domingo, 5 de abril de 2020

Coronavirus 2: Esperanza, luz al final del túnel.


Hoy es domingo 5 de abril, domingo de ramos, un domingo de ramos atípico, extraño, inimaginable. Ayer volví a mi trabajo en el Hospital La Paz después de tres días de descanso, y del mismo modo que me puse a escribir aquel 22 de marzo, no hace tanto y lo digo como si fuera un tiempo lejanísimo, pues bien, igual que aquel día compartía ese dolor tremendo que me produjeron tantas imágenes, corazones en sus últimos latidos, cuerpos sin vida o llegando a ese final que jamás imaginaron en una soledad tan amarga; del mismo modo que conté la explosión de llanto de aquel día al salir de las Urgencias desbordada de cansancio físico y mental, hoy tengo que escribir sobre esta luz esperanzadora. 
    Sé que seguimos en un punto álgido del coronavirus en España, sé que tal vez, y solo tal vez estemos en una especie de meseta que tal vez sea un oasis en medio del desierto, pero lo cierto es que ayer pude saborear el agua, sentir su función sanadora. No nos confiaremos pero...dejénme que me regodee en esa sensación de optimismo que tanto necesitamos. 
Entré en el hospital con la misma sensación de miedo, de angustia, de incertidumbre. De hecho cuando estaba entrando por la puerta iba hablando con una compañera que me dio una mala noticia, otra compi del turno de noche había caído, ella, su marido y su hija... Otra vez esa sensación de impotencia, de sentir que no solo me estaba poniendo en riesgo a mí sino también a mi familia, enseguida la descarté, lo importante es que estamos trabajando para ganar la batalla contra el virus, todos estamos en eso, todos estamos haciendo lo que podemos. 
De la Consejería nos dirigimos a la Urgencia, preguntas al turno al que íbamos a relevar y repuestas positivas. "Bien, bien, ha estado bien". ¿Bien?-me preguntaba con incertidumbre, ¿qué significa bien? ¿ha mejorado? ¿hay menos pacientes afectados? Fui a presentarme a mi sala, estaba en la UCE, de camino a ella pasé por la sala tres. Vi camas vacías, muchas. En la UCE me dijeron que la primera vuelta sobre las cuatro y cuarto, que no había mucho pañal. La sala 2 ya no tenía camillas y sillones llenos en medio de las camas, la sala 1 tenía camas libres, la sala de espera convertida en una sala más estaba al diez por ciento de su capacidad, lo mismo el gimnasio que tenía apenas un veinticinco por ciento de pacientes, la sala de terapia cerrada, en la carpa apenas quince pacientes algunos de ellos fuera de la carpa. Entonces me invadió una alegría maravillosa, me emocioné, muchísimo, lloraba por momentos, cuando nadie me veía, era un llanto feliz, esperanzador. Del mismo modo que cuando toda esta situación arrancó la Urgencia funcionó como una especie de espejo de lo que iba a suceder después en la sociedad, tuve la sensación y la esperanza de que lo mismo iba a ocurrir con esta maravillosa normalidad hacia la que parecía que nos dirigíamos en la Urgencia y que por ende lo miso ocurriría en el resto del país. Me permití sentir esa alegría que pronto íbamos a sentir todos, sentí que sí, que por fin estaba viéndose la luz, que había esperanza, que este estado de alarma, este reclutamiento forzoso, este encierro tan duro que tan bien se estaba cumpliendo por parte de la mayoría de ciudadanos especialmente por los más pequeños de las casas, esta situación inimaginable estaba dando sus frutos. 
Podría decirse que la UCE mostraba los resquicios de lo que estaba siendo este manto oscuro del coronavirus, había un pre-éxitus, un señor mayor, como los tantos mayores que han estado y están luchando al límite de sus fuerzas; hombres y mujeres con miedo pero con valentía afrontando esas afecciones que el monstruo les causó; una auxiliar encamada, tosiendo costosamente, como reflejo de lo que esto ha causado en los sanitarios, expuestos, en primera línea, lo mismo que el resto de colectivos tan importantes gracias a los cuales estábamos ayer en ese nivel de mejora. Porque sí, porque es mejora, porque estamos mejorando. No hay que tirar la toalla, ni confiarse, ni bajar la guardia, no, es solo que hoy, esa luna y ese sol, nos están enviando un guiño de luz, para que lo veamos, para que sigamos fuertes. Ayer no fueron lágrimas llenas de agobio, impotencia y tristeza, no, eran lágrimas de esperanza. Por eso lo comparto, porque ahora no nos podemos relajar, lo estamos haciendo bien, el esfuerzo tan grande de quedarse en casa está siendo devuelto, hay menos enfermos nuevos, más altas, y poco a poco lo conseguiremos. 

Isolina Cerdá Casado


7 comentarios:

  1. Gracias Soli!! Mil gracias por hacernos sentir y ver con tus palabras ese rayo de esperanza. Entre todos, lo estamos consiguiendo. Y cuando ganemos esta guerra, que lo haremos, lo habremos hecho unidos más que nunca; levantaremos un monumento para aquellos que cayeron pero no solos, porque siempre estarán en nuestros recuerdos; levantaremos un monumento para aquellos que lucharon, resistieron y vencieron; y levantaremos un monumento para aquellos que arriesgaron sus vidas para que sea posible ver esa luz al final del túnel - para ti y todos tus compañeros del gremio.
    Os esteremos eternamente agradecidos y cuando haya que salir a gritar por vuestros derechos, nuestros derechos por una sanidad pública, espero que millones de españoles nos acompañen, porque, juntos de nuevo, gritaremos más fuerte!!

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  2. Porque la esperanza es lo último que se pierde.

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  3. Prima llore contigo....Gracias a Dios y a buestro esfuerzos lo consigeremos ...aqui também estamos luchando....

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  4. Tu texto de hoy da mucho ánimo. Es un guiño al corazón. Gracias, por compartir!

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  5. Muchas gracias Isolina, precioso relato dw emoción y esperanza. Un abrazo

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  6. Gracias Soli,gracias por tanto!!!
    Un abrazo enorme.

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