jueves, 31 de marzo de 2022

Geno, la musa de Alejandría


    La vida...la vida, la vida es una sucesión de batallas, empezamos a caminar por ella pensando que es mucho más fácil de lo que es, tenemos sueños por alcanzar, metas a las que llegar que se fraguaron en algún momento en nuestro interior, y de nosotros depende seguir luchando por alcanzarlas, por no dejar de soñar y alimentar una y otra vez ese impulso, porque sabes que lo importante siempre ha sido el camino. 
Allí, al final, a lo lejos, te veías paseando por la tierra que acogió en su día el mayor tesoro cultural, la primera biblioteca en la que se recogieron los manuscritos primigenios que albergaban la historia del mundo. Si tuvieras en tu poder unos zapatitos rojos, como Dorothy en el mago de Oz, que con un golpecito mágico de talón te pudieran transportar a algún lugar soñado, sé, querida Geno, uno de los lugares que elegirías visitar: La Biblioteca de Alejandría. Te imagino recorriendo las estancias del mayor centro de difusión del conocimiento de la Antigüedad. Tal vez en alguna de tus vidas pasadas tuviste alguna relación de amistad con alguna de las nueve diosas de las artes, esas musas a las que estaba dedicada la institución conocida como Museion de la que formaba parte la Biblioteca. 

    No sé cómo fue que salió el tema, bueno, sí, eres una mujer muy extrovertida, enérgica y una gran comunicadora, has vivido mucho, te gusta hablar, comunicar, saber, investigar...entre paciente y paciente, en alguna pequeña pausa, mientras los cirujanos extraían algún carcinoma revoltoso, tú me contabas que algún día te gustaría pasear por aquellas tierras e incluso visitar la nueva biblioteca de Alejandría que de alguna manera recogía ese espíritu conservador y difusor de la cultura de la humanidad con el que un incendio quiso acabar. Ahí fue donde supe que te encantaban los libros, adorabas tus momentos de lectura, y no solo eso, ahí, en lo más profundo de tu alma querías adentrarte en la Universidad para acariciar formalmente el conocimiento de nuestra historia. 
    Recuerdo la primera vez que entré por el pasillo de la planta baja del bloque quirúrgico, no te conocía, pero tu energía llenaba aquella estancia, todos te saludaban con cariño, y tú preguntabas por todos, detalles de cada uno, a cada uno, sabías cómo estaban las almas y de qué calibre eran. Bueno, eso lo deduje yo, aunque entonces no te conocía. Me caías bien. Entonces un día mi trabajo como celadora me llevó hasta Dermatología, y entre varias de las labores que debía realizar, estaba la de acompañar a los pacientes hasta quirófano y acompañarles nuevamente en el posoperatorio. Me acogiste muy bien, con un gran compañerismo y comprensión, y me hablaste de tus amigos, los libros. Yo también los adoro, y cuando compartiste ese sueño me sentí absolutamente inspirada. Nunca es tarde para nada, y menos para el conocimiento, tener un impulso, una ilusión, un sueño, eso es la juventud, las ganas de seguir creando vida. ¿Qué me inspira de ti? La ilusión, la capacidad de inspirarte y crear vida, imágenes, tu energía alegre y emocionada, tu empatía, la comprensión y la lucha, una guerrera blanca, o morada, de las que además de haber batallado tanto por aquello que querías alcanzar, y que te ha tatuado la piel de mil colores, también has formado parte de esta lucha contra una ola tras otra de un Covid que nos tiene traumatizada el alma. 
    Cuando sea joven quiero ser como tú, bueno, yo rozo los cincuenta, pero ojalá esa energía tuya fuera contagiosa así como el impulso vital que te llevará a pisar la universidad y codearte con los universitarios y aprender de ellos, y ellos aprender de ti. Yo volvería a la universidad solo por ser compañera tuya en una clase. ¡Qué belleza cultural! Para entonces seguramente tendrás un corte de pelo muy favorecedor, y habrás dejado tu preciosa trenza para que se pueda crear con ella nuevas ilusiones, y así ayudar en las batallas ajenas con tu gran gesto solidario.

   
     Hoy te vas del Hospital de Cantoblanco, por unos meses, para ir adentrándote poco a poco en esa nueva etapa de tu vida. Y no es un adiós, es un hasta luego, pero no podía dejar de escribir este texto, porque para mí tú siempre serás una musa, inspiradora de vida, Geno, mi particular musa de Alejandría.

Con todo mi cariño,

Isolina Cerdá Casado






 Te echaremos de menos querida, estos pasillos siempre tumultuosos de gente parecerán vacíos sin ti.





 

domingo, 13 de febrero de 2022

Refuerzo artístico en tiempos de pandemia, aforo completo.

   








 Justo coincidiendo con la entrega de los premios Goya, los actores y actrices de teatro estábamos trabajando, qué ilusión, qué agradecimiento poder hacerlo, qué duro está siendo, qué complicado seguir activos aun a pesar de esta pandemia que se nos ha venido encima como una losa tremenda, para todos sí, pero ahora no hablo de hospitales, no hablo de lo que pasa en cada casa, ni de lo que pasa en cada una de nuestras cabezas que intentan salir a flote para no sucumbir en esta sensación de vida perdida, de abrazos rotos, de distancias forzadas, de aislamientos agonizantes... Ahora escribo sobre el teatro, sobre los actores y actrices que tuvieron que parar, y volver a golpe de aforos reducidos, de miedos y de carencias.

    Ayer por fin tuvimos aforo completo, como en los viejos tiempos, con menos gente porque hemos reducido el aforo ya que se trata de una sala pequeña, para que el público se sienta lo más seguro posible y disfrute de este trabajo maravilloso, de este arte efímero, lo que pasó ayer no volverá a ocurrir, las energías que jugaron en esa habitación, y se conjugaron con las energías del público, de esas personas con ganas de ver algo que les conmueva, que les haga bailar el alma, que les produzca algo diferente allá en los adentros. Las funciones nunca son iguales, ayer hubo magia, pero una magia distinta a otros días, el texto no cambia pero nosotros nunca estamos igual, somos agua, y el agua cambia constantemente, baila, salta, juega, salpica, arrastra, engulle, congela, calienta, arde. No te va a dejar indiferente, no, es cierto que somos afortunados, dentro de nuestra vulnerabilidad, seres afortunados porque nos metemos en otra piel pero siempre a través de nosotros. La fortuna de trabajar con un texto increíble, que en cada función te descubre algo nuevo, otro matiz, una capa más en la que adentrarte y jugar a fondo con el alma entregada.

    Es un trabajo de entrega, porque adoramos el teatro, es así, no es por dinero, no, porque no está lo suficientemente reforzado en ese aspecto, es porque creamos algo, cada día, y en cada función se instala una semilla más que se recoge con el tiempo, y en la función siguiente aparece una flor, y en la siguiente un fruto y otra flor, pero hubo que invertir mucho cariño para conseguir que el público sintiera que por unos momentos estaba dentro de un jardín precioso, o de una habitación asfixiante, ante tres almas que bailando y creando les mostraban una parte de sí mismos, en la que se podían reconocer, y entonces la catarsis surgía, allá, adentro, se podía ver en la risa repentina ante la tragedia más absoluta, esos contrastes de la vida.

    Siempre lo he dicho, "Las Criadas" de Genet representada en este espacio tan especial como lo es El Teatro Corral de Lope, trabajada con esta entrega  por la compañía Kallisté de la que formo parte en este proyecto, es un lujo para el público. Y en el día de ayer el público nos reforzó, con su presencia y con esos aplausos tan agradecidos.


Isolina Cerdá

    


martes, 28 de diciembre de 2021

Felices fiestas, para los sanitarios, sus familias y los pacientes y familiares.

 



Clara, la enfermera que apareció con su guitarra, como un elfo navideño, como un hada de los bosques de Valdelatas, con su convicción de que ese día, además de su trabajo como enfermera que con tanto cariño realiza, les iba a cantar a sus pacientes algún villancico que les alejara de aquella habitación en la que se encontraban por tener el cuerpo tocado y la mente dolorida. Tocaría su guitarra para traer a sus mentes recuerdos de infancia, instantes alegres, imágenes que les recarguen el alma y ayuden a reponer el cuerpo.

Clara aceptando propuestas: Belén campanas de belén, pero mira como beben los peces en el río, campana sobre campana, feliz navidad...

 Pequeño árbol de la Conserjería de celadores que fue emperifollado por Juan Carlos y Carlos con toda la ilusión navideña de unos celadores puestos y dispuestos para acompañar y ayudar a pacientes, auxiliares y enfermeros para el buen desarrollo de la actividad hospitalaria.


    Os voy a contar el regalo de Navidad que he sentido como tal. Los pacientes habían terminado de comer, tras los aseos, medicaciones mañaneras, tensiones controladas y cariños de cuidadores recibidos... El pabellón San Francisco de Cantoblanco estaba bajo control, los auxiliares estaban relajados esperando iniciar la segunda vuelta, el día tenía un tono grisáceo, llovía, era Navidad, había bolas de colores dorados brillantes, y muchos llevaban cuernos de reno y gorritos rojos en sus cabezas. De pronto la enfermera Clara apareció con una guitarra entre sus brazos y animó a que la acompañáramos en un recorrido mágico, las cuatro auxiliares la siguieron: Jesús lleno de su energía transgresora y vital; Carmen la mujer que puede con todo y sonríe a sus pacientes mientras hace su trabajo; Yune, la ojazos como la llamaba María, una paciente muy amable y agradecida; María, la auxiliar que trabajaba con tiento y gran escucha hacia sus pacientes, y la celadora escribidora que también siguió a Clara, la enfermera que nos contagió de su ternura y de su luz y sabedora de que íbamos a hacer algo bueno para los pacientes y algunos de sus familiares. 

    ¿Por qué ha sido un regalo para mí? Pues porque en mi casa no hemos cantado ningún villancico en nochebuena, no hemos podido reunirnos con la familia más amplia, porque mi hija no ha podido ver a sus primos y a sus tíos y disfrutar del calor de su abuela, porque no sabemos cuántas navidades nos quedan para disfrutar juntos, porque ese aislamiento preventivo se ha realizado porque no queremos poner en riesgo a la gente que queremos y nos importa. Porque en definitiva todo está siendo envuelto por un miedo pandémico con montones de casos cercanos, de familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Y a pesar de ese extraño olor a Covid, a pesar de eso, ahí estábamos, cantando villancicos a las personas, la mayoría octogenarios, que aun a pesar de tener que llevar oxígeno, sueros goteando en sus venas analgésicos o antibióticos, pastillas acompañando desayunos, comidas y cenas, sufriendo malestares convulsos, ellos, ellos también cantaron con nosotros y por un momento sonrieron felices, se olvidaron de la vía que llevaban puesta y la zarandearon acompañando el ritmo con aplausos, e incluso hubo quien se emocionó, y lloró de alegría no por dolor... A Ramona el alzhéimer la dejó en paz por unos minutos, y recordó cómo era la letra de aquel villancico; María aplaudió feliz, olvidando la razón por la que estaba en Cantoblanco; Mari Paz miró fijamente y esbozó una mágica sonrisa, leve pero ahí estaba; José aplaudió y solo pensó en ese peine y esos cabellos de oro, ni temblores, ni tristezas; hasta Concepción cantó con nosotros, ella a la que le dolía el cuerpo hasta la médula y veía las estrellas cada vez que la aseábamos, vio en Clara y sus acompañantes una luz de esperanza...



    Formar parte de aquella banda de duendes mágicos hizo del día de Navidad algo especial, la dureza de trabajar en un día como aquel fue compensado por las caras de felicidad y los momentos llenos de emoción que pudimos compartir. Gracias compañeros, gracias a la mujer que con su guitarra despertó sonrisas y acarició almas. Gracias a todos aquellos que con su trabajo, especialmente en estas fechas tan especiales y duras, hacen del mundo un lugar más bonito para vivir.


Isolina Cerdá Casado

martes, 14 de diciembre de 2021

Vida, Navidad, impulso.

 La inspiración está en el aire, a tu alrededor, envolviéndote, acurrucando tus pasos. 








   No siempre se produce, ni la luz, ni el impulso, ni las ganas, pero cuando ocurre, cuando algo despierta la chispa creativa agradeces al mundo estar viva. Por eso, por esa certeza de que en algún momento un papá Noel te devolverá la luz no debes tirar la toalla, solo esperar, caminando eso sí, pero sin rendirte nunca.

Isolina Cerdá 

domingo, 5 de diciembre de 2021

Como un carballo

    En verano, aquel día que viniste a vernos te vi muy bien, hablamos, nos acompañamos familiarmente en la sobremesa. Me sentía feliz de que estuvieras, de tenerte cerca...la pandemia había espaciado todavía más los encuentros, y la necesidad de mirarnos a los ojos era mucho mayor. Quién iba a pensar que ese día iba a ser el día en el que te iba a ver por última vez. Recuerdo que en la despedida te abracé fuerte, de esos abrazos que estrujan, sentí que te sorprendiste, no esperabas esa euforia cariñosa, pero me salió natural, creo que después de todo este tiempo de abrazos contenidos el impulso cariñoso es irrefrenable, nos desborda, lo necesitamos. Fue intenso pero fue el último. 

    Tu hijo no hacía más  que afearte el gesto horrible de morirte, "y ahora vas y te mueres", era incapaz de imaginar la vida sin ti, como si eso fuera algo que decide uno, tal vez una parte de ti ya se había ido con ella, normal que la otra parte se hubiera visto obligada a caminar aun a pesar de la gran ausencia. Es ley de vida, todos caminamos igualmente aunque nos falten trozos importantes sin los cuales parecía imposible seguir haciéndolo.

    Lloré, fue un llanto de desahogo porque nuevamente la vida se presentaba en su versión más cruda, y cuando te vi, cuando llegó ese momento en el que justo antes de enterrarte abrieron la caja y vi tu cuerpo inerte tuve la certeza de que ya no estabas en él, aquel cuerpo que te había tocado se había quedado sin tu luz, ya estabas en otro sitio, sí, posiblemente dentro de cada uno de los que te recordaremos con cariño, los que no nos olvidaremos nunca de tus gestos, de tus palabras, pocas, pero precisas. Y entonces recordaremos ese porte tuyo, esa mirada, que siguió guardando secretos hasta el final de su vida. Aquella infancia en medio del monte, envuelto en sueños de evasión temprana con el rocío de un licor café que adormecía el alma, con el frío de la sangre, con el sabor de un vino casero con olor a bodega fresca. 

    Eras el guapo de Laiantes de arriba, el apuesto gallego que llegó a Crevillente de rebote y se quedó por amor, feliz con su compañera de batallas, la dulce y maravillosa Conchi, con la que se enfrentó a duras batallas y afrontó nuevos proyectos, supongo que el Martin's fue el más recordado. Y allí te quedaste a descansar para siempre, se quedó el cuerpo, tú sigues aquí, en nosotros ya sabes, en nuestro corazón. No sé por qué me viene a la cabeza aquella foto, en la terraza de mi antiguo piso, tenías en tus hombros a mi hermana Mónica apenas debía tener un añito, ambos sonreíais, un instante maravilloso del que gracias a aquella fotografía yo fui testigo, un día reíste junto a ella, otro ángel. Puede decirse que estoy en una época poco inspiradora, con falta de impulso creativo, apenas escribo, y aunque quería escribirte he vuelto varias veces al texto y hoy, sentada en un sillón rojo, en medio de una marabunta de gente con impulsos consumistas navideños lo estoy haciendo, como algo que tenía pendiente, porque tú eres otro de los pilares de mi vida, uno de esos que siempre ha estado, aunque hablara poco, aunque en ocasiones diera la sensación de que eras como un carballo, como decía tu hijo, un roble duro, silencioso, frío, pero los que te queremos sabemos que estabas lleno de sueños de rocío gallego. Y agradezco ese último abrazo apretado, intenso al que de alguna manera me abocó la pandemia. Esta es una mala época, época gris, de tristeza navideña para todo aquel que ha dejado a alguien en el camino, de recuerdos difíciles de soportar por las ausencias, pero como tú hiciste y como hicieron todos, seguiremos adelante porque otros vienen detrás y también merecen vivir felices y crear así buenos recuerdos para un futuro esperanzador.

    

     


    


miércoles, 20 de octubre de 2021

Escribe para no perderte. Escrito en dos momentos distintos. Un día lo empecé, hoy lo acabé.

 




        Tras zamparme dos grandes tostadas, una con aceite de oliva virgen y sal del Himalaya y la otra con mantequilla y mermelada de frambuesa, sentí que algo debía hacer, algo que escapara de lo previsible y que me empujara de alguna manera a activarme creativamente, entonces recordé que en alguna ocasión había recurrido a la escritura creativa, básicamente era como una especie de tormenta de ideas pero algo que diera sentido de alguna manera a una imagen captada de lo cotidiano, en realidad estaba rodeada de un mundo mágico que ignoraba una y otra vez, por la desidia, por el desánimo, por el bajón terrible en el que me encontraba, una especie de túnel aterrador en el que no había ventanas como todo buen túnel que se precie y repleto de oscuridad y cierta humedad. Me produce tanto placer comer esas tostadas mañaneras, acompañadas con un gran café con leche que estoy convencida de que parte de la energía que me producen está invertida en este momento creativo, lo empuja, lo aliña, lo hace vibrar... 


20/10/2021


    No dejo de empujarme, de intentar seguir caminando, esa es la verdad. Soy valiente por hacerlo, por tratar de creer que es posible salir del pozo. Pozos, túneles, caminos imposibles...¿Qué está pasando? ¿Qué me está pasando? Soy fuerte, sin embargo estoy en un momento de debilidad, y tengo derecho a estarlo, derecho a sentirme como un granito rosado apartado de todo el bol, lejos del calor del asentimiento humano, de la palmadita en la espalda, que te empuja hasta hacerte caer de frente y romper tu nariz y acabar con tu olfato para siempre. 
    Lo cierto es que dentro o fuera acabaré estrujada por unos dientes debilitados por una vida genéticamente determinada. ¡Y qué más da! Ahora estoy viva, bebo, y como, y camino, en mi casa, no me atrevo a salir, empiezo a ser consciente de que cada vez que voy a cruzar el umbral de la puerta siento palpitaciones, y me tengo que llenar de fuerza, o de impulso, obligarme en definitiva. Mi casa es una especie de guarida de seguridad, me siento bien dentro, revisando, ordenando ideas, debo dejar que el sol me aclare la mente e impulse al alma. Imagino que es un resquicio de todo lo vivido. Cómo normalizar aquellos momentos, cómo olvidarlos, cómo afrontar al monstruo.
Ahora entiendo tantas cosas, tantas, tantas dolencias, tantos problemas. Admiro al que no le da vueltas, al que no lo piensa, al que no se para y camina. Siento que obligada por una mano se me ha paralizado el cuerpo, el impulso, el sueño, la energía. El llanto lo tengo al borde, siempre, ya no hace falta ni si quiera un anuncio, o una escena televisiva medio tierna, ahora simplemente un pensamiento, un sutil recuerdo, un aroma, una sensación, un gesto,... me hacen estallar en un llanto profundo.

                                      
    Bien, sí, es así, estás jodida. Pero lo escribes, lo cuentas, te desahogas universalizando tu dolor, tu estado, tienes una fregona a tu derecha, joder, ¿no te acuerdas de ella? De sus problemas, que también los tiene, o no, simplemente reposa, sin darle vueltas al asunto de que no bailes con ella, al menos tú alguna vez lo haces, para el resto de la familia ni existe, sólo cuando se derrama la sopa en medio del salón, o el vaso de leche, entonces tal vez la busquen, si no lo mismo les basta con un montón de servilletas de papel.  
                                                     

    ¿Y la berenjena? ¿no tienes nada que decir de ella? Venga mujer, escríbele algo, aunque sea un revuelto orgiástico con ese tomate parcelero al que apenas le quedan unas horas para ablandarse en la depresión vital más absoluta, y con la cebolla que vino a casa dentro de una malla anaranjada esperando una buena fiesta culinaria, o con los ajos morados que solo querían saltar de gozo en un buen sofrito para alcanzar el éxtasis al encontrarse con ese pimiento apasionadamente rojo que no dejaba de guiñarle un ojo desde la segunda balda del carrito de las hortalizas. ¿En serio crees que esta vida no tiene más que ofrecerte? ¿En serio crees que tú no le puedes ofrecer mucho más? ¿En serio te vas a hundir en la más absoluta soledad cuando estás viendo cómo la gente lucha hasta incluso cuando la lengua del volcán se zampa sus casas, sus medios de sustento, sus recuerdos materiales? 
Además de todo tienes que ir a hacer compra, no quedan galletas y justo será lo primero que pregunte tu hija al entrar por la puerta: "¿Has comprado las galletas?" Y a ella no le podrás decir: es que estaba deprimida, me daba miedo salir a la calle, no tenía impulso, me faltaba el ánimo. Y te volverá a preguntar: "¿Pero las has comprado o no? ¡Qué impulso ni impulso!"

                      
    No querida, volverás, estás volviendo, ya, apenas unos días, estas subidas y bajadas siempre estarán presentes, de vez en cuando vuelves a recordar aquellos momentos, en realidad todavía están demasiado cerca del borde que aflora, todavía no son recuerdos de antaño, como las tragedias vividas y las luchas que has tenido que afrontar. Estos recuerdos están demasiado frescos, y su mirada te despierta todo el torrente de dolor, pero ellos no son eso, ni ellas tampoco, es injusto recordar eso, que sí fue lo que viviste, pero también viviste actos de valentía y generosidad, muchos, cientos, miles. Ese final en el que tú estuviste a su lado no es lo que ellos y ellas han sido. Fueron grandes personas, que tenían hermosas familias, lazos de amor que nunca se romperán, emociones fuertes que crearon y que no desaparecieron esa noche, se fue el cuerpo quedó el poso de todo el bien que hicieron, sus hijos luchan y siguen caminando, lloran sí, un final tan triste e injusto, pero el final no es el recorrido, no lo es. Son luces que siempre iluminarán tu camino.

Isolina Cerdá

domingo, 1 de agosto de 2021

Lo sé

 


   Acabo de tener el impulso de escribir de nuevo. Y estoy emocionada, sí, el simple hecho de sentir esa necesidad, esas ganas de compartir mis reflexiones, sobre todo cuando no hace tanto que escribí, ayer sin ir más lejos, pero es que he estado tantos meses ahogándome, sintiendo que flotaba sí, gracias a mi ángel blanco y gracias a mi familia y amigos, pero no sería sincera si no reconociera que de vez en cuando mi cuerpo se hundía y yo tragaba agua, no agua cristalina, estaba llena de tierra, barro, sentía cómo dentro de mí se iba metiendo ese lodo, y por más que quería expulsarlo no siempre lo lograba, no tenía impulso ni para pedir ayuda, la recibía por la intuición sabia de los demás, por la paciencia infinita de los que están cerca. Y podía parecer que mi vida avanzaba, que la lesión iba mejorando, pero esa sensación de ahogo, ese hundimiento silencioso, estaban ahí, persistentes, insistiendo en volver a hundirme una y otra vez, en hacerme tragar más y más lodo. 

    Un día me encontré con una amiga sabia, una persona de esas que son capaces de ver más allá, que trascienden y quieren ayudar al mundo porque son conscientes de sus necesidades. Acababa de comprar en el supermercado, justo cuando salía del ascensor ella se disponía a entrar y nos vimos, nos alejamos un poco de la puerta del montacargas que no dejaba de abrirse y cerrarse con más y más gente que salía y entraba con carros llenos y vacíos. Nos pusimos al día del transcurrir de nuestras respectivas vidas, ahí no sueles hablar del lodo tragado, ni de los momentos en los que sentías que tu cuerpo era una carga terrible que apenas podías mover, ni hacia delante ni hacia atrás. Recuerdo que sí hablamos de las dificultades vitales respectivas, de que no cabía la palabra rendirse, que debíamos seguir hacia delante. Te hundirás, sí, seguro que en algún momento lo harás, pero saldrás, tienes que salir, no te queda otra. Salió el tema del suicidio, no porque yo lo insinuara, ni ella, sino porque es un tema en el que ella está trabajando. Como a mí me gusta escribir, siempre por impulso la verdad, sentí que algo debía escribir al respecto. Ella en alguna ocasión ya me lo sugirió, hace años, esta vez no hizo ninguna referencia para animarme a ello, sin embargo, por alguna razón sentí que algo saldría. Supongo que estaba relacionado con el lodo, esa sensación, ese ahogo, esa falta de impulso hasta para emitir un sonido con el que pedir ayuda, para gritar. 

    Ahora mismo el impulso definitivo ha venido de una amiga que también escribe y que me ha dado las gracias por escribir el texto "Viva", gracias a ese "gracias" surge este "Lo sé". El lodo tragado hace que pueda ser capaz de escribir sobre esa sensación, supongo que el paso siguiente sería que ese peso de tierra en los pulmones, en la sangre, en el alma te pueda arrastrar hasta el fondo. Y que todo acabe como empezó con un grito brusco de alguien que te amaba hasta la médula. Las personas que leerán este texto serán personas que me quieren, personas que también han estado al borde, algunas habrán tragado lodo espeso, sin embargo salieron, consiguieron flotar, acercarse a la orilla, tocar la hierba, sentir nuevamente los rayos del sol acariciando el cuerpo, todo el cuerpo, felices nuevamente. Es por eso, desde el peso sentido, ya estoy más ligera, puedo escribir, tengo impulso, pero desde ese peso, como decía, ese que te arrastraba a rozar las algas del fondo, a encontrarte con barcos hundidos llenos de óxido, te digo que lo sé. Sé que puede parecer que no saldrás, porque no viene de afuera sino de dentro. El lodo lo creas tú, tu mente, esa sensación oscura, algo físico, que se siente en el alma y en la razón, pero es algo que muchas veces trasciende, no se puede controlar, hay que tener hilos de amarre, normalmente ese nivel dura un tiempo limitado, pasará, pasará. Te encontrarás mejor, o se encontrará mejor. La sabiduría es no rendirse, buscar algo que te mantenga viva o vivo, amar la vida, pensar en positivo, mezclar el lodo con cemento y construir una casa nueva en la que tú seas la luz, en la que te vuelvas a conceder pequeños placeres, no necesitas más. Todos debemos estar pendientes, hay muchas personas envueltas en lodo, abramos grifos de amor infinito y acabemos con él.


Isolina Cerdá






sábado, 31 de julio de 2021

Viva

    



    Estás viva, lo peor que podría pasar sería que no hubiera impulso, lo hay, así que tranquila. En ocasiones no tengo ganas de nada, como si no tuviera fuerza, o más bien ganas, falta de ánimo. Un poto, un poto en la cabeza y a empezar a saltar de gozo creativo. No estás muerta, es así, dentro de ti, de mí, está ella, la inspiración loca, pero controlada, control, no, fuera, lejos por un instante. El control no siempre es bueno, limita, a veces, por exceso de hilos de una conciencia herida. ¿Herida por quién?

     La vida, la vida es una putada. 

    Si respiras, si puedes seguir caminando, haciendo cosas, puedes seguir creando, tal vez imaginando una historia falsa, mejor o peor, con sentido, o no. Estás viva, viva, viva. 

    Imagina. Abrir la puerta y ver más allá de tu mundo, todo adquiere otro color, otro aroma, otra temperatura. En medio de todo eso, tú y tu carga. Suéltala. Ahora con esa ligereza respira. Si consigues liberarte de ese peso solo por un instante serás capaz de apreciar lo importante de encontrar a esa persona ligera, libre, que respira. Ser consciente para poder ser libre. Esa mente nuestra poderosa para ayudar a los demás también nos puede salvar a nosotros mismos, el poder de salvación está en nosotros. Como todos los que se fueron y pensamos que habíamos perdido. 

    Respira, estás viva. 


Isolina Cerdá 

martes, 22 de junio de 2021

Rafitet

 



    Si tuviera que describir a mi amigo fundamentalmente utilizaría dos palabras: respetuoso y bromista. Son dos cualidades, además de muchas otras que tiene Rafa que lo hacen único. Él es celador, de esos que siempre ven el lado positivo, que  atienden a los pacientes con delicadeza, con respeto máximo, con la tonicidad adecuada, una buena persona que no va a alterar a nadie, que nunca se desvía del camino de la corrección por más que la situación pudiera llevarte a ello. Lo cierto es que la mayoría de las personas que están ingresadas en un hospital son agradecidas y tratan al personal con respeto, pero de vez en cuando has de tratar con personas cuyas formas y actitudes requieren una alta dosis de paciencia y contención. Pues bien, aquel día ambos fuimos sufridores de un comportamiento inadecuado, era un hombre violento y que hablaba de un modo desafiante y agresivo, cuestionaba todas las acciones, e incluso se atrevía a reprochar la experiencia de Rafa. Mi compañero y yo nos mirábamos y asumimos que se debía hacer el trabajo sin contribuir ni dar la más mínima oportunidad a que ese personaje encontrara un motivo para que diera rienda suelta al monstruo que claramente llevaba dentro. Conseguimos ingresar al paciente en su habitación sin que sus actitudes e improperios modificaran la ruta de nuestra labor.

    Rafa es correcto e increíblemente bromista, seguro que todo aquel que lo conozca tiene alguna anécdota graciosa que ha vivido con él. Porque este hombre es de los que piensa que es mejor echarle humor a la vida, y optar por reírte, siempre que puedas elegir entre reír o llorar. ¿Y qué puedo decir al respecto? Pues que es todo un acierto, una fabulosa visión de la vida, sonríele y ella te sonreirá. Haberte conocido es un regalo querido amigo.
    
    Y es que Rafa es amigo de sus amigos, y tiene un montón de amigas y amigos con los que le gusta disfrutar, en el fútbol con su Atlético de Madrid, a la sombra de un buen menú, entre montones de personas saltando en pleno concierto al ritmo de una buena banda de rock, ojalá se pueda volver a disfrutar después de esta pandemia. Y es que Rafa es uno de los guerreros que se ha enfrentado al virus en pleno escenario bélico, y aunque se contagió, tras recuperarse volvió con más fuerza. Gracias valiente.
Yo siempre he pensado que de no ser celador habría sido un gran director de cine independiente con toques de humor inteligente. Memorables sus creaciones audiovisuales, sus sketches increíbles. 

    Se agradece mucho tener un compañero de trabajo que sea capaz de sacarte unas cuantas risas.  Y ese es Rafitet. Gracias por ser así, por despertar sonrisas, por crear imágenes divertidas en las mentes de todos, por ayudarnos a salir de vez en cuando de la cotidianidad. Gracias por ayudarme a ver esa empanada voladora que tú y yo sabemos, y hacerme reír como una enana. 

    No cambies querido, se te quiere.

Isolina Cerdá Casado


miércoles, 9 de junio de 2021

Casas con flores y peces que nadan contracorriente y casi se ahogan

 La vida es un camino de aprendizajes. Miles, todos los días aprendes cosas nuevas, y te das cuenta de que las cosas muchas veces pasan por algo, algo que vendrá después y te contará al oído porqué tuviste que pasar por eso.

   Pero no siempre, es verdad, hay cosas que no se explican, hechos durísimos, pérdidas injustificables, imposibles, golpes en el alma, roturas enormes, caídas al vacío... Es entonces cuando todo se tambalea y llueven preguntas imposibles de responder,  no tendrás más remedio que seguir caminando como si fueras un muerto viviente, eso parecerá y eso sentirás, como si caminaras a la fuerza con todo el peso del universo, te dejas llevar, quieres ser llevada. 

    Más tarde o más pronto encontrarás un camino, una puerta abierta, una mirada, algo que te ayudará a seguir con esa pesada carga. Aunque solo sea la misma corriente que arrastra restos de algas desprendidas. Y te conviertes en un pez, uno de colores que mira de reojo al resto de peces del océano, aunque ya no te importan los colores solo la fuerza de la corriente. 



    En cualquier caso la vida fluye a pesar de todo, y hay que dejarla fluir, para poder llegar a ese refugio, tuyo, íntimo y personal, en el que eres capaz de encontrar la paz. Esa casita llena de ti, en la que fluyen los pensamientos positivos, con puertas y ventanas de madera, rodeada de flores y naturaleza, una casa en un árbol,  ahí te esperan los sueños, los que siempre te han sido fieles, aun cuando todo se derrumbó e hizo desaparecer el oxígeno, ellos siguieron contigo. Y ellos te sacaron. Y ellos siguen abrigando tu mirada. Camina...



viernes, 4 de junio de 2021

Ángel blanco

 





    Caminaba con dificultad, tal vez había estado durante demasiado tiempo sin respirar, sin ser consciente de la intensidad, del estrés circundante, de la mente cargada de sacos de cemento, presionada, al borde...

    Me encontraba en un momento absolutamente oscuro, me costaba dar un paso, horrores, parecía como si al levantar el pie tuviera que cargar con el peso del universo, me sentía sola, no lo estaba en realidad pero era como si la vida se hubiera convertido en un túnel oscuro y lleno de barro pegajoso adherido a las extremidades de mi cuerpo.

    Era solo una muñeca, no era ni la primera ni la última muñeca rota, el cuerpo finito del ser humano tenía esas cosas, a veces se rompía por un extremo, o todo entero. Yo sentía que estaba rota, toda yo, tal vez porque ya lo estaba un poco antes, posiblemente, la caída casual fue la gota que colmó el vaso, y así fue como se produjo en mí esa fractura de alta energía. ¿Pero de dónde procedía esa energía? ¿Era posible que el estrés de vida que llevaba fuera causante o tuviera alguna responsabilidad en semejante fractura?

    Ella me lo dijo, tal vez, tal vez tuvieras que parar, puede ser que el universo creyera que en ese momento era mejor frenar de golpe. Y frené, frenó todo, paré de golpe, con un golpe de alta energía, tanto fue así que empecé a sentir que mi cuerpo se iba derritiendo, mi creatividad, el impulso de hacer cosas, es verdad que muchas cosas no las podía hacer, pero otras ni si quiera las intentaba. De verdad sentí que no iba a ser capaz de salir de ese pozo en el que sin saber cómo había caído. Escuchaba las voces, todas ellas me decían que yo podía, todas me transmitían energía, positividad, pero yo veía mi muñeca, ella me recordaba que no estaba bien, y cada vez iba escuchando las voces más lejos, incluso aunque me susurraran al oído, yo asentía e intentaba aparentar cierto bienestar, de qué servía que vieran esas gotas de tristeza y oscuridad. Me desahogaba, les contaba, pero aún así el peso de la oscuridad lo sentía en silencio.

     Entonces llegó ella, llegó porque tenía que llegar, tal vez el mismo universo creyó que era bueno para mí, y cuando supo de mí algo le llegó de esa energía y sintió que debía ayudarme, sin más, porque su acto iba a hacer que el mundo fuera mejor, hacer algo bueno por alguien sin esperar nada a cambio. Así llegó mi ángel, el que a través de sus manos era capaz de sentir ese golpe brutal, el que me acogió en su regazo, con esa especie de impulso de amor maternal que se siente cuando se recoge a un animalito herido, y le das calor, y lo acoges en tu casa, y sientes que lo puedes ayudar para que coja fuerzas y pueda volver con su familia, tal vez se cayó del nido, tal vez fue atropellado, o se perdió, o cruzó una calle y sufrió un atropello que lo dejó mal herido... Tú fuiste, lo recogiste del suelo, tú sabías que apenas podía caminar, sabías que podía romperse del todo y decidiste rescatarlo, de sí mismo, de su propio verdugo, de las cadenas invisibles que le impedían caminar, del dolor.

   Entonces cogiste esa manita rota, y empezaste a trabajar con ella, a movilizar, a dirigir la energía, a acariciar el alma con esos consejos sabios y llenos de luz porque salían directamente del corazón. Recuerdo esos primeros días, cuando mis ojos se encharcaban con una facilidad abrumadora, y tú insistías en ayudar también al alma, y la calmabas, y le hacías ver que debía cuidarse, que debía atreverse, que podía seguir caminando. Fui saliendo del pozo, y ahora estoy más convencida que nunca de que podré recuperarme del todo, gracias a ti. He vuelto a sacar a Leia a pasear, me he enfrentado al miedo y estoy escribiendo en el ordenador, con ambas manos, con todos los dedos pulsando en su posición correspondiente. Y hoy he tenido el impulso de agradecer al universo el hecho de que me haya cruzado contigo porque nunca una mano amiga ha sido tan necesaria. Un ángel blanco, una buena persona, un hada de los bosques en medio de un mundo que se tambalea, una profesional que no solo ayuda a movilizar el cuerpo y a encaminarlo en su curación, sino que lo trata como un ser holístico, equilibrando energías, arrullando almas.

    Gracias por tu saber hacer, por tu generosidad, por tu sonrisa.


Isolina Cerdá Casado

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