta es una mala época, época gris, de tristeza navideña para todo aquel que ha dejado a alguien en el camino, de recuerdos difíciles de soportar por las ausencias, pero como tú hiciste y como hicieron todos, seguiremos adelante porque otros vienen detrás y también merecen vivir felices y crear así buenos recuerdos para un futuro esperanzador.
Acabo de tener el impulso de escribir de nuevo. Y estoy emocionada, sí, el simple hecho de sentir esa necesidad, esas ganas de compartir mis reflexiones, sobre todo cuando no hace tanto que escribí, ayer sin ir más lejos, pero es que he estado tantos meses ahogándome, sintiendo que flotaba sí, gracias a mi ángel blanco y gracias a mi familia y amigos, pero no sería sincera si no reconociera que de vez en cuando mi cuerpo se hundía y yo tragaba agua, no agua cristalina, estaba llena de tierra, barro, sentía cómo dentro de mí se iba metiendo ese lodo, y por más que quería expulsarlo no siempre lo lograba, no tenía impulso ni para pedir ayuda, la recibía por la intuición sabia de los demás, por la paciencia infinita de los que están cerca. Y podía parecer que mi vida avanzaba, que la lesión iba mejorando, pero esa sensación de ahogo, ese hundimiento silencioso, estaban ahí, persistentes, insistiendo en volver a hundirme una y otra vez, en hacerme tragar más y más lodo.
Un día me encontré con una amiga sabia, una persona de esas que son capaces de ver más allá, que trascienden y quieren ayudar al mundo porque son conscientes de sus necesidades. Acababa de comprar en el supermercado, justo cuando salía del ascensor ella se disponía a entrar y nos vimos, nos alejamos un poco de la puerta del montacargas que no dejaba de abrirse y cerrarse con más y más gente que salía y entraba con carros llenos y vacíos. Nos pusimos al día del transcurrir de nuestras respectivas vidas, ahí no sueles hablar del lodo tragado, ni de los momentos en los que sentías que tu cuerpo era una carga terrible que apenas podías mover, ni hacia delante ni hacia atrás. Recuerdo que sí hablamos de las dificultades vitales respectivas, de que no cabía la palabra rendirse, que debíamos seguir hacia delante. Te hundirás, sí, seguro que en algún momento lo harás, pero saldrás, tienes que salir, no te queda otra. Salió el tema del suicidio, no porque yo lo insinuara, ni ella, sino porque es un tema en el que ella está trabajando. Como a mí me gusta escribir, siempre por impulso la verdad, sentí que algo debía escribir al respecto. Ella en alguna ocasión ya me lo sugirió, hace años, esta vez no hizo ninguna referencia para animarme a ello, sin embargo, por alguna razón sentí que algo saldría. Supongo que estaba relacionado con el lodo, esa sensación, ese ahogo, esa falta de impulso hasta para emitir un sonido con el que pedir ayuda, para gritar.
Ahora mismo el impulso definitivo ha venido de una amiga que también escribe y que me ha dado las gracias por escribir el texto "Viva", gracias a ese "gracias" surge este "Lo sé". El lodo tragado hace que pueda ser capaz de escribir sobre esa sensación, supongo que el paso siguiente sería que ese peso de tierra en los pulmones, en la sangre, en el alma te pueda arrastrar hasta el fondo. Y que todo acabe como empezó con un grito brusco de alguien que te amaba hasta la médula. Las personas que leerán este texto serán personas que me quieren, personas que también han estado al borde, algunas habrán tragado lodo espeso, sin embargo salieron, consiguieron flotar, acercarse a la orilla, tocar la hierba, sentir nuevamente los rayos del sol acariciando el cuerpo, todo el cuerpo, felices nuevamente. Es por eso, desde el peso sentido, ya estoy más ligera, puedo escribir, tengo impulso, pero desde ese peso, como decía, ese que te arrastraba a rozar las algas del fondo, a encontrarte con barcos hundidos llenos de óxido, te digo que lo sé. Sé que puede parecer que no saldrás, porque no viene de afuera sino de dentro. El lodo lo creas tú, tu mente, esa sensación oscura, algo físico, que se siente en el alma y en la razón, pero es algo que muchas veces trasciende, no se puede controlar, hay que tener hilos de amarre, normalmente ese nivel dura un tiempo limitado, pasará, pasará. Te encontrarás mejor, o se encontrará mejor. La sabiduría es no rendirse, buscar algo que te mantenga viva o vivo, amar la vida, pensar en positivo, mezclar el lodo con cemento y construir una casa nueva en la que tú seas la luz, en la que te vuelvas a conceder pequeños placeres, no necesitas más. Todos debemos estar pendientes, hay muchas personas envueltas en lodo, abramos grifos de amor infinito y acabemos con él.
Isolina Cerdá
Estás viva, lo peor que podría pasar sería que no hubiera impulso, lo hay, así que tranquila. En ocasiones no tengo ganas de nada, como si no tuviera fuerza, o más bien ganas, falta de ánimo. Un poto, un poto en la cabeza y a empezar a saltar de gozo creativo. No estás muerta, es así, dentro de ti, de mí, está ella, la inspiración loca, pero controlada, control, no, fuera, lejos por un instante. El control no siempre es bueno, limita, a veces, por exceso de hilos de una conciencia herida. ¿Herida por quién?
La vida, la vida es una putada.
Si respiras, si puedes seguir caminando, haciendo cosas, puedes seguir creando, tal vez imaginando una historia falsa, mejor o peor, con sentido, o no. Estás viva, viva, viva.
Imagina. Abrir la puerta y ver más allá de tu mundo, todo adquiere otro color, otro aroma, otra temperatura. En medio de todo eso, tú y tu carga. Suéltala. Ahora con esa ligereza respira. Si consigues liberarte de ese peso solo por un instante serás capaz de apreciar lo importante de encontrar a esa persona ligera, libre, que respira. Ser consciente para poder ser libre. Esa mente nuestra poderosa para ayudar a los demás también nos puede salvar a nosotros mismos, el poder de salvación está en nosotros. Como todos los que se fueron y pensamos que habíamos perdido.
Respira, estás viva.
Isolina Cerdá
Algunos de los pendientes mágicos creados por la guerrera del mar . Llevo días queriendo escribir algo, claramente me lo has inspirado tú, t...