lunes, 4 de agosto de 2025

Palestinos, israelíes y el resto del mundo

 

    No me gusta la política. No quiero hablar de política, ni escribir sobre partidos, ni que se me adscriba a una ideología u otra, soy fan del que hace y predica el bien, no, tampoco quiero impregnar mis palabras de un buenismo cansino. Pero no me gusta el posicionamiento que da lugar a la defensa de unas ideas a través del ataque, no me gusta el insulto, la discriminación, la violencia, la intolerancia, la maldad, el odio, el daño consciente. Tal vez soy una ignorante. Las guerras no tienen vencedores, tienen consecuencias muy graves generalmente y la mayoría de las veces para las personas más vulnerables. Ojalá mi profesor de sociología de la cultura hubiera errado al decir que poder se escribe con jota. Pero desgraciadamente es así. Ojalá poder se escribiera con amor, con ese que se acongoja cuando ve a un niño sufriendo una delgadez extrema porque es imposible alimentarlo, con ese que empatiza con el dolor de una familia porque la destrucción lo inunda todo. Las guerras deberían estar prohibidas. Y aquellas personas que llegan a un puesto de poder, tan elevado que puedan llegar a iniciar una guerra, esas personas deberían hacer una promesa inquebrantable antes de tomar el mando, si hay que dar luz verde a una guerra primero hay que proteger a la población, a toda la población, de ambos bandos, a los niños y niñas que nunca entenderán por qué. Protegerla de la barbarie, del hambre, de la metralla...
   Yo no entiendo, no entiendo, no entiendo cómo es posible que teniendo el poder de poner fin al sufrimiento claro, demostrado, atestiguado de tanta población padeciendo el dolor del hambre y de la destrucción no lo ejerzan. Por respeto a la vida, respeto a la humanidad, respeto a la paz, respeto a todos los pueblos del mundo, respeto y reconocimiento al pueblo palestino. No lo sé, yo soy muy ignorante, y no he estado allí, y no tengo ni idea de qué te lleva a justificar tanto dolor. Intuyo la desesperanza que debe causar el hecho de que no se pueda parar de alguna manera una guerra que está teniendo unas consecuencias irreparables, de un dolor extremo. Cuando hoy en día lees, ves alguna película, o escuchas algún testimonio de lo que pasó en los tiempos del fascismo de Hitler, te das cuenta de hasta qué punto el odio se cebó con un pueblo, los judíos. Y te dices a ti misma cómo, cómo pudo ser que se justificara y se entendiera, y se permitiera, gaseado a personas, muertas de hambre, denigradas hasta el infinito, infringiendo un dolor terrible, de hombre a hombre. Y aún así probablemente lo que pasó en realidad fue todavía más terrible, seguro. Y cómo es posible que habiendo sucedido eso en la historia de la humanidad no se haya aprendido, no se le hayan puesto límites al poder.  El poder puede hacer algo, el poder todavía puede poner freno, puede parar la guerra, dejar pasar la ayuda humanitaria a la franja de Gaza, liberar a los rehenes que nunca entenderán por qué tienen que excavar en la tierra que no es suya, ellos solo fueron a un concierto, ni de sus captores, que no es el pueblo palestino, son unos terroristas peligrosos y sin piedad. 
    Poder, tú que puedes, Poder, hazlo, no es tarde, haz que pueda llegar ella: La Paz, la  paz en el mundo, paz para todos.

Isolina Cerdá









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