domingo, 23 de marzo de 2014

Domingo, un objeto de inspiración: huellas.


    Hacía mucho tiempo que no escribía un domingo, empezando por el encabezado con el que iniciaba mi colaboración de los domingos en Héroes del pensamiento. Pues bien, resulta que estaba en casa, acababa de poner una secadora y un lavavajillas, tenía unas tostadas frente a mí y un vaso gigante de café, me encontraba sola, literalmente, mis hijos se habían ido con su padre a la parcela, y yo, sola, en compañía de cobayas, tortugas, peces y pájaros, me sentía como en aquellos tiempos, en los que adquirí el compromiso de escribir un artículo cada domingo y era capaz de inspirarme hasta en una bayeta de cocina, mohosa y acartonada. Mi plan inicial era ponerme a ordenar la casa, seleccionar objetos, colocarlos en un lugar poco visible,  barrer, limpiar el polvo, poner una música agradable tirando a marchosa y sorprender a mi familia al regresar de sus horas de asueto en la naturaleza con una casa más limpia que la que podría ofrecer el mayordomo de don Limpio. Sin embargo, empecé a sentir un no sé qué en el cuerpo. ¡Mierda! ¡Lo iba a volver a hacer! 
    Una parte de mí buscaba desesperadamente un objeto de inspiración, quería recuperar esos momentos creativos en los que un zapato hablaba o un váter me perseguía por la casa, recordaba a la maravillosa fregona hacia la que sentí unos celos tremendos por su abandono, por su dejadez. ¡Quiero volver a sentirlo! La otra parte de mí se negaba, trataba de impedirlo, no, no lo harás, dijiste que no lo volverías a hacer, hablaste con Sera, "me siento con la obligación y sin embargo me falta el ánimo, bla, bla, bla..." Coge la escoba, maldita sea, no me vengas con chorradas, no hay historias que te hayan inspirado, ni tienes ensayo de teatro, ni tienes que estudiar un guión, ni coser un traje de carnaval, lo único que has  de hacer en este domingo frío y soleado es limpiar. 
    ¿Limpiar? ¿A eso se iba a reducir mi vida? Entonces mi parte racional se levantó, luchando fieramente contra esa otra parte que se negaba a aceptar que era una mujer dedicada a su casa, una maruja en toda regla, y que no estaba cumpliendo. Esa parte de mi, que me machacaba con el sentido de culpa, hizo que cogiera la balleta y comenzara a buscar un bonito lugar por el que empezar a cooperar con mi yo comprometido con el correcto funcionamiento del hogar. Pero cuando me acerqué al horno y vi aquella huella, oh, aquella maravillosa huella que mi hija dejó sobre él en el día de ayer, en el que un delicioso bizcocho se cocía en sus adentros, sentí que lo que verdaderamente me importaba era lo vivido, todo ese recuerdo de ella insistiéndome en que le preparase su bizcocho preferido. Recordé cómo me decía que un huevo olía a caca de gallina, vi la gallina correteando y poniendo el huevo. No podía borrar aquella huella de aquel momento. Entonces me fui al baño, al que se había convertido en un trastero provisional y cogí la pelota gigante de pilates, llevaba puesto el pijama con el que había interpretado a Margarita, aquella niña maravillosa me estaba poseyendo y tiró la balleta por la ventana, la balleta empezó a volar como aquellos pájaros que "volaban y volaban y volaban...." Y entonces la culpa se fue de viaje al país de los cuentos y yo me senté sobre mi pelota y me puse a teclear en el ordenador portátil, un domingo cualquiera, el primer domingo de primavera. 
   
     Había sido una semana intensa, podía perfectamente hacer las dos cosas, pero primero tenía que disfrutar de las huellas de la creación, primero eran las pulsiones del corazón, primero era el recuerdo de aquella historia de amor, primero era el grito de aquella niña viendo a las hadas de sus cuentos, primero era reconocer y acariciar a mi yo creativo, después ya sacaría brillo y pondría orden en mi guarida.

Isolina Cerdá Casado


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Mariposas, cuerdas de colores y zapatitos llenos de vida... 25 de noviembre

Al rededor de ese día suenan gritos en el horizonte, hay gritos que vienen de atrás y gritos que están sucediendo ahora y gritos futuros que...