Sí, señorita, lunes, ¿o debería decir señora? Pues no sé chica, hoy mejor llámame por mi nombre de pila y de cariño, que estoy con el café volviendo a la vida y apenas siento el impulso vital, todavía hay algo que que me mantiene enganchada al mundo onírico del que acabo prácticamente de salir. Creo que no he salido del todo, la verdad, hoy no quiero ser tristona ni tengo el impulso de hablar sobre las tragedias, no, me niego, no puedo más, parece que en mi vida solo hay un punto de vista amargo, en el que la tristeza ahoga la mirada, y la cierra y la oscurece, y apenas la deja disfrutar del mundo.
Pues sí, por eso, por eso mismo, por la necesidad imperiosa de contagiar a mis textos de cierta ironía o gracia, o mirada distinta, positiva, alegre, burlona, no sé qué, pero me puse a mirar a mi alrededor, buscando, buscando algo sobre lo que escribir que me alejara de los recuerdos sombríos y ahí estaba ella: la huevera.
Me fijé en ella, llena de ciertos restos, de huevos rotos, de arenilla o caca de pollo, no sé, restos sobre los que volvían a contenerse más y más huevos. Jo, creo que no está la mirada irónica, ¡se ha ido huevera! No soy capaz de verte el lado gracioso, no lo soy. ¿Qué puede haber de divertido en contener una y otra vez un huevo tras otro? Resistiendo hasta que la funcionalidad de la caja contenedora se pierde por exceso de uso y entonces directa al contenedor azul, compartiendo espacio con revistas de sucesos pasados, pasadísimos, que nada interesan ni entretienen la espera hacia la planta de reciclaje.
¡Basta! ¡Basta! ¡He dicho que basta! ¡Que te calles! Si no eres capaz de verle la gracia, entonces te callas, dejas de escribir, no publicas. ¿Entendido? Sí. Vale. Pues eso.
"Pero querida, anda, no te vengas abajo, si yo estoy bien, feliz de contener huevos y más huevos, con ellos dentro de mí me siento completa, llena, gallina por unos instantes, jejeje, es broma, no te rías, ya sé que no vas a verle la gracia. Ya me he dado cuenta, en los días que paso en tu cocina, que tu marido, el pobre, no sabe qué hacer para que te rías con los chistes. Él es muy gracioso, pero tú, nada, no has nacido con el don de entender ni de reírte porque sí. Y un chiste explicado pierde su esencia y no es lo mismo. Pues lo que te digo, tú tranquila, ya me verás la gracia, si es que yo comprendo que una humana sea incapaz de ver mi punto gracioso. Me lo paso genial cuando voy de paseo a por huevos y comparto impresiones con las otras hueveras, algunas en peor estado que yo, el tiempo pasa, y eso se nota en todos, las que peor lo pasan son las hueveras transparentes, tan chics, no sé si se dice así, ellas se creen superiores, solo porque son de un plástico crujiente, se creen evolucionadas respecto a nosotras, las clásicas hueveras de cartón. Es verdad que con la humedad nos ponemos blandas, no es lo que le pasa a otro tipo de bichos, especialmente a ese, pesado, nocturno, ¿lo pillas? No, ya sé que no. La cuestión es que ellas se rompen más fácilmente. ¡Ah! Para que luego se burlen de nuestra antigüedad, pues estamos hechas de materiales mucho más nobles, y reciclados y naturales. La envidia es que es muy mala. Tú tranquila mujer. Llegará un momento en el que le verás el punto gracioso a la vida, por cojones, ay, perdona, por huevos, queda mejor como huevera que soy. Yo sé que a ti cuando te da por reírte te ríes, y a lo loco, como gritando, eres genial. ¿Cuánto hace que no te ríes así? Mucho. Cualquier día me lío a tirarte huevos a la cara, a ver si te da el ataque y nos tronchamos todos al verte reír con desvarío, que es lo que te falta, parece que caminas con una huevera contenedora y limitadora encima. Yo de vez en cuando, para que los huevos no se aplatanen, echo uno fuera. ¿A que te has encontrado alguno en el suelo? Pues era yo, que lo lanzaba, le daba una patada y lo mandaba a explosionar fuera, en el suelo, para que viera que nunca había que perder la atención. Hay que estar alerta querida, que no te enteras, que la vida es muy corta, y cualquier día tu huevera te convierte en tortilla. ¿De patatas no? ¿Es la que te gusta? Pues ahora me pongo encima de tu cabeza y a ver cómo te lo explicas. Hasta luego."
Eh, la vida es...yo...no...pues eso...¿es lunes? ¡Ay madre mía!
Reír, algo me he reído. ¿Buena señal? Pues sí.
Isolina Cerdá Casado
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