sábado, 1 de agosto de 2015

Fotos inspiradoras, vacaciones, trabajo hecho y trabajo por hacer.


Hacía mucho tiempo que no escribía, en realidad no sé si estos minutos van a ser productivos a nivel creativo o no, pero el simple hecho de sentarme frente al ordenador y contar algo me llena de satisfacción. Un día estaba en casa, dando vueltas, pensando, organizando tareas, decidiendo los siguientes pasos a dar, y tenía frente a mí una caja de tomates, ese color rojo precioso tenía que quedar inmortalizado, les hice una foto a los tomatitos. Me dije a mí misma que en algún momento esa imagen me serviría.


 Otro día paseando a mi perrita me llamó la atención un hormiguero, pensé qué increíble y maravillosa forma de trabajar tienen estos seres diminutos, seguro que no se detienen por chorradas anímicas que te paralizan y te ahogan sin saber muy bien de qué lugar del alma proceden. Una hormiga con una cabeza gigante y marrón deambulaba por los alrededores del hormiguero, llevaba un ritmo rápido, sorprendente, iba sola, no necesitaba a nadie, tenía claro lo que iba a hacer, lo que buscaba, su objetivo en ese instante. Yo la miraba boquiabierta con los ojos como platos, tratando de indagar en ese mecanicismo tan preciso que seguía, iba sola, no le importaba, ella continuaba con esa labor, tal vez revisaba el trabajo realizado por las demás congéneres suyas, es posible que estuviera anotando en su cabeza lo que las pequeñajas currantes habían hecho, o no, tal vez trabajaba sin más. Pero ella iba sola, y no le importaba, tenía claro a dónde quería llegar. ¿Podía aprender algo de su manera de correr? Porque corría sobre los montones de tierra, allí estaba yo, de cuclillas, con mi perra lamiéndome la oreja y soltando algún ladrido de vez en cuando para hacerme volver a lo cotidiano. Me di cuenta de que unas personas me miraban, tal vez les llamó la atención el ladrido de la perra, o el hecho de que una mujer estuviera mirando al suelo y haciendo fotos con una perra histérica a su lado. Me volví a decir a mí misma que esa imagen me serviría. 



Hoy, día uno de agosto, hago una foto, que engloba un gran contenido vivencial mío, de la cotidianidad de los días pasados, de los sueños, de las incertidumbres, de la riqueza de un buen desayuno con tostadas de tomate y jamón serrano recién cortado, de lecturas desesperadas buscando la inspiración del trabajo para mejorar, para que Mercedes viviera realmente a través de mí, volví a Stanislavski, me volví a mirar a mí misma, y traté de desmenuzar ese trabajo creativo con responsabilidad porque sentía que debía hacerlo por mí, por un director implicado y un autor emocionado. Y por fin, ayer, el último día de representación, se produjo el milagro, en un instante dejé que el acto creativo me embriagara, y llegó la emoción sin buscarla, porque había trabajado y estaba inmersa en el trabajo. Solo ocho espectadores, uno de ellos mi padre, otro el autor. Fue un momento delicioso...



Hoy, apenas disponía de unos minutos, pero mis piernas querían decirme algo, las chanclas, las gafas, el libro, la tele con esa terrible noticia de un padre que mata a sus dos hijas por venganza, por rabia, por irracionalidad, porque el monstruo se había impuesto. El ordenador encendido por la página del blog, sin ninguna pretensión, solo la riqueza emocional. Los tomates en la caja, esperando. Este momento, estos minutos, con los restos de café en la boca, con el poto dándome vueltas en la cabeza, con una lluvia de ideas que están zumbándome por el cogote o más bien en el interior del tercer ojo, el sabio, el que ve con el alma.
El inicio de las vacaciones, ¿libre para crear ahora? Uf, qué emocionada. Venga, vamos, esto acaba de empezar. 


He vuelto. Estoy viva. 

Isolina Cerdá Casado

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