martes, 21 de abril de 2015

Ración doble de café.



    Recuerdo que estaba sentada en un banco, era de plástico gris, incómodo como él solo. Otras personas estaban sentadas como yo, se escuchaba de fondo un rumor ambiental típico de un lugar repleto de gente. No estaba sola, aunque sintiera por momentos que solo yo ocupaba aquel lugar. Era la antesala de los vestuarios y la piscina en la que mi hija recibía sus clases de natación. Me sentía absolutamente hundida, no se trataba de un hundimiento provocado por algo en concreto, no podía echarle la culpa a nada que me hubiera sucedido, ni tan si quiera a nadie. Se podía decir que era un estado anímico bajo procedente del complejo mundo interior que todos tenemos.
    Me había tomado dos cafés después de comer, normalmente solo tomo uno, y reconozco que lo único que buscaba con ello era un cambio en el impulso, tal vez en el semblante, en la actitud. Mi marido me había estado repitiendo una y otra vez que por qué no sonreía, que qué me pasaba. No lo sé, era obvio que un simple café no me iba a sacar del pozo, pero por cualquier razón yo confiaba en que ese gesto de sentarme con una taza entre mis manos me iba a ayudar a reconfortarme como en tantas ocasiones. Tras la primera taza de café apenas noté mejoría, me tumbé en la cama y cerré los ojos con la esperanza de que algo cambiara, pero no fue así, supongo que por eso decidí insistir en el mismo gesto anterior: servirme otro café y esperar. Nada, no cambiaba el ánimo, seguía hundida, pero no me podía permitir parar, eso es lo que nos pasa a los adultos que tenemos niños, responsabilidades, que esperan nuestro impulso. También les pasa a muchos niños a los que se les obliga a ser adultos, y tampoco ellos pueden detenerse. Triste, pero es así.
    Ahora me encontraba sentada en este banco gris de plástico duro, moviendo nerviosamente las piernas por el exceso de cafeína que había en mi cuerpo. Con esa sensación de ahogo y mirando al vacío. Intentaba encontrar sentidos. Supongo que en parte el reciente cumpleaños, esos cuarenta y dos añazos tenían la culpa, no tanto el número sino el verdadero sentir físico de que nuestro cuerpo no es una máquina sin fecha de caducidad, y eso que yo no podía quejarme, a mí no me pasaba nada, nada de lo que yo fuera consciente, nada que no estuviera causado por mi propia hipocondría, aunque como mi amigo Roberto decía: “Quién sabe si no habrá algo malo dentro de nuestro cuerpo de lo que no tenemos noticia por el momento”. Pues sí, tal vez no anda tan equivocado, así ha sido en cierto modo en el caso de su mujer, mi querida Noelia. Una señora preciosa, muy trabajadora, que en toda su vida laboral no ha salido de la cocina de su afamado restaurante, creadora de unos platos de postre deliciosos, y otros tantos platos principales, con ella al mando su cocina ha sido receptora de múltiples premios y prestigiosos reconocimientos. Siempre pendiente de todos, esa mujer cariñosa que siempre te recibe con una sonrisa y su cariñosa mirada azul. Ella siempre lo entiende todo, incluso esa situación en la que se encuentra ahora. Justo cuando está a punto de terminar su período laboral, a punto de jubilarse, la vida la obliga a verse buceando en los mares salvajes en los que solo son capaces de nadar las personas fuertes, las que son sorprendidas por esa enfermedad cruel provocada por las células sin sueño. Recuerdo que para mí, esa proximidad con el cáncer, esa cercanía a la tragedia y los golpes de la vida, me dejaron incrédula hasta la médula, alejada de dios y sus amparos. Pero ella, ella no, ella habla con aceptación, ella es fuerte, ella se llena de energía, ella nos anima a todos, que está bien, que tranquilos, que no le va a hundir, que hará todo lo que esté en su mano, que sigue saliendo a caminar y entra en la cocina y crea sus platos.
    Apenas quedaban unos minutos, tal vez quince, para que se oyera por la megafonía que ya se podía pasar a recoger a los niños. Era definitivamente un día gris, de esos días oscuros, difíciles, con cuarenta y dos años, sin saber si tenía algo en mi cuerpo con poderes malignos, pronto me haría una mamografía, pronto tendría noticias. Pero, ¿por qué narices no pensaba en las buenas noticias? En el estado positivo, en la frescura de la vida, en que podía estar allí sentada, en que tenía una hija, que además iba a natación, que la veía feliz, que detrás de las nubes había un sol precioso. El café, el histriónico café con cafeína, la vida y sus achaques.
    De pronto, mientras la mirada atravesaba la pared que había junto a la máquina expendedora, pensé en mi padre, pensé en él, no sé por qué, tal vez la palabra “achaques”, o la voz del señor que estaba sentado junto a su mujer, que debían tener más de setenta años y esperaban a su nieta. La mujer le decía que tenía sopa para cenar, y un pescadito. El hombre alababa a su mujer, aunque se quejaba porque lo había abrigado demasiado, que estaba muerto de calor. Me imaginaba, entre los pensamientos negativos, a la señora vistiendo a su marido, “mete la pierna, concéntrate en lo que estás haciendo, hombre”. Era un pensamiento absurdo, él era autosuficiente, imagino que ella le seleccionaría la ropa que se tenía que poner. Supongo que al ser testigo casual de esa escena de una pareja de septuagenarios pensé en el ya octogenario de mi padre, y su forma de caminar por la vida. Recordé su tono tranquilizador, su gran empatía, su actitud ante la vida, con ese sueño suyo de encontrar pareja. Todos lo considerábamos como un sueño imposible y prácticamente inalcanzable con ochenta y dos años, él nos dice muy convencido ante nuestra actitud: “Sí, sé que es difícil pero a mí ese pensamiento me ayuda a seguir adelante, es una ilusión que me impulsa, es algo que a mí me viene bien. Y es así como lo considero, un sueño que me energiza”.
    Entonces me reconforté, no sé, me sentí mejor, tal vez tenga que aprender como él a caminar despacio, tranquila, sin prisas, no hay por qué estresarse, al final los nervios no ayudan a nada, solo si se canalizan bien pueden sernos útiles. Entré a recoger a mi hija, yo tenía una mirada diferente, algo había cambiado en mí, me sentía tranquila, mi hija me vio entre todas las madres, vino hasta mí, sonriendo, feliz, con el albornoz mal puesto, toda mojada, empezó a contarme algunas cosas que habían pasado durante la clase, yo la abracé, la acompañé a la ducha, le di el gel y el champú y esperé a que terminara.
    La vida, las pequeñas cosas, los detalles, los grandes y los pequeños, todo vale para encontrar sentidos.


Isolina Cerdá Casado

lunes, 13 de abril de 2015

Una paleta extraterrestre.

    Hola, no me detengo en presentaciones, no tengo mucho tiempo, apenas unos minutos. Por favor, cuidado, estás al borde, no te das cuenta, no eres consciente, no lo sabes, lo estás ignorando pero estás a punto de caer. Eso que sientes, esa especie de pulsación ahí, justo donde te tocas cuando algo te duele y no sabes su origen, en ese plexo solar gigantesco que tienes en medio del pecho, eso es algo extraordinario. Estás en peligro por ello. Mis congéneres se han dado cuenta de que posees un gran poder,
y lo quieren, van a venir a por él, a por tu plexo. Estoy esperándolos, te crees que soy una paleta de cocina, anda que no has frito huevos conmigo, pero soy un extraterrestre camuflado, estoy esperando a que vengan a recogerme, pero no solo me van a llevar a mí, quieren llevarse todos los plexos que puedan empezando por el tuyo. Creen que con tu plexo también se llevaran la emoción. ¿Te puedes creer que se piensan que emocionarse es algo extraordinario? Yo les he explicado, con restos de aceite incluso, por mal lavada que me tienes, que no siempre es bonito, que llorar es duro, porque duele, pero nosotros, los extraterrestres, no tenemos esa suerte, porque somos increíblemente racionales, listos hasta la médula, consideraron que convirtiéndome en paleta podría estar interaccionando contigo, te han escogido como ser extraordinario que eres, algo así como un prototipo. Alucinan con tus discusiones absurdas, y los caminos intermedios que siempre ves, tus gritos, tus extraordinarias disertaciones con tus hijos y con tu marido, como si fueras una de nuestra especie pero con el plexo mágico ahí, en el pecho, donde te tocas cuando duele. Así que, con el poco tiempo que me queda y como, todo hay que decirlo, me has caído bien, porque eres especial, te tengo que advertir, métete en la bañera, ponte el gorro de baño de natación de tu hijo, y las gafas de bucear, llévate una pajita para respirar bajo del agua sin ahogarte, ya sé que si no te mueres, y en cuanto dejes de oír el ruido de los motores de la nave, porque vienen en una nave roja que suena un poco, así como un secador de pelo, ese negro que tienes, bueno, pues que dentro de nada llegan, llénala ya, y métete, y espera a dejar de sentir los motores. Lo único que quiero es que te dejen tranquila con tu plexo solar, porque sencillamente me has caído bien, les diré que no estás, que nos larguemos a otra casa, si es que quieren más plexos solares, yo con lo que he visto me sobra y me basta, no quiero que se me vaya la olla como a ti, que yo no digo nada, que te respeto, pero nosotros somos más complejos y sencillos a la vez. Tengo que hacerles cambiar de idea como sea, ya los oigo, vete, vete ya.

  - Pero, ¿dónde narices he puesto la paleta? No me jodas, en la maceta, esto es lo que me faltaba. ¡Nene! ¿Para qué has puesto la paleta con el geranio? ¿Te has creído que es un juguete? Peor, ¿te has pensado que era una planta? ¿O es que estabas haciendo un happening? ¿Era eso? Qué orgullosa me siento, ¡Has salido a tu madre!

Isolina Cerdá Casado

Foto inspiradora.

    Parece que fue ayer pero no fue ayer, fue hace mucho tiempo. La vida pasa sin apenas darte tiempo. Sí, vale, ya lo sabemos. Beberé un trago de agua, creo que lo necesito. Siento que la garganta se me seca por momentos, se convierte en un árido desierto impracticable que no me deja articular palabras, no tiene la culpa la garganta en sí, la responsabilidad está en preocuparme en excesivas cosas, como si eso cambiara en algo su estado objetivo. Mi subjetividad me hace sufrir. Como si se tratara de un cuchillo de cortar pan, lo mismo siento que sentiría el pan recibiendo los cortes, así está el interior de esa garganta enmudecida. 
    El oso no dejaba de sonreír, todavía me pregunto por qué narices no lo tomo como referencia, al menos la expresión impertérrita de su cara, con esa sonrisa cosida. Es como un bote lleno de leche condensada, no puedes pensar en un bocadillo de chorizo sino en algo dulce. Hay tantas cosas que podría empezar a cambiar. Me digo a mí misma que voy a empezar a limpiar más, a dedicarle más tiempo a coger el limpia cristales y a pulverizarlo por las superficies acristaladas de la casa, al fin y al cabo tengo un casa muy bonita, si encima estuviera limpia sería mucho más acogedora. Tampoco hay que obsesionarse, al fin y al cabo te vas a morir igual. Aunque no es lo mismo mirar hacia el mueble, una vez te ha dado esa especie de patatús o lipotimia, y ver una capa de polvo posándose sobre él con todo descaro, e imaginarte a los del Samur, digo yo que vendrían a rescatarme, pasando un dedo por el mueble y comprobando que esa mujer que ha caído rendida ante los sinsabores de la vida, y está casi muerta en el suelo del salón, apenas dedicó cinco minutos de su vida a quitar el polvo de esos muebles reciclados. "Se habrá muerto de aburrimiento, con lo divertido que es limpiar y en lugar de eso se habrá dedicado a sabe dios qué cosas improductivas, como escribir o memorizar un texto teatral".
    Pero qué tonterías estoy diciendo, ¿quién iba a llamar al Samur? ¿mi perra Leia? Es lista pero con sus patitas dudo mucho que pueda teclear en el teléfono ningún número. Tampoco te imaginarías a un oso de peluche cogiendo una vela y queriendo encenderla por la emoción de ver cómo se desgasta poco a poco. Sería tan absurdo como imaginarse al hermano de Chewbacca animando al oso a encender la vela. El oso no puede articular sus dedos, así que no podría darle al mechero. Qué importante es tener dedos. Solo se aprecia cuando uno tiene que hacer cosas con ellos y no los tiene. 
    ¿Estás ya mejor? Bueno, estoy contenta porque he tenido algún lector de Rusia, eso me ha hecho imaginar que un texto mío ha sido leído por unos ojos que estaban muy lejos, un alma tal vez se emocionó o empatizó o se puso en el lugar de mi alma inspirada. Y entonces ese hecho positivo ha animado a mi yo creativo a ponerse a teclear, pero como no lo tenía claro he hecho una foto, y me he propuesto escribir a partir de una composición. Le cogí el peluche a mi hija, la vela estaba al lado del oso, el vaso de agua en la cocina, acababa de beber, de hecho lo voy a volver a hacer antes de continuar. El cuchillo lo cogí del cuchillero y el bote de leche condensada estaba sin guardar, apenas modifiqué su posición original, me acababa de tomar unas fresas con leche. Qué suerte tengo, me siento afortunada, es bueno valorar esos pequeños detalles que te da la vida. De momento el del Samur no ha tenido que venir, es buena señal, pero quién sabe si no vendrán mañana. No, no voy a limpiar el polvo. El cristasol estaba también en la encimera, por la mañana había estado utilizándolo, lo utilizo de vez en cuando, no las veces suficientes solo las imprescindibles, que al no ser las suficientes siguen acumulándose motas de polvo en lugares insospechados. Hoy no estoy triste, aunque hace mucho aire, ya sé que una cosa no tiene que ver con la otra pero en ocasiones apenas es una brisa la causante, bueno más  bien el detonante de la explosión, del desahogo. No, hoy no es uno de esos días, no hay ni una triste nube en el cielo, pero se escucha al viento rugir eso bastaría para ponerme a llorar en otro momento. Mi amiga sigue enferma, la mujer de mi amigo, del amigo de mi madre, del amigo que es casi tanto como si estuviera hecho de mi sangre, como si tuviéramos sangre familiar. Sin embargo hoy me encuentro con más fuerza, una fortaleza en el alma que debería analizar, si todo está más o menos igual por fuera, qué ha cambiado por dentro. No lo sé. También he empezado a escribir pensando en la deuda pendiente, pero a pesar de ese impulso no he podido corresponder a mi promesa, sigo debiendo un texto positivo, muy positivo, mucho más que el que le ofrece a una la imagen de ver al oso intentando encender la vela. Un texto positivo que te anime a calzarte las zapatillas y salir a correr, o a poner música y dejarte llevar. ¿Cuánto tiempo hace que no me dejo llevar por ella? Mucho, querida, mucho. Pues muy mal. 
    Bueno, aquí lo dejo, lo dejo porque no me sale nada más, lo dejo porque me duele el cuello y no tengo necesidad creativa ahora mismo, al menos no lo suficientemente grande como para paralizarme y no poder hacer otras cosas más que escribir.

Isolina Cerdá Casado



martes, 7 de abril de 2015

La piel áspera de un kiwi. ¿Eh?

  




  Hace tanto que no escribo que es como si se me hubieran acabado los acontecimientos, las cotidianidades, la necesidad expresiva. Y el caso es que no se ha acabado nada, la vida sigue su curso y todo sigue igual en realidad. En una fase depresiva, ¿es posible que me encuentre en ese estado? las cosas se presentan como normales, como si no fueran importantes, como si en realidad no pasara nada, pero pasan, pasan cosas, pasan tantas cosas. Supongo que el paso del tiempo hace que el punto de vista cambie, no sé ni lo que digo, ni lo que escribo. El lavavajillas está en marcha, me acabo de tomar un café, no debería haberlo tomado porque sería interesante que esta noche durmiera de un tirón, la noche pasada apenas pegué ojo, eso suele pasar cuando hay algo que anda mareando muy dentro de ti. El geranio ha vuelto ha echar una flor preciosa, siempre acaba por renacer, es increíble, después de cada invierno frío y ventoso va la planta y me regala una nueva y esperanzadora flor. No sé, no sé qué me pasa, estoy mayor, estoy con la consciencia de que el tiempo está pasando muy rápido y que apenas me paro a sentirlo, sentir la vida, pero lo que sí me sucede es que me miro al espejo y veo las huellas ahí, alentadoras porque están, al fin y al cabo es la prueba más evidente de que no me he muerto, pero esa sensación de vivir con miedo es muy complicada. Me pregunto si yo misma no he captado las señales de algo, de la vida, del mundo, qué complejidad de mente que no se acaba de enterar de por qué ha de estar feliz y por qué debería estar triste, simplemente se siente de una u otra manera y no siempre hay una explicación racional que justifique ese estado. Bueno, sí, hay motivos para estar triste, hay sobrados motivos para ponerse a llorar y no dejar de hacerlo, pero no me quiero dejar caer en ese charco espeso lleno de tristezas. No es justo, pero cuándo lo fue. Nunca, nunca fue justa, siempre atacó a alguien vulnerable, o a alguien que jamás pensó que su tranquilidad podía estar tan expuesta, ahora mismo solo me apetece tumbarme en la cama y olvidarme, pero no puedo, no lo hago, es porque estoy luchando, aunque me regodee en la sensación de fracaso, de derrumbe vital. A pesar de eso, esta perdedora es una luchadora porque no ha dejado de permanecer fuera de la cama, levantada, caminando, cocinando, recogiendo, lijando, ¿lijando?, sí, las sillas de la terraza. Incluso amando sin ningún impulso real de hacerlo, solo porque él no tiene la culpa de mi desidia, ¿desidia? negligencia, inercia. Estás fatal chica. Supongo que debería agradecer el simple hecho de estar. Pero hasta me falta la energía para eso.
    - Bueno, pues ya está, ya lo has contado. ¿Mejor?
    - No lo sé, no lo sé exactamente. Me siento mejor porque he soltado un nudo, el nudo de la existencia de la tristeza. Una mujer adorable está luchando ahora mismo contra los designios de un destino cruel. Yo ya he vivido esa lucha de cerca, tan cerca como lo puede estar el corazón de una madre. No, no me siento mejor, no, es una canallada de la vida. Hay que amarrarse a algo, aunque sea a la piel áspera de un kiwi.
     - ¿Cómo?
     - Nada, que digo que no me voy a acostar en la cama, no me voy a tapar con el edredón, no voy a hacer todo eso porque voy a seguir en pie, lijando las cansinas sillas de la terraza, mirando el cielo, sintiendo este frío en la garganta, esta presión en el pecho, esta mirada perdida hacia un horizonte que no pinta demasiado bien.
    - Pero, ¿estás mejor?
    - Sí, lo estoy. Menos mal que creo, tecleo y expulso. En adelante teclearé más a menudo, para aplastar a los monstruos más que nada.

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 18 de marzo de 2015

Por la sonrisa maravillada de nuestros niños y niñas: Una historia de juguetes.



De pronto llegó él, los ojos volvían a echarle chispas, estábamos terminando el segundo proyecto de Tepahi, y ya en ese momento empezó a bullirle en la cabeza este tercer proyecto que se hará realidad los días 24 y 25 de marzo en el Teatro José Monleón. Recuerdo que cuando le escuchaba le miraba con incredulidad, apenas estaba empezando a relajarse tras la segunda explosión creativa del teatro de padres y ya tenía en la cabeza un montón de soldaditos verdes saltando con paracaídas y a un ejército de legos espectaculares. Veía magia, pensaba en los Stars troppers, en Leia, en naves que vuelan con el señor del lado oscuro pilotando, en brujas, en hadas, en barbies, en Jessie, en Buzz Light Year, etc. Él quería que yo le ayudara, en ese instante yo no estaba para dejarme arrastrar por esas ideas casi disparatadas. Tenía un bajón en el alma. Pero él, ese maravilloso Sergio Lozano, que se pasa las noches en vela, haciendo carteles, escribiendo obras y planificando historias nuevas, siguió empecinado por suerte en poner en pie ese sueño suyo. En realidad sabía que había mucha gente a su alrededor dispuesta a todo por participar en ese sueño. Auténticas obras de ingeniería, horas incontables invertidas en plasmar al personaje o en conseguir el atrezzo adecuado.
    A unos días tan solo de ver en un teatro esta "Historia de juguetes" que ya tenía en su cabeza casi un año antes, me quito el sombrero, porque reconozco que si este proyecto hubiera dependido de mí habría sido imposible llevarlo a cabo por falta de impulso, y si estoy en él  es gracias a que un montón de gente sana se volcó en hacerlo realidad, en ir regalando un granito de arena tras otro, algunos aportaban camiones enteros. Y siempre he encontrado palabras de aliento y apoyo, somos tantos que es normal que se produzcan malentendidos, pero lo más importante es que el objetivo final, la sonrisa maravillada de nuestros niños se hará realidad. Gracias a Sergio y a todos esos que han estado ahí, creyendo, ideando, apoyando... Gracias a todas las mamis y papis de Tepahi.

Isolina Cerdá Casado



domingo, 1 de marzo de 2015

Acabo de enviar el manuscrito definitivo del Libro "Algún día llegarás"



    Bueno, para todos aquellos que me han apoyado en esta aventura, quiero comunicaros que por fin está acabado definitivamente, ahora a la espera de los pasos siguientes, pero acabo de entregar lo que para mí ya es el manuscrito terminado del libro. El libro ahora mismo está en fase de edición pero ya está en catálogo, http://libros.com/catalogo/ para poder hacerse con uno en el momento que finalice el proceso, para los que no hayan sido mecenas me refiero. Todo mi agradecimiento a los que habéis colaborado y participado de este sueño como mecenas, espero que no se demore mucho, pero realmente ahora es cuando se inicia el proceso en la editorial Libros.com: corrección, maquetación, etc. en fin una serie de pasos que harán que el libro todavía tarde unos cuantos meses, yo os iré informando de cómo vaya yendo el proceso. Estoy deseando que estas palabras que he escrito con tanta ilusión, amor y dolor, también dolor, lleguen hasta vosotros, los auténticos merecedores de esta lluvia de sinceridad que Teresa regala en él, con toda la esperanza del mundo, a su futura nieta Corazón. 
    Gracias, gracias por apoyarme, mil gracias.


Isolina Cerdá Casado

Domingo, un objeto de inspiración: contrastes y sombras.

    Bueno, soy consciente absolutamente de que tengo miles de cosas que hacer, miles, pero ahora, en este instante he vuelto a tener el impulso, página en blanco y cabeza llena, casi explosionando. Ella apenas era una florecilla de plástico, estaba colocada sobre una hoja de papel en blanco, a su lado una hoja seca, muy arrugada y una pluma perteneciente a una ninfa que canta como un canario en su intento por llamar la atención, o simplemente expresarse, no sé, cualquiera sabe lo que le pasa por la cabeza a una ninfa. Yo acababa de tomarme un café, encendí el ordenador para terminar una tarea pendiente. De pronto la vi a ella, allí, tan contrastada con esas hojas amarronadas que en alguna ocasión fueron verdes chillonas con aromas refrescantes, acompañada de un mísero pelo y la pluma que no sé qué narices hacía formando parte de esta estampa engrandecida por las sombras de este maravilloso sol de domingo.
    Entonces me di cuenta de que volvía a tener una representación de la vida en su más cruda versión. Recordaba las palabras de mi amigo, puto cáncer, pensaba en la alegría de la llegada de Dani, mi hija se volvía a quejar de dolor de tripa mientras que su gran amigo Raúl estaba a punto de salir del hospital tras una gastroenteritis aguda, la perrita me quitó la zapatilla en un descuido y me la untó con su saliva hasta el fondo, allá donde reposa el dedo gordo del pie. Jo, qué asco.
    Y yo, yo con una extraña mirada al vacío, escuchaba las noticias: el asesinato de un opositor ruso a tiros; más de mil evacuados en Zaragoza por la crecida espectacular del río Ebro, por no haberse limpiado el cauce, según los sabios del lugar...
    No sé, no puede faltar el impulso, no puede. Pero en ocasiones...No somos hojas secas, no somos plumas que vuelan hasta una superficie en la que detener el vuelo, tampoco pelos inertes que se desprenden del cuero cabelludo por puro cansancio vital.
    Nosotros somos seres con alma, cuerpos vivos que sienten, que empatizan con el dolor ajeno, que lloran por el sufrimiento ajeno, y no solo por el ajeno, también lloramos por pura pena interna, por la tristeza más absoluta y por no encontrar una explicación a tanta variedad de situaciones tristes, felices. No estamos preparados, no puedo cambiar el chip tan fácilmente, no puedo sentirme feliz y al mismo tiempo triste y apenada. Y mi alma lo nota, que no pase nada malo, que la tragedia no me toque de nuevo. No es posible. La vida es un conjunto de contrastes, de hechos diversos, de asunciones distintas. Pero si es que eso es la vida.
    Venga, ponte a preparar la comida y lava las sábanas, y déjate de tonterías "co..", que no estamos pa llorar, con el buen día que hace, que ya estamos en marzo. Ay, sí, es cierto, cómo pasa el tiempo... Sí, sí, venga, las sábanas nena, aprovechando el solecito para que se sequen al aire, ea, ea, ea.

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 18 de febrero de 2015

Te tengo abandonado

    No, no te creas que es así, en mi cabeza bullen miles de imágenes, quiero inmortalizar muchos asuntos mundanos, mis paseos en el metro, las carreras necesarias, los llantos de niños pequeños que quieren llamar tu atención y la de los demás mayores. Los niños son demasiado listos, intuyen que ese tiempo que no les dedicas es una carencia con la que no deberían cargar. Hoy es un día gris, la lavadora gira, yo estoy ajetreada, mil cosas por hacer, por terminar, bailes de cuyos pasos no tengo ni idea, soy presa del impulso, yo pensé que ser una persona así era algo bueno. Claro que lo es. Pero ¿qué pasa cuando no hay impulso, creativo, vital? No pasa nada, hay que esperar a que llegue, a que vuelva a poseerte pasionalmente. Es curioso, entre tanto conflicto interior me he visto en el espejo y me sorprendí al verme guapa, como si la belleza propia no hubiera podido ser percibida por mí misma, como si esas prendas que me coloco de forma automática y atendiendo a parámetros meramente funcionales fueran tan uniformes como este rostro cansado. Pero hoy, no sé por qué, me vi guapa. Tal vez sería mejor decir bella. No sé. Hablaban ayer en la televisión de la depresión, es algo más que un bajón pero se suele percibir como tal, parece que la terminología le quita importancia a los propios efectos de este estado. Y mientras tanto te he dejado abandonado, sabiendo que te necesito, que para mí el escribir estas cosas que me pasan supone una especie de terapia para el alma, para evitar que se cristalicen las ideas extrañas en cada uno de los rincones de mi cuerpo. No se puede decir que sea infeliz, pero me falta risa. Será uno de los síntomas de este día gris, del viento helado, de la mirada profunda hacia el pasado, de andar removiendo la tierra que en otro tiempo pisé.
    He estado tirando cubos de agua con hielo, el hielo se ha empezado a derretir y la tierra se ablanda, paso por encima y me quedo atrapada en esa superficie movediza de barro lleno de restos de cadáveres, cacas de perro y orina.
    Vale. Basta. Cambia el chip.
    De acuerdo, te haré caso, me empiezo a encontrar mejor, sí, hay que desearlo, sí, ya lo noto, ha empezado en la punta de los dedos de los pies helados, puedo moverlos.

Isolina Cerdá Casado

martes, 6 de enero de 2015

Camino de publicar mi primer libro. ¿Me apoyas?

    Bueno, todavía no lo había puesto en mi blog, la verdad es que estoy escribiendo poco en mi querido cuaderno mágico, pero todo es porque he estado liada con la vida. Lo último la implicación en un proyecto que tiene que ver con mi sueño, uno de ellos, tengo varios, jeje. Eso es bueno, tener objetivos que alcanzar.
   En este caso el sueño es publicar un libro, mi primer libro. Me hace mucha ilusión que vea la luz, todo lo que yo he escrito ha sido leído por alguien. Este primer libro no lo ha leído nadie, nadie más que la persona de Libros.com que lo aceptó como proyecto posible. Tan sólo unas páginas, las tres primeras, se han leído ya por algunas personas. En este libro me desnudo, ¿acaso es posible hacerlo más? Pues sí, contar aquello que de verdad importa, todo importa sí, pero no todo sostiene de la misma manera el equilibrio interior. En el siguiente enlace está mi sueño colgando de unos hilos, "Algún día llegarás" de Isolina Cerdá, cada uno que decide apoyarme lo libera, hasta que al final consiga salir volando libre como el viento, entonces el libro ya no será mío, será del mundo.

libros.com/crowdfunding/algun-dia-llegaras/

Isolina Cerdá Casado

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Me lo pidió un amigo: Una niña con mucha luz.

    Un amigo me llamó, y me dijo: "quiero pedirte algo". Quería que le escribiera un texto, era para su sobrina. Quería hacer algo especial, él es una persona muy creativa y baila con la cámara, pero necesitaba palabras. Me contó un poco por encima, la niña era hija de un primo, no tenía abuelas, ambas se habían ido antes de que ella llegara. Una murió tras una larga enfermedad, la otra fue sorprendida con un infarto fulminante, cuando su hija estaba fuera de España. Hoy he tenido el momento de inspiración, y con su permiso, porque la inspiración ha venido de su historia, aquí os la dejo, inmortalizada.

                           Una niña con mucha luz

    Había una vez una niña linda, era preciosa, nació con una luz especial. Todo el mundo, al verla, se preguntaba cómo era posible, siendo tan pequeña, que brillase tanto su mirada. Parecía como si allá en el fondo de sus lindos ojos nadaran preciosos sentimientos.
    Al mirarla uno creía adentrarse en un mundo de sueños donde todo era posible.
    Sus padres habían estado preparando este momento mágico de su llegada con el peso de las ausencias, por la falta de esas mujeres maravillosas que se hubieran sentido fascinadas al ver a esta princesita linda.
    
    En un cuento maravilloso como podría ser éste, estas dulces mujeres todavía estarían aquí, arropando, mimando, meciendo a su niña, emocionándose al verla, tanto como lo hacen sus padres, al sentir con dolor que el mayor regalo de su vida no puede ser compartido con sus respectivas mamas. 

    Lo que no saben ellos es que la vida siempre supera cualquier historia de ficción. Y el cuento se hace realidad cada día porque en su niña están ellas. Son unas hadas madrinas especiales que tiene y tendrá siempre a su lado, protegiéndola, velándola en todo momento.

    Y esa es la explicación maravillosa de que un ser tan pequeño pueda tener tanta luz y energía, está irradiada directamente desde el cielo y va con ella a donde quiera que ella vaya.

    Los abuelos la cogerán de la mano, la llevarán al parque y reirán sus gracias, y sus abuelas irán iluminando cada recodo del camino.

Isolina Cerdá Casado
    

martes, 16 de diciembre de 2014

Actitudes extrañas

    "Vamos a ver, que si tienes un sueño, pues ya está, a por él, ¿qué se pierde? Nada, el intento, el tiempo emocionante de espera, intriga, suspense. El sí o el no, nada importan en realidad. Lo que importa es dar el paso y poner la carne en el asador, toda, no dejarse nada. Yo me entrego a ti, cien por cien, estoy contigo, volando. Y puedo sentir el aire, y hasta disfrutar de él."
    - Pero, querida, ¿estás bien? ¿debería preocuparme?
    - No, no deberías preocuparte, deberías vivir. Es justo lo que estoy haciendo ahora.
    

¿Qué haces con ese abrigo? 
Ando creando...

Isolina Cerdá Casado

Mariposas, cuerdas de colores y zapatitos llenos de vida... 25 de noviembre

Al rededor de ese día suenan gritos en el horizonte, hay gritos que vienen de atrás y gritos que están sucediendo ahora y gritos futuros que...