domingo, 17 de noviembre de 2013

La salud es lo primero; mi colaboración de los domingos en Héroes del pensamiento.

    Federica y Juanito se encontraron en el rellano del portal del edificio número 58...

   
   Juanito.- Bueno, querida, ¿qué tal te ha ido todo?
   Federica.- Si tú supieras cómo me siento...
   Juanito.- No será para tanto, ¿qué te dijo el médico?
   Federica.- Al final no pude ir.
   Juanito.- ¿Por qué no fuiste? Me dijiste que hoy tenías la cita, y que era la segunda vez que te la daban porque la primera vez tuviste que llevar a tu niña a que la viera el especialista, sólo porque no te gustaba nada el aspecto de dos granitos que le viste, claramente picaduras de mosquito. Pero ¿y esos bultos de los que me hablaste?
    Federica.- Ya iré en otro momento, ahora estoy en otra cosa.
    Juanito.- ¿Qué otra cosa hay más importante que la salud?
    Federica.- No seas exagerado, no sé por qué te conté nada de esos bultos.
    Juanito.- Pero, ¿por qué no has ido hoy a ver al médico? ¿Qué te ha pasado?
    Federica,. Tenía que venir el del gas, y claro, me dieron una hora aproximada, no podía retrasar más que le echaran un vistazo a la caldera, porque si de pronto se rompe, ¿qué? No podría bañar a mis hijos, y la calefacción no funcionaría, con este frío.
    Juanito.- ¿Y qué ha pasado? ¿Te la han arreglado?
    Federica.- Oh, no, me han asegurado que mañana vendrán, es que el técnico tuvo un repentino mareo y pensaban que era un ataque al corazón porque también le dolía un poco el pecho y al parecer tuvo un amago anteriormente, así que se fueron a comprobar que no le pasaba nada, ya ves, qué marrón, si de pronto le hubiera dado en casa un paro cardíaco, me hubiera dado un patatús. La salud siempre es lo primero, así que no me he quejado a la empresa de gas.
    Juanito.- Claro, no había otro técnico que mandar.
    Federica.- Pues no sé Juanito, hijo, tienes unas cosas, solo faltaba que me dieras la vara tú, con lo mal que me encuentro, me siento fatal, son muchas cosas las que tengo que atender.
    Juanito.- Pero, ¿y tu marido?
    Federica.- Déjalo al pobre, bastante tiene con su paro, está desesperadito. Ahora se ha ido al gimnasio, le viene fenomenal para las varices, no le duelen tanto las piernas.
    Juanito.- Ya, ¿y tus hemorroides?
    Federica.- Ahí siguen, chico, me voy corriendo, que llego tarde, tengo que ir a por la niña, que la he apuntado a un curso de inglés, porque sabemos que es muy importante conocer idiomas, por si se tiene que ir a trabajar fuera, porque al paso que vamos...¿Y tú? ¿Cómo vas con lo tuyo? Habrás ido al médico, ¿no? Ya te dije que no lo dejaras.
    Juanito.- He ido sí, y al final me tengo que empastillar.
    Federica.- Mira que te lo decía, vete al médico, que no es normal.
    Juanito.- Pues sí, resulta que tengo hipertensión.
    Federica.- Pero si no estás gordo.
    Juanito.- Ya, pero debe ser que estoy muy alterado.
    Federica.- Pues no sé de qué.
     Juanito.- Pues por muchas cosas hija, empezando por ti, tú me alteras.
    Federica.- Pero, ¿qué dices?
    Juanito.- Sí, ya está bien, Federica, quiero seguir teniéndote como amiga, y por eso me importas; piensas en tus hijos, "oh, que no pasen frío, hay que arreglar el gas antes que nada"; piensas en tu marido, "el pobre, está fatal, en paro, no, no se puede quedar él a esperar al del gas porque si no perdería su gimnasio y, ¿qué pasaría entonces con sus varices?" Pero la realidad es que no tienes ningún respeto por ti y no te quieres nada, ni a ti ni a tus hijos, si tú no estás bien no podrás cuidar de ellos, así que nos vamos ahora mismo al médico, para ti, me voy contigo, y que tu marido se ocupe de la niña, que por otro lado ya es bastante mayorcita con quince años ya iba yo a trabajar con mi padre.
    Federica.- Eh, pero...¿y la portería? ¿Quién se va a quedar en el portal? ¿Y si te ponen una queja los vecinos?
    Juanito.- No lo creo, tú no me pondrás una queja, eso lo tengo claro.
    Federica.- Claro que no, si eres la única persona con la que hablo todos los días, eres mi amigo.
    Juanito.- Pues tu amigo te lleva ahora mismo al médico.
   

    Federica no entendía nada, pero le chocó tanto esa actitud de preocupación y cariño de su amigo que se dejó llevar. Juanito estaba muy preocupado por su amiga porque sabía que algunas enfermedades debían cogerse a tiempo, su madre había muerto de cáncer unos años antes y si se le hubiera descubierto con tiempo tal vez todavía estaría por el mundo. A Federica la había conocido en ese trabajo como portero de un gran edificio del centro de Madrid, ella era la única que había reparado en su existencia e iniciaron una amistad que se iba alimentando día tras día. A Juanito la vida le había enseñado que la salud era importante, pero no sólo la salud de los demás, también la propia, y se había propuesto que su amiga Federica aprendiera la lección a tiempo.
    A veces estamos tan centrados en la felicidad de los que nos rodean que nos olvidamos de que nosotros somos una pieza tan importante como las demás. ¡Un saludo y feliz domingo a todos!

Isolina Cerdá Casado

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