jueves, 31 de marzo de 2022
Geno, la musa de Alejandría
domingo, 13 de febrero de 2022
Refuerzo artístico en tiempos de pandemia, aforo completo.
Justo coincidiendo con la entrega de los premios Goya, los actores y actrices de teatro estábamos trabajando, qué ilusión, qué agradecimiento poder hacerlo, qué duro está siendo, qué complicado seguir activos aun a pesar de esta pandemia que se nos ha venido encima como una losa tremenda, para todos sí, pero ahora no hablo de hospitales, no hablo de lo que pasa en cada casa, ni de lo que pasa en cada una de nuestras cabezas que intentan salir a flote para no sucumbir en esta sensación de vida perdida, de abrazos rotos, de distancias forzadas, de aislamientos agonizantes... Ahora escribo sobre el teatro, sobre los actores y actrices que tuvieron que parar, y volver a golpe de aforos reducidos, de miedos y de carencias.
Ayer por fin tuvimos aforo completo, como en los viejos tiempos, con menos gente porque hemos reducido el aforo ya que se trata de una sala pequeña, para que el público se sienta lo más seguro posible y disfrute de este trabajo maravilloso, de este arte efímero, lo que pasó ayer no volverá a ocurrir, las energías que jugaron en esa habitación, y se conjugaron con las energías del público, de esas personas con ganas de ver algo que les conmueva, que les haga bailar el alma, que les produzca algo diferente allá en los adentros. Las funciones nunca son iguales, ayer hubo magia, pero una magia distinta a otros días, el texto no cambia pero nosotros nunca estamos igual, somos agua, y el agua cambia constantemente, baila, salta, juega, salpica, arrastra, engulle, congela, calienta, arde. No te va a dejar indiferente, no, es cierto que somos afortunados, dentro de nuestra vulnerabilidad, seres afortunados porque nos metemos en otra piel pero siempre a través de nosotros. La fortuna de trabajar con un texto increíble, que en cada función te descubre algo nuevo, otro matiz, una capa más en la que adentrarte y jugar a fondo con el alma entregada.
Es un trabajo de entrega, porque adoramos el teatro, es así, no es por dinero, no, porque no está lo suficientemente reforzado en ese aspecto, es porque creamos algo, cada día, y en cada función se instala una semilla más que se recoge con el tiempo, y en la función siguiente aparece una flor, y en la siguiente un fruto y otra flor, pero hubo que invertir mucho cariño para conseguir que el público sintiera que por unos momentos estaba dentro de un jardín precioso, o de una habitación asfixiante, ante tres almas que bailando y creando les mostraban una parte de sí mismos, en la que se podían reconocer, y entonces la catarsis surgía, allá, adentro, se podía ver en la risa repentina ante la tragedia más absoluta, esos contrastes de la vida.
Siempre lo he dicho, "Las Criadas" de Genet representada en este espacio tan especial como lo es El Teatro Corral de Lope, trabajada con esta entrega por la compañía Kallisté de la que formo parte en este proyecto, es un lujo para el público. Y en el día de ayer el público nos reforzó, con su presencia y con esos aplausos tan agradecidos.
Isolina Cerdá
martes, 28 de diciembre de 2021
Felices fiestas, para los sanitarios, sus familias y los pacientes y familiares.
Os voy a contar el regalo de Navidad que he sentido como tal. Los pacientes habían terminado de comer, tras los aseos, medicaciones mañaneras, tensiones controladas y cariños de cuidadores recibidos... El pabellón San Francisco de Cantoblanco estaba bajo control, los auxiliares estaban relajados esperando iniciar la segunda vuelta, el día tenía un tono grisáceo, llovía, era Navidad, había bolas de colores dorados brillantes, y muchos llevaban cuernos de reno y gorritos rojos en sus cabezas. De pronto la enfermera Clara apareció con una guitarra entre sus brazos y animó a que la acompañáramos en un recorrido mágico, las cuatro auxiliares la siguieron: Jesús lleno de su energía transgresora y vital; Carmen la mujer que puede con todo y sonríe a sus pacientes mientras hace su trabajo; Yune, la ojazos como la llamaba María, una paciente muy amable y agradecida; María, la auxiliar que trabajaba con tiento y gran escucha hacia sus pacientes, y la celadora escribidora que también siguió a Clara, la enfermera que nos contagió de su ternura y de su luz y sabedora de que íbamos a hacer algo bueno para los pacientes y algunos de sus familiares.
¿Por qué ha sido un regalo para mí? Pues porque en mi casa no hemos cantado ningún villancico en nochebuena, no hemos podido reunirnos con la familia más amplia, porque mi hija no ha podido ver a sus primos y a sus tíos y disfrutar del calor de su abuela, porque no sabemos cuántas navidades nos quedan para disfrutar juntos, porque ese aislamiento preventivo se ha realizado porque no queremos poner en riesgo a la gente que queremos y nos importa. Porque en definitiva todo está siendo envuelto por un miedo pandémico con montones de casos cercanos, de familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Y a pesar de ese extraño olor a Covid, a pesar de eso, ahí estábamos, cantando villancicos a las personas, la mayoría octogenarios, que aun a pesar de tener que llevar oxígeno, sueros goteando en sus venas analgésicos o antibióticos, pastillas acompañando desayunos, comidas y cenas, sufriendo malestares convulsos, ellos, ellos también cantaron con nosotros y por un momento sonrieron felices, se olvidaron de la vía que llevaban puesta y la zarandearon acompañando el ritmo con aplausos, e incluso hubo quien se emocionó, y lloró de alegría no por dolor... A Ramona el alzhéimer la dejó en paz por unos minutos, y recordó cómo era la letra de aquel villancico; María aplaudió feliz, olvidando la razón por la que estaba en Cantoblanco; Mari Paz miró fijamente y esbozó una mágica sonrisa, leve pero ahí estaba; José aplaudió y solo pensó en ese peine y esos cabellos de oro, ni temblores, ni tristezas; hasta Concepción cantó con nosotros, ella a la que le dolía el cuerpo hasta la médula y veía las estrellas cada vez que la aseábamos, vio en Clara y sus acompañantes una luz de esperanza...
Formar parte de aquella banda de duendes mágicos hizo del día de Navidad algo especial, la dureza de trabajar en un día como aquel fue compensado por las caras de felicidad y los momentos llenos de emoción que pudimos compartir. Gracias compañeros, gracias a la mujer que con su guitarra despertó sonrisas y acarició almas. Gracias a todos aquellos que con su trabajo, especialmente en estas fechas tan especiales y duras, hacen del mundo un lugar más bonito para vivir.
Isolina Cerdá Casado
martes, 14 de diciembre de 2021
Vida, Navidad, impulso.
La inspiración está en el aire, a tu alrededor, envolviéndote, acurrucando tus pasos.
No siempre se produce, ni la luz, ni el impulso, ni las ganas, pero cuando ocurre, cuando algo despierta la chispa creativa agradeces al mundo estar viva. Por eso, por esa certeza de que en algún momento un papá Noel te devolverá la luz no debes tirar la toalla, solo esperar, caminando eso sí, pero sin rendirte nunca.
Isolina Cerdá
domingo, 5 de diciembre de 2021
Como un carballo
En verano, aquel día que viniste a vernos te vi muy bien, hablamos, nos acompañamos familiarmente en la sobremesa. Me sentía feliz de que estuvieras, de tenerte cerca...la pandemia había espaciado todavía más los encuentros, y la necesidad de mirarnos a los ojos era mucho mayor. Quién iba a pensar que ese día iba a ser el día en el que te iba a ver por última vez. Recuerdo que en la despedida te abracé fuerte, de esos abrazos que estrujan, sentí que te sorprendiste, no esperabas esa euforia cariñosa, pero me salió natural, creo que después de todo este tiempo de abrazos contenidos el impulso cariñoso es irrefrenable, nos desborda, lo necesitamos. Fue intenso pero fue el último.
Tu hijo no hacía más que afearte el gesto horrible de morirte, "y ahora vas y te mueres", era incapaz de imaginar la vida sin ti, como si eso fuera algo que decide uno, tal vez una parte de ti ya se había ido con ella, normal que la otra parte se hubiera visto obligada a caminar aun a pesar de la gran ausencia. Es ley de vida, todos caminamos igualmente aunque nos falten trozos importantes sin los cuales parecía imposible seguir haciéndolo.
Lloré, fue un llanto de desahogo porque nuevamente la vida se presentaba en su versión más cruda, y cuando te vi, cuando llegó ese momento en el que justo antes de enterrarte abrieron la caja y vi tu cuerpo inerte tuve la certeza de que ya no estabas en él, aquel cuerpo que te había tocado se había quedado sin tu luz, ya estabas en otro sitio, sí, posiblemente dentro de cada uno de los que te recordaremos con cariño, los que no nos olvidaremos nunca de tus gestos, de tus palabras, pocas, pero precisas. Y entonces recordaremos ese porte tuyo, esa mirada, que siguió guardando secretos hasta el final de su vida. Aquella infancia en medio del monte, envuelto en sueños de evasión temprana con el rocío de un licor café que adormecía el alma, con el frío de la sangre, con el sabor de un vino casero con olor a bodega fresca.
Eras el guapo de Laiantes de arriba, el apuesto gallego que llegó a Crevillente de rebote y se quedó por amor, feliz con su compañera de batallas, la dulce y maravillosa Conchi, con la que se enfrentó a duras batallas y afrontó nuevos proyectos, supongo que el Martin's fue el más recordado. Y allí te quedaste a descansar para siempre, se quedó el cuerpo, tú sigues aquí, en nosotros ya sabes, en nuestro corazón. No sé por qué me viene a la cabeza aquella foto, en la terraza de mi antiguo piso, tenías en tus hombros a mi hermana Mónica apenas debía tener un añito, ambos sonreíais, un instante maravilloso del que gracias a aquella fotografía yo fui testigo, un día reíste junto a ella, otro ángel. Puede decirse que estoy en una época poco inspiradora, con falta de impulso creativo, apenas escribo, y aunque quería escribirte he vuelto varias veces al texto y hoy, sentada en un sillón rojo, en medio de una marabunta de gente con impulsos consumistas navideños lo estoy haciendo, como algo que tenía pendiente, porque tú eres otro de los pilares de mi vida, uno de esos que siempre ha estado, aunque hablara poco, aunque en ocasiones diera la sensación de que eras como un carballo, como decía tu hijo, un roble duro, silencioso, frío, pero los que te queremos sabemos que estabas lleno de sueños de rocío gallego. Y agradezco ese último abrazo apretado, intenso al que de alguna manera me abocó la pandemia. Esta es una mala época, época gris, de tristeza navideña para todo aquel que ha dejado a alguien en el camino, de recuerdos difíciles de soportar por las ausencias, pero como tú hiciste y como hicieron todos, seguiremos adelante porque otros vienen detrás y también merecen vivir felices y crear así buenos recuerdos para un futuro esperanzador.
miércoles, 20 de octubre de 2021
Escribe para no perderte. Escrito en dos momentos distintos. Un día lo empecé, hoy lo acabé.
domingo, 1 de agosto de 2021
Lo sé
Acabo de tener el impulso de escribir de nuevo. Y estoy emocionada, sí, el simple hecho de sentir esa necesidad, esas ganas de compartir mis reflexiones, sobre todo cuando no hace tanto que escribí, ayer sin ir más lejos, pero es que he estado tantos meses ahogándome, sintiendo que flotaba sí, gracias a mi ángel blanco y gracias a mi familia y amigos, pero no sería sincera si no reconociera que de vez en cuando mi cuerpo se hundía y yo tragaba agua, no agua cristalina, estaba llena de tierra, barro, sentía cómo dentro de mí se iba metiendo ese lodo, y por más que quería expulsarlo no siempre lo lograba, no tenía impulso ni para pedir ayuda, la recibía por la intuición sabia de los demás, por la paciencia infinita de los que están cerca. Y podía parecer que mi vida avanzaba, que la lesión iba mejorando, pero esa sensación de ahogo, ese hundimiento silencioso, estaban ahí, persistentes, insistiendo en volver a hundirme una y otra vez, en hacerme tragar más y más lodo.
Un día me encontré con una amiga sabia, una persona de esas que son capaces de ver más allá, que trascienden y quieren ayudar al mundo porque son conscientes de sus necesidades. Acababa de comprar en el supermercado, justo cuando salía del ascensor ella se disponía a entrar y nos vimos, nos alejamos un poco de la puerta del montacargas que no dejaba de abrirse y cerrarse con más y más gente que salía y entraba con carros llenos y vacíos. Nos pusimos al día del transcurrir de nuestras respectivas vidas, ahí no sueles hablar del lodo tragado, ni de los momentos en los que sentías que tu cuerpo era una carga terrible que apenas podías mover, ni hacia delante ni hacia atrás. Recuerdo que sí hablamos de las dificultades vitales respectivas, de que no cabía la palabra rendirse, que debíamos seguir hacia delante. Te hundirás, sí, seguro que en algún momento lo harás, pero saldrás, tienes que salir, no te queda otra. Salió el tema del suicidio, no porque yo lo insinuara, ni ella, sino porque es un tema en el que ella está trabajando. Como a mí me gusta escribir, siempre por impulso la verdad, sentí que algo debía escribir al respecto. Ella en alguna ocasión ya me lo sugirió, hace años, esta vez no hizo ninguna referencia para animarme a ello, sin embargo, por alguna razón sentí que algo saldría. Supongo que estaba relacionado con el lodo, esa sensación, ese ahogo, esa falta de impulso hasta para emitir un sonido con el que pedir ayuda, para gritar.
Ahora mismo el impulso definitivo ha venido de una amiga que también escribe y que me ha dado las gracias por escribir el texto "Viva", gracias a ese "gracias" surge este "Lo sé". El lodo tragado hace que pueda ser capaz de escribir sobre esa sensación, supongo que el paso siguiente sería que ese peso de tierra en los pulmones, en la sangre, en el alma te pueda arrastrar hasta el fondo. Y que todo acabe como empezó con un grito brusco de alguien que te amaba hasta la médula. Las personas que leerán este texto serán personas que me quieren, personas que también han estado al borde, algunas habrán tragado lodo espeso, sin embargo salieron, consiguieron flotar, acercarse a la orilla, tocar la hierba, sentir nuevamente los rayos del sol acariciando el cuerpo, todo el cuerpo, felices nuevamente. Es por eso, desde el peso sentido, ya estoy más ligera, puedo escribir, tengo impulso, pero desde ese peso, como decía, ese que te arrastraba a rozar las algas del fondo, a encontrarte con barcos hundidos llenos de óxido, te digo que lo sé. Sé que puede parecer que no saldrás, porque no viene de afuera sino de dentro. El lodo lo creas tú, tu mente, esa sensación oscura, algo físico, que se siente en el alma y en la razón, pero es algo que muchas veces trasciende, no se puede controlar, hay que tener hilos de amarre, normalmente ese nivel dura un tiempo limitado, pasará, pasará. Te encontrarás mejor, o se encontrará mejor. La sabiduría es no rendirse, buscar algo que te mantenga viva o vivo, amar la vida, pensar en positivo, mezclar el lodo con cemento y construir una casa nueva en la que tú seas la luz, en la que te vuelvas a conceder pequeños placeres, no necesitas más. Todos debemos estar pendientes, hay muchas personas envueltas en lodo, abramos grifos de amor infinito y acabemos con él.
Isolina Cerdá
sábado, 31 de julio de 2021
Viva
Estás viva, lo peor que podría pasar sería que no hubiera impulso, lo hay, así que tranquila. En ocasiones no tengo ganas de nada, como si no tuviera fuerza, o más bien ganas, falta de ánimo. Un poto, un poto en la cabeza y a empezar a saltar de gozo creativo. No estás muerta, es así, dentro de ti, de mí, está ella, la inspiración loca, pero controlada, control, no, fuera, lejos por un instante. El control no siempre es bueno, limita, a veces, por exceso de hilos de una conciencia herida. ¿Herida por quién?
La vida, la vida es una putada.
Si respiras, si puedes seguir caminando, haciendo cosas, puedes seguir creando, tal vez imaginando una historia falsa, mejor o peor, con sentido, o no. Estás viva, viva, viva.
Imagina. Abrir la puerta y ver más allá de tu mundo, todo adquiere otro color, otro aroma, otra temperatura. En medio de todo eso, tú y tu carga. Suéltala. Ahora con esa ligereza respira. Si consigues liberarte de ese peso solo por un instante serás capaz de apreciar lo importante de encontrar a esa persona ligera, libre, que respira. Ser consciente para poder ser libre. Esa mente nuestra poderosa para ayudar a los demás también nos puede salvar a nosotros mismos, el poder de salvación está en nosotros. Como todos los que se fueron y pensamos que habíamos perdido.
Respira, estás viva.
Isolina Cerdá
martes, 22 de junio de 2021
Rafitet
miércoles, 9 de junio de 2021
Casas con flores y peces que nadan contracorriente y casi se ahogan
La vida es un camino de aprendizajes. Miles, todos los días aprendes cosas nuevas, y te das cuenta de que las cosas muchas veces pasan por algo, algo que vendrá después y te contará al oído porqué tuviste que pasar por eso.
Pero no siempre, es verdad, hay cosas que no se explican, hechos durísimos, pérdidas injustificables, imposibles, golpes en el alma, roturas enormes, caídas al vacío... Es entonces cuando todo se tambalea y llueven preguntas imposibles de responder, no tendrás más remedio que seguir caminando como si fueras un muerto viviente, eso parecerá y eso sentirás, como si caminaras a la fuerza con todo el peso del universo, te dejas llevar, quieres ser llevada.
Más tarde o más pronto encontrarás un camino, una puerta abierta, una mirada, algo que te ayudará a seguir con esa pesada carga. Aunque solo sea la misma corriente que arrastra restos de algas desprendidas. Y te conviertes en un pez, uno de colores que mira de reojo al resto de peces del océano, aunque ya no te importan los colores solo la fuerza de la corriente.
En cualquier caso la vida fluye a pesar de todo, y hay que dejarla fluir, para poder llegar a ese refugio, tuyo, íntimo y personal, en el que eres capaz de encontrar la paz. Esa casita llena de ti, en la que fluyen los pensamientos positivos, con puertas y ventanas de madera, rodeada de flores y naturaleza, una casa en un árbol, ahí te esperan los sueños, los que siempre te han sido fieles, aun cuando todo se derrumbó e hizo desaparecer el oxígeno, ellos siguieron contigo. Y ellos te sacaron. Y ellos siguen abrigando tu mirada. Camina...
viernes, 4 de junio de 2021
Ángel blanco
Caminaba con dificultad, tal vez había estado durante demasiado tiempo sin respirar, sin ser consciente de la intensidad, del estrés circundante, de la mente cargada de sacos de cemento, presionada, al borde...
Me encontraba en un momento absolutamente oscuro, me costaba dar un paso, horrores, parecía como si al levantar el pie tuviera que cargar con el peso del universo, me sentía sola, no lo estaba en realidad pero era como si la vida se hubiera convertido en un túnel oscuro y lleno de barro pegajoso adherido a las extremidades de mi cuerpo.
Era solo una muñeca, no era ni la primera ni la última muñeca rota, el cuerpo finito del ser humano tenía esas cosas, a veces se rompía por un extremo, o todo entero. Yo sentía que estaba rota, toda yo, tal vez porque ya lo estaba un poco antes, posiblemente, la caída casual fue la gota que colmó el vaso, y así fue como se produjo en mí esa fractura de alta energía. ¿Pero de dónde procedía esa energía? ¿Era posible que el estrés de vida que llevaba fuera causante o tuviera alguna responsabilidad en semejante fractura?
Ella me lo dijo, tal vez, tal vez tuvieras que parar, puede ser que el universo creyera que en ese momento era mejor frenar de golpe. Y frené, frenó todo, paré de golpe, con un golpe de alta energía, tanto fue así que empecé a sentir que mi cuerpo se iba derritiendo, mi creatividad, el impulso de hacer cosas, es verdad que muchas cosas no las podía hacer, pero otras ni si quiera las intentaba. De verdad sentí que no iba a ser capaz de salir de ese pozo en el que sin saber cómo había caído. Escuchaba las voces, todas ellas me decían que yo podía, todas me transmitían energía, positividad, pero yo veía mi muñeca, ella me recordaba que no estaba bien, y cada vez iba escuchando las voces más lejos, incluso aunque me susurraran al oído, yo asentía e intentaba aparentar cierto bienestar, de qué servía que vieran esas gotas de tristeza y oscuridad. Me desahogaba, les contaba, pero aún así el peso de la oscuridad lo sentía en silencio.
Entonces llegó ella, llegó porque tenía que llegar, tal vez el mismo universo creyó que era bueno para mí, y cuando supo de mí algo le llegó de esa energía y sintió que debía ayudarme, sin más, porque su acto iba a hacer que el mundo fuera mejor, hacer algo bueno por alguien sin esperar nada a cambio. Así llegó mi ángel, el que a través de sus manos era capaz de sentir ese golpe brutal, el que me acogió en su regazo, con esa especie de impulso de amor maternal que se siente cuando se recoge a un animalito herido, y le das calor, y lo acoges en tu casa, y sientes que lo puedes ayudar para que coja fuerzas y pueda volver con su familia, tal vez se cayó del nido, tal vez fue atropellado, o se perdió, o cruzó una calle y sufrió un atropello que lo dejó mal herido... Tú fuiste, lo recogiste del suelo, tú sabías que apenas podía caminar, sabías que podía romperse del todo y decidiste rescatarlo, de sí mismo, de su propio verdugo, de las cadenas invisibles que le impedían caminar, del dolor.
Entonces cogiste esa manita rota, y empezaste a trabajar con ella, a movilizar, a dirigir la energía, a acariciar el alma con esos consejos sabios y llenos de luz porque salían directamente del corazón. Recuerdo esos primeros días, cuando mis ojos se encharcaban con una facilidad abrumadora, y tú insistías en ayudar también al alma, y la calmabas, y le hacías ver que debía cuidarse, que debía atreverse, que podía seguir caminando. Fui saliendo del pozo, y ahora estoy más convencida que nunca de que podré recuperarme del todo, gracias a ti. He vuelto a sacar a Leia a pasear, me he enfrentado al miedo y estoy escribiendo en el ordenador, con ambas manos, con todos los dedos pulsando en su posición correspondiente. Y hoy he tenido el impulso de agradecer al universo el hecho de que me haya cruzado contigo porque nunca una mano amiga ha sido tan necesaria. Un ángel blanco, una buena persona, un hada de los bosques en medio de un mundo que se tambalea, una profesional que no solo ayuda a movilizar el cuerpo y a encaminarlo en su curación, sino que lo trata como un ser holístico, equilibrando energías, arrullando almas.
Gracias por tu saber hacer, por tu generosidad, por tu sonrisa.
Isolina Cerdá Casado
Mariposas, cuerdas de colores y zapatitos llenos de vida... 25 de noviembre
Al rededor de ese día suenan gritos en el horizonte, hay gritos que vienen de atrás y gritos que están sucediendo ahora y gritos futuros que...
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Él no se quería ir, a pesar de que hacía una semana del inicio de esa despedida forzosa, fuertes analgésicos y sedantes para intentar ...
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Qué pasaría si de repente tuvieras una dificultad importante para sonreír, y tus mús...













